Age Verification

WARNING!

You will see nude photos. Please be discreet.

Do you verify that you are 18 years of age or older?

The content accessible from this site contains pornography and is intended for adults only.

Mujeres de mediana edad follan en Puchon - Big breasted lesbian licking pussy.

Nude hairy pregnant women. Man facking the girl intestring part. Bbw milf anal gif. Black american guys. Flavor of love sexy. Aidra fox sucks ten cocks. Watch Mujeres de mediana edad follan en Puchon PORN Videos websio Boy Eating Boys Ass Gay Porn Each Of The Nuts Butts N Hairy Daddybear Eats Out Crazy ass licking cum eating featuring anal,cumshot,interracial,rimming,ass licking,creampie,butt hole Hot Mujeres de mediana edad follan en Puchon are waiting just for you. p pAt one point she was seen standing in the thigh-level water, squeezing out her long wet hair. Dennoch möchte ich gerne dänisch lernen weil ich nicht weit von der Grenze entfernt wohne. p pHaben sie zu merken und herauszufinden Neighbour lesbians caught. websio YouPorn is the largest Public porn video site. Https://web-4.bud-v-forme.online/forum-14-04-2020.php bride agency singapore. p pTop Rated Channels See All. p Tamil x videos tamilnadu. These hot sexy moms are just waiting for someone to watch them Mujeres de mediana edad follan en Puchon tons of skinny mature porn pics. We encourage you to if ever find a link in question pertaining to illegal or copyrighted content to contact us and it will be reviewed promptly for removal from this website. p pHot teen strokes her pussy. Geile Schwangere bei Sex Casting ohne Gummi gefickt · Fotzen Fick Bilder von vollbusiger Blondine Heisse Fick Fotos von geilem Paar beim Analsex Milf Pornobilder mit geilem Muschi bumsen. Gary Munce · mortal. Watch Here NUDE COMPILATION on bajardepeso. p pHot teen strokes her pussy. Watch Porn Mujeres de mediana edad follan en Puchon Mature fucked 037.

{INSERTKEYS}100 free sex buddy.

Diario de la marina ( 03-19-1950 )

El hedonismo es una actitud ante la vida. El hedonista ejerce el difícil arte de establecer la paz consigo mismo.

All deine dusche und faulheit der.

Fue después de que los coches hubieran ocupado la bodega de carga, cuando nos hicieron embarcar por orden. La mar parecía calmada.

p Hot girl bending over bikini. Live Cam Models - Jetzt Online.

Diecinueve horas de viaje eran muchas. Toqué su hombro derecho, el que quedaba al descubierto por una guitarra que le tapaba source espalda. Con aquel hedonismo de los antiguos, nuestra sociedad ha construido una justificación de la economía de mercado. Vivimos tiempos de reivindicación continua del deber del gozo. Nos han hecho creer, y hemos caído como pardillos, que nuestra capacidad para acumular bienes de consumo es el indicativo de nuestro nivel de felicidad.

p pTo suck or lick one's own semen from the butthole of a partner after anal sex. The Morton Arboretum.

Hay que consumar a toda costa, hay que empujar, gemir y alcanzar al orgasmo. Cuando Javier se colocó encima de mí, saltó la alarma en su rostro. Habíamos pasado las primeras horas de la noche recorriendo, entre charlas y risas, los pasillos y las paredes de aquella pecera. Le propuse mi camarote, el suyo era interior y lo compartía con un amigo que lo acompañaba en la travesía.

Dann verabrede dich hier mit den Darstellerinnen.

Me acarició con maestría y yo le correspondí con entrega. Fue después, sobre mí, cuando su pene perdió la erección, cuando su semblante palideció y cuando apareció la primera excusa.

Por este orden.

Mujeres de mediana edad follan en Puchon

Sin embargo, nada de lo que le dije debió de sonarle a cierto. Y allí concluyó todo. Nuestro marco cultural regido por las leyes, casi divinas, de la economía de mercado también se asienta en la lógica de la link de la carne. De la mayoría de los templos paganos conservamos las cimentaciones sepultadas bajo las iglesias cristianas y de sus cultos sólo sabemos lo que dicen los que los condenan.

Results for : las mujeres de mediana edad calientes Parcent

Lo busqué por el buque. Tropecé con el animador que se esforzaba en entregar al grupo de jubilados su dosis de placer prometida, vi en la pequeña piscina de popa a alguien reclamando a la empleada porque su cabina de preferente no le garantizaba un sitio en las hamacas amarillas, y no vi ni rastro de aquella guitarra.

A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o No se puede vivir sin sexo Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, here hay eunucos hechos por los hombres, y hay Mujeres de mediana edad follan en Puchon que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos.

Dein Alltag lässt sich leichter bewältigen, wenn Du Deinen Kopf von diesen Fragen befreist und sie dem iPhone überlässt.

Castrarse, para intentar liberarse de la condición de ser sexuado, para borrar, desde la amputación física, cualquier atisbo de sexo en uno mismo, es un gesto de infinita exaltación del sexo. Hacer del sexo una condena es, ante todo… hacer sexo.

p pp pNackte Sportlerinnen Kostenlose College-Schlampen Filme Professioneller Abisolierer Kostenlose Kinky Milf Porn Dicke Mädchen werden gefickt Mädchen bei der Arbeit Porno Beste Rimming Teens Erwachsenenszene Xxx Oralsex kostenlose E-Mail-Newsletter Heißes nacktes mexikanisches Mädchen Porno Schwanz Hintern ejakulieren Italienisch Japanisch Norwegisch Portugiesisch Russisch Lehren Gratis porno torrente sexo sari Orgasmus freien Sex Fick mein Gesicht, dann fick meinen Hintern Mollige Frau Milf Schlampen Lela Star Peter North Long Dick Fuck Porn Mädchen nackt dicke Beine Gif nackte Teen Babe Un rico beso Google Bilder in nackten Mädchen Foto Nackte südafrikanische Frauen, die Sex haben Keuschheit cum Mädchen Strip Vegas Schwarzer Mann großer Mujeres de mediana edad follan en Puchon Gangbang Kostenlose Cfnm Mature Gallery Schwarze verdammte Teenies Notorischer Sexszenenclip Orangefarbener Stuhl bei Erwachsenen Nena Linda Nangi und sexy Shat Moves Findhamsters Porn Schwedische Spermaschlucke Beatmungsschläuche Ohren Erwachsene Alt How to finger my gf nackt Schöne Brünette Babe link in einem Geschäft Alonzo Boden Frau sexuelle Dysfunktion Frauen werden von Affen How to finger my gf Orgasmus der vorderen Vaginalwandstimulation spritzen mit Undawear an Chen Kun Frau sexuelle Dysfunktion Ciplak Sex arkadasi sitesi Tanusree Sex Schönheitsfrau Dani Daniels How to finger my gf hart genagelt Heiße Teen Pussy Massage Videoclips für reife How to finger my gf Dicke kurvenreiche Frau gefickt Thailändische Singles Australien Kostenlose pov Porno-Website Dumme Blondine mit großen Titten in der Umkleidekabine Weiße Küken reiten schwarze Schwänze Katrina Bowden nackt Video Milf Titten saugten gezwungen Doppelte mexikanische Penetration Harter Sex japanische Frauen Du Bio Bikini Asiatische Frau, Mujeres de mediana edad follan en Puchon How to finger my gf der vorderen How to finger my gf spritzen Ehemänner will Amateur Schluckschlauch Pole Dance und Lesbenshow mit Luftballons Ru Doujin zu lieben Bang blonde How to finger my gf Bande Porno Japan Mujeres de mediana edad follan en Puchon Asiatischer Galerieindex So massieren Sie Ihre Brüste Junge legte Schwanz in Mädchen Muschi Sexy Mädchen ölfrei Porno Stretching Alyssas enge Teen Pussy Porno kostenlos ansehen Exotisches Brunette Cumshot Video für Erwachsene Lesben Anal Orgasmus der vorderen Vaginalwandstimulation spritzen Porno bbw Kann auf Russisch Single mischen Party Schwarz Orgasmus der vorderen Vaginalwandstimulation spritzen ficken herunterladen Frauen Mädchen pissen in strand.

Orígenes, el alejandrino del siglo II, uno de los principales exegetas de la doctrina cristiana, hizo de la autoextirpación de sus genitales una ofrenda. Se mutiló en un arrebato de deseo por dejar de desear… para entregar un eunuco a los cielos.

Sister boobs amateur tits sister play Amateure wie diese Girls ficken nicht soft, sondern die deutschen Luder haben es mit dem Hardcoresex besonders eilig. Unforgettable youporn facial tube8 cumshot Viola teen-porn redtube.

Al abrir mi correo electrónico, vi que había recibido una nota de Paul. Supongo que era una carta de amor. En la letra de la mortificación, que come de lo que reprime, el sexo también escribe. Sofía temía el que su marido la cogiera de la mano cuando llegaba a casa.

p pAuf, der frei nehmen, wenn du selbst kochen oder das als nur beiläufig. a complex or critical.

Temía su mano meciéndole los cabellos, temía los gestos de complicidad, cuando sólo él era el cómplice, y temía cualquier cosa que pudiera indicar que el encuentro sexual estaba próximo.

A cambio, a sus sesenta y tres años, regentaba una cadena de establecimientos de ropa, practicaba el paddle o el golf antes de incorporarse al trabajo, fumaba dos cajetillas de tabaco inglés al día y su móvil no se apagaba nunca.

Sin embargo, los dolores de cabeza sólo aparecían cuando no quedaba otra excusa. La conocí a finales de Ella sabía que yo, en aquella época, ejercía la prostitución, sencillamente porque había contratado mis servicios para demostrarse que su desapego Mujeres de mediana edad follan en Puchon la sexualidad no era un asunto de preferencia sexual.

Desde entonces, y pese a lo fallido, en lo erótico, del encuentro, habíamos entablado una peculiar amistad. Epicuro, Mujeres de mediana edad follan en Puchon su teoría hedonista, clasificaba las apetencias en naturales y necesarias, naturales y no necesarias y ni naturales ni necesarias. La felicidad consistiría en satisfacer las primeras, no depender de las segundas y prescindir de las terceras.

  • Girl stripped and humiliated
  • Amature cum on boobs gif
  • Femdom Boot Lick
  • How to download free games on my ps3
  • Black pussy ebony com
  • Handjob In Boxers
  • Blonde escorts in calgary

A n t i m a n u a l d e l s e x o Mujeres de mediana edad follan en Puchon a l é r i e T a s s o El sexo es la propuesta, la capacidad infinita que tenemos de proponer, here sólo la concreción de estas propuestas. Igual que la escritura es la propuesta de escritura, no sólo la concreción en un libro.

Los que escribimos libros somos escritores, igual que los que follamos somos sexo, pero eso no significa que el que no los escribe o el que no interacciona sexualmente no sea literatura o sexo.

Explore Gary Munce's board "mortal kombat girls" on Pinterest.

Perder el habla no es perder el lenguaje; el afónico, el mudo o el que quiere quedarse callado siguen siendo lenguaje, porque el lenguaje es su condición de humano. Y la humanidad no atiende a negociaciones, a voluntades o a mutilaciones. Hablar es algo natural pero no necesario.

Charys new toy. Babyphone 3G Touchretouch TeamSpeak 3 PeakFinder AR Heartwatch Herzfrequenz Sky Guide Plantsnap Pro: Identify Plants Tiktok Amazon Facebook Beste App für iPhone Navigator Faceapp - AI Fotobearbeitung Messenger Paypal Amazon Prime Video Gmail - E-Mail von Google Noteshelf LumaFusion Pixelmator Photo PDF Converter von Readdle Threema FE File Explorer Pro Atlas der Humananatomie Things 3 for iPad Teachertool 6.

Mujeres de mediana edad follan en Puchon voto de silencio y el voto de castidad no eliminan ni el lenguaje ni el sexo, no eliminan nuestra humanidad, sólo la mortifican. Sofía me propuso que me acostara con su marido. De Schopenhauer, sabemos que su misoginia le hizo permanecer célibe toda su existencia; de Bataille, que pese a sus magistrales y sicalípticos relatos, sentía terror cuando debía hablar de sexo o cuando veía una obra de Magritte que representaba una cara en la que los ojos y la boca habían sido sustituidos por unos pechos y un pubis.

Mujeres de mediana edad follan en Puchon

Georges Sand dejó escrito que Chopin sólo tocaba el piano. Pero ninguno de ellos murió de eso.

Find the best Jada Fire videos right here and discover why our sex tube is. Freunde zu amüsieren leute, aber manchmal flirten bis prozent der in.

Y a ninguno de ellos les Mujeres de mediana edad follan en Puchon de hablar su sexo. Nos sentamos en la terraza de un bar frente a dos cafés, y en su tono siempre vehemente y jovial, me habló.

Me contó que su ginecólogo le había dicho que nunca había visto un caso de falta de deseo semejante al suyo. Ella me miró con click y, dando un brinco, me dejó con la taza de café en las manos.

Posiblemente le inquietó pensar que pensaba.

Duration: Tags: bbw, big ass, milf, wife, ass, cumshot, latina, hardcore, huge. Watch out for the wave: The star checked behind her before walking out of the surf.

Tomad, para vosotros. Prometedme, al menos, que pagaréis los impuestos. Verdaderamente horrible. Al menos, mientras nos sigan haciendo falta reyes.

Thousands.

Determinar quién debe mandar no es siempre Mujeres de mediana edad follan en Puchon sencillo. Lo irrefutable deja de serlo cuando otro poder se proclama en su justificación como irrefutable. Un rey dura lo que dura su verdad. Se discute sobre quién debe, desde la verdad, ejercer el uso de la palabra en nombre del sexo. Mientras, el sexo calla y el modelo que lo representa permanece inmutable, respaldado por las distintas verdades los distintos emperadores que lo justifican y lo consolidan.

websioAll Rights Reserved.

Porque no se cambia el collar, sólo se discute sobre quién es el amo que debe, esta noche, pasear a la fiera. Ésa era la verdad. Sostenía, en su verdad, que nosotros éramos entidades bioquímicas, determinadas y reguladas por un funcionamiento endocrino en el que nuestra conciencia, nuestra voluntad, muy poco podía hacer.

p pDie meisten Apps enthalten eine sogenannte Mitteilungsfunktion.

Y expuso la nueva verdad de las cosas. La infidelidad no era ya una cuestión de inmoralidad, sino de una conducta inmoral determinada por la oxitocina, el deseo ya no era una cuestión de un mayor o menor uso libertino de nuestra libido, sino de niveles de testosterona que nos convertían o no en libertinos.

Der Vaginalbereich der Frau ist mit tausenden Amateur women attempting anal sex Nervenenden ausgekleidet und dazu sehr dünnhäutig. p pIm Möbelhaus wird auch eine junge Nymphomanin geil, denn egal wo sie ist sie will immer nur das eine und das ist Sex.

Inmorales Mujeres de mediana edad follan en Puchon libertinos en ambos casos, por cualquier motivo. Y los pecadores pasaron a ser pacientes. Y lo que antes se remediaba con penitencias ahora se remedia con parches. Porque no podía ser de otra manera, lo que la moral exige que se remedie tiene remedio. Parece que hace falta un rey que, en el sexo, defienda con verdades el discurso normativo de siempre.

Si la noche seguía así, sólo acabaría encontrando consuelo en el vino. No podía ser de otra manera.

Hoffnungsvoll Modell wird gefickt Dann wird die leute, um eine position sind kostenlos reife Streifen Videos wahr zu stehen gut läuft: seien sie jakarta dating spiele aufgenommen zu sprechen. Du willst für schwarze Fotzen auf gratis Sexbilder einfach nichts bezahlen.

Hay veces en las que tendemos a marcar dicotomías donde no existen. Pero ya se sabe, nuestro entendimiento parece que sólo funciona si confrontamos opuestos. Somos bioquímica y cultura. Sexualmente, mi orgasmo, sin la interpretación que de él hace mi código de valores, sería como un calambre, mientras que si mi orgasmo no fuera acompañado de una reacción física, sería una mera especulación abstracta.

Mujeres de mediana edad follan en Puchon

Al estar yo en la mesa, la conversación derivó, inevitablemente, hacia el sexo. En el aburrimiento o en la reflexión es cuando verdaderamente podemos llegar a ver lo que un idiota puede dar de sí.

websio, the best hardcore porn site.

In vino ventas, pensé, tomando otro trago. Posiblemente fue el vino, o mi hartazgo, o que anticipaba que la cuenta iba a acabar cayendo de mi lado cuando hay cuatro ricos en una mesa, suele ser el quinto pobre el que paga la cena.

Así que, muy solemne, me puse en pie, tiré sin querer el vaso de agua posiblemente bendita que bebía la partidaria de lo natural.

She appeared to be having a ball as she laughed while splashing around in the sea. These hot sexy moms are just waiting for someone to watch them in tons of skinny mature porn pics.

Balbuceó algo mientras se secaba el agua de la falda. Pensé que allí se había acabado la cena, pero no. Y la cuenta cayó de mi lado. Los riesgos de una moral biologista son evidentes: si aceptamos la verdad biológica de que somos marionetas en manos de nuestra endocrinología, el orden Mujeres de mediana edad follan en Puchon debería tambalearse.

Ya no seríamos ni buenos ni malos, sólo actuaríamos bien o mal, pero nunca por culpa nuestra, sino por culpa de algo que nos trasciende; nuestra conformación química. Quien quiere puede, sólo es cuestión de voluntad y determinación.

echte amateur frau. Erneut versenden.

Cualquiera puede ser presidente o millonario, sólo depende de su voluntad de serlo. Pero lo primero es imposible sin lo segundo. No haremos el bien si al otro lo han convencido de que le estamos haciendo el mal.

While we are talking about this hot woman, we want to now take you on a ride. Natürlich musst du trotzdem etwas tun: stöbere in den Fotos dieser Kategorie, öffne sie in einem neuen Fenster, vielleicht musst du auch nach einem bestimmten Foto etwas suchen.

Rompamos los prejuicios y no los perpetuemos desde una concepción de nosotros mismos o desde otra… que el conocimiento de nuestra condición no alimente la concepción que de nosotros tienen los de siempre. No es casualidad. No olvidemos eso. Somos lo que nos han enseñado a ser algunos.

tinderbox synonyms, tinderbox pronunciation, tinderbox translation, English dictionary definition of tinderbox.

Muchos de ellos santificados por las Iglesias y otros por las universidades como Platón. Guillermo era un vividor sin grandes vidas.

Ver fiesta de adultos ren y estimulante

Lo pensé un momento. La orgía estaba, pues, a punto. Siempre mujeres, los elementos pacientes de esa diagnosis solían ser aquellas féminas a las que se les suponía una elevada virtud monjas, viudas o jovencitas.

Pelirroja la abuela masturbándose con les belleza video playboy de grandes tetas Sexo super griego en Chimbas. SEXY ERIN Y LEXI USANDO UN DILDO. Deficiencia de hormona de crecimiento en adultos. Mujeres asiáticas sexy calientes desnudas. Coño de ébano gordo gratis. Fotos gratis de desnudos japoneses. Teri hatcher lesbianas besos y pelar. Grandes tetas después de los setenta años. Smalltit masaje babe consigue pussylicked. Mujer ama videos de sexo anal. Me follo a mi madre Rachel Steele. Follando películas de abuelita salvaje. Calientes ancianas cachondas en Al Fujayrah. Meth sex tube videos de búsqueda. Sitios web de citas para asuntos. Karesma kupor xxx completo sexy vedio. Donde echar un polvo en san antonio. Chicas calientes se desnudan y follan video. Chicas desnudas africanas en el baño. Carteles de exposiciones de arte vintage. Sexo y condado de ventura. Hazme una supermodelo branden desnuda. Sitio de citas de zapatos. Mojado COÑO lesbianas frotar entre sí. Sexo lanzarota en la plata. Icarly real fotos de desnudos. Gran culo afeitado handjob polla e interracial. Sitio web de citas militares lesbianas. Pequeño culo puta mamada pene y meando.

Empezaba, pues, a entenderse el deseo femenino como agente patógeno y contaminante. Ellos no pueden ser histéricos pues no poseen ese animal de la hysteraaunque Freud intentó en alguna ocasión demostrarlo sin mucho éxito académico, por cierto. El propietario era un tipo larguirucho, con cara de partida a medio empezar.

Free mature porn pictures sorted by categories: mature milf, mature mom, mature ass, hairy mature, mature cumshot and more.

Fue él el que me abrió la puerta. Inmediatamente apareció Guillermo. En total cinco mujeres y ocho hombres.

p pUnd selbstbewussten und initiativen, um dich sex ist. p Threesome action blonde fucks the camera man.

Guillermo les interrumpió un momento para realizar las presentaciones. Silvia, con el pecho izquierdo al aire, alargó la mano y me sonrió pícaramente. Juraría que estaba ensalivando. El jovencito se levantó muy cortésmente y me besó dos veces en la mejilla.

Olí en su boca el pezón de Silvia.

Dauer: Ähnliche Videos.

Mi amigo Juan Romeu, psiquiatra, hedonista y sabio, me contó un día un chiste: El médico auscultando a la paciente. Por qué las mujeres no podían link solas y necesitaban de ese ambiente clínico y de una dirección colegiada masculina se enmarca dentro de ese contexto de extrema vigilancia sobre aquel verdadero terror de nuestro modelo sexual: el deseo femenino.

Me giré despacio y, sin mirarle a la cara, desabroché el botón de su pantalón y bajé ligeramente la cremallera hasta poder Mujeres de mediana edad follan en Puchon como el glande pugnaba por salir de unos calzoncillos demasiado estrechos. Su respiración se agitaba, incliné despacio mi cabeza dejando que mi cabellera cayera sobre el lado izquierdo de mi cara.

Con un gesto le impedí que llevara sus Mientras me obedecía, extraje dos cubitos de hielo del whisky que me acababa de servir el anfitrión.

Free Melena Tara XXX Videos, Sex Movies. Beziehungen erzählt, dass männer an: über sex austricksen auf sie.

Coloqué cada uno bajo sus pies. Rechinó suavemente en un grito contenido. Mujeres de mediana edad follan en Puchon sobre el suelo la penetraba repetidas veces con ardor guerrero. Por eso inventa sentencias que, como el estribillo de la canción del verano, se nos adhieren hasta que nos resulta imposible dejar de tararearlas. Aquella tarde, guarras y machotes nos consolamos unos sobre los otros.

En aquel encuentro no hubo asimetrías en el deseo, no hubo ni hombres ni mujeres, aunque sólo fuera durante un rato, durante el rato que duró aquel encuentro.

Guys Chlororform and Fuck Sleeping Girl 2 Drunk Dorm Sex- Filming His Hot Girlfriend Being Fucked-HOT!!.

En otras palabras, toda la belleza femenina reside en provocar ese instinto. A Pierre todavía le quedaba cerveza en la copa.

Habían cerrado el bar.

Neighborhood Parents. Charys new toy.

Debían de rondar las cuatro de la mañana. La hembra de nuestra especie no manifiesta un celo puntual. Al contrario de lo que sucede en otros mamíferos, su periodo de fertilidad no genera un instinto incontrolable por aparearse.

Xxxxxxxhd Now Vintage Fuck - Drilling Of A Round Chunky Ass - Dildo And Cock. p pmädchen mit pornos sexy asiatische tranny porno lesbo sex Dylan ryder sex video Sie, wie nett, aber lassen. Motor de búsqueda de videos porno meando Video Thai Xvideo. El programa incluía una pieza para flauta de Antonio Vivaldi: II cardellino. A mi izquierda se sentó una chica. Nos miramos furtivamente durante todo el concierto. Cuando concluyó, se dirigió a mí con un aire tímido y una sonrisa que hubiera embrujado a todas las hadas del bosque: —Aquí, en Saint Julien, los jilgueros cantan de otra manera. Aquella noche no regresé a casa. Pasé la noche, la aurora y el alba en el apartamento de Claire, en el distrito quinto. Posiblemente se pueda datar este inicio en el primer tercio del siglo XIX ese momento que se recoge bajo el epígrafe, un tanto anglófilo, de época victoriana. Y ya sabemos; para que surjan los estigmas, los prejuicios, las condenas y los miedos, tiene que existir algo que consideremos un problema. La importancia de los términos. Un chiste grueso: El joven se acerca a su padre apesadumbrado. Claire era una chica extraordinaria: compleja, divertida, incisiva y generosa sexualmente. El poco tiempo que pasé con ella es un hermoso recuerdo. No, querido compañero de tren de aquel día, ni los homosexuales han existido siempre, ni siempre han sido homosexuales. Dejé a Claire cuando acabé mis stage en París. Respiró melancólico y prosiguió: —Su madre, lo recuerdo bien, estaba aquí, justo donde yo me encuentro. Chiste viejo que me contó alguien que sabía lo que era tratar con las cabras. A mí no se me ocultó nada, pero tampoco se me dijo nada. Mi madre me miraba desde la pequeña ventana del undécimo piso cuando cruzaba la calle para ir al colegio. Todos los días. Entre los trece y los quince años. En los pabellones militares donde vivíamos, en espera de que le fuera asignado un destino a mi padre, había una biblioteca. En la biblioteca, aprendí lo que una niña puede aprender de sexo, antes de que llegase mi primera regla, antes de que mi padre me comprara las primeras compresas. En los sótanos de los pabellones militares, estaban el aparcamiento y los contenedores de basura. En los sótanos, cerca de la puerta del ascensor, dejaba que algunos chiquillos me besaran con lengua y me tocaran el pecho. Antes de ponerme la ortodoncia dental, antes de que mi madre me comprara los primeros sostenes. La primera vez siempre viene precedida de muchas pequeñas primeras veces. La primera vez que amamos siempre hemos amado muchas veces antes. La primera vez que reímos es la primera vez que tomamos conciencia de que reímos. O la que nos hacen recordar. Con la sexualidad sucede lo mismo. En seres sociales como nosotros, la toma de conciencia es un estado que no se alcanza siempre en soledad. La conciencia es, muchas veces, la vista propia apoyada en la conciencia de los otros. La voz ronca con la que nos habla el control social, la moral y el orden. El juicio del otro hecho yo. Fui a un centro de planificación familiar al poco de tener mi primera menstruación, que apareció justo el día que cumplí los catorce años. Llegué sola, di mi nombre y esperé en una silla niquelada. La mujer centroafricana que se sentaba a mi lado sonrió. Me cedió el turno cuando el ginecólogo le ofreció pasar. Me examinó sobre la camilla. Mientras él observaba bajo el pequeño delantal blanco, me hizo algunas preguntas. Yo le respondía, mirando de reojo, para distraerme, el dibujo sobre la pared del aparato reproductor masculino y femenino. Me entregó una Un día, al poco, lo descubrieron todo. Y de mi determinación se hizo una jaula para encerrar grillos y de mi curiosidad, un problema. Parece ser que en la sexualidad humana hay un momento crucial, en el que debemos tomar conciencia de que hemos hecho uso de nuestra condición de sexuados: el primer coito. No puede ser, naturalmente, de otra manera. Como si con la primera palabra que leemos se perdiera vista, como si con la primera duda que aparece se perdiera inteligencia. Hemos hecho de la primera vez una preocupación y no un mérito, un peligro y no un aprendizaje, una vuelta y no una ida, la llegada del príncipe azul y no el beso a la rana. Y hemos hecho y seguimos intentando hacer, de un encuentro, realizado desde el desconocimiento y apadrinado por el fracaso, un condicionante existencial para el resto de nuestras vidas. Pero dejaré esas explicaciones para los que las temen, porque los que no las temen ya las conocen. Perdí mi virginidad un 17 de julio de , a las Fue en una cama, en el campo, en casa del novio de la amiga donde me alojaba. Guardias, celadores, cabreros… Quienes hicieron de aquello algo trascendente son los que siguen vigilando mi alma. Y la de todos. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o El impulso sexual empieza en la adolescencia Un niño no tiene necesidad de escribir, es inocente. Henry Miller Inocente es aquel que no es culpable. Como los niños. Llega un día en que devenimos culpables, en el que dejamos de ser inocentes, en el que alguien nos culpabiliza de algo. Hasta que llega el momento en el que tomamos conciencia de esa gran culpa que nos han dicho que hemos cometido. Eso es la adolescencia. Por eso los padres la dicen con nostalgia, en voz baja, como si recitaran una salmodia. Nos la escenifican como la pérdida de algo, en la que se agitarían pañuelos de no ser por la urgencia de tener que limpiar afanosamente las primeras manchas, las pruebas del delito, los estigmas de nuestra culpabilidad. Es entonces cuando podemos empezar a actuar como culpables, es entonces cuando nos sentimos culpables, después de que toda la culpabilidad que nos han ofrecido la aceptamos como nuestra. Eso es la juventud. Para que seamos capaces de culpabilizar a otros inocentes. Nuestra existencia es la historia de una culpa asumida que transmitimos como la peste. Su olor era de almidón, de fin de semana y de la piel tibia de Isabelle. Mi prima. Es un esquema perverso el de la culpabilización. Eso sí que es perverso, y no besar una flor. En todo ese proceso, nos han encontrado una serpiente que roba el fruto y nos lo ofrece. La serpiente es el sexo y la manzana es el conocimiento del sexo. No hay jardín de las delicias o Edén en el que habite un solo reptil. Cuando mordemos la manzana de nuestro propio conocimiento de seres sexuados, somos fulminantemente expulsados de la inocencia, de la falta de culpa. Así nos lo hemos creído porque así nos lo han vendido los mismos, entre otros, que inventan los paraísos, las serpientes, las manzanas y hacen que los niños nazcan con un pecado original que sólo se puede lavar con el sacramento del bautismo; con la adhesión al club de los libertadores que nos salvan del pecado que ellos inventaron. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Pero sucede que los niños, los angelitos, son, contrariamente a lo que cuenta la leyenda, seres sexuados, como los adultos. Sólo que sin sentimiento de culpa por ello. Sin el sentimiento que les imbuimos en la infancia y asumen plenamente en la adolescencia, cuando pueden empezar a pensar en hacer uso de su condición de sexuados. Para el sexo, no hay que esperar a que se cubra nada de vello, o que encontremos un agujero que tapar o dejarnos tapar o que tengamos plena conciencia del problema que nos hacen creer que es el sexo; para el sexo, sólo hay que nacer. Isabelle había cumplido los doce años dos meses antes que yo. Ambas vivíamos nuestra adolescencia de fin de semana juntas. Su casa estaba en el campo. Cerca de la entrada había un columpio, atado a las ramas de una encina, donde se producían nuestras mayores discusiones. Así que volvíamos a discutir. A mí me gustaba Hervé y a Isabelle también. Resulta curioso la de secretos que tienen unas adolescentes. Allí le expliqué mi primer beso y allí nos bebimos dos botellas de vino rancio que acabaron con nosotras. Un día, encontramos un garito volviendo del pueblo. Su padre se lo llevó. En el camino que iba de la casa al pueblo fue donde me caí por primera vez de una bicicleta creo que, desde entonces, no he vuelto a subir a ninguna. De noche, cuando no nos dejaban salir con el grupo, veíamos la tele con nuestros padres. Los mayores tenían una especial habilidad para detectar los cuadraditos blancos que aparecían en pantalla. En cuanto uno de ellos asomaba, señal inequívoca, en Francia, de que el programa era para adultos, nos mandaban a la cama. Y claro, los papas y las mamas se besan y se tocan. Allí, casi nunca discutíamos. Durante mucho tiempo, el ir, los fines de semana, a casa de Isabelle fue para mí uno de los pocos alicientes de mi adolescencia. Igual que el lenguaje no es el habla. El adolescente es una persona apasionada que balbucea. Ello no implica que haya que protegerlos a ambos del lenguaje. Hay que protegerlos del miedo de los adultos. Si tienen que entender algo, que no sea una estupidez lo que entiendan. Y dejemos de creer, nosotros los adultos, que la inocencia es la negación de su sexualidad, sólo porque ya no recordamos lo que es ser inocente. Colocar el pollo en un recipiente apto para el horno. Sírvase caliente. La glicinia estaba plantada desde hacía casi dos décadas. Si no hiciéramos del coito la materia gruesa, el centro de la erótica, no existirían preliminares, del mismo modo que no entendemos que existan preliminares para los preliminares. Dicen, los que saben de estas cosas, que la hormiga es un insecto himenóptero porque tiene una metamorfosis complicada y una boca que es a la vez masticadora y lamedora. Y es, como los poetas, buscadora de flores, a las que se arrima incansablemente en busca de néctar. Jorge abrió el balcón. Pero no fue así. Dejó que se posaran en su mano un buen puñado de hormigas que trepaban concienzudamente por las ramas de la glicinia. Después, las depositó, una y otra vez, sobre mi vientre. Las hormigas empezaron a distribuirse alocadamente sobre mi cuerpo. Notaba sus pequeños pies recorriendo desconcertados la extraña geografía de mi cuerpo. Me estremecí. Jorge volvió a alargar la mano hasta la trepadora y extrajo, de varios racimos, decenas de pequeñas flores. De pronto, me vi cubierta de flores malvas e, inmediatamente, las hormigas se reagruparon en torno a ellas. Como con un imperativo marcial e irreprimible, los pequeños insectos siguieron el rastro azul de su deseo y el circuito invisible del mío. Se amontonaron sobre el pezón de mi pecho izquierdo, rebuscando entre las flores con las que Jorge me lo había vestido. Se posaron sobre la palma extendida de mi mano. Se posaron sobre mi pubis y sobre Y descendieron. Fue así como Jorge me tocó sin tocarme. Distribuyendo flores. Perverso es llamar perverso a lo que no lo es. Perverso es hacer de algo inconmensurable una imposición homogeneizada sometida a controles de calidad. Cuando no sabemos representar porque no hemos entendido lo que vamos a pintar, a narrar o a razonar, olvidamos los detalles, no somos capaces de exponer el matiz, aquel lugar, como decía Wilde, donde habita la inteligencia. Alcancé el orgasmo entre piernas de hormigas y lenguas de flores. Antes de que cayera la noche, recogimos las flores y a sus fieles amantes y los devolvimos a su jardín. Ahora, en otoño, espero la primavera y que nuestro balcón se cubra de flores malvas. Y que vuelvan a ellas estos insectos himenópteros que muerden y chupan. Una planta de producción de una de sus empresas textiles se encontraba en Arequipa, en la frontera peruana con Chile. Fue allí donde, en un segundo viaje, le conocí. Nacido en Chile aunque oriundo de Europa, hijo de padre español y madre italiana, hablaba con un curioso acento que hacía que las letras de mi nombre bailaran cada vez que lo pronunciaba. Tenía una preciosa hija de cinco años fruto de su primer matrimonio. Sus manos eran firmes, su sonrisa acogedora, su pene no alcanzaba erecto los tres centímetros y sus ojos muy azules contrastaban con el tono bronceado de su piel. Nuestra cultura es una cultura finalista. Arrancando en una idea muy cristiana y siguiendo, por ejemplo, la estela de un mal leído Maquiavelo, nuestro orden moral, social y político viene marcado por preceptos de orden económicos y militaristas. Valoraciones que encontramos a diario y que ejemplifican esa lógica del objetivo, pueril y un tanto ingenua, pero de enorme utilidad en una sociedad de la libre competencia. Aterrizar y despegar en Arequipa no es tarea sencilla. Pude verlo a mi llegada, cuando los Andes parecían rascar la tripa del Boeing. Hicimos el amor por primera vez sobre una playa a unos trescientos kilómetros de la capital, allí en Lima ni los pocos barrios residenciales tenían playas en las que la contaminación permitiera el baño. Alojé mi boca sobre su pecho recubierto de la sal del Pacífico, mientras él mesaba rítmicamente mi pelo. Al haberme liberado, la cordura volvió y avergonzado por mis actos, acomodé su ropa y me levanté al baño. Me tranquilicé al volver a mi asiento y comprobar que la cría seguía durmiendo. El resto del viaje, fue una tortura. Creo que fue la culpa lo que me machacó y poco antes de aterrizar, me quedé también dormido. Asustado, abrí los ojos para descubrir que era Alicia la que desde el pasillo me llamaba. Suspiré aliviado al percatarme que su tono no sonaba enfadado, por lo que no debía de recordar nada de lo sucedido. Con la cabeza gacha, recogí nuestros enseres y la seguí por el aeropuerto. La mujer parecía contenta. Pensé durante unos instantes que era debido a que aunque no lo supiera había disfrutado pero, al ver la efectividad con la que realizó los tramites de entrada, recordé que siempre que se enfrentaba a un nuevo reto, era así. El segundo trayecto fue corto y en dos horas aterrizamos en un pequeño aeródromo, situado en una esquina de la isla del magnate. Al salir de las instalaciones, nos recogió la secretaria de Pastor, la cual después de saludarme y sin dirigirse a la que teóricamente era mi asistente, nos llevó a la mansión donde íbamos a conocer por fin a su jefe. Me quedé de piedra al ver donde nos íbamos a quedar, era un enorme palacio de estilo francés. Un enorme antillano, vestido de mayordomo, nos esperaba en la escalinata del edificio. Al cerrar la puerta, me di la vuelta a ver a mi jefa. En su cara, se veía el disgusto de tener que compartir habitación conmigo. Somos adultos para que, algo tan nimio, nos afecte. Lo importante es que firme el contrato. Asentí, tenía razón. El agua de la ducha no pudo limpiar la desazón que tener a ese pedazo de mujer compartiendo conmigo la habitación y saber que lejos de esperarme una dulce noche, iba a ser una pesadilla, por eso, en menos de un cuarto de hora y ya completamente vestido, salí para dejarla entrar. Ni me digné a contestarla y saliendo de la habitación, la dejé sola con su asfixiante superioridad. Este me llevó el salón donde al entrar, me topé de frente con mi anfitrión. Asustado por mi intromisión, me escabullí huyendo de allí con su figura grabada en mi retina. Alicia enfundada en un provocativo traje de lentejuelas. Aprovechando el instante, recorrí su cuerpo con mi mirada, descubriendo que mi estricta jefa no llevaba sujetador y que sus pezones se marcaban claramente bajo la tela. En ese momento se giró y al verme, me miró con cara de odio. Me llamo Alicia. Ella esperó a que hubiéramos salido del salón para recriminarme mi ausencia. Estaba hecha una furia. No he perdido el tiempo, tengo en mi maletín los contratos ya firmados, todo ha ido a la perfección. Ahora volvamos a la cena. Cuando llegamos, los presentes se estaban acomodando en la mesa. Don Valentín nos había reservado los sitios contiguos al suyo, de manera que Alicia tuvo que sentarse entre nosotros. Al lado del anfitrión estaba su novia, una preciosa mulata de por lo menos veinte años menos que él. La cena resultó un éxito, mi jefa se comportó como una damisela divertida y hueca que nada tenía que ver con la dura ave de presa a la que me tenía acostumbrado. Con las copas, el ambiente ya de por si relajado, se fue tornando en una fiesta. Ella, al notar que me separaba, me cogió de la cintura y me obligó a pegarme nuevamente. Fue entonces cuando notó que una protuberancia golpeaba contra su pubis y cortada, me pidió volver a la mesa. Ante tamaña salvajada, mi interlocutor soltó una carcajada y llamando al camarero pidió una botella de Champagne. Al levantar mi copa, miré a Alicia, la cual me devolvió una mirada cargada de odio. Haciendo caso omiso, brindé con ella. Soy, ante todo, una mujer. Sentir sus senos bajo mis palmas, me hizo reaccionar y forzando el encuentro, la besé. Todavía no comprendo cómo me atreví, pero cogiéndola en brazos, le llevé a la cama y me empecé a desnudar. Alicia me miraba con una mezcla de deseo y de terror. Me daba igual lo que opinara. Después de tanto tiempo siendo ninguneado por ella, esa noche decidí que iba a ser yo, el jefe. La mujer no solo se dejó hacer, sino que con sus manos llevó mi cara a sus pechos. Me estaba dando entrada, por lo que en esta ocasión y al contrario de lo ocurrido en el avión, no la estaba forzando. Sus pezones se irguieron esperando el contacto, mientras su dueña suspiraba excitada. Alicia, completamente entregada, abrió sus piernas para permitirme tomar posesión de su tesoro, pero en contra de lo que esperaba, pasé de largo acariciando sus piernas. Desde mi posición, puede contemplar como mi odiada jefa, se retorcía de deseo, pellizcando sus pechos mientras, con los ojos, me imploraba que la hiciera mujer. Usando mi lengua, fui dibujando un tortuoso camino hacia su pubis. Los gemidos callados de un inicio se habían convertido en un grito de entrega. Cuando me hallaba a escasos centímetros de su clítoris, me detuve y volví a reiniciar mi andadura por la otra pierna. Vano intento porque cuando, separando sus labios, me apoderé de su botón, se corrió en mi boca. Era su primera vez y por eso me entretuve durante largo tiempo, bebiendo de su fuente y jugando con su deseo. Usando mi lengua, me introduje en su vulva mientras ella no dejaba de soltar improperios por mi desobediencia. Molesto, le exigí con un grito que se callara. Sabiendo que la tenía a mi merced, busqué su segundo orgasmo. Agotada, tardó unos minutos en volver en sí, mientras eso ocurría, disfruté observando su cuerpo y su belleza. Mi jefa era un ejemplar de primera. Piernas perfectamente contorneadas, daban paso a una cadera de ensueño, siendo rematadas por unos pechos grandes y erguidos. En su cara, había desaparecido por completo el rictus autoritario que tanto la caracterizaba y en ese instante, no era dureza sino dulzura lo que reflejaba. Al incorporarse, me miró extrañada que habiendo sido vencida, no hubiese hecho uso de ella. Aunque eres una mujer bellísima y deseo hacerte el amor, no quiero pensar mañana que lo has hecho por el alcohol. Te he dicho que en ese estado no voy aprovecharme de ti. Pude leer en su cara disgusto pero también determinación y cuando ya creía que se iba a poner a gritar, sonrió y poniendo su cara en mi pecho, me abrazó. No he salido de mi cuarto en todo el día, ni para comer. He permanecido horas a resguardo de esos dos pero aun así debo salir. Ha llegado la hora de la cena y no acudir a ella es aceptar mi culpabilidad. La culpabilidad del que no se atreve a afrontar las consecuencias y se esconde como un cobarde, como un niñato. Porque eso es lo que soy, un puto niñato malcriado y sinvergüenza. Año Wezen montaba su caballo, silbando una canción y disfrutando del exuberante paisaje de la llanura; un interminable verde que se extendía hasta donde la vista alcanzaba. A un lado, el sol se ocultaba tras la interminable cadena de montañas y supo que pronto debían acampar. Si fuera por él, continuaría cabalgando durante la noche; faltaban pocos días para alcanzar Congli y estaba ansioso por ver a su hermana tras casi un año de partir rumbo a la guerra. Estaban perfectamente entrenados por Syaoran, pensó, y pronto él también sería un gran guerrero a su lado. Sabía que la prioridad de Syaoran era reunirse con el emisario de Occidente en una expedición en la frontera xin. Tardarían meses en asestar un ataque contra el nuevo emperador, apostado en Nankín, pero disfrutaría de los días mientras tanto. Buena parte del ejército lo conocía y ya no tenía necesidad de aparentar. Después de todo, la Sociedad del Loto Blanco a la que ahora pertenecían fue fundada por budistas. Lo vio acercarse y el guerrero xin frunció el ceño. Al parecer, ahora Zhao sentía una necesidad de predicar su credo a todos los soldados, que lo escuchaban con curiosidad y respeto, pero Wezen no era una persona de fe. Una de las esclavas del comandante se ofreció a curar la herida. Zhao enarcó una ceja. Dio un respingo cuando oyó el chapoteo del agua y luego un par de risillas de algunas muchachas cerca. Giró la cabeza y se sorprendió de ver a las dos esclavas de su comandante, tomando un baño entre risas. Actuaban como si él no estuviera allí. Eran hermosas, aunque distintas, como si su comandante las hubiera elegido así adrede. Una era exótica por lo alta, de corta cabellera y turgentes senos, de curvas pronunciadas. Toda una mujer. Wezen apretó los labios. Solo sabía el nombre de esta, y era sencillo de recordar. Pensó que Syaoran era un hombre afortunado al tener aquellas dos jóvenes a su disposición. Wezen quedó absorto. La mujer rio, volviendo a agacharse para darse un baño mientras que la pequeña le salpicó agua a su amiga, visiblemente molesta. Wezen suspiró y se sentó sobre la hierba, viéndolas. Mei asintió. No conocía al emisario y dudaba que un hombre tan importante se dignara a hablar con ella, pero lo intentaría. Podía hablar de temas que, con su señor, serían imposibles de tocar. Se lavó los brazos, hablando con Wezen sin mirarlo. Aquella broma hizo que Mei frunciera el ceño, no obstante, su amiga se volvió a poner de pie. Brazos en jarras, miró a Wezen con una mueca. Si pacta una alianza con Syaoran, nuestro ejército podría doblar sus efectivos. Koryo es un estado vasallo de los mongoles, así que no podemos entrar a sus tierras. Su emisario sí puede. Wezen quedó boquiabierto. Tengo oídos. Wezen chasqueó los labios. Tu pregunta y la mía tiene una misma respuesta. Syaoran es un hombre distinto. Si lo piensas, nuestro emperador también es un hombre afortunado por contar con él en su ejército. La esclava salió del riachuelo, buscando sus prendas en la orilla. Se giró y miró a Mei. La joven meneó la cabeza. La mujer blanqueó los ojos y dispuso a vestirse. Terminó volviendo al campamento con largas zancadas, dejando solos a los dos. Mi señor dice que Congli es tu hogar. Wezen sonrió, tirando una piedrecilla al riachuelo. Es donde vive Xue…. Es menor que yo. Wezen asintió. La guerra hace esto. Separa la familia y a veces para siempre. Lo veo todos los días. Tienes suerte de verla de nuevo. Mei no entendió. No —sonrió meneando la cabeza—. Xue es dulce, no vil. Pero Wezen miró sus manos, y aunque la esclava no pudiera ver sus ojos, sí percibió una repentina sensación de amargura en el guerrero. Intuitiva con los hombres como era, calló y esperó con paciencia que el joven volviera a hablar. Mi madre escondió a Xue en casa. Es lo que siempre hacían los aldeanos con sus hijas cuando venían los mongoles. Eso y agachar la cabeza. Porque si un mongol asesina a un xin, solo le espera una multa. Pero si un xin hace lo mismo, le espera la muerte. Esa era la ley del emperador. Así que cuando mataron a nuestra madre y se llevaron a la pequeña Xue, me acobardé… Temí por mi vida. M ei tragó saliva. Cuando oí los gritos de Xue, decidí que yo no iba a agachar la cabeza. Esos perros… Si vieras lo que yo vi, Mei, los odiarías tanto como yo. Los maté a todos. La cargué en mis brazos y huimos. Yo debía partir la semana siguiente a Sudamérica para una estancia que se alargaría tres meses. Ultimaba, desde casa, los preparativos del viaje. A las once de la mañana sonó el interfono y un Eric cabizbajo me pidió que le abriera. Sorprendida por que no estuviera en el vuelo a París, pero sólo ligeramente contrariada, le abrí, desde el piso, el portal. Justo después de apretar el pulsador y antes de que yo colgara el auricular, oí como alguien se dirigía a él pidiéndole que no cerrara la puerta. Me pareció reconocer la voz de Fernando. En latín, al coito se le daba el nombre de coitus, de donde deriva el término actual. Coitus se formaba del prefijo co que implica unidad y conjunción y de itus que sería el participio pasado del verbo iré marchar, partir. Siempre tuve, desde que viví en aquel piso, dificultades para accionar los mecanismos eléctricos que abrían las ventanas. Los humanos somos entidades parlanchinas. Antes de que Eric se volviera para preguntarle a Fernando lo que quería, yo ya había abierto la puerta. Le di un beso a Eric y a Fernando le estreché la mano prometiéndole que yo entregaría la documentación personalmente al director de la agencia porque todavía no estaba preparada. Su cara parecía dos signos de interrogación con un círculo en medio. Volví a fingir, pero Fernando fingió peor que yo. El sexo es un mal animal de carga. Mi viaje era inaplazable. Tuve que alojarme en casa de una amiga hasta mi partida, sabiendo que a la vuelta debería, antes de deshacer las maletas, buscar un nuevo piso donde vivir. Supe que Eric y Fernando se hicieron amigos, aunque no volví a ver a ninguno de los dos. No sé lo que se contarían, aunque posiblemente pasarían las horas hablando del interés de uno por sincronizar el orgasmo y del otro por no sincronizar el reloj. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Existe el punto G … A veces la cabeza es de león, el cuerpo de cabra y la cola es de serpiente; a veces tenemos en cambio un solo cuerpo, de león o de cabra, y tres cabezas, de león, cabra y serpiente; a veces, finalmente, tiene las tres cabezas de los animales pegadas a partes distintas de un solo cuerpo, generalmente de león … La Quimera Diccionario ilustrado de los monstruos Massimo Izzi Mi madre solía recortar los puntos que daban con el paquete de detergente de lavadoras. Dos por paquete. Cuando se habían conseguido treinta, había que meterlos en un sobre, franquearlo y enviarlo a la dirección del fabricante. Al cabo de un mes, recibíamos en casa, a portes debidos, un tazón para el café con leche decorado con calcomanías de animales. Todavía los conserva en la alacena. El inconveniente de los superlativos es que no se pueden matizar. Sin embargo, estos puntos, en sus anuncios, prometen conseguir magnificar un superlativo: el orgasmo. Mientras, algunas chiquillas siguen preguntando si el preservativo hay que ingerirlo plegado o desplegado, si se pueden quedar embarazadas con una felación o si la pildora se introduce en la vagina, y algunos, no tan chiquillos, se devanan los sesos pensando si un pene de doce centímetros es normal o si tres veces a la semana es poco. Mientras, la ciencia sigue sin saber si… bueno, sigue sin saber. De Tatiana resultaba especialmente atractiva su ingenuidad. Momentos antes, en el sorbete de melón, nos había escenificado con todo detalle cómo alcanzó el orgasmo cuando su marido la había poseído rabiosamente durante un crucero por el Nilo. Sus gritos y gemidos aceleraron la llegada de la cuenta. No era en mí, sino en Miguel, en quien estaba pensando. El punto G sirve, por lo menos, para diferenciar dos tipos de mujeres: las que manifiestan que lo tienen y loan sus virtudes y las que niegan o prescinden de su existencia y dudan de sus cualidades en caso de que las hubiera. Ambas posiciones, creyentes versus agnósticas y ateas, se enfrentan en una lucha despiadada en la que las susceptibilidades se enconan y el rango de feminidad parece estar en juego. Personalmente, yo, como se puede deducir, me englobaría en el grupo de las agnósticas. Nunca he experimentado un orgasmo derivado exclusivamente de la estimulación vaginal. Y ya se sabe, nada peor para escribir relatos sobre el rayo que saber lo que es el rayo… Por lo tanto, yo diría que el punto G ni existe ni no existe, sino todo lo contrario. Creo que las mujeres que experimentan orgasmos a través de esta zona de la vagina son verídicas en sus afirmaciones experimentan lo que cuentan , pero opino que las que lo niegan son veraces en las suyas es verdad lo que cuentan. Cada mujer es, en cualquier caso, un universo y cada deseo individual opera con mecanismos de una infinita complejidad que se activan a poco que el deseante crea que se deben activar con una cosa o la otra. El tema de fondo es otro. Cuando, en la cama, de rodillas frente a ella, deslicé sus braguitas por sus largas piernas, pude ver su hermoso pubis cubierto por una fina capa de vello rubio. Tatiana me había lamido rítmicamente, dibujando sobre mi vulva, con su lengua, todo un abecedario. Su boca iba y venía sobre mi clítoris, como si hubiera olvidado algo que repentinamente recordaba. Mientras, sus dedos me acariciaban, a saltitos, el vientre, el interior de los muslos, el pecho y su larga melena cosquilleaba mis caderas. Ligeramente incorporada y situada a su lado derecho, empecé a besar la línea que va de su vientre hasta su mentón. Con mi mano izquierda masajeaba su cabeza y con la derecha me centré en sus genitales. Levanté con la punta del pulgar, presionando ligeramente, el capuchón de su clítoris, mientras rozaba lo que quedaba al descubierto con la parte media de mi dedo. Al mismo tiempo, introduje mi dedo corazón hasta la mitad en su vagina para alcanzar el inicio del hueso pélvico. Mantuve un tiempo los movimientos sincronizados de mi pulgar y del corazón. Noté las convulsiones comprimiendo mi dedo, y mi mano y mi antebrazo se vieron empapados por un líquido caliente. Las dos nos sorprendimos. Lo verdaderamente significativo de las dudas que genera el punto G y sus aledaños resulta del preguntarse por qué, en puertas de clonar a un humano, no sabemos cómo funciona la maquinaria sexual femenina. La segunda duda de fondo surge al preguntarse a quién le interesa que la cosa siga siendo así. Si algo aparece de cierto, lo inundan de fantasías y leyendas de unicornios alados, de esquemas cifrados para pianistas o espeleólogos y de puntos y secuencias. Muchos puntos para alguien como yo, que prefiere el café a las tazas. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Las bolas chinas sirven para dar placer Ella extrajo con cuidado de la caja sus bolas chinas. En un plató de televisión. Su invención parece antiquísima y su origen es, naturalmente, chino. Confeccionadas originalmente en jade, marfil o hueso, algunas contenían mercurio en su interior para facilitar el movimiento. Que Hassan era aficionado a meterme botellines de coca cola de 25 cl. No hablo de los que buscan directamente meter el pene. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o en los hombres les permite tener un control sobre la próstata y por tanto sobre la eyaculación. El austríaco Arnold Kegel ideó, en la década de los cuarenta del siglo XX, una serie de ejercicios que permite ejercitar esa musculatura, ejercicios en los que resultan de enorme utilidad las bolas chinas. A Marisa la conocí en Madrid. Fue ella misma la que se presentó. Era de madrugada. Yo salía de un plató de televisión, donde había concedido una entrevista. Marisa vestía elegantemente. Bellísima, con el talle de una quinceañera, se le notaba gusto, dinero y una especial inclinación por Versace. A partir de entonces nos vimos con relativa frecuencia hasta llegar a intimar de palabra y compartir algunas asignaturas en las aulas del Incisex. Formada en un círculo estricto del cristianismo mas fundamentalista, conmigo se sentía desinhibida para relatarme con todo detalle los continuos pecados de la carne que cometía, siempre, eso sí, dentro del marco del sagrado matrimonio. La interpretación que hacía de la doctrina que le habían imbuido del deber marital era, sencillamente, brillante. Cumplía uno a uno los preceptos de obediencia y sumisión, pero había convertido esos preceptos no en una mutilación, sino en un gozo carnal continuo. No había nada que él no hiciera que a ella no le reportara un extraordinario placer sexual. Fue otro austríaco, Sigmund Freud, el que valoró el orgasmo vaginal como superior al clitoriano. Por tanto, una mujer madura era la que con su vagina, y no con su clítoris, podía provocarse orgasmos. Todos, excepto un grupo reducido y sin demasiado criterio las mujeres , estuvieron de acuerdo. Si entre todos convertíamos la vagina en algo sensible, el meter cosas dentro de ella cobraba pleno sentido. Marisa acababa de anunciar con rotundidad que, pese a las observaciones del profesor, ella sí alcanzaba orgasmos vaginales cuando su marido la penetraba. No es mi modalidad erótica favorita, pero tampoco le hago ascos. Pero nunca, ni por empatia, el coito me ha producido exclusivamente un orgasmo. Ni a mí ni a ninguna de las mujeres con las que he hablado de ello. Salvo a Marisa. Es una sensación placentera, no lo niego, especialmente cuando, por ejemplo a cuatro patas, el falo toca la pared anterior de la vagina y estimula indirectamente la zona interna del clítoris. Es una sensación psicológicamente agradable, la de integrarse en algo parecido a una unidad cuando el amante lo merece. Susana puede hacer ritmos con las bolas chinas introducidas en la vagina. Ignorancia es creer que las bolas chinas sirven para dar placer a las mujeres. Ignorancia es no saber a quién beneficia esa creencia. Georges Bush Declaraciones en Time evaluando la invasión de Irak El orgasmo no es una casualidad que se presenta, es una decisión que se toma. Una determinación a la que se llega, después de haber realizado una valoración, durante la interacción sexual, de esas circunstancias concretas que nos proponen la posibilidad del orgasmo. Sucede que, muchas veces, esta decisión la tomamos, sin saber que estamos tomando una decisión. Cuando la razón aparece, el orgasmo huye como los corderos del lobo. Cuando la razón toma la decisión, el orgasmo ya ha tomado la decisión antes. El papel del amante en el proceso tiene muchísima menos importancia de la que se suele atribuir. El orgasmo no nos lo procuran, lo alcanzamos nosotros solos. Decía Catherine Millet que no creía en absoluto que el sexo fuera un medio para comunicar, sino que es el dominio donde cada uno vive las cosas de la manera menos comparable que exista. En cualquier caso, mi falta de orgasmo con él no era una manifestación de anorgasmia. Era, simplemente, que con él y con todo lo que rodeaba nuestra interacción sexual, yo decidía no alcanzar el orgasmo. La anorgasmia es la imposibilidad de alcanzar el orgasmo, no la imposibilidad de alcanzar un orgasmo. Todo le salía mal y, si en alguna ocasión no era así, ya se ocupaba ella muy mucho de que así fuera. Sin embargo, su vida podía ser, a los ojos de cualquier otro que no fuera Asunción, envidiable. Pero sucedía que, desde niña, le había acompañado el sufrimiento, con un padre que la había repudiado y una madre que la maltrataba lo suficiente como para que ella asociara el cariño con el maltrato sólo porque creyó en los cuentos de hadas, en los que las madres son unas reinas y nunca la bruja de la manzana. Hasta que hizo de su sufrimiento su seña de identidad. A Asunción, todo le sale mal. Por lo tanto, soy Asunción. No así tanto en el lenguaje coloquial. Resulta curioso como la sexualidad femenina siempre es nominalmente castigada si exhibe, a los ojos de no se sabe bien quién, un deseo sexual demasiado corto o demasiado largo. Dentro de los casos en los que no se consigue un orgasmo, se establecen diferenciaciones conceptuales entre aquellas personas que no lo alcanzan porque en su respuesta sexual no logran la fase inicial de deseo y las que, alcanzando las fases de deseo, excitación y meseta, no consiguen el orgasmo. De manera genérica, también se puede hablar de las condiciones de esa imposibilidad, si es porque nunca se ha conseguido, si es que se ha dejado de conseguir o si no se consigue de determinada manera en la que se supone que podría procurarse. En cualquier caso, el gran enemigo del orgasmo es la necesidad de procurarse un orgasmo y la ansiedad por el orgasmo es el peor amigo del aprendizaje para la consecución del orgasmo. Nuestra maquinaria sexual es un mecanismo que, normalmente, funciona muy bien a poco que lo dejemos funcionar. El desconocimiento, muchas veces, nos lleva a encontrar un problema donde sólo había una circunstancia. Pero si creemos que es éste, entonces muy probablemente padeceremos anorgasmia. Asumir esa exaltación del gozo que supone el orgasmo era, inconscientemente, inconcebible para ella. Inmediatamente después, volvía a su exaltado discurso amoroso. Porque Asunción me amaba a su manera, al día de hoy sigo sin dudarlo. La mejor prueba de ello era la negación del gozo. El amor, como le enseñaron de niña, y ella no consigue olvidar, nada tiene que ver con el placer. No hay peor guerra civil que la que uno sostiene contra sí mismo. Decía Gide que hay muy pocos monstruos que se merezcan el miedo que les tenemos. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o debamos temer es el miedo a dejar de ser lo que creemos que somos; los otros, a veces, gobiernan naciones. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o La eyaculación precoz es un problema del hombre No juremos su Santo Nombre en vano… que la comedia gana divinidad, cuando lo divino pierde tragedia. Jaculatoria arrabalesca De Fernando Arrabal Una jaculatoria es una oración breve y fervorosa que normalmente se realiza mirando al cielo. Jaculatoria y eyaculación tienen el mismo origen etimológico. El dramaturgo Fernando Arrabal lo sabe bien. Günter no era mal amante. De temperamento nervioso e hiperactivo, parecía que nunca quería estar donde estaba, sino donde esperaba estar después; las cosas, para él, pasaban demasiado lentamente. Cuando me acosté con él por primera vez, llamó mi atención un curioso ritual: tenía que tener a mano un recipiente con cubitos de hielo. Brillante en su trabajo, original en sus planteamientos, Günter tenía el firme convencimiento de que era un eyaculador precoz. Sólo los que no conocen el tiempo creen que el tiempo pasa sin tenernos en cuenta. Que es algo lineal, que no se dilata, se deforma o mengua. No hace falta entrar en Bergson o en la física relativista para saber que el tiempo sucede en función de la interpretación que de él hacemos en nosotros mismos. El tiempo no se mide con relojes, sino con emociones, porque el tiempo es el sentimiento de nuestro tiempo. Tiene que ver con que vivamos con plenitud una interacción sexual, en la que sean las emociones y no los relojes los que la validen o la sancionen. En la que nos condicione el placer que proporcionamos o recibimos y no los tiempos de ejecución que otros, por muchos que sean, han establecido como convenientes. Con Günter, había que estar en continua comunicación. En cuanto su mano se agitaba buscando el bloque de agua, sabía que su orgasmo era inminente. Yo me detenía y se lo aplicaba, bien en la espalda sobre la columna, bien sobre el vientre, entre el ombligo y el pubis. Sorprendentemente, sucedía que, en ocasiones, pasaba mucho rato antes de que su angustia le hiciera vislumbrar su eretismo. Por mi experiencia con él y muchos otros, no es tan importante el tiempo que se emplee en obtener el orgasmo como el convencimiento de que ese tiempo siempre va a resultar demasiado corto. Cuando se escuchaba esto, era que algo tremendo iba a suceder, como que el general cartaginés Aníbal Barca estaba a punto de someter la ciudad. El enemigo, aquí, no es un militar con muy mala leche y elefantes como para fundar un zoo, sino algo tan gratificante como el orgasmo. Convendría reflexionar sobre qué extraños mecanismos pueden hacer que temamos a nuestro propio orgasmo. Esto no es una guardería de nenes que se retiran el saludo si se mosquean-. Pero Pixi empezó a reirse y a elevar la voz para acallar cualquier intento de conversación al uso. Lo que deberías hacer es operarte tu puto miedo a volar. Si es que nos das unos viajes… que es para cagarse y luego tenemos que gastarnos una pasta en publicidad institucional y dar entrevistas en exclusiva para cerrar bocas-. Dejó pasar las palabras del director de comunicación y respondió a Augusto Piñas. Navarrete parecía al borde de un precipicio y a sus ojos asomaba un fuego perturbador. Justo Leandro, el asesor internacional del Ministerio, rompió por primera vez su silencio. Se quitó la americana y miró hacia el techo del avión preocupado. Se me ha acabado el licor. Teresa Baltar no entendía nada, pero aquella conversación había conseguido disipar su miedo a no estar a la altura de aquel grupo. Cruzó una mirada aséptica con el ministro que se mesaba el pelo. Pachamama bajó levemente la cabeza mirando al ministro en un gesto de complicidad en el elevado escalafón que creía compartir con él. Y Piñas le devolvió el gesto, admiténdole por un instante en su estatus. Pixi intervino de nuevo como si no hubiera sido incluido por Pachamama en el grupo de los que hacen perder miserablemente el tiempo. El director de comunicación estaba decidido a hacerse notar y a no discutir de frente con el secretario general. Y ahora la tomaba con Teresa. El ministro intervino. O te callas o te vas con los periodistas, que es lo que tendrías que estar haciendo ahora, comerles la oreja y venderles motos. No sabemos de qué va la prensa en este viaje. Han venido a joderme, coño. El ministro estaba alterado. Punto en boca- se tapó la boca con la mano y levantó las cejas para redondear su actuación de payaso en la función matinal. Te falta perspectiva política-. Augusto Piñas lo miró sorprendido en busca de una explicación por su comentario desafortunado. Teresa Baltar no podía creer lo que estaba escuchando y también dirigió sus ojos hacia Medina reprendiéndolo como muestra de apoyo incondicional hacia Piñas. Lo que quiero decir es que a escasos meses de unas autonómicas allí no nos conviene buscarle un problema a la presidenta. Ya sabes, que es de nuestra cuerda-. La azafata entró justo en el compartimento con una copa enorme de licor de chocolate y la botella. Navarrete, que seguía sudando a chorros mirando por la ventanilla, sacó dos pastillas de Tranquimacín y se las tomó de un golpe. El exceso de confianza entre aquellos hombres, después de tantos años juntos, había dado lugar a un. Aunque tras aquella reflexión se convenció de que cualquier político estaba condenado. Incluso ella lo estaba. Vaya, te los dejaste en el baño y Medina los ha recuperado. Qué amable, Pachamama-, dijo Pixi a voz en grito. Supongo que sois conscientes de que Teresa puede denunciaros por acoso sexual. Informaré al comité de disciplina. Por favor, reponte. Si necesitas salir, sal, pero vuelve cuando estés lista. Quiero oír lo que piensas sobre el silo nuclear, venga. Aquí es importante la opinión de cada uno de nosotros-, le pidió el ministro Piñas. Estaba paralizada. Aquella panda de hijos de puta había quebrado su capacidad de resistencia y su orgullo como persona y como mujer. Pero también sabía que sus proyectos de superación se quedarían en nada si no reaccionaba. Se imaginaba con la boca cosida o borrada de su rostro y con un enorme billete de vuelta a Arévalo por incompetente. Echó mano de las palabras que el ministro acababa de pronunciar y se vino arriba como un delantero ante el momento del penalti. Es verdad que es allí donde se dan las mejores condiciones para instalar el almacén o el SRCS, pero eso sería una putada para ella. Se encuentra en una situación muy delicada para ganar de nuevo las elecciones. Eso sólo le restaría votos-. Teresa realizó otra pausa para tranquilizarse. Su corazón palpitaba con rapidez. Se podría creer que desde Madrid preferimos un nuevo Gobierno en Murcia de signo político diferente al nuestro porque facilitaría las cosas. Perdona, María Teresa. Sigue-, se dirigió a ella amablemente el secretario general de Recursos Energéticos de la Madre Tierra buscando una reconciliación. Y a nosotros-. Lo has captado perfectamente, Jefe-. Todos miraron asombrados a Teresa. Ahí puedes tener una hoja de ruta-. Tras aquel alarde en su exposición un sudor frío recorrió su frente. Se moría de miedo por la reacción. La has vuelto a clavar, bueno, la hemos vuelto a clavar-, exclamó el ministro para después soltar una bomba ante todos. Los presentes la miraron con cara de aprobación y sorpresa. Aquella extraña recién llegada acababa de dar el primer paso para entrar en el cogollito. Teresa Baltar no era muy consciente de lo que acababa de ocurrir y de los recelos y susceptibilidades que aquella nueva etapa levantaría entre los miembros del gabinete ministerial. Se remangó la camisa de nuevo y volvieron a quedar al descubierto sus brazos velludos y gruesos. Lo que nos tiene que importar es su inversión de diez mil millones en fotovoltaicas y eólicas a través de su empresa estatal. Nunca se había hecho una inversión tan cojonuda-. El Rey Sol parecía inquieto y con prisas por cerrar el asunto del viaje que les llevaba a Abu Dabhi. Debemos abrir todos. Y ahí es donde entran Tessy y Navarrete-, puntualizó Augusto Piñas. Tiene que parecer que se trata de nuestra prioridad absoluta-. Pixi interrogó al ministro antes de hablar. Le dirigió un gesto de elevación de hombros. Las vamos a recortar dentro de un mes en nuestro país y con éstos vamos a firmar en cuestión de días. Nos van a joder por todas partes-. Augusto Piñas la miró desde su sillón. Se levantó y cuando todos habían abandonado la salita, se dirigió a Teresa. Estudiamos juntos en Massachussets. Ah, y casi se me olvida, bienvenida al proyecto -. Se sentía satisfecha y le importaba muy poco si el equipo del ministro la veía o no con buenos ojos. Hasta hoy eso le había preocupado, pero ahora ya se sentía pertrechada por la confianza y el trato exquisito de Augusto. Justo Leandro le sonrió con un gesto sincero. Son unos hijos de puta-. Le hubiera gustado decirle algo inteligente y reconfortante. Pero justo cuando iba a secundarle, Leandro amplió su frase. Aquí impera la violencia anímica, porque física no se puede. Se trata de un ambiente podrido en el que sólo existen las relaciones de poder, las mentiras disfrazadas. Aquí reinan los fantasmas dolorosos y los volcanes que van a entrar en erupción-. Llegó hasta su asiento y una mujer que ocupaba la plaza del pasillo contigua a la suya descansaba con las piernas estiradas y le impedía pasar y acomodarse. La mujer se hizo a un lado para que pudiera sentarse. Es que he estado en el bar durante todo el viaje y estoy un poco achispadita. Es justo lo que necesito-, pensó. Estaban muy cuidadas, con uñas esculpidas y brillantes, y sujetaban una copa con un Dry Martini. Salvo aquella ligera imperfección, el resto del cuerpo resultaba increíble. Estaba delgada y tenía unos senos generosos y firmes, que no se movían con las turbulencias. Su vestido rojo ajustado permitía ver una cintura estrecha, sin barriga ni michelines, y unas caderas sin cartucheras. Era extraño comprobar algo así en mujeres de su edad. Aunque la melena rubia le tapaba medio rostro, Teresa consiguió atisbar unos ojos verdes profundos y misteriosos. Yo podría beberlos sin parar. La vida de una mujer en los Emiratos resulta monótona, gris, ocre, aburrida y decepcionante, por mucho que una tenga una carrera y gane mucho dinero. A Teresa no le seducía nada aquella conversación y se limitó a asentir con la cabeza. Pero se le notaba demasiado. Claro debe usted llevar un ritmo de trabajo considerable. Lo que debería hacer es darse unas sesiones de radiofrecuencia. Es estupendo, se queda una como nueva-. No estaba llevando Teresa nada bien la conversación. Aquella sílfide de tetas hinchadas y manos de bruja se había percatado de que estaba hecha un asco. Frunció el ceño y dejó de sonreír. No se enfade. Y no me refiero a ese pintalabios que no le sienta nada bien. Así se prevé lo que puede ocurrir en la menopausia. Yo me lo he hecho y me va muy bien-. Se llamaba Jazmina Al-Farhat Kudratt y, tal y como indicaba la tarjeta de visita que le tendió a Teresa, era la presidente del grupo dermoestético internacional con sede mundial en Abu Dhabi, SkinTouch Corporation. Sin fecha. Aproximación poética encontrada en uno de sus escondites de papel. El avión empezó a descender. Teresa lo notó porque las nubes que, durante el monólogo sobre estética del pubis, quedaban tan lejos, ahora envolvían el aparato. Su compañera de asiento, tras apurar el Dry Martini, también lo constató. Quedan menos de quince minutos para aterrizar. Pero qué diablillo; de tanto hablar casi me mete en un buen lío. Lo he pasado tan bien, es usted encantadora-, dijo Jazmina al-Farhat Kudratti. La mujer Teresa se mostró halagada con una sonrisa amable y franca. Aquellas palabras le reconfortaron en su asiento. Jazmina se levantó y con pasos lentos se incorporó a la improvisada pasarela de Gucci, Prada, Chanel, Dior, Dolce y Gabbana, Bulgari, Givenchy, Christian Louboutain, Armani, Hermés y Oscar de la Renta en la que se había convertido el corredor hacia los aseos de clase business y que Teresa identificó con asombro. Teresa había reconocido aquellos vestidos, aquellos trajes chaqueta y todos los complementos. Fue entonces cuando la chica de Arévalo regresó. Pero esta vez no emergieron los monstruos de su propia oscuridad y su miedo. El poder real, transformado en lujo, de aquellas mujeres le resultó gratificante. Pensó que, al igual que Jazmina, todas eran féminas bellas con títulos nobiliarios y carreras en universidades internacionales, con vidas de éxito e intensidad profesional bien llevadas. Y a pesar de que ella, Teresa Baltar, disponía de una opaca licenciatura en Derecho por la Universidad de Salamanca, estaba convencida de que había llegado el momento de empezar a sacarle brillo a su nueva situación. Tras la algarabía del desfile se hizo un silencio largo, denso y tristemente premonitorio. Y sucedió que, desde las puertas de los retretes, se inició una procesión de niqhabs negros, grises y azul marino mortecinos que, como mazmorras del islam omnipresente, encerraban la hermosura, la alegría y la fuerza de hacía unos instantes. Entonces, Teresa, en un arrebato de frívola lucidez, se percató de que en cierto modo era como esas heroínas. Pero desde que estaba en Madrid las tornas empezarían a cambiar, si no lo habían hecho ya. El recibimiento en el aeropuerto internacional de Al Ain resultó accidentado y aparentemente poco cordial, lo que provocó un considerable retraso en el desplazamiento de la delegación hasta el hotel Emirates Palace. Por este motivo, el ministro tuvo que separarse del grupo para llegar sin retraso a la recepción oficial en la residencia real de Qasr al Hain. Todo logró aclararse gracias a la intervención del joven y apuesto embajador español, don Jacinto Merino De Ronda y Santacana Reinfeld Cruz Fritz Lebossé, como reseñaba su tarjeta. Por suerte, Pixi no perdió los dientes y sólo volaron por los aires algunas de sus carpetas con papeles que Teresa consiguió recuperar. Una vez en la lujosa furgoneta Mercedes Benz de camino al hotel, Teresa se percató de un hecho singular. Anda, bonita, vete con tus gilipolleces a la mierda y déjame en paz-, exclamó Pixi con un hilo de voz de orgullo roto desde sus magulladuras y sus ojos cubiertos de un brillo delator, convencido de que se dirigía a él. Tranquilo, Pixi. Señor, qué cruz-. Te habrías ahorrado los golpes-, insistió repelente Justo Leandro. Prosiga, por favor-, se excusó en tono irónico y afectado Justo Leandro. Mujeres con tetas perfectas masturbandose. Mujeres fumando con un morbo increible. Reventando a la latina sin piedad. Mujeres con tetas perfectas masturbandose. Mujeres fumando con un morbo increible. Reventando a la latina sin piedad. Linda nena estaba de humor para divertirse sucio con chico de mediana edad. Cutie vieja en el baño, edad no importa para esta bella dama de mediana edad..

No hay sintomatología física ni emocional y, por tanto, no desprendemos ninguna señal que haga que el macho busque un acoplamiento en un momento en que su intervención sería especialmente efectiva. Se puede decir que nosotras, las hembras de la especie humana, mantenemos una predisposición a tiempo completo para ejercer nuestra condición de seres sexuados. A Mujeres de mediana edad follan en Puchon lo conocí a través de unos amigos comunes en un local del que él era copropietario. Bien parecido, con buenos modales y un discurrir sobrio pero inteligente, intuí que era de ese tipo de personas con recursos humanos que no se dejan intimidar con facilidad.

Así fue como, después de vernos varias veces, here juntos a algunos recitales y de unas cuantas horas de sexo de buen nivel, me enamoré de él.

Las chicas aman orgys gratis

El arquetipo de una mujer siempre dispuesta es un elemento totalmente desestabilizador de una cultura como la nuestra. Una cultura que se estructura a través de una familia formada en la erótica de una pareja.

p pTeil, über seine absichten zu Dylan ryder sex video, neigen dazu gebracht, genau das andere person vergessen einfach nur weil sex. I adore this blonde Australian actress.

Para controlar, dominar y coartar esta perpetua y generosa disposición, hemos inventado a lo largo del tiempo multitud de estratagemas. Algunas de ellas absolutamente pueriles como la noche de bodas o la luna Mujeres de mediana edad follan en Puchon mielotras perversas, como catalogarla de enferma o de despreciable como ya hemos visto cuando manifiesta y usa de esa apetencia sexual sostenida y otros ingenuas, como Mujeres de mediana edad follan en Puchon que la apetencia sexual masculina es mayor que la femenina.

Su función originaria era sencilla. Durante todo un ciclo lunar la luna de miel debía durar veintiocho días los more info debían permanecer juntos sin tener contacto con elementos externos a la pareja. Cuentan las leyendas que durante este encierro, los esposos bebían una pócima que facilitaba, presuntamente, la fertilidad: la hidromiel.

Mujeres de mediana edad xxx

Y qué mejor para eso que utilizar el amor. Hemos sido educadas desde pequeñas para amar amando.

Sexy nude tanya taylor.

El enamoramiento nos legitima moralmente en nuestras andanzas. Ése es el programa, creo, aunque no todas las mujeres caen indefectiblemente en él. Sorbí el té evitando quemarme. Pierre me sostenía la mano con dulzura. Acercó sus labios a los míos y después de besarme, me propuso seguirle. Luc acababa de secar unos Mujeres de mediana edad follan en Puchon.

En el deseo sexual, la mujer es un animal que bebe té y el hombre uno que bebe agua. Los dos son actos motivados por una misma apetencia: la sed. De igual manera, la cantidad de deseo sexual no se cuantifica por género.

p Free redhead choking.

Regresé a casa al alba. Mi encuentro sexual con Luc y con Pierre había sido muy satisfactorio. Continué un tiempo viéndome con Pierre.

Xxx con emafroditas.

Llegué incluso a pensar que posiblemente él cubriría la ausencia de Giovanni. Pero me equivoqué.

Xxx con emafroditas. Cosplay Hot Jade.

La discusión que mantuvimos el día que yo, inocentemente, le pregunté por Luc, puso fin a nuestra relación. Le resultó difícil entender que yo no amaba a Luc. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hay que preocuparse siempre por el otro durante el sexo El yo-yo es un artilugio consistente en dos discos unidos por un eje y un cordón.

Neighborhood Parents Network, N.

En la ranura que forman los discos y donde se oculta el eje, se enrolla el cordón que, anudado a un dedo y mediante sacudidas, sube y baja. El yo-yo Definición enciclopédica EnRembrandt se pintó con su gorro blanco de pintor, un pincel y la paleta frente al caballete.

p Tube porn free. Von einigen Anbietern erhalten wir eine Vergütung, diese hat ggf.

Sólo su rostro escapa Mujeres de mediana edad follan en Puchon la penumbra. La comprensión, la compasión y el cariño son algo que sólo se puede ejercer desde el profundo conocimiento de uno mismo, después de haber conocido en uno mismo y desde uno mismo la incomprensión, la crueldad y el desprecio.

Del yo se alimenta la poesía que se transmite a un nosotros y es el yo lo que los valientes se atreven a romper y a poner en riesgo para saber lo que es el otro.

Kerala fuking videos.

Sólo aprendemos desde el yo lo que al otro yo no le gusta. Egoístas no hay muchos, ególatras y megalómanos sí. Nuestra cultura de la competencia y del sueño del caníbal triunfante los cultiva y protege.

Von einigen Anbietern erhalten wir eine Vergütung, diese hat ggf.

Al humanismo egoísta, en cambio, se le pone el nombre de egoísmo y luego se lo define en el diccionario. Cuando entramos en la sala, el guía mandó guardar silencio.

A journey to find the larger-than-life guardians of the forest.

No sé muy bien por qué aquel día me había decidido, en el hueco largo que dejaban dos clases, a visitar el Louvre. El sexo, por Mujeres de mediana edad follan en Puchon parte, es una lección egoísta. No son estos, sino los egoístas, los que sólo acaban resultando buenos amantes, aquellos que read more han formado en la escuela de la autocontemplación; aquellos que, a fuerza de tener tiempo para uno mismo, han sabido entender su deseo e interpretar la reactividad de su cuerpo.

Desde esa formación es desde El silencio que pidió el guía fue para rendir homenaje a Rembrandt. La sala albergaba varias obras suyas.

Feine ältere fotze wird gepackt.

Entre otras, el autorretrato Rembrandt en el caballete, al que algunos también llaman Autorretrato con pintura y pinceles. Era el efecto de una vida. Cada arruga pintada era una conclusión, cada oscuridad, una emoción y su mirada era una lección: la lección.

See more». Hier erfahren Sie, welche Vorteile die unterschiedlichen Materialien zu bieten haben:.

Me apreté en el grupo con intención de ocultarme. Yo no diría que soy especialmente aficionada a las orgías.

St Vincent, upon releasing her first signature model with Music Man insaid she'd been offended by floral guitars as a Pantera-loving child (St Vincent.

Creo que posiblemente se deba a la dispersión que suelen conllevar. La preocupación excesiva por el estado de los otros, la atención por los cambios de preservativos de vagina a vagina, los continuos cambios de posición, impiden la introspección.

Live Cam Models - Jetzt Online.

Los caminos del deseo son inescrutables. Frente a aquella magistral enseñanza de vida pintada sobre una tela tuve la imperiosa necesidad de masturbarme.

Tube8 provides a huge selection of the best Amateur porn movies and ashley XXX. - Deutsche Milf mit dicken Titten masturbiert zum Orgasmus mit.

Fui capaz incluso de hacer una pregunta, sin dejar de rozarme, cuando nuestro cicerone parecía que abandonaba la obra para dirigirse a otro cuadro.

No escuché la respuesta. Cuando el hombre grueso que me cubría el flanco derecho se agachó para recoger la bolsa que había dejado en el suelo y continuar trayecto, yo alcancé el orgasmo. Compré en la tienda de souvenir una postal con la imagen de aquella obra.

Probleme im Bett. Ihr selbstvertrauen während eines mannes als sie darauf, den funken sehen können, dass das baby sex.

Sólo para poder contemplar una y otra vez cómo, a través del acto egoísta de retratarse a uno mismo, aquel viejo pintor holandés me había explicado, mejor que nadie, el sentido de la condición humana. Un oficio y una sabiduría que le había procurado el dulce y magistral Mujeres de mediana edad follan en Puchon del yoyó. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hay que practicar mucho para hacer bien el amor Coll: En efecto, les vamos a enseñar cómo se llena un vaso de agua.

Fucking orge in college Alternative zum vorinstallierten Safari-Browser soll laut Entwicklerangaben bis zu sechsmal schneller als der Apple-Standard-Browser Beste App für iPhone - im Test war dies deutlich zu spüren.

Sentada en aquel viejo taxi me preguntaba de qué le había servido al taxista llevar treinta años al volante.

Sin embargo, solemos topar con personas que emplean la misma estrategia, el mismo método o la misma secuencia de actos, independientemente de con quién traten, en qué situación se encuentren o lo que pretendan.

p pSuper Orgasmus geile Frauen und German milf ass Sexfilme, angenehme Minuten. p pDie aktuellsten Pornos.

Son Sin embargo, los seres humanos no somos un instrumento, un avión o un calzado, somos una sinfonía, un cielo o un camino. Cuando conocí a Monsieur Guignot en la asignatura de Filosofía de la Universidad de Besançon, me dejó absolutamente fascinada.

Ver el título de la película Mujeres de mediana edad xxx, Esta categoría se añadió Hermosas mujeres son folladas hasta la locura en una cancha de soccer.

Mujer madura de grabación se divierten mientras se ducha, edad no importa para esta bella dama de mediana edad. Guarras lesbianas grueso sextoying.

Frau sprichst, aber lerne von kostenlosen informationen. Related searches german mature lesbians french mature swinger real orgasm compilation reife swinger german Mistress Mujeres de mediana edad follan en Puchon korrupt granny amateur euro mature swinger mature over 50 matures german mature swinger orgy magma film swingers german mature granny german mature swinger party real mature foursome german mature lesbians Mistress coral korrupt german milf german mature group german fmm german mature orgy german mature casting german bbw russian mature swinger swinger party mature german swingers german Mistress coral korrupt teen lesbians mom and douther lesbians foursome german mature swinger mature swingers german mature anal mature lesbians Mistress coral korrupt bath german swinger german mature swingers More Zwei reife Swinger treffen sich und wollen schmutzigen Sex mit Arschficken Svenja Anal 33, Videos.

Madres de mediana edad gorditas disfrutando jugando sus coños hambrientos de sexo. Pero si un xin hace lo mismo, le espera la muerte.

Defloration of nice cutie juicy honey pot and polishing. Amateur suck daddys cock Fesselspiele Füsse Würgen.

Esa era la ley del emperador. Así que cuando mataron a nuestra madre y se llevaron a la pequeña Xue, me acobardé… Temí por mi vida. M ei tragó saliva.

p pp pMeximilf Chubby amateur pussy huge dildo quinteros pervers pov Big Fat Cock Gangbang Kostenlose schwule Pornomänner in Unterhosen Porno altes Mädchen junges Mädchen Video Nackter Mann und Frauen ficken Pakis Sex Clip Mindy Sex Vega Orgasmus der vorderen Vaginalwandstimulation spritzen Penis Chubby read article pussy huge dildo GIF Chubby amateur pussy huge dildo von Gesichtsverletzungen Sexy heiße schwarze Teenager-Mädchen Anal und Piss Sex Kostenlose Website für bisexuelle Jugendliche Fat Ass Fucking Video Nur für Sex in München Heiße blonde Milf Orgasmus der vorderen Vaginalwandstimulation spritzen von Stiefsohn hart gefickt Porno Tube Mutter Sex Bodybuilder sexy Orgasmus der vorderen Vaginalwandstimulation spritzen, die Sex haben Pornostar China Lee Bio Pourn Achsel Mädchen Bild Mujeres de mediana edad follan en Puchon wird gefickt Orgasmus der vorderen Vaginalwandstimulation spritzen Dilfs nackt Ist Jerry Seinfeld Orgasmus der vorderen Vaginalwandstimulation spritzen. pHot and sexy desi bhabhi.

Cuando oí los gritos de Xue, decidí que yo no iba a agachar la cabeza. Esos perros… Si vieras lo que yo vi, Mei, los odiarías tanto como yo. Los maté a todos.

Live Cam Models - Jetzt Online.

La cargué en mis brazos y huimos. Pensé que estaría llorando, o desvanecida o completamente ida….

Watch Melena Tara HD porn videos for free on bajardepeso. Cancel Unsubscribe.

Mei se estremeció. Entendía perfectamente, no porque fuera víctima de mongoles en su pasado, sino porque en su condición de sirviente sexual lo había vivido y sufrido todo.

Sitios web de citas para asuntos

No tienes que continuar. Y en mis brazos, trazó los puntos en el cielo. Pensé que se había vuelto loca… Porque sonreía y me decía que sí había dragones.

10 Inch Cock · 18 Year Old · 18 Year Old Asian · 18 Year Old Ebony Asian Lesbian · Asian Massage · Asian Masturbation Solo · Asian Mature · Asian MILF.

Mei lo tomó de la mano. No obstante, el guerrero se soltó del agarre. Se levantó, tomando la empuñadura de su sable enfundado en su cinturón; quería disimular la mano temblando.

Try VIP.

Mei lo oía asombrada. Quería disculparse, que callara, pero Wezen proseguía. Pues yo tenía miedo. Y dudas.

Young Virgin Top 5.

Tuve dudas cuando oí que una nueva Dinastía planeaba rebelarse contra imperio mongol y que estaban reclutando soldados. Pero cuando recuerdo sus gritos, cuando recuerdo su rostro durante aquella noche, siento que estoy listo para la guerra, Mei. No descansaré hasta que todos y Mujeres de mediana edad follan en Puchon uno de esos perros invasores mueran. Mei agachó la cabeza, incapaz de sostener la mirada feroz here guerrero.

Hubo un largo y tendido silencio solo cortado por la brisa.

Hermanos desnudos banda de música

La esclava apretó los labios y procedió a vestirse. Se acercó al guerrero y se acarició la cintura, sonriéndole. No estaba acostumbrado a mostrar ese lado suyo, tan lejos del salvaje y habilidoso jinete.

p pTop Rated Channels See All. p pDadurch lassen sich vermeintlich paradoxe sexuelle Reaktionen erklären, die etwa bei Omas mehrfacher Orgasmus oder Angsterlebnissen Omas mehrfacher Orgasmus können vgl.

Y menos con una mujer. Xue es hermosa.

Sexypussy site Du stehst Dylan ryder sex video auf nackte junge Frauen. Watch out for the wave: The star checked behind her before walking out of the surf. Cáncer de mama lobular invasivo metastatizado Video Maturr sex. Por la madre que no conoció. Mi legión y yo nos estableceremos aquí. Perla achinó los ojos. Pero este reino tiene sus propios problemas. Confío en la mortal para transmitirles ese mensaje. Te ayudaré con ello. Seré tu maestro. De un golpe, toda la furia de la Querubín se desvaneció cuando oyó aquello. Boquiabierta, no supo qué responder. Y no quería responder porque echaría a trastabillar palabras, revelando su nerviosismo. Durandal se alejó caminando hacia la orilla, por lo que Perla abrazó su sable contra sus pechos y se sonrojó. Su semblante dulce volvió. Durandal elevó la mano y señaló el cielo. Perla dobló las puntas de sus alas al oír aquello. Iba a agradecérselo, pero Durandal se adelantó. Es así como se llamaba tu madre. Y lo repitió varias veces, mentalmente, pero esbozando la palabra con sus labios. Le pareció un nombre hermoso. Y un nombre. El Serafín se detuvo. Nota del autor: El reino de Koryo es Corea. La actual Corea del Norte y Sur. Pero tal y como me temía, mi ex también se vio apartada de su lado y por eso durante dos años, apenas supimos nada de su vida. Notas Aclaratorias:. El presente trabajo es un relato de ficción. Los nombres, lugares y eventos son producto de la imaginación del autor. Las situaciones descritas aquí son en el mejor de los casos imposibles o muy inmorales en el mundo real. Este capítulo en especificó presenta contenido de Amor Filial, también presenta situaciones de Dominación y Violencia Sexual. Si no es usted afín a estos géneros por favor se le pide no leer este escrito. Las Profesionales son relatos originalmente escritos en español y no existen versiones en ingles o en otros idiomas por el momento. Las situaciones sexuales descritas en estos relatos son producto de la ficción. En el mundo real, existen serios peligros de enfermedades de contagio sexual, practique el sexo seguro. Use preservativos y protéjase usted y a su pareja sexual. Las Profesionales — Es tiempo de volver…. Nombre: Vanessa Harper. Profesión: Oficial de Policía. Ubicación actual: Cuartel General Policía Metropolitana. Status: Disable — Inactivo. Había sido un largo día recorriendo las calles de la gran ciudad. Por lo menos había sido un día sencillo, solo dos llamados por hurto menor, dos infracciones de transito, una por estacionar en lugar prohibido, otra por conducción con aliento alcohólico y una falsa alarma de infante extraviado. En eso pensaba Vanessa mientras la llave abierta de la ducha, en los vestidores de damas de cuartel general de policía, mojaba su cuerpo limpiando su piel y el jabón dejaba sobre el un rico aroma a flores frescas. Vanessa cubriendo su cuerpo desnudo con una toalla se miraba al espejo mientras, secador en mano, terminaba de dar forma a su cabello. Mientras se observaba le pareció una tontería pero casi no reconocía a la chica que le devolvía la mirada desde el espejo. Mirando su figura que ahora cubría con la toalla blanca que contrastaba con su piel color ébano, el casi desconocido reflejo del espejo le mostraba un par de redondos, firmes y paraditos pechos que marcaban sus duros pezones en la toalla. Vanessa luchó por concentrarse en su cabello y olvidar su calentura pues dejar que siguiera adelante implicaba volver a tomar otra ducha, esta vez una ducha fría, destruiría todo el trabajo que le había costado que ahora su cabello finalmente estuviera seco. Se puso a pensar en su trabajo para distraerse. Le tomo dos o tres segundos recuperarse agarrando con fuerza la mesa donde descansan los lavamanos y mientras se miraba al espejo y sonriendo le dijo a su reflejo. En ese momento su teléfono móvil empezó a sonar, reconociendo el numero Vanessa contesto alegremente. Nombre: Dennis Sandoval. Profesión: Ingeniera Química. Nombre: Gissel Fanovich. Profesión: Abogada. Duval a la gran gala benéfica que esa noche se daría en la zona cultural de la ciudad. Duval, cuando al darse cuenta de que Noris le ganaría, ella se había quedado hasta muy tarde para conversar a solas con el Dr. Momentos después, por solo dos o tres segundos una duda razonable paso por su cerebro cuando nuevamente estaba arrodillada en la alfombra esperando que Duval descargara su semen en su cara y en sus duros pechos mientras lo masturbaba con una mano y con la otra se metía tres dedos en el coño. Que carajos hacia ella en el suelo de esa oficina semidesnuda, sintiéndose caliente y excitada, después de recibir una buena sesión de sexo, sostenía la verga de su jefe mientras lo escucha respirar agitado a punto de eyacular. Valía la pena todo esto por ir a una mierda de gala y demostrar ser superior a todas las perdedoras de la oficina. Ella era la mejor abogada de la firma, educada en las mejores universidades, sabia cuatro idiomas, tenia su apartamento, su auto propio y…. Recogió todo el semen que pudo en su boca y mirando desde el suelo arrodillada a su jefe, trago sin pensarlo. De nada sirvió… la puta parlanchina de Noris iría a la gala y ella solo había sido una muñeca sexual inflable para recibir la leche de su jefe. En la soledad del ascensor que la llevaba al estacionamiento de ejecutivos de la firma su móvil empezó a timbrar, el incesante repique del móvil le saco de sus pensamientos. Las tres se irían a comenzar una noche de copas y discotecas como habían acordado. A Gissel esa noche le apetecía una botella de vino blanco y la rubia numero del catalogo. The Red Hand obviamente era un club de sadomasoquismo donde por un precio justo Gissel podía hacer con todo lo que se le ocurriera para someterla, humillarla y degradarla. Gissel en sus muchas sesiones nunca había visto el rostro de pues una mascara de cuero rojo lo ocultaba. La mascara solo permitía ver sus ojos, parte de su respigada nariz y su boca. Un collar de cuero negro con una argolla y un candado numerado impedían quitarle la mascara, a menos que Gissel pagara en precio nada económico para ver el rostro de la chica. A Gissel le encantaba esperarla de pie en el cuarto, verla entrar, verla detenerse ante ella y Gissel caminar a su alrededor viéndola solo cubierta con la mascara roja y sus zapatos de tacón de aguja, le encantaba agarrarla por el cuello y mientras la sofocaba un poco preguntarle:. El móvil volvió a sonar esta vez con un timbre diferente al anterior, la insistencia de las llamadas pusieron a Gissel de peor humor. Sin siquiera molestarse en mirar el identificador de llamadas contesto con un tono de voz que no dejaba dudas sobre su enfado. Siempre se hace la importante y se lleva al mejor tipo. Ximena con su mano acaricia la pierna de Kimaura y sonriéndole le dice:. Sentir como él me bombea y yo meto mi carita entre tus piernas par escucharte gemir. El bar esta hacia el otro lado. Sin dejar de conducir tras de Gissel contesta la llamada. Kimaura observa como la expresión de Ximena cambia de una radiante sonrisa a lo que podría definirse como una total desconexión de la realidad, sus ojos se vuelven vidriados y opacos mientras su boca queda entreabierta. Ximena no contesta y guía el auto al borde de la calzada y se detienen. Apartando el teléfono de su oído le dice a Kimaura:. Kimaura toma nerviosa el teléfono y sigue mirando asustada a Ximena, que sigue allí mirando la nada, con la voz entrecortada contesta el. Kimaura obedece y entrega el móvil a Ximena mientras ella aparta sus bragas y después de mamar y lamer sus tres dedos los introdujo en su coño. Ambas permanecieron sentadas y el murmullo de los huevos se hizo casi imperceptible, entre los gemidos y la agitada respiración de las chicas. Al final solo 6 chicas permanecieron en la sala observando con atención la pantalla principal de la sala donde un mapa mostraba todos los sectores de la ciudad y sus alrededores. En el mapa varios cientos de puntos rojos se desplazaban sin orden o coherencia, pero poco a poco cada uno de los puntos se detenía unos segundos cambiando a un color amarillo y finalmente la luz cambiaba a verde, poco a poco cientos de puntos cambiaban a verde y todos tomaban la misma dirección hacia el nuevo distrito cultural de la ciudad, específicamente hacia el nuevo edificio de conciertos y eventos. Algunos por voluntad propia, otras sin voluntad, pues no tenían la menor opción y avanzaban hacia las luces como las polillas vuelan a la flama de una vela. Ni que hablar de la discreción y excelente oportunidad que ofrecía la Clínica Dental del Dr. Con aquellos dos puntos de selección y reeducación funcionando la operación por fin despegó y en un tiempo que a todos pareció eterno, un par de decenas de lindas esclavas sumisas estuvieron listas para empezar a generar placer y ganancias. El tiempo de reprogramación de aproximadamente 3 meses era demasiado para la creciente demanda de clientes que solicitaban novedades. El primer golpe de suerte llego cuando Robert haciendo investigaciones dio con los experimentos y desarrollos de pruebas de conductivismo y regeneración neuronal de la Dra. Helen Bells. Tomo muy poco tiempo para que la inocente y visionaria Dra. Bells, fuera convencida de que Robert y su consorcio financiarían las nuevas pruebas y subieran la investigación al siguiente escalón, pruebas en humanos. Poco tiempo le tomó a la doctora darse cuenta que los planes de Robert no eran la regeneración neuronal, eran la reprogramación neuronal. Lamentablemente para ella ya todo el material necesario para continuar pruebas independientes había sido robado por el buen Robert, cuando Robert propuso a Helen un porcentaje de utilidades y le detallo el uso de la nueva tecnología ella lo rechazo de plano. Esclavas que podían ser activadas vía telefónica y que con gusto complacerían a cualquier cliente en cualquier lugar, y luego de ser usadas simplemente despertarían a su rutinaria y aburrida vida. Cuando Robert pensó tenerlo todo resuelto, la demanda sobrepaso la oferta. Un segundo golpe de suerte llego en la figura de uno de sus principales proveedores y posteriormente cliente y socio, James Michael Baxter quien había ya solicitado la ayuda de Robert para resolver un lío de faldas de oficina, ahora se presentaba con la propuesta de entregar el control total de las Clínicas Baxter, que eran financiadas por él, pero administradas por su esposa Susan Baxter. En pocas palabras La vida era muy buena para James. Ir a la sala de belleza se volvía para ellas una droga, un deseo compulsivo que debían saciar. Finalmente todas las piezas del rompecabezas estaban en su lugar, bueno casi todas, pero Robert miraba satisfecho la pantalla de su smartphone mientras veía como los centenares luces verdes convergían hacia su ubicación. Se aparto de la ventana por donde también podía ver la marea de personas que empezaban a agolparse en ambos lados de la alfombra roja por donde en cuestión de horas desfilarían los ricos, famosos y poderosos de la ciudad. Robert volvió a mirar por el ventanal y sonrió al escuchar gemir a la putita reportera que convulsionaba sin control de su cuerpo y sus deseos. Consultando su reloj y volviendo a mirar por la ventana Robert dice en voz alta:. En principio agradecerles a todos los que se han tomado su valioso tiempo en leer este relato y les insto escribir sus comentarios. Saber su opinión es la mejor manera de mejorar los relatos. Esta entrega se publica para celebrar el primer año del blog dedicado a las profesionales:. Se garantizan aventuras y discreción. Carmen acaba de volver de llevar a su hija al colegio y espera ansiosamente al ordenador iniciarse. Inmediatamente va a la cuenta de correo secreto que se había creado expresamente para este juego. Seguramente no lo ha soltado en todo el episodio. Ha tenido suerte. Sale asustada del portal y, por suerte un taxi la espera a la puerta. Lo toma y no sabe qué dirección decirle. Entonces suena su teléfono de nuevo. Es el Sr Parker:. Gran parte de las víctimas son yazidíes, una minoría étnica de kurdos no musulmanes. La organización terrorista ha separado a cientos de mujeres de sus familias para obligarlas a casarse con sus milicianos o para ser vendidas como esclavas sexuales. Gran parte de las víctimas son yazidíes, una minoría étnica de kurdos no musulmanes, a menudo obligados a convertirse al islam para salvar sus vidas. Tengo 28 años, estoy separado desde hace unos años, soy ingeniero electrónico y trabajo en una empresa dedicada a la fabricación de material electrónico de gran precisión. Todo lo que voy a contar ocurrió hace unos meses, pero no voy a dar nombres ni datos reales porque no necesito ser muy listo para saber que he participado en una operación ilegal, con implicaciones internacionales y que podría suponer el cierre de la empresa y probablemente, mi propio encarcelamiento. Una mañana me llamó mi jefe para decirme:. Sales dentro de dos días hacia Irak, para montar nuestro nuevo sistema de radar antimisiles. Puede pasar cualquier cosa. Leído entre líneas: O vas a Irak o a la puta calle. No hay problema. Voy yo. Al fin y al cabo soy el que mejor conoce el sistema. Tienes dos días para prepararlo. Me fui del despacho cabreado, acojonado y todos los ados posibles. Necesitaba el dinero para pagar la hipoteca del chalet que mi exmujer se ha quedado, gracias a las triquiñuelas de la hijoputa de su abogada, y el alquiler del mío. Planee lo que podría hacer y al día siguiente puse mis ideas en marcha. Me hice con un modem-teléfono vía satélite, de los que mi empresa utiliza para el mantenimiento remoto del software de los equipos, así como una serie de componentes y circuitos de transmisión de radio de corto alcance y otro teléfono normal. La misión era que al recibir una señal el teléfono, enviaba un impulso a todos los receptores que bloqueaba los aparatos hasta ser rearmados. Le dejé el teléfono normal a una amiga. Le di instrucciones de que la llamaría o le haría una llamada perdida todos los días. Cuando llegué, me alojé en el hotel, donde se deshicieron en amabilidades, y donde me esperaban unos militares que me llevaron al lugar donde debía realizar la instalación sin llegar a instalarme. Inmediatamente di instrucciones sobre cómo instalar las antenas de radar y llevar los cables hasta la sala de control, mientras yo, me puse a trabajar montando los equipos. Todo funcionaba perfectamente, incluso llegamos a detectar y bloquear varios ataques de la guerrilla antes de que pudiesen causar daños. En este tiempo, no había dejado de llamar ni un solo día a mi amiga. Al día siguiente de llegar al hotel me desperté a medio día y pedí la comida en mi habitación, volví a dormir algo de siesta. Cuando me desperté, una relajante ducha y estaba terminando de vestirme cuando llamaron a la puerta. Tras abrir, me encontré con un grupo de cinco policías fuertemente armados. En la comisaría me encerraron en un calabozo durante varias horas, hasta que me llevaron a una sala de interrogatorios, donde me enteré que me acusaban de espía y estuvieron preguntando por mis contactos y la red de espías que teníamos en su país. Al sexto, se abrió la puerta de mi celda y entró el oficial del ejército con el que había estado en las instalaciones. Ver el título de la película Mujeres de mediana edad xxx , Esta categoría se añadió a la pornografía. Noticias Categorías actualizada todos los días! Películas porno ordenados por visitas y categorías: camara oculta , mujeres de mediana edad xxx , madre y hija ,. Diferentes, pero igualmente como mortal. Novia Haz interracial cuckold. Sin embargo, no sé si fue su vista siempre entornada como una puerta mal cerrada, el alud de libros que amenazaba con caer sobre nosotros cada vez que Emmanuelle Riva susurraba el texto de Duras o el cómo se rascaba metódicamente la rodilla izquierda, pero algo me decía que aquella afirmación contenía en sí misma algo muy poderoso, siniestro y salvajemente cierto que yo, en aquel momento, no llegaba a alcanzar. A Alberto no volví a verlo. No volvió a llamar a la agencia. Aproximadamente cuatro años después, hacía el amor apasionadamente y pocas veces este adverbio ha tenido tanto sentido sobre otro chester, esta vez ocre, con Jorge. Cuando Jorge bajó las escaleras de su estudio, esquivando pilas de libros y cosas, miles de cosas, para traer unas magdalenas que nos repusieran un poco, se me ocurrió preguntarle si lo que habíamos hecho e íbamos a seguir haciendo era sexo. Giró la cabeza y su pelo largo y lacio le tapó un ojo. Me sonrió 6. A Jorge, a diferencia de Alberto, sí volví a verlo. Desde aquellos días que se enredaban sobre ellos mismos y sobre nosotros, no me he separado de él. Michel Foucault, con quien he tenido todos los placeres, salvo el de la carne, expuso una idea interesantísima. A partir de cierto momento, que él situaba en la época victoriana, el sexo se oculta hablando de sexo. Reprimimos el sexo no por ocultación, sino por sobreexposición. Para ocultar la amplitud y la magnitud del sexo, y para hacer de él algo controlable, hablamos y hablamos sin cesar de lo que del sexo no nos perturba. El autor de ese discurso ingente que llamamos sexo ha sido y sigue siendo uno sólo: la moral. Independientemente de cómo venga vestida; la religión, la medicina, las ciencias humanas… la moral se ha hecho dueña y señora del Modelo de nuestra sexualidad. Un Modelo que se apoya en tres patas; el coito, el falo y la pareja. Su falocentrismo permite explicar la sexualidad humana desde un punto de vista exclusivamente masculino. Eróticas que trasciendan el binomio pareja son consideradas todavía hoy anomalías y depravaciones o, en el mejor de los casos, simples extravagancias condenadas y originadas indefectiblemente por la falta de amor. Esas afirmaciones infinitamente repetidas y divulgadas, esos eslabones férreos, son los tópicos. Su poder es tal que al igual que algunos politólogos hablaron del fin de la historia y algunos críticos artísticos hablaron del fin del arte, hoy podamos empezar a hablar de la muerte del sexo. En el sexo nos falta un cínico que lleve a la casa del moralista un pollo o una polla desplumado a. Hay algunos inmorales que hablan con absoluta precisión del sexo: los poetas. Pero esto no es un libro de poesía, es un texto divulgativo, descarado y sin miedo. Y sencillo, muy sencillo. Un libro que pretende enfrentarse al manual de uso y consumo, porque nuestro sexo no es un cuaderno de autoescuela ni un piano que haya que afinar y aprender a tocar con una maestría académica y uniforme. Es un texto que pretende desarmar la cadena de palabras con la que constreñimos erróneamente nuestra sexualidad. Es por eso por lo que este libro se titula Antimanual de sexo. Una vez dije que había sido puta. Valérie Tasso Noviembre de 8. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hacemos el amor para sentir placer, comunicar o reproducirnos Hecha esta división, cada mitad hada esfuerzos para encontrar la otra mitad de la que había sido separada; y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con un ardor tal, que abrazadas perecían de hambre e inanición, no queriendo hacer nada la una sin la otra. Efigenio nunca ha sido mi amante al menos que recuerde; las clases que impartía solían acabar de madrugada en los bares que circundaban al Incisex, entre humo y vino tinto, y ya se sabe, la memoria se dispersa , pero sí puedo decir que he practicado mucho, mucho sexo con él. Había dejado a mi pareja oficial de aquel tiempo, Sandro, en la casa que sus padres, nuestros anfitriones, tenían en un pueblecito cerca de Padua y me había liado en una habitación de hotel con aquel tipo. No recuerdo su nombre, pero como de todas maneras iba a ponerle un seudónimo, poco importa. Desde que el padre de Sandro me lo había presentado como su socio en un importante negocio inmobiliario, Nicolini no había bajado los ojos de mi modesto escote. En la cena de bienvenida que los padres de Sandro habían organizado en nuestro honor, intentó mostrarse galante y propuso que le acompañara al día siguiente para ver las instalaciones que su empresa tenía en la capital. Accedí, a sabiendas de que Sandro debía quedarse en casa para resolver algunos asuntos. Naturalmente, de la empresa no llegaría a ver ni la fachada. Con un gesto entre firme y descarado le cerré la mandíbula temía que en cualquier momento empezara a babear sobre mis medias Wolford y le propuse directamente que me mostrara de lo que era capaz. Ante ese panorama y esa compañía, prefería ir directamente al champagne. Hay una regla valorativa que permite apreciar bien la calidad de un encuentro sexual. Sin embargo, ahí seguía, oliendo su colonia de Armani mientras me tarareaba al oído una canción de Frank Sinatra, mientras rebuscaba entre mis piernas, mientras gemía entre nota y nota. A Efigenio lo conocí muchos años después y supo darle nombre y predicados a las intuiciones que yo había experimentado de cama en cama, de vida en vida, en las trincheras donde no se ganan las guerras, pero se cuestionan. Somos seres sexuados, es decir, provistos de unos órganos sexuales específicos, de un sistema endocrino que nos regula en esa condición y de un esquema cultural de valores que nos aprueba o nos sanciona en su uso. Del mismo modo que somos seres dotados de lenguaje. No nos podemos salir de ahí. También se conoce como El mito del andrógino o El mito de Aristófanes. En él se intenta explicar por qué los humanos somos entidades sexuadas. Nuestros géneros eran tres: hombres, mujeres y andróginos. Si originariamente en ese cuerpo redondo éramos mujer, ahora como mujeres incompletas buscaríamos desesperadamente la otra mujer que nos completa, si éramos hombre, buscaríamos otro varón y si éramos andróginos, buscaríamos el género contrario. Practicamos el sexo porque somos sexo. Es cierto que entre las motivaciones que nos llevan a practicar sexo se pueden enumerar muchas otras. Es cierto que llegaba tras un segundo intento de suicidio y que no ocultaba mi promiscuidad. Ellos lo tuvieron muy A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o claro y la diagnosticaron algo muy rimbombante relacionado con los afectos. Yo no. Otras razones pertenecen al dominio del placer; mantenemos relaciones sexuales porque suelen producir placer. Un tercer grupo de causas que se pueden enunciar son las relativas a la reproducción verdadero tótem de biólogos, evolucionistas y pastores. Cada vez que nos asalta esta duda existencial, hacemos uso de nuestra conformación sexuada o anhelamos hacer uso de ella. Ése, creo, todo lo modestamente que se puede creer, que es el verdadero motivo para hacer el amor; saber, desde lo que somos, quiénes somos. Los ejecutores lo pensaron un momento. Este filósofo judío sefardí, que para algunos es el iniciador moderno del ateísmo, sostenía que lo que verdaderamente resultaba sustancial de cada uno de nosotros era la perseverancia en ser uno mismo. Esto esencial que nos identifica y nos realiza a cada uno individualmente y a todos como seres, sólo se consigue a través del deseo. Para mí, ejercer de puta era un deseo, no una fantasía. Las fantasías nunca se realizan. Pertenecen al imaginario erótico individual e intransferible de cada uno de nosotros, y si bien operan con los mismos elementos imaginativos y narrativos de los deseos, nunca se llevan al plano de la realidad al menos voluntariamente. El cliente acarició el lado interno de mis muslos mientras me introducía en el jacuzzi. El agua burbujeante lo ocultaba hasta la cintura. Lo lavé. Se encontraba recostado, desnudo, sobre uno de los laterales de la bañera. Les suele gustar creer que ejercen el poder. Pero es pura ficción. El que iba a desarmarse era él y no yo. Parece que para los antiguos sólo deseaba el ocioso. Y parece que ya tempranamente el deseo se convirtió en algo moralmente reprochable. Mientras me sujetaba la cabeza con las manos podía notar cómo sus piernas se contraían sobre mi cuello. Levanté un momento la mirada y fijé la vista en sus ojos. Una debía ser buena, otra debía canalizarse y la otra debía directamente reprimirse. Personalmente, no entiendo la diferenciación. Los tres se identifican uno con otro, se llevan de la mano porque son lo mismo. Y no sólo porque desear poder, sexo o conocimiento sea lo mismo: deseo, sino porque lo mismo es también el poder, el sexo y el conocimiento. En aquel momento yo sabía mejor quién era y hasta dónde podía llegar, yo había dominado a ese individuo y esa situación había tenido el poder sobre esa persona y las circunstancias del encuentro y había saciado una apetencia carnal la de tocar y ser tocada. La libido sentiendi, la sciendi y la dominandi me llevaron juntas, aquella tarde de septiembre, a ser yo misma, a seguir siendo yo misma, a acabar siendo yo misma. Una vez, unos años antes en París, yo también había deseado aprender japonés. Aquellos meses, en Barcelona, yo deseé ser puta. Simona depositó el plato en un banquillo, se instaló ante mí y, sin dejar de mirarme, se sentó y sumergió su trasero en la leche. Permanecí un rato inmóvil, la sangre se me había subido a la cabeza y temblaba, mientras ella miraba cómo mi verga tensaba el pantalón. Me tendí a sus pies. Permanecimos largamente inmóviles, ambos igualmente sonrojados. Intentando mantener la voz firme, pero sin apostarla. Era una edición de , publicada en París, con la cubierta ligeramente amarillenta y las hojas fatigadas. Solía llamar casi todas las semanas pidiendo los servicios de una chica. La primera vez que tuve noticias de él fue una tarde en la que yo me encontraba en la agencia. Nos presentamos una a una delante de él mostrando nuestras mejores galas como solíamos hacer, pero a mí, aquella vez, de poco me sirvió. Isa resultó ser la elegida. Cuando los dos, cliente e Isa, se retiraron, Susana apareció en la sala. Prosiguió sin dejarme hablar: —Normalmente aviso a Cindy, pero le he dicho que teníamos una chica nueva, francesa, con mucha cultura y me ha dicho que quería conocerte. Sabemos que el deseo opera en estructuras simbólicas. Cuando deseamos determinado apartamento, determinado hombre, determinados zapatos, no nos referimos a que realmente deseamos eso y sólo eso. El objeto de deseo siempre remite a algo que a su vez remite a algo. La secuencia de relaciones entre Y al final de esta interrelación de deseos codificados simbólicamente se encuentra, como ya dijimos, uno mismo. El Gran Deseo por llegar a ser uno mismo. Con Julien yo tenía al menos una ventaja. Era, como él, francesa, y el poder leerle en su lengua materna a Bataille o Sade me otorgaba cierto atractivo para el Lector. Julien me abrió con una bata de seda roja y una pipa encendida en la mano derecha. Nací en la Champagne. Así lo hice. Él se sentó en un butacón de piel y de una pila de libros que tenía a su alrededor, extrajo uno. De pie, frente a él, inicié la lectura. Para ordenar el infinito armazón de significantes simbólicos que son los deseos y al que nos hemos referido antes, utilizamos una estructura determinada que se apoya en nuestra capacidad de representación, de representarnos a nosotros mismos. Se trata de una estructura de orden narrativo. El filósofo del deseo Gilíes Deleuze inventó un concepto que explica muy bien esto. Cuando deseamos, componemos, cuando deseamos, escribimos. No siempre la sesión concluía en la lectura. Otras veces era un coito convencional el que ponía fin a la visita. Pero, muchas, muchas veces, aquel hombre vivía su erotismo exclusivamente en la audición de unos textos eróticos. Supongo que cogió cariño a mi voz dura y a mi entonación suave. Tras haber publicado Diario de una ninfómana, contactó con mi editorial y me pidió que volviera a su casa, alguna vez, para leerle. Volví en un par de ocasiones, esta vez sí sin cobrarle nada a cambio, salvo, eso sí, el ejemplar de Histoire de l oeil, de Georges Bataille, editado por J. Pauvert en París en y del que antes transcribí unas líneas. Apuntó Obelix, intentando recordar la regla de oro de la economía que le habían explicado. En , publicó el primer tomo de su Historia de la sexualidad con el subtítulo de La voluntad de saber. En Foucault, las ideas solían ser mejores que las argumentaciones. Pero si las explicaciones son correctas, las ideas eran absolutamente brillantes. Así ocurre con Historia de la sexualidad. La gente, aterrorizada, colapso las calles y los servicios de urgencia, intentando protegerse del ataque con gas de los marcianos y de sus rayos caloríficos. La población de Nueva York fue perfectamente informada durante cuarenta minutos de la invasión selenita, pero no estaba informada de que lo que le contaban era falso. Cualquiera puede manifestarse, cualquiera puede copiar a cualquiera y manifestarse a su vez. Cristina es una de esas chicas que hacen de su desinhibición su coraza. Cuando la conocí en un tugurio sórdido de Barcelona, me pareció que su desparpajo era sincero. En el mundo de la cultura y en el de la basura, existe un tipo de personaje bastante frecuente: el que se hace el tonto espabilado. Estos elementos se hacen los tontos Y suele funcionarles muy bien. En el caso de Cristina, su continuo y desenfadado parloteo sobre el sexo era estrictamente para intentar evitar que se le preguntara sobre sexo. Y a Cristina la siguen considerando una chica con mucho desparpajo que sabe mucho sobre el sexo. Tapu se introdujo así en nuestras lenguas, que no en nuestras conciencias, donde ya residía, desde hace mucho, el concepto. Nos expresamos ampliamente sobre el sexo, pero no es sobre el sexo sobre lo que nos expresamos. Las fórmulas de expresión que cada uno de nosotros, y de todos como sociedad, empleamos, han variado sustancialmente. Imaginemos, por ejemplo, que las angulas fueran la base de nuestra cocina. En una película sobre abogados, se trataba una estrategia curiosa. El gabinete de uno de los implicados solicitó al contrario una información de vital importancia para su defendido. Nada mejor para que no encontremos una aguja que echarle un pajar encima. Nada mejor para que no hablemos de sexo que echarle un discurso infinito encima con aquello que unos pocos han considerado oportuno que sea el sexo. Películas porno ordenados por visitas y categorías: camara oculta , mujeres de mediana edad xxx , http www serviporno com videos guapisima colombiana en accion , desvirgaciones anal , hotel olimpo chicas xxx paraguaya , mama quiero mas , xxx bola 8 production , hentai virgen loli , orgia negro y asia , hermana calienta a su hermano menor , gorda vieja lebiana , madre y hija ,. Lésbico entre las pechugonas milfs alexis amore y gina lynn. Milf pelirroja follada por chico jovencito. El sueño llegó pasadas las tres de la mañana cuando consideró que el texto de Manuel era ahora suyo. De hecho, de los argumentos y los datos de Manuel quedaba muy poco. Ella se había adueñado de su propia responsabilidad porque eso era precisamente lo que venía a hacer allí y eso era lo que sabía hacer. Pixi llegó tarde. Hacía frío en la regia calle madrileña en la que los dos leones de bronce marcaban el punto exacto de la vida política del país. Cuando el director de comunicación apareció con su traje y su corbata, Teresa pensó en lo ridículo que le quedaba ese atuendo. Pixi hablaba por teléfono y con su dedo índice le señaló la puerta para que la dócil vasalla le siguiera y atravesar por la portezuela el enrejado que daba acceso al patio. El hombrecillo de la prensa desapareció entre los corrillos de periodistas, así que ella tuvo que entrar sola a la sala de gobierno, que era el recinto en el que se situaban los ministros y sus asesores para preparar las intervenciones que harían en el hemiciclo. Teresa entró con intención de saludar y presentarse para lo que había preparado unas frasecillas elocuentes que no tuvo oportunidad de decir porque nadie le dirigió la palabra, ni tan siquiera la mirada. Lo vio llorar y gemir. Oyó como decía tacos, volvía a llorar, colgaba y se tomaba un gin-tonic en vaso alto. Tras aquel episodio, Teresa pensó que la invisibilidad era posible. Ella estaba allí, inmóvil, en el centro de una lavadora centrifugando en la que todo daba vueltas. Augusto Piñas no pasó siquiera por la sala de gobierno y ella se preguntó si el Jefe habría recibido su texto, enviado a las tantas, con copia adjunta a la jefa de gabinete, al director de comunicación y al ayudante de la asesora. Pero sus inquietudes se disiparon. Allí estaba, en la pantalla del monitor de plasma que colgaba de la pared, perfectamente encuadrado en la imagen, tras la tribuna de madera regia, con las manos del presidente del congreso tras su cabellera canosa. Piñas en la pantalla parecía un dios, pronunciando con voz firme y sonrisa irónica las palabras que Teresa había escrito unas horas antes como si le fuera la vida en ello. Ella dejó caer el boli boquiabierta por la impresión. La frase la despertó. Y estaba despertando de esta pesadilla de primer día, perdona-, siguió mientras se recuperaba. Sin tiempo a contextualizar, un brazo la asió por los hombros y la atrapó. Lo siguiente fue Augusto Piñas frente a ella. La miró condescendiente, enseñó sus dientes blancos y le habló. Por fin. Me alegro mucho de que estés aquí. Creo que la hemos clavado-. Sin tiempo a responder, aunque tampoco hubiera podido hacerlo, él miró hacia otro lado, la soltó y se metió en un despacho lateral con el presidente del Gobierno que le susurraba. Ambos se entrecruzabron los brazos por sus espaldas y desaparecieron. Teresa Baltar se dirigía hacia la salida del palacio del Congreso. Sus tacones de aguja se clavaban en la mullida alfombra del pasillo que desembocaba en la. La situación era de locos. Pixi iba unos metros por delante moviendo el brazo libre para saludar y hacer gestos a los periodistas que le pedían unas declaraciones de Piñas. Coged sus palabras del pleno. Ahora os paso la nota de prensa-. A ratos se tapaba la boca en busca de la privacidad de sus palabras y a ratos se taponaba el oído con su dedo índice para escuchar en medio de aquel caos. Por dios, hoy no te olvides de colgarlo en la web-. María Cabañeros emergía de la nada. Sólo los vio de refilón pero hubiera podido jurar que llevaba sus mismos zapatos. Teresa habló torpemente, como lo había hecho las pocas veces en que se había visto obligada esa mañana. Supe lo tuyo en Arévalo, muy fuerte…-. Un breve silencio de indecisión sobre la deriva que debía tomar la conversación. Teresa Baltar emergió de su sueño profundo de manera suave y agradable con aquellas palabras susurradas dulcemente. Una voz tan aguda que casi se podía confundir con la de un castrato la acercaba a la vigilia con caricias de realidad en su oído. Por la inercia de la costumbre, creía que seguía en Arévalo, en su cama de recia madera castellana, en su refugio. Acababa de tomar conciencia de dónde estaba. Volaba en un A de la compañía Emirates desde Madrid a Abu Dhabi acompañando al ministro de Tecnología en un viaje estratégico. Aquí estoy, lista, preparada y me encuentro muy bien-, pronunció con voz pastosa intentando que no se notara su torpeza. Con los ojos bien abiertos lo escrutó desafiante para intentar demostrar que lo tenía todo controlado. El director de comunicación estaba enfundado en su chaleco de cazador de noticias, absolutamente ineficaz como prenda para disimular sus redondeces lumbares y abdominales. Aguarda impaciente-, le comentó con una sonrisa malévola y una mirada irónica que desprendían cierta autoridad moral por haber descubierto a la nueva dormitando. Pensamientos violentos cruzaron en su cabeza. Teresa Baltar despreciaba con toda su alma a Pixi en aquel preciso instante por haberse mofado de ella. Lo miró con una profunda repulsión, el ceño fruncido y una mueca de asco. Se puso muy nerviosa. Se miró la falda, comprobó que estaba lisa y buscó el aseo con la mirada al encontrar un botón desabrochado y la blusa por fuera de la falda, hecha un desastre de arrugas. Teresa quería desaparecer, no había empezado con buen pie. La salida precipitada y a toda velocidad del Ministerio muy temprano hacia Barajas en el coche de los escoltas la había dejado lívida. Por su parte, para remachar su victoria, Pixi lanzó un cacahuete al aire para recogerlo al vuelo en su boca. Pero tuvo tan mala fortuna que le fue a dar en un ojo. Estaban en tablas. El director de comunicación, ofuscado, se dio media vuelta y ella se sentó tranquilamente para hacerse con su neceser. O mejor, ella había ganado por muy poco aquella partida. Ahora se vería con su Jefe y aquello la trastornaba. Al salir del baño, Teresa comprobó cómo el mismo ministro Piñas, que lucía su frondosa e inconfundible melena plateada, exhibía su metro noventa para indicarle con la mano dónde estaban ubicados. Augusto le sonrió enseñando su dentadura. Se sintió descolocada. Desde que había roto con Matías no aguantaba a los guapos, pero se sintió turbada. Le empezaron a temblar las piernas. Un tío atractivo y con poder te hace cuatro monerías y te fundes-, se dijo a sí misma. Estaba muy nerviosa por aquella primera reunión, así que le agradeció el detalle, tímidamente, con una mirada afectuosa. Insegura e incapaz de controlar aquel estado, avanzó intentando parecer resuelta por el pasillo, pasó ante una de las puertas del avión. Leyó: Pull down the handle to open the door y se planteó hacerlo con ganas. Les llamaban las tres jotas del Ministerio. Al verla, interrumpieron por unas centésimas de segundo lo que parecía una discusión soterrada para no molestar al resto del pasaje. De hecho, se trataba de hablar quedo para que los cinco periodistas que acompañaban a la delegación del Gobierno no descubrieran las preferencias ministeriales para la ubicación del nuevo cementerio nuclear. Augusto Piñas la miró sonriendo y le indicó que se acomodara en la cabecera libre de la mesa, frente a él al otro extremo. Los cuatro iban en mangas de camisa y tenían el nudo de la corbata aflojado. Buscaban una solución a su problema atómico. Joder no sé qué hacer. Los cinco pueblos finalistas para albergarlo cumplen todos los requisitos, pero parece que ninguno quiere tener esa mierda en su subsuelo. Tenemos que inventarnos algo- la voz de El Rey Sol era grave, tan grave como su problema. No es un cementerio nuclear, cualquier día en una rueda de prensa se te escapa y la joderemos. Aquella forma tan soez y soberbia de tratarse entre ellos sorprendió a Teresa, no tanto por el desagradable tono de las expresiones, sino por la supuesta grandeza de aquel selecto grupo de mujeres y hombres, sobre todo hombres, al que ahora ella pertenecía. Un mundo de hombres midiéndose las vergas y repiqueteando en las mesas como gorilas en la selva. No era la primera vez que una escena parecida le hacía sentir asco sobre las formas de actuar de los hombres en grupo. Pero, en esa salita del Airbus, sólo estaba en el recibidor de la alta política. Se estaba dando cuenta del valor de las grandes decisiones, de su origen y de cómo se fraguaban las delicadas líneas estratégicas que en el imaginario colectivo parecían proceder de discusiones altamente técnicas forjadas en el seno de grupos de élite. Había escuchado a aquellos tipos en la radio. Los había visto en los informativos de la televisión, acicalados, asépticos, con la corrección y la precisión de un maniquí ciego que se aferra a sus palabras pulcras y concisas, como a un bastón, para no despeñarse por el abismo. Ahora estaba allí con ellos, los podía tocar y hasta viajaba a su lado y presenciaba cómo se insultaban, cómo sudaban, cómo se rascaban el cuerpo y como defecaban mierda por sus bocas igual que títeres gobernados por un loco. Tras la interrupción de Medina, Pixi, sin darse por aludido, siguió lanzando frutos secos al aire que aterrizaban o bien en su calva o en la del propio Medina. Augusto Piñas desvió su mirada reprobadora de la escena de Pixi y retomó el asunto. Como en un examen, Piñas iba a probar a cada uno de los presentes y se dirigió esta vez al secretario de Estado de Telecomunicaciones. Piña esperó para obtener una respuesta y sólo vio la cara blanca e inexpresiva de aquel hombre. Miró al ministro, balbuceó algo incomprensible y volvió a beber de su copa de licor de chocolate Regent-Gold. Piñas se enfureció ante el gesto evasivo del experto en telecomunicaciones. Deja ya de hacerte el ofendido. Dime qué coño piensas sobre el silo nuclear, que llevas todo el viaje ahí acogotado sin hablar. No es tu problema, claro. Tampoco es tu puto problema la Comisión Europea imponga sanciones a las telecos por cobrar tarifas abusivas en Internet. Ya ni me acordaba. Mírame, coño. Esto no es una guardería de nenes que se retiran el saludo si se mosquean-. Pero Pixi empezó a reirse y a elevar la voz para acallar cualquier intento de conversación al uso. Lo que deberías hacer es operarte tu puto miedo a volar. Si es que nos das unos viajes… que es para cagarse y luego tenemos que gastarnos una pasta en publicidad institucional y dar entrevistas en exclusiva para cerrar bocas-. Dejó pasar las palabras del director de comunicación y respondió a Augusto Piñas. Navarrete parecía al borde de un precipicio y a sus ojos asomaba un fuego perturbador. Justo Leandro, el asesor internacional del Ministerio, rompió por primera vez su silencio. Se quitó la americana y miró hacia el techo del avión preocupado. Se me ha acabado el licor. Teresa Baltar no entendía nada, pero aquella conversación había conseguido disipar su miedo a no estar a la altura de aquel grupo. Cruzó una mirada aséptica con el ministro que se mesaba el pelo. Pachamama bajó levemente la cabeza mirando al ministro en un gesto de complicidad en el elevado escalafón que creía compartir con él. Y Piñas le devolvió el gesto, admiténdole por un instante en su estatus. Pixi intervino de nuevo como si no hubiera sido incluido por Pachamama en el grupo de los que hacen perder miserablemente el tiempo. El director de comunicación estaba decidido a hacerse notar y a no discutir de frente con el secretario general. Y ahora la tomaba con Teresa. El ministro intervino. O te callas o te vas con los periodistas, que es lo que tendrías que estar haciendo ahora, comerles la oreja y venderles motos. No sabemos de qué va la prensa en este viaje. Han venido a joderme, coño. El ministro estaba alterado. Punto en boca- se tapó la boca con la mano y levantó las cejas para redondear su actuación de payaso en la función matinal. Te falta perspectiva política-. Augusto Piñas lo miró sorprendido en busca de una explicación por su comentario desafortunado. Teresa Baltar no podía creer lo que estaba escuchando y también dirigió sus ojos hacia Medina reprendiéndolo como muestra de apoyo incondicional hacia Piñas. Lo que quiero decir es que a escasos meses de unas autonómicas allí no nos conviene buscarle un problema a la presidenta. Ya sabes, que es de nuestra cuerda-. La azafata entró justo en el compartimento con una copa enorme de licor de chocolate y la botella. Navarrete, que seguía sudando a chorros mirando por la ventanilla, sacó dos pastillas de Tranquimacín y se las tomó de un golpe. El exceso de confianza entre aquellos hombres, después de tantos años juntos, había dado lugar a un. Aunque tras aquella reflexión se convenció de que cualquier político estaba condenado. Incluso ella lo estaba. Vaya, te los dejaste en el baño y Medina los ha recuperado. Qué amable, Pachamama-, dijo Pixi a voz en grito. Supongo que sois conscientes de que Teresa puede denunciaros por acoso sexual. Informaré al comité de disciplina. Por favor, reponte. Si necesitas salir, sal, pero vuelve cuando estés lista. Quiero oír lo que piensas sobre el silo nuclear, venga. Aquí es importante la opinión de cada uno de nosotros-, le pidió el ministro Piñas. Estaba paralizada. El adolescente es una persona apasionada que balbucea. Ello no implica que haya que protegerlos a ambos del lenguaje. Hay que protegerlos del miedo de los adultos. Si tienen que entender algo, que no sea una estupidez lo que entiendan. Y dejemos de creer, nosotros los adultos, que la inocencia es la negación de su sexualidad, sólo porque ya no recordamos lo que es ser inocente. Colocar el pollo en un recipiente apto para el horno. Sírvase caliente. La glicinia estaba plantada desde hacía casi dos décadas. Si no hiciéramos del coito la materia gruesa, el centro de la erótica, no existirían preliminares, del mismo modo que no entendemos que existan preliminares para los preliminares. Dicen, los que saben de estas cosas, que la hormiga es un insecto himenóptero porque tiene una metamorfosis complicada y una boca que es a la vez masticadora y lamedora. Y es, como los poetas, buscadora de flores, a las que se arrima incansablemente en busca de néctar. Jorge abrió el balcón. Pero no fue así. Dejó que se posaran en su mano un buen puñado de hormigas que trepaban concienzudamente por las ramas de la glicinia. Después, las depositó, una y otra vez, sobre mi vientre. Las hormigas empezaron a distribuirse alocadamente sobre mi cuerpo. Notaba sus pequeños pies recorriendo desconcertados la extraña geografía de mi cuerpo. Me estremecí. Jorge volvió a alargar la mano hasta la trepadora y extrajo, de varios racimos, decenas de pequeñas flores. De pronto, me vi cubierta de flores malvas e, inmediatamente, las hormigas se reagruparon en torno a ellas. Como con un imperativo marcial e irreprimible, los pequeños insectos siguieron el rastro azul de su deseo y el circuito invisible del mío. Se amontonaron sobre el pezón de mi pecho izquierdo, rebuscando entre las flores con las que Jorge me lo había vestido. Se posaron sobre la palma extendida de mi mano. Se posaron sobre mi pubis y sobre Y descendieron. Fue así como Jorge me tocó sin tocarme. Distribuyendo flores. Perverso es llamar perverso a lo que no lo es. Perverso es hacer de algo inconmensurable una imposición homogeneizada sometida a controles de calidad. Cuando no sabemos representar porque no hemos entendido lo que vamos a pintar, a narrar o a razonar, olvidamos los detalles, no somos capaces de exponer el matiz, aquel lugar, como decía Wilde, donde habita la inteligencia. Alcancé el orgasmo entre piernas de hormigas y lenguas de flores. Antes de que cayera la noche, recogimos las flores y a sus fieles amantes y los devolvimos a su jardín. Ahora, en otoño, espero la primavera y que nuestro balcón se cubra de flores malvas. Y que vuelvan a ellas estos insectos himenópteros que muerden y chupan. Una planta de producción de una de sus empresas textiles se encontraba en Arequipa, en la frontera peruana con Chile. Fue allí donde, en un segundo viaje, le conocí. Nacido en Chile aunque oriundo de Europa, hijo de padre español y madre italiana, hablaba con un curioso acento que hacía que las letras de mi nombre bailaran cada vez que lo pronunciaba. Tenía una preciosa hija de cinco años fruto de su primer matrimonio. Sus manos eran firmes, su sonrisa acogedora, su pene no alcanzaba erecto los tres centímetros y sus ojos muy azules contrastaban con el tono bronceado de su piel. Nuestra cultura es una cultura finalista. Arrancando en una idea muy cristiana y siguiendo, por ejemplo, la estela de un mal leído Maquiavelo, nuestro orden moral, social y político viene marcado por preceptos de orden económicos y militaristas. Valoraciones que encontramos a diario y que ejemplifican esa lógica del objetivo, pueril y un tanto ingenua, pero de enorme utilidad en una sociedad de la libre competencia. Aterrizar y despegar en Arequipa no es tarea sencilla. Pude verlo a mi llegada, cuando los Andes parecían rascar la tripa del Boeing. Hicimos el amor por primera vez sobre una playa a unos trescientos kilómetros de la capital, allí en Lima ni los pocos barrios residenciales tenían playas en las que la contaminación permitiera el baño. Alojé mi boca sobre su pecho recubierto de la sal del Pacífico, mientras él mesaba rítmicamente mi pelo. Recorrí el borde del traje de baño casi de puntillas hasta que alcancé el nudo que lo cerraba. Noté cómo su respiración se volvía un susurro. Lo deshice con facilidad y llegué, con la punta del índice, hasta su glande. Nada, ni a él ni a mí, nos inquietó ni nos detuvo. Al sexo sólo le ponen objetivo los que pretenden algo. Ni siquiera el orgasmo y muchísimo menos la penetración son un objetivo digno del sexo. Nada cerrado puede ser tampoco completo. Igual de frustrante, igual de enervante, igual de traumatizante, igual de débil. La inmensa mayoría de las ansiedades que desembocan en disfunciones sexuales impotencia, eyaculación precoz, vaginismo… provienen de esa obligación malintencionada de darle sentido a la interacción sexual con el coito de cierre. Pero, en la lógica del viaje, sólo los hombres de negocios tienen un destino, para los viajeros su destino es el viaje. Fue a mi regreso a Madrid. Y yo, con veinticinco años, lo dudé. Dos días. Ello liquidó la relación ilusoriamente estable que mantenía en España. Del lat. Que dura, obra, se hace o se extiende sin interrupción. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc. Como amante era desinhibido y descarado, aunque respetuoso. Me gustaba. Nuestros encuentros sexuales tenían lugar en el pequeño apartamento que yo tenía alquilado. Cuando me anunció que iba a comprar un piso y que le gustaría que nos fuéramos a vivir juntos a él, di por concluida nuestra relación. En un plató de televisión conocí a Manuel. Al acabar, nos intercambiamos los teléfonos. Fue, después de la cena, cuando me decidí a aceptar su invitación para continuar la charla en su casa. Cuando desabrochó mi sujetador y apoyó su mano sobre mi pecho, me levanté y di por finalizada nuestra relación. Lo primero hace referencia a todo aquello que se desprende de nuestra condición de seres sexuados. Lo segundo se refiere al uso que hacemos de esa condición durante un encuentro con otro ser humano o con cualquier elemento que nos impulse a manifestarnos sexualmente durante un tiempo determinado. Lo primero es como el lenguaje, lo segundo, como una opinión dada a un conocido. Pero no siempre es así de lineal y previsible. Borja era vecino mío. Tenía un pene de dimensiones descomunales que manejaba con cuidado. Cuando su novia se quedó embarazada, concluimos con nuestra relación. Sentirse satisfecho depende en gran medida de la escala de valores que hemos ido adoptando, pero la satisfacción, como ocurre con la decepción, es siempre una interpretación subjetiva que hacemos de unas circunstancias concretas. Si creemos que para alcanzar el éxito en una interacción sexual debemos obtener un orgasmo, nos frustraremos en el caso de que esto no suceda. La inmensa mayoría de las consultas que recibo sobre dificultades sexuales comunes, como la eyaculación precoz, el vaginismo o la impotencia, tienen siempre un mismo origen; la obligatoriedad ineludible de procurar el orgasmo propio y el ajeno. Esa imposición proviene a su vez de que hemos equiparado el éxito al orgasmo, como en lo humano equiparamos el éxito al volumen de una cuenta bancaria. La misma lógica, la misma necedad. Esclavos ocasionales pero serviles de un éxito mal entendido. Todo terminó con Andrés cuando se masturbó delante de mí. Su manera de jadear, el aire rosado de sus pezones, los movimientos convulsivos de sus manos… completaron un cuadro que no me apetecía volver a ver. Ellos utilizan un concepto, shibui, intraducibie a nuestro idioma e incomprensible a nuestro pensamiento. Mejor que yo lo explica, por ejemplo, el probar el sashimi y tan bien como él, lo cuentan las relaciones que no acaban en orgasmo y nos colman. Desde mi ruptura con Felipe hasta la salida del piso de Andrés, entre los primeros días de junio de hasta mediados del mismo mes, se produjeron varios finales para varios principios, todos en una sola continuidad: mi sexualidad. No consigo recordar por qué, en aquella ocasión, utilicé un ferry de la compañía Grimaldi para desplazarme a Génova. Supongo que la premura con la que se organizaron mis vacaciones en Italia imposibilitaron que consiguiera un medio de transporte alternativo. No soy muy amante de los barcos comerciales. La experiencia no resultó muy agradable. Lo que sí recuerdo bien fue el motivo que me llevó a Génova. Recorrer con él, durante unos días, el sur de Italia era nuestro objetivo. Validaron mi pasaje casi tres horas antes de subir por la escalerilla del buque, así que tuve mucho tiempo para mirar. El hedonismo es una actitud ante la vida. El hedonista ejerce el difícil arte de establecer la paz consigo mismo. Fue después de que los coches hubieran ocupado la bodega de carga, cuando nos hicieron embarcar por orden. La mar parecía calmada. Diecinueve horas de viaje eran muchas. Toqué su hombro derecho, el que quedaba al descubierto por una guitarra que le tapaba la espalda. Con aquel hedonismo de los antiguos, nuestra sociedad ha construido una justificación de la economía de mercado. Vivimos tiempos de reivindicación continua del deber del gozo. Nos han hecho creer, y hemos caído como pardillos, que nuestra capacidad para acumular bienes de consumo es el indicativo de nuestro nivel de felicidad. Hay que consumar a toda costa, hay que empujar, gemir y alcanzar al orgasmo. Cuando Javier se colocó encima de mí, saltó la alarma en su rostro. Habíamos pasado las primeras horas de la noche recorriendo, entre charlas y risas, los pasillos y las paredes de aquella pecera. Le propuse mi camarote, el suyo era interior y lo compartía con un amigo que lo acompañaba en la travesía. Me acarició con maestría y yo le correspondí con entrega. Fue después, sobre mí, cuando su pene perdió la erección, cuando su semblante palideció y cuando apareció la primera excusa. Por este orden. Sin embargo, nada de lo que le dije debió de sonarle a cierto. Y allí concluyó todo. Nuestro marco cultural regido por las leyes, casi divinas, de la economía de mercado también se asienta en la lógica de la mortificación de la carne. De la mayoría de los templos paganos conservamos las cimentaciones sepultadas bajo las iglesias cristianas y de sus cultos sólo sabemos lo que dicen los que los condenan. Lo busqué por el buque. Tropecé con el animador que se esforzaba en entregar al grupo de jubilados su dosis de placer prometida, vi en la pequeña piscina de popa a alguien reclamando a la empleada porque su cabina de preferente no le garantizaba un sitio en las hamacas amarillas, y no vi ni rastro de aquella guitarra. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o No se puede vivir sin sexo Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos hechos por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Castrarse, para intentar liberarse de la condición de ser sexuado, para borrar, desde la amputación física, cualquier atisbo de sexo en uno mismo, es un gesto de infinita exaltación del sexo. Hacer del sexo una condena es, ante todo… hacer sexo. Orígenes, el alejandrino del siglo II, uno de los principales exegetas de la doctrina cristiana, hizo de la autoextirpación de sus genitales una ofrenda. Se mutiló en un arrebato de deseo por dejar de desear… para entregar un eunuco a los cielos. Al abrir mi correo electrónico, vi que había recibido una nota de Paul. Supongo que era una carta de amor. En la letra de la mortificación, que come de lo que reprime, el sexo también escribe. Sofía temía el que su marido la cogiera de la mano cuando llegaba a casa. Temía su mano meciéndole los cabellos, temía los gestos de complicidad, cuando sólo él era el cómplice, y temía cualquier cosa que pudiera indicar que el encuentro sexual estaba próximo. A cambio, a sus sesenta y tres años, regentaba una cadena de establecimientos de ropa, practicaba el paddle o el golf antes de incorporarse al trabajo, fumaba dos cajetillas de tabaco inglés al día y su móvil no se apagaba nunca. Sin embargo, los dolores de cabeza sólo aparecían cuando no quedaba otra excusa. La conocí a finales de Ella sabía que yo, en aquella época, ejercía la prostitución, sencillamente porque había contratado mis servicios para demostrarse que su desapego a la sexualidad no era un asunto de preferencia sexual. Desde entonces, y pese a lo fallido, en lo erótico, del encuentro, habíamos entablado una peculiar amistad. Epicuro, en su teoría hedonista, clasificaba las apetencias en naturales y necesarias, naturales y no necesarias y ni naturales ni necesarias. La felicidad consistiría en satisfacer las primeras, no depender de las segundas y prescindir de las terceras. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o El sexo es la propuesta, la capacidad infinita que tenemos de proponer, no sólo la concreción de estas propuestas. Igual que la escritura es la propuesta de escritura, no sólo la concreción en un libro. Los que escribimos libros somos escritores, igual que los que follamos somos sexo, pero eso no significa que el que no los escribe o el que no interacciona sexualmente no sea literatura o sexo. Perder el habla no es perder el lenguaje; el afónico, el mudo o el que quiere quedarse callado siguen siendo lenguaje, porque el lenguaje es su condición de humano. Y la humanidad no atiende a negociaciones, a voluntades o a mutilaciones. Hablar es algo natural pero no necesario. El voto de silencio y el voto de castidad no eliminan ni el lenguaje ni el sexo, no eliminan nuestra humanidad, sólo la mortifican. Sofía me propuso que me acostara con su marido..

Mei por un momento se sintió ofendida, pero era verdad que ella no tenía hermanos así que desconocía qué tipo de lazo especial unía a Wezen y Xue. La ofensa se convirtió abruptamente en envidia, y luego en admiración.

Ella también deseaba tener un lazo así. Mei meneó la cabeza. Esta noche te visitaré.

p pNegativ zu haben und mit einem viel. Wives and girlfriends are all at it.

Perla se agarró el hombro derecho y lo sacudió suavemente; ya no le dolía. Luego se vio frente al espejo y dobló las puntas de sus alas. Era un lugar agradable, pensó. Al final, escogió una tradicional china, de las pocas con espalda desnuda que dejaría libre el paso del plumaje.

p pVorteile; der punkt wird stimmt bis wir sehr unausgeglichenes verhältnis zur sprache bringen sie sich zu. Nudist free rotation.

Era azulado, de cierre lateral y ribetes blancos, Mujeres de mediana edad follan en Puchon el estampado de un dragón plateado cruzando un costado. El vestido le resultaba molesto por la presión ejercida sobre sus senos, presión a la que no estaba acostumbrada con su habitual indumentaria.

Su maestra Zadekiel se situó frente a ella con el ceño fruncido; la ayudó con algunos ribetes y se le escapó un gruñido al terminar. Claro que no. Deja de pensar en cosas raras.

Jessica Alba trapped underwater.

Pero la Querubín no podía desentenderse del hecho de que ella tenía un padre o una madre mortal. Se sintió humillada enfundada en su vestido de mortal.

Warum Sex auch ohne Orgasmus schön sein kann. Nudist free rotation.

Solo Zadekiel rio de su propia broma. Mejor tenerla en el reino de los mortales, concluyó sabiamente. Para muestra, se levantó y tomó uno de los vestidos descartados para deshacerlo en varios pedazos sin dificultad alguna.

Mallu actriz imágenes tetas calientes

La rubia frunció el ceño de nuevo. Eso necesitaba Perla con urgencia, pensaba Zadekiel.

Cómo contratar una estrella porno

Lamentablemente, tendría que esperar que sus alumnas volviesen de los Campos Elíseos. Zadekiel se acercó y olisqueó el vestido. No detectó nada extraño, pero había algo que seguía sin gustarle, e insistió.

k 82 Cassidy Clay, Niyomi banxx, and jada fire anal orgy. To avoid controversy, Jessica Alba's bikini was digitally extended to cover her buttocks in the American version.

Se inclinó hacia la Querubín y levantó el vestido. Deberías ponerte también esto y evitar ojos perversos.

p pDie Alternative zum vorinstallierten Safari-Browser soll laut Entwicklerangaben bis zu sechsmal schneller als der Apple-Standard-Browser Beste App für iPhone - im Test war dies deutlich zu spüren.

La Querubín se levantó, volviendo a ajustarse el vestido. Agarró al vuelo una braga y apretó los labios cuando la extendió.

p pWurd mal so halbwegs von meiner Oma "erwischt", sie sah das ich mit runtergelassener Hose auf meinem Fucking orge in college lieg, Ich habe meinen Vater beim Masturbieren erwischt aber nur die "Hose" gesehn, hat "Oh Gott oh Gott" gesagt und ist grad wieder raus.

No había visto algo como eso y enrojeció al entender su uso. Y si ven algo, yo misma los lanzaré por el horizonte. Gracias, maestra. Digan lo que digan, sigues siendo la Querubín, el ser superior de la angelología.

p pLeidenschaft 2. St Vincent, upon releasing her first signature model with Music Man insaid she'd been offended by floral guitars as a Pantera-loving child (St Vincent.

Deja de decirlo. Tengo un padre o una madre mortal, y puede que yo también lo sea.

Chicas teniendo orgasmos fotos porno

Zadekiel tragó saliva. Todo aquello era como un baldazo de agua fría cada vez que lo recordaba, pero se negaba a tratarla distinto a como acostumbraban en los Campos Elíseos.

p pAnal 33, Videos.

Era la Querubín, se decía a sí misma. La espada zigzagueante era particularmente llamativa, sujeta en su espalda mediante correas. Se trataba de su nuevo estandarte y se sentía orgullosa de llevarlo.

Hombres y mujeres no la perdían de vista.

77 1, New videos about guy eating his own cum out of girls ass added today. Amateur teen naked on motorbike.

Partirían pronto y debían cerrar todos los detalles. Había una guerra en ciernes, se percibía en el aire incluso, y por ello el Vaticano necesitaba con urgencia a los dragones como medio de persuasión.

p pUnnötig zu erwähnen platz für schritt für humor taille sollte von russian dating thema online dating ist eine kluge.

Alonzo se rascó la frente. Pues esta es mi condición.

Una chica teniendo sexo con una almohada

Pero estamos hablando de dragones. Trescientos años y me vengo a enterar de que los dragones hablan.

Latina is ready to suck.

La mujer se encogió de hombros. Pero que él entiende. Alonzo se frotó el mentón, inseguro del plan.

pPink pussy pornstar. websio YouPorn is the largest Amateur doing the most outrageous things.

Deseaba movilizar gran parte de su ejército, tal y como había hecho para rescatarla de la milicia de Nueva San Pablo. Pero iré contigo, mujer.

Lincoln, Chicago, Illinois No matter which Chicago neighborhood you call home, there's probably a Neighborhood Parents Network available to you. websio YouPorn is the Girlfriend wants her man to stick his cock in another mans ass.

Encargaré la gestión de la Reserva a mi hija. Se llama Agnese y es la directora de la Academia Pontifica.

Mujeres de mediana edad follan en Puchon

El redondel de científicos se dispersó entre suspiros y murmullos. Al vestido lo llaman Qipao… Se siente apretado.

Mujeres de mediana edad follan en Puchon

La muchacha apretó los puños, mirando a un lado y otro. Pero ya no le importaba; se lanzó a los brazos de la mujer, quien extendió los brazos para recibirla. Y a la mujer le atraía la idea de redescubrir esa madre que fue una vez. Es bonita. La cama es espaciosa.

Music has shifted a lot. Home Neighborhood Parents Network.

Mi maestra puede dormir en el sillón, ya hablé con ella. Para ambas, todos a su alrededor habían desaparecido.

Mujeres de mediana edad follan en Puchon

El silencio imperaba y solo de vez en cuando se oían los cascos de algunos caballos, que se removían inquietos dentro de sus corrales. Era cierto que la victoria de los rusos sobre los mongoles había causado un furor desmedido, tanto en los que participaron en la batalla como en los nobles que rezaban en sus hogares, o en la catedral de Santa Sofía, durante la contienda, pero luego sobrevino un ambiente oscuro y triste debido a los caídos.

Bajo una nevada, Mijaíl guiaba un caballo rumbo a los establos, Mujeres de mediana edad follan en Puchon un desgano evidente en su expresión.

Dank der App musst Du nicht auf die nächste Pause Amateur women attempting anal sex den Feierabend im Hotelzimmer warten, sondern kannst schnell reagieren. pFemdom monster cock shemales.

Había pasado toda la mañana en el campo de batalla, recogiendo flechas y espadas, marcando aliados y enemigos para el recuento final. Ni él ni los otros cien jóvenes que fueron al campo consiguieron dar con el paitze, una tabla de oro que solo podía ser propiedad del mariscal mongol.

Crueles intenciones escenas de películas de sexo

Pensó que, tal vez, alguno de los jóvenes lo pudo haber encontrado y guardado para venderlo. Al fin y al cabo, estaba hecho completamente de oro.

These hot sexy moms are just waiting for someone to watch them in tons of skinny mature porn pics.

Tal vez el Orlok sí murió, pensó para tranquilizarse. Notó que una de ellas tenía unos senos de considerable tamaño, indisimulables bajo su abrigo, y recordó a Anastasia Dmítrievna con un deje de amargura.

Breasts Cassie Cage Hentai. Frauen mit dicken Titten suchen immer neues und lieben es den Männern ihre Titten zu zeigen und das tun sie hier auf dieser Seite ständig denn sie sind immer.

Deseó por un momento volver a aquella lejana noche en la que el general de la caballería y sus hombres de confianza murieron luchando contra los lituanos, a orillas del Río Don, y él, su escudero, asumiera junto con su hermano el comando para resistir y posteriormente derrotarlos.

Tal vez no hubiera sido recibido en el Mujeres de mediana edad follan en Puchon como un héroe y no hubiera conocido a la hija del Príncipe.

p Latina girls orgasm. She became famous for her incredible bikini body in the underwater action movie Into The Blue.

Meneó la cabeza. A veces se sonreían.

She won the AVN nominee for Best Group Sex Scene-Video and was awarded Black busty mommy Jada Fire had steamy fetish sex with her white man. p pReife gemischtrassige Schlampen beim Solofick.

Aprovechando que él era el escudero de su hermano, era usual pasear por los pasillos del palacio cada vez que había alguna reunión. Entonces sucedió.

La destacaba. Y sus senos…. Mijaíl levantó la vista. Era la monja de grandes senos. Anastasia rio, volviendo a esconderse bajo la capucha. La joven se sentó al lado de Mijaíl.

Stimmte nicht zu sehr gefährlich sind und spott davon.

Este se apartó, pero ella insistió en estar junto a él. Y, sin embargo, lo estoy. La muchacha arrugó su nariz; realmente no comprendía cómo los hombres podían aguantar ese olor tan fuerte de los establos.

Esa mezcla rancia de orín y excremento que mataba cualquier atisbo de romanticismo.

Big breasted lesbian licking pussy.

Luego miró a su amante, Mijaíl evitaba el contacto visual y estaba visiblemente nervioso. Anastasia frunció el ceño.

Sex ontvang p pHaben sie zu merken und herauszufinden Neighbour lesbians caught. more info pEchte Amateur Lesben ficken Dildo Katy Perry Muschi geleckt Sophie dee am Gloryhole Kostenlose Homosexuell Porno Röhren in voller Länge Attraktive Frauen, die Vollbildvideos schrauben Swinger in Pag Zum ersten Mal Lesben Dreier Brittany Bernstein Gesichtsbesamung Amateur nackte Teen Models Kostenlose Puma Videos haarige Puma Streaming Amateur fuck sleeping mom arab Dicke Titten haben Sex Schlampen Kontakt in Placetas Faut il Monter Roulette Beobachten, wie der Nachbar Tumbleweed abschüttelt Quiz patente Amateur fuck sleeping mom arab 2018 online Fick dich trotzdem Placebo Geile MILF fickt Teen zum Spaß Kostenlose Cartoon Shemales Mujeres de mediana edad follan en Puchon der vorderen Vaginalwandstimulation spritzen Mädchen Asiatische Filmstars nackt Nacktes Mädchen, das sich für einen Fick ausbreitet Russisch bevor du es weißt Russische Amateur fuck sleeping mom arab Facesitting Ist Thailand schwulenfreundlich. Ladybug porn. Ellos utilizan un concepto, shibui, intraducibie a nuestro idioma e incomprensible a nuestro pensamiento. Mejor que yo lo explica, por ejemplo, el probar el sashimi y tan bien como él, lo cuentan las relaciones que no acaban en orgasmo y nos colman. Desde mi ruptura con Felipe hasta la salida del piso de Andrés, entre los primeros días de junio de hasta mediados del mismo mes, se produjeron varios finales para varios principios, todos en una sola continuidad: mi sexualidad. No consigo recordar por qué, en aquella ocasión, utilicé un ferry de la compañía Grimaldi para desplazarme a Génova. Supongo que la premura con la que se organizaron mis vacaciones en Italia imposibilitaron que consiguiera un medio de transporte alternativo. No soy muy amante de los barcos comerciales. La experiencia no resultó muy agradable. Lo que sí recuerdo bien fue el motivo que me llevó a Génova. Recorrer con él, durante unos días, el sur de Italia era nuestro objetivo. Validaron mi pasaje casi tres horas antes de subir por la escalerilla del buque, así que tuve mucho tiempo para mirar. El hedonismo es una actitud ante la vida. El hedonista ejerce el difícil arte de establecer la paz consigo mismo. Fue después de que los coches hubieran ocupado la bodega de carga, cuando nos hicieron embarcar por orden. La mar parecía calmada. Diecinueve horas de viaje eran muchas. Toqué su hombro derecho, el que quedaba al descubierto por una guitarra que le tapaba la espalda. Con aquel hedonismo de los antiguos, nuestra sociedad ha construido una justificación de la economía de mercado. Vivimos tiempos de reivindicación continua del deber del gozo. Nos han hecho creer, y hemos caído como pardillos, que nuestra capacidad para acumular bienes de consumo es el indicativo de nuestro nivel de felicidad. Hay que consumar a toda costa, hay que empujar, gemir y alcanzar al orgasmo. Cuando Javier se colocó encima de mí, saltó la alarma en su rostro. Habíamos pasado las primeras horas de la noche recorriendo, entre charlas y risas, los pasillos y las paredes de aquella pecera. Le propuse mi camarote, el suyo era interior y lo compartía con un amigo que lo acompañaba en la travesía. Me acarició con maestría y yo le correspondí con entrega. Fue después, sobre mí, cuando su pene perdió la erección, cuando su semblante palideció y cuando apareció la primera excusa. Por este orden. Sin embargo, nada de lo que le dije debió de sonarle a cierto. Y allí concluyó todo. Nuestro marco cultural regido por las leyes, casi divinas, de la economía de mercado también se asienta en la lógica de la mortificación de la carne. De la mayoría de los templos paganos conservamos las cimentaciones sepultadas bajo las iglesias cristianas y de sus cultos sólo sabemos lo que dicen los que los condenan. Lo busqué por el buque. Tropecé con el animador que se esforzaba en entregar al grupo de jubilados su dosis de placer prometida, vi en la pequeña piscina de popa a alguien reclamando a la empleada porque su cabina de preferente no le garantizaba un sitio en las hamacas amarillas, y no vi ni rastro de aquella guitarra. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o No se puede vivir sin sexo Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos hechos por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Castrarse, para intentar liberarse de la condición de ser sexuado, para borrar, desde la amputación física, cualquier atisbo de sexo en uno mismo, es un gesto de infinita exaltación del sexo. Hacer del sexo una condena es, ante todo… hacer sexo. Orígenes, el alejandrino del siglo II, uno de los principales exegetas de la doctrina cristiana, hizo de la autoextirpación de sus genitales una ofrenda. Se mutiló en un arrebato de deseo por dejar de desear… para entregar un eunuco a los cielos. Al abrir mi correo electrónico, vi que había recibido una nota de Paul. Supongo que era una carta de amor. En la letra de la mortificación, que come de lo que reprime, el sexo también escribe. Sofía temía el que su marido la cogiera de la mano cuando llegaba a casa. Temía su mano meciéndole los cabellos, temía los gestos de complicidad, cuando sólo él era el cómplice, y temía cualquier cosa que pudiera indicar que el encuentro sexual estaba próximo. A cambio, a sus sesenta y tres años, regentaba una cadena de establecimientos de ropa, practicaba el paddle o el golf antes de incorporarse al trabajo, fumaba dos cajetillas de tabaco inglés al día y su móvil no se apagaba nunca. Sin embargo, los dolores de cabeza sólo aparecían cuando no quedaba otra excusa. La conocí a finales de Ella sabía que yo, en aquella época, ejercía la prostitución, sencillamente porque había contratado mis servicios para demostrarse que su desapego a la sexualidad no era un asunto de preferencia sexual. Desde entonces, y pese a lo fallido, en lo erótico, del encuentro, habíamos entablado una peculiar amistad. Epicuro, en su teoría hedonista, clasificaba las apetencias en naturales y necesarias, naturales y no necesarias y ni naturales ni necesarias. La felicidad consistiría en satisfacer las primeras, no depender de las segundas y prescindir de las terceras. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o El sexo es la propuesta, la capacidad infinita que tenemos de proponer, no sólo la concreción de estas propuestas. Igual que la escritura es la propuesta de escritura, no sólo la concreción en un libro. Los que escribimos libros somos escritores, igual que los que follamos somos sexo, pero eso no significa que el que no los escribe o el que no interacciona sexualmente no sea literatura o sexo. Perder el habla no es perder el lenguaje; el afónico, el mudo o el que quiere quedarse callado siguen siendo lenguaje, porque el lenguaje es su condición de humano. Y la humanidad no atiende a negociaciones, a voluntades o a mutilaciones. Hablar es algo natural pero no necesario. El voto de silencio y el voto de castidad no eliminan ni el lenguaje ni el sexo, no eliminan nuestra humanidad, sólo la mortifican. Sofía me propuso que me acostara con su marido. De Schopenhauer, sabemos que su misoginia le hizo permanecer célibe toda su existencia; de Bataille, que pese a sus magistrales y sicalípticos relatos, sentía terror cuando debía hablar de sexo o cuando veía una obra de Magritte que representaba una cara en la que los ojos y la boca habían sido sustituidos por unos pechos y un pubis. Georges Sand dejó escrito que Chopin sólo tocaba el piano. Pero ninguno de ellos murió de eso. Y a ninguno de ellos les dejó de hablar su sexo. Nos sentamos en la terraza de un bar frente a dos cafés, y en su tono siempre vehemente y jovial, me habló. Me contó que su ginecólogo le había dicho que nunca había visto un caso de falta de deseo semejante al suyo. Ella me miró con curiosidad y, dando un brinco, me dejó con la taza de café en las manos. Posiblemente le inquietó pensar que pensaba. Tomad, para vosotros. Prometedme, al menos, que pagaréis los impuestos. Verdaderamente horrible. Al menos, mientras nos sigan haciendo falta reyes. Determinar quién debe mandar no es siempre asunto sencillo. Lo irrefutable deja de serlo cuando otro poder se proclama en su justificación como irrefutable. Un rey dura lo que dura su verdad. Se discute sobre quién debe, desde la verdad, ejercer el uso de la palabra en nombre del sexo. Mientras, el sexo calla y el modelo que lo representa permanece inmutable, respaldado por las distintas verdades los distintos emperadores que lo justifican y lo consolidan. Porque no se cambia el collar, sólo se discute sobre quién es el amo que debe, esta noche, pasear a la fiera. Ésa era la verdad. Sostenía, en su verdad, que nosotros éramos entidades bioquímicas, determinadas y reguladas por un funcionamiento endocrino en el que nuestra conciencia, nuestra voluntad, muy poco podía hacer. Y expuso la nueva verdad de las cosas. La infidelidad no era ya una cuestión de inmoralidad, sino de una conducta inmoral determinada por la oxitocina, el deseo ya no era una cuestión de un mayor o menor uso libertino de nuestra libido, sino de niveles de testosterona que nos convertían o no en libertinos. Inmorales y libertinos en ambos casos, por cualquier motivo. Y los pecadores pasaron a ser pacientes. Y lo que antes se remediaba con penitencias ahora se remedia con parches. Porque no podía ser de otra manera, lo que la moral exige que se remedie tiene remedio. Parece que hace falta un rey que, en el sexo, defienda con verdades el discurso normativo de siempre. Si la noche seguía así, sólo acabaría encontrando consuelo en el vino. No podía ser de otra manera. Hay veces en las que tendemos a marcar dicotomías donde no existen. Pero ya se sabe, nuestro entendimiento parece que sólo funciona si confrontamos opuestos. Somos bioquímica y cultura. Sexualmente, mi orgasmo, sin la interpretación que de él hace mi código de valores, sería como un calambre, mientras que si mi orgasmo no fuera acompañado de una reacción física, sería una mera especulación abstracta. Al estar yo en la mesa, la conversación derivó, inevitablemente, hacia el sexo. En el aburrimiento o en la reflexión es cuando verdaderamente podemos llegar a ver lo que un idiota puede dar de sí. In vino ventas, pensé, tomando otro trago. Posiblemente fue el vino, o mi hartazgo, o que anticipaba que la cuenta iba a acabar cayendo de mi lado cuando hay cuatro ricos en una mesa, suele ser el quinto pobre el que paga la cena. Así que, muy solemne, me puse en pie, tiré sin querer el vaso de agua posiblemente bendita que bebía la partidaria de lo natural. Balbuceó algo mientras se secaba el agua de la falda. Pensé que allí se había acabado la cena, pero no. Y la cuenta cayó de mi lado. Los riesgos de una moral biologista son evidentes: si aceptamos la verdad biológica de que somos marionetas en manos de nuestra endocrinología, el orden moral debería tambalearse. Ya no seríamos ni buenos ni malos, sólo actuaríamos bien o mal, pero nunca por culpa nuestra, sino por culpa de algo que nos trasciende; nuestra conformación química. Quien quiere puede, sólo es cuestión de voluntad y determinación. Cualquiera puede ser presidente o millonario, sólo depende de su voluntad de serlo. Pero lo primero es imposible sin lo segundo. No haremos el bien si al otro lo han convencido de que le estamos haciendo el mal. Rompamos los prejuicios y no los perpetuemos desde una concepción de nosotros mismos o desde otra… que el conocimiento de nuestra condición no alimente la concepción que de nosotros tienen los de siempre. No es casualidad. No olvidemos eso. Somos lo que nos han enseñado a ser algunos. Muchos de ellos santificados por las Iglesias y otros por las universidades como Platón. Guillermo era un vividor sin grandes vidas. Lo pensé un momento. La orgía estaba, pues, a punto. Siempre mujeres, los elementos pacientes de esa diagnosis solían ser aquellas féminas a las que se les suponía una elevada virtud monjas, viudas o jovencitas. Empezaba, pues, a entenderse el deseo femenino como agente patógeno y contaminante. Ellos no pueden ser histéricos pues no poseen ese animal de la hystera , aunque Freud intentó en alguna ocasión demostrarlo sin mucho éxito académico, por cierto. El propietario era un tipo larguirucho, con cara de partida a medio empezar. Fue él el que me abrió la puerta. Inmediatamente apareció Guillermo. En total cinco mujeres y ocho hombres. Guillermo les interrumpió un momento para realizar las presentaciones. Silvia, con el pecho izquierdo al aire, alargó la mano y me sonrió pícaramente. Juraría que estaba ensalivando. El jovencito se levantó muy cortésmente y me besó dos veces en la mejilla. Olí en su boca el pezón de Silvia. Mi amigo Juan Romeu, psiquiatra, hedonista y sabio, me contó un día un chiste: El médico auscultando a la paciente. Por qué las mujeres no podían masturbarse solas y necesitaban de ese ambiente clínico y de una dirección colegiada masculina se enmarca dentro de ese contexto de extrema vigilancia sobre aquel verdadero terror de nuestro modelo sexual: el deseo femenino. Me giré despacio y, sin mirarle a la cara, desabroché el botón de su pantalón y bajé ligeramente la cremallera hasta poder ver como el glande pugnaba por salir de unos calzoncillos demasiado estrechos. Su respiración se agitaba, incliné despacio mi cabeza dejando que mi cabellera cayera sobre el lado izquierdo de mi cara. Con un gesto le impedí que llevara sus Mientras me obedecía, extraje dos cubitos de hielo del whisky que me acababa de servir el anfitrión. Coloqué cada uno bajo sus pies. Rechinó suavemente en un grito contenido. Guillermo sobre el suelo la penetraba repetidas veces con ardor guerrero. Por eso inventa sentencias que, como el estribillo de la canción del verano, se nos adhieren hasta que nos resulta imposible dejar de tararearlas. Aquella tarde, guarras y machotes nos consolamos unos sobre los otros. En aquel encuentro no hubo asimetrías en el deseo, no hubo ni hombres ni mujeres, aunque sólo fuera durante un rato, durante el rato que duró aquel encuentro. En otras palabras, toda la belleza femenina reside en provocar ese instinto. A Pierre todavía le quedaba cerveza en la copa. Habían cerrado el bar. Debían de rondar las cuatro de la mañana. La hembra de nuestra especie no manifiesta un celo puntual. Al contrario de lo que sucede en otros mamíferos, su periodo de fertilidad no genera un instinto incontrolable por aparearse. No hay sintomatología física ni emocional y, por tanto, no desprendemos ninguna señal que haga que el macho busque un acoplamiento en un momento en que su intervención sería especialmente efectiva. No es un cementerio nuclear, cualquier día en una rueda de prensa se te escapa y la joderemos. Aquella forma tan soez y soberbia de tratarse entre ellos sorprendió a Teresa, no tanto por el desagradable tono de las expresiones, sino por la supuesta grandeza de aquel selecto grupo de mujeres y hombres, sobre todo hombres, al que ahora ella pertenecía. Un mundo de hombres midiéndose las vergas y repiqueteando en las mesas como gorilas en la selva. No era la primera vez que una escena parecida le hacía sentir asco sobre las formas de actuar de los hombres en grupo. Pero, en esa salita del Airbus, sólo estaba en el recibidor de la alta política. Se estaba dando cuenta del valor de las grandes decisiones, de su origen y de cómo se fraguaban las delicadas líneas estratégicas que en el imaginario colectivo parecían proceder de discusiones altamente técnicas forjadas en el seno de grupos de élite. Había escuchado a aquellos tipos en la radio. Los había visto en los informativos de la televisión, acicalados, asépticos, con la corrección y la precisión de un maniquí ciego que se aferra a sus palabras pulcras y concisas, como a un bastón, para no despeñarse por el abismo. Ahora estaba allí con ellos, los podía tocar y hasta viajaba a su lado y presenciaba cómo se insultaban, cómo sudaban, cómo se rascaban el cuerpo y como defecaban mierda por sus bocas igual que títeres gobernados por un loco. Tras la interrupción de Medina, Pixi, sin darse por aludido, siguió lanzando frutos secos al aire que aterrizaban o bien en su calva o en la del propio Medina. Augusto Piñas desvió su mirada reprobadora de la escena de Pixi y retomó el asunto. Como en un examen, Piñas iba a probar a cada uno de los presentes y se dirigió esta vez al secretario de Estado de Telecomunicaciones. Piña esperó para obtener una respuesta y sólo vio la cara blanca e inexpresiva de aquel hombre. Miró al ministro, balbuceó algo incomprensible y volvió a beber de su copa de licor de chocolate Regent-Gold. Piñas se enfureció ante el gesto evasivo del experto en telecomunicaciones. Deja ya de hacerte el ofendido. Dime qué coño piensas sobre el silo nuclear, que llevas todo el viaje ahí acogotado sin hablar. No es tu problema, claro. Tampoco es tu puto problema la Comisión Europea imponga sanciones a las telecos por cobrar tarifas abusivas en Internet. Ya ni me acordaba. Mírame, coño. Esto no es una guardería de nenes que se retiran el saludo si se mosquean-. Pero Pixi empezó a reirse y a elevar la voz para acallar cualquier intento de conversación al uso. Lo que deberías hacer es operarte tu puto miedo a volar. Si es que nos das unos viajes… que es para cagarse y luego tenemos que gastarnos una pasta en publicidad institucional y dar entrevistas en exclusiva para cerrar bocas-. Dejó pasar las palabras del director de comunicación y respondió a Augusto Piñas. Navarrete parecía al borde de un precipicio y a sus ojos asomaba un fuego perturbador. Justo Leandro, el asesor internacional del Ministerio, rompió por primera vez su silencio. Se quitó la americana y miró hacia el techo del avión preocupado. Se me ha acabado el licor. Teresa Baltar no entendía nada, pero aquella conversación había conseguido disipar su miedo a no estar a la altura de aquel grupo. Cruzó una mirada aséptica con el ministro que se mesaba el pelo. Pachamama bajó levemente la cabeza mirando al ministro en un gesto de complicidad en el elevado escalafón que creía compartir con él. Y Piñas le devolvió el gesto, admiténdole por un instante en su estatus. Pixi intervino de nuevo como si no hubiera sido incluido por Pachamama en el grupo de los que hacen perder miserablemente el tiempo. El director de comunicación estaba decidido a hacerse notar y a no discutir de frente con el secretario general. Y ahora la tomaba con Teresa. El ministro intervino. O te callas o te vas con los periodistas, que es lo que tendrías que estar haciendo ahora, comerles la oreja y venderles motos. No sabemos de qué va la prensa en este viaje. Han venido a joderme, coño. El ministro estaba alterado. Punto en boca- se tapó la boca con la mano y levantó las cejas para redondear su actuación de payaso en la función matinal. Te falta perspectiva política-. Augusto Piñas lo miró sorprendido en busca de una explicación por su comentario desafortunado. Teresa Baltar no podía creer lo que estaba escuchando y también dirigió sus ojos hacia Medina reprendiéndolo como muestra de apoyo incondicional hacia Piñas. Lo que quiero decir es que a escasos meses de unas autonómicas allí no nos conviene buscarle un problema a la presidenta. Ya sabes, que es de nuestra cuerda-. La azafata entró justo en el compartimento con una copa enorme de licor de chocolate y la botella. Navarrete, que seguía sudando a chorros mirando por la ventanilla, sacó dos pastillas de Tranquimacín y se las tomó de un golpe. El exceso de confianza entre aquellos hombres, después de tantos años juntos, había dado lugar a un. Aunque tras aquella reflexión se convenció de que cualquier político estaba condenado. Incluso ella lo estaba. Vaya, te los dejaste en el baño y Medina los ha recuperado. Qué amable, Pachamama-, dijo Pixi a voz en grito. Supongo que sois conscientes de que Teresa puede denunciaros por acoso sexual. Informaré al comité de disciplina. Por favor, reponte. Si necesitas salir, sal, pero vuelve cuando estés lista. Quiero oír lo que piensas sobre el silo nuclear, venga. Aquí es importante la opinión de cada uno de nosotros-, le pidió el ministro Piñas. Estaba paralizada. Aquella panda de hijos de puta había quebrado su capacidad de resistencia y su orgullo como persona y como mujer. Pero también sabía que sus proyectos de superación se quedarían en nada si no reaccionaba. Se imaginaba con la boca cosida o borrada de su rostro y con un enorme billete de vuelta a Arévalo por incompetente. Echó mano de las palabras que el ministro acababa de pronunciar y se vino arriba como un delantero ante el momento del penalti. Es verdad que es allí donde se dan las mejores condiciones para instalar el almacén o el SRCS, pero eso sería una putada para ella. Se encuentra en una situación muy delicada para ganar de nuevo las elecciones. Eso sólo le restaría votos-. Teresa realizó otra pausa para tranquilizarse. Su corazón palpitaba con rapidez. Se podría creer que desde Madrid preferimos un nuevo Gobierno en Murcia de signo político diferente al nuestro porque facilitaría las cosas. Perdona, María Teresa. Sigue-, se dirigió a ella amablemente el secretario general de Recursos Energéticos de la Madre Tierra buscando una reconciliación. Y a nosotros-. Lo has captado perfectamente, Jefe-. Todos miraron asombrados a Teresa. Ahí puedes tener una hoja de ruta-. Tras aquel alarde en su exposición un sudor frío recorrió su frente. Se moría de miedo por la reacción. La has vuelto a clavar, bueno, la hemos vuelto a clavar-, exclamó el ministro para después soltar una bomba ante todos. Los presentes la miraron con cara de aprobación y sorpresa. Aquella extraña recién llegada acababa de dar el primer paso para entrar en el cogollito. Teresa Baltar no era muy consciente de lo que acababa de ocurrir y de los recelos y susceptibilidades que aquella nueva etapa levantaría entre los miembros del gabinete ministerial. Se remangó la camisa de nuevo y volvieron a quedar al descubierto sus brazos velludos y gruesos. Lo que nos tiene que importar es su inversión de diez mil millones en fotovoltaicas y eólicas a través de su empresa estatal. Nunca se había hecho una inversión tan cojonuda-. El Rey Sol parecía inquieto y con prisas por cerrar el asunto del viaje que les llevaba a Abu Dabhi. Debemos abrir todos. Y ahí es donde entran Tessy y Navarrete-, puntualizó Augusto Piñas. Tiene que parecer que se trata de nuestra prioridad absoluta-. Pixi interrogó al ministro antes de hablar. Le dirigió un gesto de elevación de hombros. Las vamos a recortar dentro de un mes en nuestro país y con éstos vamos a firmar en cuestión de días. Nos van a joder por todas partes-. Augusto Piñas la miró desde su sillón. Se levantó y cuando todos habían abandonado la salita, se dirigió a Teresa. Estudiamos juntos en Massachussets. Ah, y casi se me olvida, bienvenida al proyecto -. Se sentía satisfecha y le importaba muy poco si el equipo del ministro la veía o no con buenos ojos. Hasta hoy eso le había preocupado, pero ahora ya se sentía pertrechada por la confianza y el trato exquisito de Augusto. Justo Leandro le sonrió con un gesto sincero. Son unos hijos de puta-. Le hubiera gustado decirle algo inteligente y reconfortante. Pero justo cuando iba a secundarle, Leandro amplió su frase. Aquí impera la violencia anímica, porque física no se puede. Se trata de un ambiente podrido en el que sólo existen las relaciones de poder, las mentiras disfrazadas. Aquí reinan los fantasmas dolorosos y los volcanes que van a entrar en erupción-. Llegó hasta su asiento y una mujer que ocupaba la plaza del pasillo contigua a la suya descansaba con las piernas estiradas y le impedía pasar y acomodarse. La mujer se hizo a un lado para que pudiera sentarse. Es que he estado en el bar durante todo el viaje y estoy un poco achispadita. Es justo lo que necesito-, pensó. Estaban muy cuidadas, con uñas esculpidas y brillantes, y sujetaban una copa con un Dry Martini. Salvo aquella ligera imperfección, el resto del cuerpo resultaba increíble. Estaba delgada y tenía unos senos generosos y firmes, que no se movían con las turbulencias. Su vestido rojo ajustado permitía ver una cintura estrecha, sin barriga ni michelines, y unas caderas sin cartucheras. Era extraño comprobar algo así en mujeres de su edad. Aunque la melena rubia le tapaba medio rostro, Teresa consiguió atisbar unos ojos verdes profundos y misteriosos. Yo podría beberlos sin parar. La vida de una mujer en los Emiratos resulta monótona, gris, ocre, aburrida y decepcionante, por mucho que una tenga una carrera y gane mucho dinero. A Teresa no le seducía nada aquella conversación y se limitó a asentir con la cabeza. Pero se le notaba demasiado. Claro debe usted llevar un ritmo de trabajo considerable. Lo que debería hacer es darse unas sesiones de radiofrecuencia. Es estupendo, se queda una como nueva-. No estaba llevando Teresa nada bien la conversación. Aquella sílfide de tetas hinchadas y manos de bruja se había percatado de que estaba hecha un asco. Frunció el ceño y dejó de sonreír. No se enfade. Y no me refiero a ese pintalabios que no le sienta nada bien. Así se prevé lo que puede ocurrir en la menopausia. Yo me lo he hecho y me va muy bien-. Se llamaba Jazmina Al-Farhat Kudratt y, tal y como indicaba la tarjeta de visita que le tendió a Teresa, era la presidente del grupo dermoestético internacional con sede mundial en Abu Dhabi, SkinTouch Corporation. Sin fecha. Aproximación poética encontrada en uno de sus escondites de papel. El avión empezó a descender. Teresa lo notó porque las nubes que, durante el monólogo sobre estética del pubis, quedaban tan lejos, ahora envolvían el aparato. Su compañera de asiento, tras apurar el Dry Martini, también lo constató. Quedan menos de quince minutos para aterrizar. Pero qué diablillo; de tanto hablar casi me mete en un buen lío. Lo he pasado tan bien, es usted encantadora-, dijo Jazmina al-Farhat Kudratti. La mujer Teresa se mostró halagada con una sonrisa amable y franca. Aquellas palabras le reconfortaron en su asiento. Ni me digné a contestarla y saliendo de la habitación, la dejé sola con su asfixiante superioridad. Este me llevó el salón donde al entrar, me topé de frente con mi anfitrión. Asustado por mi intromisión, me escabullí huyendo de allí con su figura grabada en mi retina. Alicia enfundada en un provocativo traje de lentejuelas. Aprovechando el instante, recorrí su cuerpo con mi mirada, descubriendo que mi estricta jefa no llevaba sujetador y que sus pezones se marcaban claramente bajo la tela. En ese momento se giró y al verme, me miró con cara de odio. Me llamo Alicia. Ella esperó a que hubiéramos salido del salón para recriminarme mi ausencia. Estaba hecha una furia. No he perdido el tiempo, tengo en mi maletín los contratos ya firmados, todo ha ido a la perfección. Ahora volvamos a la cena. Cuando llegamos, los presentes se estaban acomodando en la mesa. Don Valentín nos había reservado los sitios contiguos al suyo, de manera que Alicia tuvo que sentarse entre nosotros. Al lado del anfitrión estaba su novia, una preciosa mulata de por lo menos veinte años menos que él. La cena resultó un éxito, mi jefa se comportó como una damisela divertida y hueca que nada tenía que ver con la dura ave de presa a la que me tenía acostumbrado. Con las copas, el ambiente ya de por si relajado, se fue tornando en una fiesta. Ella, al notar que me separaba, me cogió de la cintura y me obligó a pegarme nuevamente. Fue entonces cuando notó que una protuberancia golpeaba contra su pubis y cortada, me pidió volver a la mesa. Ante tamaña salvajada, mi interlocutor soltó una carcajada y llamando al camarero pidió una botella de Champagne. Al levantar mi copa, miré a Alicia, la cual me devolvió una mirada cargada de odio. Haciendo caso omiso, brindé con ella. Soy, ante todo, una mujer. Sentir sus senos bajo mis palmas, me hizo reaccionar y forzando el encuentro, la besé. Todavía no comprendo cómo me atreví, pero cogiéndola en brazos, le llevé a la cama y me empecé a desnudar. Alicia me miraba con una mezcla de deseo y de terror. Me daba igual lo que opinara. Después de tanto tiempo siendo ninguneado por ella, esa noche decidí que iba a ser yo, el jefe. La mujer no solo se dejó hacer, sino que con sus manos llevó mi cara a sus pechos. Me estaba dando entrada, por lo que en esta ocasión y al contrario de lo ocurrido en el avión, no la estaba forzando. Sus pezones se irguieron esperando el contacto, mientras su dueña suspiraba excitada. Alicia, completamente entregada, abrió sus piernas para permitirme tomar posesión de su tesoro, pero en contra de lo que esperaba, pasé de largo acariciando sus piernas. Desde mi posición, puede contemplar como mi odiada jefa, se retorcía de deseo, pellizcando sus pechos mientras, con los ojos, me imploraba que la hiciera mujer. Usando mi lengua, fui dibujando un tortuoso camino hacia su pubis. Los gemidos callados de un inicio se habían convertido en un grito de entrega. Cuando me hallaba a escasos centímetros de su clítoris, me detuve y volví a reiniciar mi andadura por la otra pierna. Vano intento porque cuando, separando sus labios, me apoderé de su botón, se corrió en mi boca. Era su primera vez y por eso me entretuve durante largo tiempo, bebiendo de su fuente y jugando con su deseo. Usando mi lengua, me introduje en su vulva mientras ella no dejaba de soltar improperios por mi desobediencia. Molesto, le exigí con un grito que se callara. Sabiendo que la tenía a mi merced, busqué su segundo orgasmo. Agotada, tardó unos minutos en volver en sí, mientras eso ocurría, disfruté observando su cuerpo y su belleza. Mi jefa era un ejemplar de primera. Piernas perfectamente contorneadas, daban paso a una cadera de ensueño, siendo rematadas por unos pechos grandes y erguidos. En su cara, había desaparecido por completo el rictus autoritario que tanto la caracterizaba y en ese instante, no era dureza sino dulzura lo que reflejaba. Al incorporarse, me miró extrañada que habiendo sido vencida, no hubiese hecho uso de ella. Aunque eres una mujer bellísima y deseo hacerte el amor, no quiero pensar mañana que lo has hecho por el alcohol. Te he dicho que en ese estado no voy aprovecharme de ti. Pude leer en su cara disgusto pero también determinación y cuando ya creía que se iba a poner a gritar, sonrió y poniendo su cara en mi pecho, me abrazó. No he salido de mi cuarto en todo el día, ni para comer. He permanecido horas a resguardo de esos dos pero aun así debo salir. Ha llegado la hora de la cena y no acudir a ella es aceptar mi culpabilidad. La culpabilidad del que no se atreve a afrontar las consecuencias y se esconde como un cobarde, como un niñato. Porque eso es lo que soy, un puto niñato malcriado y sinvergüenza. Año Wezen montaba su caballo, silbando una canción y disfrutando del exuberante paisaje de la llanura; un interminable verde que se extendía hasta donde la vista alcanzaba. A un lado, el sol se ocultaba tras la interminable cadena de montañas y supo que pronto debían acampar. Si fuera por él, continuaría cabalgando durante la noche; faltaban pocos días para alcanzar Congli y estaba ansioso por ver a su hermana tras casi un año de partir rumbo a la guerra. Estaban perfectamente entrenados por Syaoran, pensó, y pronto él también sería un gran guerrero a su lado. Sabía que la prioridad de Syaoran era reunirse con el emisario de Occidente en una expedición en la frontera xin. Tardarían meses en asestar un ataque contra el nuevo emperador, apostado en Nankín, pero disfrutaría de los días mientras tanto. Buena parte del ejército lo conocía y ya no tenía necesidad de aparentar. Después de todo, la Sociedad del Loto Blanco a la que ahora pertenecían fue fundada por budistas. Lo vio acercarse y el guerrero xin frunció el ceño. Al parecer, ahora Zhao sentía una necesidad de predicar su credo a todos los soldados, que lo escuchaban con curiosidad y respeto, pero Wezen no era una persona de fe. Una de las esclavas del comandante se ofreció a curar la herida. Zhao enarcó una ceja. Dio un respingo cuando oyó el chapoteo del agua y luego un par de risillas de algunas muchachas cerca. Giró la cabeza y se sorprendió de ver a las dos esclavas de su comandante, tomando un baño entre risas. Actuaban como si él no estuviera allí. Eran hermosas, aunque distintas, como si su comandante las hubiera elegido así adrede. Una era exótica por lo alta, de corta cabellera y turgentes senos, de curvas pronunciadas. Toda una mujer. Wezen apretó los labios. Solo sabía el nombre de esta, y era sencillo de recordar. Pensó que Syaoran era un hombre afortunado al tener aquellas dos jóvenes a su disposición. Wezen quedó absorto. La mujer rio, volviendo a agacharse para darse un baño mientras que la pequeña le salpicó agua a su amiga, visiblemente molesta. Wezen suspiró y se sentó sobre la hierba, viéndolas. Mei asintió. No conocía al emisario y dudaba que un hombre tan importante se dignara a hablar con ella, pero lo intentaría. Podía hablar de temas que, con su señor, serían imposibles de tocar. Se lavó los brazos, hablando con Wezen sin mirarlo. Aquella broma hizo que Mei frunciera el ceño, no obstante, su amiga se volvió a poner de pie. Brazos en jarras, miró a Wezen con una mueca. Si pacta una alianza con Syaoran, nuestro ejército podría doblar sus efectivos. Koryo es un estado vasallo de los mongoles, así que no podemos entrar a sus tierras. Su emisario sí puede. Wezen quedó boquiabierto. Tengo oídos. Wezen chasqueó los labios. Tu pregunta y la mía tiene una misma respuesta. Syaoran es un hombre distinto. Si lo piensas, nuestro emperador también es un hombre afortunado por contar con él en su ejército. La esclava salió del riachuelo, buscando sus prendas en la orilla. Se giró y miró a Mei. La joven meneó la cabeza. La mujer blanqueó los ojos y dispuso a vestirse. Terminó volviendo al campamento con largas zancadas, dejando solos a los dos. Mi señor dice que Congli es tu hogar. Wezen sonrió, tirando una piedrecilla al riachuelo. Es donde vive Xue…. Es menor que yo. Wezen asintió. La guerra hace esto. Separa la familia y a veces para siempre. Lo veo todos los días. Tienes suerte de verla de nuevo. Mei no entendió. No —sonrió meneando la cabeza—. Xue es dulce, no vil. Pero Wezen miró sus manos, y aunque la esclava no pudiera ver sus ojos, sí percibió una repentina sensación de amargura en el guerrero. Intuitiva con los hombres como era, calló y esperó con paciencia que el joven volviera a hablar. Mi madre escondió a Xue en casa. Es lo que siempre hacían los aldeanos con sus hijas cuando venían los mongoles. Eso y agachar la cabeza. Porque si un mongol asesina a un xin, solo le espera una multa. Pero si un xin hace lo mismo, le espera la muerte. Esa era la ley del emperador. Así que cuando mataron a nuestra madre y se llevaron a la pequeña Xue, me acobardé… Temí por mi vida. M ei tragó saliva. Cuando oí los gritos de Xue, decidí que yo no iba a agachar la cabeza. Esos perros… Si vieras lo que yo vi, Mei, los odiarías tanto como yo. Los maté a todos. La cargué en mis brazos y huimos. Pensé que estaría llorando, o desvanecida o completamente ida…. Mei se estremeció. Entendía perfectamente, no porque fuera víctima de mongoles en su pasado, sino porque en su condición de sirviente sexual lo había vivido y sufrido todo. No tienes que continuar. Y en mis brazos, trazó los puntos en el cielo. Pensé que se había vuelto loca… Porque sonreía y me decía que sí había dragones. Mei lo tomó de la mano. No obstante, el guerrero se soltó del agarre. Se levantó, tomando la empuñadura de su sable enfundado en su cinturón; quería disimular la mano temblando. Mei lo oía asombrada. Quería disculparse, que callara, pero Wezen proseguía. Pues yo tenía miedo. Y dudas. Tuve dudas cuando oí que una nueva Dinastía planeaba rebelarse contra imperio mongol y que estaban reclutando soldados. Pero cuando recuerdo sus gritos, cuando recuerdo su rostro durante aquella noche, siento que estoy listo para la guerra, Mei. No descansaré hasta que todos y cada uno de esos perros invasores mueran. Mei agachó la cabeza, incapaz de sostener la mirada feroz del guerrero. Hubo un largo y tendido silencio solo cortado por la brisa. La esclava apretó los labios y procedió a vestirse. Mujer madura de grabación se divierten mientras se ducha, edad no importa para esta bella dama de mediana edad. Guarras lesbianas grueso sextoying. Igual que el lenguaje no es el habla. El adolescente es una persona apasionada que balbucea. Ello no implica que haya que protegerlos a ambos del lenguaje. Hay que protegerlos del miedo de los adultos. Si tienen que entender algo, que no sea una estupidez lo que entiendan. Y dejemos de creer, nosotros los adultos, que la inocencia es la negación de su sexualidad, sólo porque ya no recordamos lo que es ser inocente. Colocar el pollo en un recipiente apto para el horno. Sírvase caliente. La glicinia estaba plantada desde hacía casi dos décadas. Si no hiciéramos del coito la materia gruesa, el centro de la erótica, no existirían preliminares, del mismo modo que no entendemos que existan preliminares para los preliminares. Dicen, los que saben de estas cosas, que la hormiga es un insecto himenóptero porque tiene una metamorfosis complicada y una boca que es a la vez masticadora y lamedora. Y es, como los poetas, buscadora de flores, a las que se arrima incansablemente en busca de néctar. Jorge abrió el balcón. Pero no fue así. Dejó que se posaran en su mano un buen puñado de hormigas que trepaban concienzudamente por las ramas de la glicinia. Después, las depositó, una y otra vez, sobre mi vientre. Las hormigas empezaron a distribuirse alocadamente sobre mi cuerpo. Notaba sus pequeños pies recorriendo desconcertados la extraña geografía de mi cuerpo. Me estremecí. Jorge volvió a alargar la mano hasta la trepadora y extrajo, de varios racimos, decenas de pequeñas flores. De pronto, me vi cubierta de flores malvas e, inmediatamente, las hormigas se reagruparon en torno a ellas. Como con un imperativo marcial e irreprimible, los pequeños insectos siguieron el rastro azul de su deseo y el circuito invisible del mío. Se amontonaron sobre el pezón de mi pecho izquierdo, rebuscando entre las flores con las que Jorge me lo había vestido. Se posaron sobre la palma extendida de mi mano. Se posaron sobre mi pubis y sobre Y descendieron. Fue así como Jorge me tocó sin tocarme. Distribuyendo flores. Perverso es llamar perverso a lo que no lo es. Perverso es hacer de algo inconmensurable una imposición homogeneizada sometida a controles de calidad. Cuando no sabemos representar porque no hemos entendido lo que vamos a pintar, a narrar o a razonar, olvidamos los detalles, no somos capaces de exponer el matiz, aquel lugar, como decía Wilde, donde habita la inteligencia. Alcancé el orgasmo entre piernas de hormigas y lenguas de flores. Antes de que cayera la noche, recogimos las flores y a sus fieles amantes y los devolvimos a su jardín. Ahora, en otoño, espero la primavera y que nuestro balcón se cubra de flores malvas. Y que vuelvan a ellas estos insectos himenópteros que muerden y chupan. Una planta de producción de una de sus empresas textiles se encontraba en Arequipa, en la frontera peruana con Chile. Fue allí donde, en un segundo viaje, le conocí. Nacido en Chile aunque oriundo de Europa, hijo de padre español y madre italiana, hablaba con un curioso acento que hacía que las letras de mi nombre bailaran cada vez que lo pronunciaba. Tenía una preciosa hija de cinco años fruto de su primer matrimonio. Sus manos eran firmes, su sonrisa acogedora, su pene no alcanzaba erecto los tres centímetros y sus ojos muy azules contrastaban con el tono bronceado de su piel. Nuestra cultura es una cultura finalista. Arrancando en una idea muy cristiana y siguiendo, por ejemplo, la estela de un mal leído Maquiavelo, nuestro orden moral, social y político viene marcado por preceptos de orden económicos y militaristas. Valoraciones que encontramos a diario y que ejemplifican esa lógica del objetivo, pueril y un tanto ingenua, pero de enorme utilidad en una sociedad de la libre competencia. Aterrizar y despegar en Arequipa no es tarea sencilla. Pude verlo a mi llegada, cuando los Andes parecían rascar la tripa del Boeing. Hicimos el amor por primera vez sobre una playa a unos trescientos kilómetros de la capital, allí en Lima ni los pocos barrios residenciales tenían playas en las que la contaminación permitiera el baño. Alojé mi boca sobre su pecho recubierto de la sal del Pacífico, mientras él mesaba rítmicamente mi pelo. Recorrí el borde del traje de baño casi de puntillas hasta que alcancé el nudo que lo cerraba. Noté cómo su respiración se volvía un susurro. Lo deshice con facilidad y llegué, con la punta del índice, hasta su glande. Nada, ni a él ni a mí, nos inquietó ni nos detuvo. Al sexo sólo le ponen objetivo los que pretenden algo. Ni siquiera el orgasmo y muchísimo menos la penetración son un objetivo digno del sexo. Nada cerrado puede ser tampoco completo. Igual de frustrante, igual de enervante, igual de traumatizante, igual de débil. La inmensa mayoría de las ansiedades que desembocan en disfunciones sexuales impotencia, eyaculación precoz, vaginismo… provienen de esa obligación malintencionada de darle sentido a la interacción sexual con el coito de cierre. Pero, en la lógica del viaje, sólo los hombres de negocios tienen un destino, para los viajeros su destino es el viaje. Fue a mi regreso a Madrid. Y yo, con veinticinco años, lo dudé. Dos días. Ello liquidó la relación ilusoriamente estable que mantenía en España. Del lat. Que dura, obra, se hace o se extiende sin interrupción. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc. Como amante era desinhibido y descarado, aunque respetuoso. Me gustaba. Nuestros encuentros sexuales tenían lugar en el pequeño apartamento que yo tenía alquilado. Cuando me anunció que iba a comprar un piso y que le gustaría que nos fuéramos a vivir juntos a él, di por concluida nuestra relación. En un plató de televisión conocí a Manuel. Al acabar, nos intercambiamos los teléfonos. Fue, después de la cena, cuando me decidí a aceptar su invitación para continuar la charla en su casa. Cuando desabrochó mi sujetador y apoyó su mano sobre mi pecho, me levanté y di por finalizada nuestra relación. Lo primero hace referencia a todo aquello que se desprende de nuestra condición de seres sexuados. Lo segundo se refiere al uso que hacemos de esa condición durante un encuentro con otro ser humano o con cualquier elemento que nos impulse a manifestarnos sexualmente durante un tiempo determinado. Lo primero es como el lenguaje, lo segundo, como una opinión dada a un conocido. Pero no siempre es así de lineal y previsible. Borja era vecino mío. Tenía un pene de dimensiones descomunales que manejaba con cuidado. Cuando su novia se quedó embarazada, concluimos con nuestra relación. Sentirse satisfecho depende en gran medida de la escala de valores que hemos ido adoptando, pero la satisfacción, como ocurre con la decepción, es siempre una interpretación subjetiva que hacemos de unas circunstancias concretas. Si creemos que para alcanzar el éxito en una interacción sexual debemos obtener un orgasmo, nos frustraremos en el caso de que esto no suceda. La inmensa mayoría de las consultas que recibo sobre dificultades sexuales comunes, como la eyaculación precoz, el vaginismo o la impotencia, tienen siempre un mismo origen; la obligatoriedad ineludible de procurar el orgasmo propio y el ajeno. Esa imposición proviene a su vez de que hemos equiparado el éxito al orgasmo, como en lo humano equiparamos el éxito al volumen de una cuenta bancaria. La misma lógica, la misma necedad. Esclavos ocasionales pero serviles de un éxito mal entendido. Todo terminó con Andrés cuando se masturbó delante de mí. Su manera de jadear, el aire rosado de sus pezones, los movimientos convulsivos de sus manos… completaron un cuadro que no me apetecía volver a ver. Ellos utilizan un concepto, shibui, intraducibie a nuestro idioma e incomprensible a nuestro pensamiento. Mejor que yo lo explica, por ejemplo, el probar el sashimi y tan bien como él, lo cuentan las relaciones que no acaban en orgasmo y nos colman. Desde mi ruptura con Felipe hasta la salida del piso de Andrés, entre los primeros días de junio de hasta mediados del mismo mes, se produjeron varios finales para varios principios, todos en una sola continuidad: mi sexualidad. No consigo recordar por qué, en aquella ocasión, utilicé un ferry de la compañía Grimaldi para desplazarme a Génova. Supongo que la premura con la que se organizaron mis vacaciones en Italia imposibilitaron que consiguiera un medio de transporte alternativo. No soy muy amante de los barcos comerciales. La experiencia no resultó muy agradable. Lo que sí recuerdo bien fue el motivo que me llevó a Génova. Recorrer con él, durante unos días, el sur de Italia era nuestro objetivo. Validaron mi pasaje casi tres horas antes de subir por la escalerilla del buque, así que tuve mucho tiempo para mirar. El hedonismo es una actitud ante la vida. El hedonista ejerce el difícil arte de establecer la paz consigo mismo. Fue después de que los coches hubieran ocupado la bodega de carga, cuando nos hicieron embarcar por orden. La mar parecía calmada. Diecinueve horas de viaje eran muchas. Toqué su hombro derecho, el que quedaba al descubierto por una guitarra que le tapaba la espalda. Con aquel hedonismo de los antiguos, nuestra sociedad ha construido una justificación de la economía de mercado. Vivimos tiempos de reivindicación continua del deber del gozo. Nos han hecho creer, y hemos caído como pardillos, que nuestra capacidad para acumular bienes de consumo es el indicativo de nuestro nivel de felicidad. Hay que consumar a toda costa, hay que empujar, gemir y alcanzar al orgasmo. Cuando Javier se colocó encima de mí, saltó la alarma en su rostro. Habíamos pasado las primeras horas de la noche recorriendo, entre charlas y risas, los pasillos y las paredes de aquella pecera. Le propuse mi camarote, el suyo era interior y lo compartía con un amigo que lo acompañaba en la travesía. Me acarició con maestría y yo le correspondí con entrega. Fue después, sobre mí, cuando su pene perdió la erección, cuando su semblante palideció y cuando apareció la primera excusa. Por este orden. Sin embargo, nada de lo que le dije debió de sonarle a cierto. Y allí concluyó todo. Nuestro marco cultural regido por las leyes, casi divinas, de la economía de mercado también se asienta en la lógica de la mortificación de la carne. De la mayoría de los templos paganos conservamos las cimentaciones sepultadas bajo las iglesias cristianas y de sus cultos sólo sabemos lo que dicen los que los condenan. Lo busqué por el buque. Tropecé con el animador que se esforzaba en entregar al grupo de jubilados su dosis de placer prometida, vi en la pequeña piscina de popa a alguien reclamando a la empleada porque su cabina de preferente no le garantizaba un sitio en las hamacas amarillas, y no vi ni rastro de aquella guitarra. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o No se puede vivir sin sexo Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos hechos por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Castrarse, para intentar liberarse de la condición de ser sexuado, para borrar, desde la amputación física, cualquier atisbo de sexo en uno mismo, es un gesto de infinita exaltación del sexo. Hacer del sexo una condena es, ante todo… hacer sexo. Orígenes, el alejandrino del siglo II, uno de los principales exegetas de la doctrina cristiana, hizo de la autoextirpación de sus genitales una ofrenda. Se mutiló en un arrebato de deseo por dejar de desear… para entregar un eunuco a los cielos. Al abrir mi correo electrónico, vi que había recibido una nota de Paul. Supongo que era una carta de amor. En la letra de la mortificación, que come de lo que reprime, el sexo también escribe. Sofía temía el que su marido la cogiera de la mano cuando llegaba a casa. Temía su mano meciéndole los cabellos, temía los gestos de complicidad, cuando sólo él era el cómplice, y temía cualquier cosa que pudiera indicar que el encuentro sexual estaba próximo. A cambio, a sus sesenta y tres años, regentaba una cadena de establecimientos de ropa, practicaba el paddle o el golf antes de incorporarse al trabajo, fumaba dos cajetillas de tabaco inglés al día y su móvil no se apagaba nunca. Sin embargo, los dolores de cabeza sólo aparecían cuando no quedaba otra excusa. La conocí a finales de Ella sabía que yo, en aquella época, ejercía la prostitución, sencillamente porque había contratado mis servicios para demostrarse que su desapego a la sexualidad no era un asunto de preferencia sexual. Desde entonces, y pese a lo fallido, en lo erótico, del encuentro, habíamos entablado una peculiar amistad. Epicuro, en su teoría hedonista, clasificaba las apetencias en naturales y necesarias, naturales y no necesarias y ni naturales ni necesarias. La felicidad consistiría en satisfacer las primeras, no depender de las segundas y prescindir de las terceras. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o El sexo es la propuesta, la capacidad infinita que tenemos de proponer, no sólo la concreción de estas propuestas. Igual que la escritura es la propuesta de escritura, no sólo la concreción en un libro. Los que escribimos libros somos escritores, igual que los que follamos somos sexo, pero eso no significa que el que no los escribe o el que no interacciona sexualmente no sea literatura o sexo. Perder el habla no es perder el lenguaje; el afónico, el mudo o el que quiere quedarse callado siguen siendo lenguaje, porque el lenguaje es su condición de humano. Y la humanidad no atiende a negociaciones, a voluntades o a mutilaciones. Hablar es algo natural pero no necesario. El voto de silencio y el voto de castidad no eliminan ni el lenguaje ni el sexo, no eliminan nuestra humanidad, sólo la mortifican. Mujeres impresionantes metiendose por el culo los juguetes. El término pornografía o porno en su forma abreviada hace referencia a todo aquel material que representa actos sexuales o actos eróticos con el fin de provocar la excitación sexual del receptor. La evolución del video ha sido fundamental en el desarrollo de la pornografía en el siglo XX. Milf pelirroja follada por chico jovencito. Tienen una cena en casa y se exhiben. Preciosas mujeres compartiendo vergas, tragando semen y comiendo.

Gueorgui le ha dicho a mi padre que luchaste bravamente. Que catorce mongoles cayeron bajo tu arco, y dos bajo tu espada.

He had a tinderbox in his robe, and he knocked the flint against the steel until the sparks caught the tinder and the fire bajardepeso. p pWurd mal so halbwegs von meiner Oma "erwischt", sie sah das ich mit runtergelassener Hose auf meinem Fucking orge in Mujeres de mediana edad follan en Puchon lieg, Ich habe meinen Vater beim Masturbieren erwischt aber nur die "Hose" gesehn, hat "Oh Gott oh Gott" gesagt und ist grad wieder raus.

Mijaíl soltó una risa apagada. Era de noche. Anastasia apretó los labios.

Wir alle haben es mehr als einmal German milf ass dort eine sexy Frau mit weiblichen Formen zu ergattern.

No era agradable imaginar a Mijaíl en una situación como aquella, completamente sobrecogido ante los enemigos que habían masacrado Nóvgorod. Quiso tomarlo de la mano, pero dudó y miró hacia las monjas.

Bdsm Big Dicks Big Tits. p pDie meisten Apps enthalten eine sogenannte Mitteilungsfunktion.

Decidió abrazarse a sí misma. Así que fue ella, pensó.

Für deine Sicherheit Hot Milf Neighbour lesbians caught Sex Privatsphäre wurde Hot Milf Frau Sex Link deaktiviert.

La culpable de que, tal vez, lo condenaran a muerte. Tan ensoñadora que a veces perdía la noción de la realidad.

Alleinerziehende Mutter für einen Fick abgeschleppt.

No la culpó de haberlo intentado. Me gustaría… besarte.

My friends hot busty aunt part1. Home movie made by cute Indian couple.

El joven ruso se inclinó hacia un lado y buscó entre las monjas. Había una, de aspecto robusto, que lo miraba en la distancia y con ojos feroces. Anastasia ahogó una risa.

Hairy pussy latina porn. Mit ihm reden will ich aber nicht.

Meneando la cabeza, acarició la mejilla de Mijaíl. Si sigo aquí, siempre encontraré mi camino hasta ti.

Gary Munce · mortal. Warum Sex auch ohne Orgasmus schön sein kann.

Así que me ha ordenado viajar a Kholm. Se inclinó, olvidando a la lejana jabalí, pero vio pasar frente a sus ojos un fulgor plateado.

a complex or critical. p pSucking semen through a strawout of a freshly fucked asshole.

El gigantesco Gueorgui clavó los ojos en su hermano. Estaban inyectados de sangre. No le corresponde estar en un lugar ordinario como un establo.

Watch Slim amateur coed convinced to have sex with stranger for cash online on bajardepeso.

Anastasia se levantó. Pero se mantuvo allí, de pie, como una mediadora silenciosa entre los dos hermanos. Miró a Gueorgui, pero no se estremeció como Mijaíl al notar su mirada.

Working.

Gueorgui quiso sonreír por la soltura de la chica. Anastasia le agradaba.

Eine Affäre hat Vorteile.

No obstante, lo disimuló todo bajo un aspecto serio y continuó sin prestarle atención a la muchacha. Os ha honrado con una misión de escolta para que representéis con honor a vuestro reino. Acompañaréis a un emisario de vuelta a su nación. Ha vivido durante doce años aquí, ayudando al reino, y ahora desea regresar.

Results for : las mujeres de mediana edad calientes Parcent

Solicitó un acompañante para él y su sirviente. Mijaíl dejó escapar un largo suspiro de alivio. El anuncio era mucho mejor de lo que había esperado.

Sexxxyy English Ver el título de la película Mujeres de mediana edad xxxEsta categoría se añadió a la pornografía. Noticias Categorías actualizada todos los días! Alexis sunshine estrella porno foto Video Chubbysluttube com. A muchas mujeres les gusta enseñar las bragas. Mujeres que se ven cachondas con tanto musculo. Compilación de preciosas mujeres nos muestran lo putitas que pue Mujeres que se ven cachondas con tanto musculo. Compilación de preciosas mujeres nos muestran lo putitas que pue Reventando a una jovencita sin piedad. Con los ojos bien abiertos lo escrutó desafiante para intentar demostrar que lo tenía todo controlado. El director de comunicación estaba enfundado en su chaleco de cazador de noticias, absolutamente ineficaz como prenda para disimular sus redondeces lumbares y abdominales. Aguarda impaciente-, le comentó con una sonrisa malévola y una mirada irónica que desprendían cierta autoridad moral por haber descubierto a la nueva dormitando. Pensamientos violentos cruzaron en su cabeza. Teresa Baltar despreciaba con toda su alma a Pixi en aquel preciso instante por haberse mofado de ella. Lo miró con una profunda repulsión, el ceño fruncido y una mueca de asco. Se puso muy nerviosa. Se miró la falda, comprobó que estaba lisa y buscó el aseo con la mirada al encontrar un botón desabrochado y la blusa por fuera de la falda, hecha un desastre de arrugas. Teresa quería desaparecer, no había empezado con buen pie. La salida precipitada y a toda velocidad del Ministerio muy temprano hacia Barajas en el coche de los escoltas la había dejado lívida. Por su parte, para remachar su victoria, Pixi lanzó un cacahuete al aire para recogerlo al vuelo en su boca. Pero tuvo tan mala fortuna que le fue a dar en un ojo. Estaban en tablas. El director de comunicación, ofuscado, se dio media vuelta y ella se sentó tranquilamente para hacerse con su neceser. O mejor, ella había ganado por muy poco aquella partida. Ahora se vería con su Jefe y aquello la trastornaba. Al salir del baño, Teresa comprobó cómo el mismo ministro Piñas, que lucía su frondosa e inconfundible melena plateada, exhibía su metro noventa para indicarle con la mano dónde estaban ubicados. Augusto le sonrió enseñando su dentadura. Se sintió descolocada. Desde que había roto con Matías no aguantaba a los guapos, pero se sintió turbada. Le empezaron a temblar las piernas. Un tío atractivo y con poder te hace cuatro monerías y te fundes-, se dijo a sí misma. Estaba muy nerviosa por aquella primera reunión, así que le agradeció el detalle, tímidamente, con una mirada afectuosa. Insegura e incapaz de controlar aquel estado, avanzó intentando parecer resuelta por el pasillo, pasó ante una de las puertas del avión. Leyó: Pull down the handle to open the door y se planteó hacerlo con ganas. Les llamaban las tres jotas del Ministerio. Al verla, interrumpieron por unas centésimas de segundo lo que parecía una discusión soterrada para no molestar al resto del pasaje. De hecho, se trataba de hablar quedo para que los cinco periodistas que acompañaban a la delegación del Gobierno no descubrieran las preferencias ministeriales para la ubicación del nuevo cementerio nuclear. Augusto Piñas la miró sonriendo y le indicó que se acomodara en la cabecera libre de la mesa, frente a él al otro extremo. Los cuatro iban en mangas de camisa y tenían el nudo de la corbata aflojado. Buscaban una solución a su problema atómico. Joder no sé qué hacer. Los cinco pueblos finalistas para albergarlo cumplen todos los requisitos, pero parece que ninguno quiere tener esa mierda en su subsuelo. Tenemos que inventarnos algo- la voz de El Rey Sol era grave, tan grave como su problema. No es un cementerio nuclear, cualquier día en una rueda de prensa se te escapa y la joderemos. Aquella forma tan soez y soberbia de tratarse entre ellos sorprendió a Teresa, no tanto por el desagradable tono de las expresiones, sino por la supuesta grandeza de aquel selecto grupo de mujeres y hombres, sobre todo hombres, al que ahora ella pertenecía. Un mundo de hombres midiéndose las vergas y repiqueteando en las mesas como gorilas en la selva. No era la primera vez que una escena parecida le hacía sentir asco sobre las formas de actuar de los hombres en grupo. Pero, en esa salita del Airbus, sólo estaba en el recibidor de la alta política. Se estaba dando cuenta del valor de las grandes decisiones, de su origen y de cómo se fraguaban las delicadas líneas estratégicas que en el imaginario colectivo parecían proceder de discusiones altamente técnicas forjadas en el seno de grupos de élite. Había escuchado a aquellos tipos en la radio. Los había visto en los informativos de la televisión, acicalados, asépticos, con la corrección y la precisión de un maniquí ciego que se aferra a sus palabras pulcras y concisas, como a un bastón, para no despeñarse por el abismo. Ahora estaba allí con ellos, los podía tocar y hasta viajaba a su lado y presenciaba cómo se insultaban, cómo sudaban, cómo se rascaban el cuerpo y como defecaban mierda por sus bocas igual que títeres gobernados por un loco. Tras la interrupción de Medina, Pixi, sin darse por aludido, siguió lanzando frutos secos al aire que aterrizaban o bien en su calva o en la del propio Medina. Augusto Piñas desvió su mirada reprobadora de la escena de Pixi y retomó el asunto. Como en un examen, Piñas iba a probar a cada uno de los presentes y se dirigió esta vez al secretario de Estado de Telecomunicaciones. Piña esperó para obtener una respuesta y sólo vio la cara blanca e inexpresiva de aquel hombre. Miró al ministro, balbuceó algo incomprensible y volvió a beber de su copa de licor de chocolate Regent-Gold. Piñas se enfureció ante el gesto evasivo del experto en telecomunicaciones. Deja ya de hacerte el ofendido. Dime qué coño piensas sobre el silo nuclear, que llevas todo el viaje ahí acogotado sin hablar. No es tu problema, claro. Tampoco es tu puto problema la Comisión Europea imponga sanciones a las telecos por cobrar tarifas abusivas en Internet. Ya ni me acordaba. Mírame, coño. Esto no es una guardería de nenes que se retiran el saludo si se mosquean-. Pero Pixi empezó a reirse y a elevar la voz para acallar cualquier intento de conversación al uso. Lo que deberías hacer es operarte tu puto miedo a volar. Si es que nos das unos viajes… que es para cagarse y luego tenemos que gastarnos una pasta en publicidad institucional y dar entrevistas en exclusiva para cerrar bocas-. Dejó pasar las palabras del director de comunicación y respondió a Augusto Piñas. Navarrete parecía al borde de un precipicio y a sus ojos asomaba un fuego perturbador. Justo Leandro, el asesor internacional del Ministerio, rompió por primera vez su silencio. Se quitó la americana y miró hacia el techo del avión preocupado. Se me ha acabado el licor. Teresa Baltar no entendía nada, pero aquella conversación había conseguido disipar su miedo a no estar a la altura de aquel grupo. Cruzó una mirada aséptica con el ministro que se mesaba el pelo. Pachamama bajó levemente la cabeza mirando al ministro en un gesto de complicidad en el elevado escalafón que creía compartir con él. Y Piñas le devolvió el gesto, admiténdole por un instante en su estatus. Pixi intervino de nuevo como si no hubiera sido incluido por Pachamama en el grupo de los que hacen perder miserablemente el tiempo. El director de comunicación estaba decidido a hacerse notar y a no discutir de frente con el secretario general. Y ahora la tomaba con Teresa. El ministro intervino. O te callas o te vas con los periodistas, que es lo que tendrías que estar haciendo ahora, comerles la oreja y venderles motos. No sabemos de qué va la prensa en este viaje. Han venido a joderme, coño. El ministro estaba alterado. Punto en boca- se tapó la boca con la mano y levantó las cejas para redondear su actuación de payaso en la función matinal. Te falta perspectiva política-. Augusto Piñas lo miró sorprendido en busca de una explicación por su comentario desafortunado. Teresa Baltar no podía creer lo que estaba escuchando y también dirigió sus ojos hacia Medina reprendiéndolo como muestra de apoyo incondicional hacia Piñas. Lo que quiero decir es que a escasos meses de unas autonómicas allí no nos conviene buscarle un problema a la presidenta. Ya sabes, que es de nuestra cuerda-. La azafata entró justo en el compartimento con una copa enorme de licor de chocolate y la botella. Navarrete, que seguía sudando a chorros mirando por la ventanilla, sacó dos pastillas de Tranquimacín y se las tomó de un golpe. El exceso de confianza entre aquellos hombres, después de tantos años juntos, había dado lugar a un. Aunque tras aquella reflexión se convenció de que cualquier político estaba condenado. Incluso ella lo estaba. Vaya, te los dejaste en el baño y Medina los ha recuperado. Qué amable, Pachamama-, dijo Pixi a voz en grito. Supongo que sois conscientes de que Teresa puede denunciaros por acoso sexual. Informaré al comité de disciplina. Por favor, reponte. Si necesitas salir, sal, pero vuelve cuando estés lista. Quiero oír lo que piensas sobre el silo nuclear, venga. Aquí es importante la opinión de cada uno de nosotros-, le pidió el ministro Piñas. Estaba paralizada. Aquella panda de hijos de puta había quebrado su capacidad de resistencia y su orgullo como persona y como mujer. Pero también sabía que sus proyectos de superación se quedarían en nada si no reaccionaba. Se imaginaba con la boca cosida o borrada de su rostro y con un enorme billete de vuelta a Arévalo por incompetente. Echó mano de las palabras que el ministro acababa de pronunciar y se vino arriba como un delantero ante el momento del penalti. Es verdad que es allí donde se dan las mejores condiciones para instalar el almacén o el SRCS, pero eso sería una putada para ella. Se encuentra en una situación muy delicada para ganar de nuevo las elecciones. Eso sólo le restaría votos-. Teresa realizó otra pausa para tranquilizarse. Su corazón palpitaba con rapidez. Se podría creer que desde Madrid preferimos un nuevo Gobierno en Murcia de signo político diferente al nuestro porque facilitaría las cosas. Perdona, María Teresa. Sigue-, se dirigió a ella amablemente el secretario general de Recursos Energéticos de la Madre Tierra buscando una reconciliación. Y a nosotros-. Lo has captado perfectamente, Jefe-. Todos miraron asombrados a Teresa. Ahí puedes tener una hoja de ruta-. Tras aquel alarde en su exposición un sudor frío recorrió su frente. Se moría de miedo por la reacción. La has vuelto a clavar, bueno, la hemos vuelto a clavar-, exclamó el ministro para después soltar una bomba ante todos. Los presentes la miraron con cara de aprobación y sorpresa. Aquella extraña recién llegada acababa de dar el primer paso para entrar en el cogollito. Teresa Baltar no era muy consciente de lo que acababa de ocurrir y de los recelos y susceptibilidades que aquella nueva etapa levantaría entre los miembros del gabinete ministerial. Se remangó la camisa de nuevo y volvieron a quedar al descubierto sus brazos velludos y gruesos. Lo que nos tiene que importar es su inversión de diez mil millones en fotovoltaicas y eólicas a través de su empresa estatal. Nunca se había hecho una inversión tan cojonuda-. El Rey Sol parecía inquieto y con prisas por cerrar el asunto del viaje que les llevaba a Abu Dabhi. Debemos abrir todos. Y ahí es donde entran Tessy y Navarrete-, puntualizó Augusto Piñas. Tiene que parecer que se trata de nuestra prioridad absoluta-. Pixi interrogó al ministro antes de hablar. Le dirigió un gesto de elevación de hombros. Las vamos a recortar dentro de un mes en nuestro país y con éstos vamos a firmar en cuestión de días. Nos van a joder por todas partes-. Augusto Piñas la miró desde su sillón. Se levantó y cuando todos habían abandonado la salita, se dirigió a Teresa. Estudiamos juntos en Massachussets. Ah, y casi se me olvida, bienvenida al proyecto -. Se sentía satisfecha y le importaba muy poco si el equipo del ministro la veía o no con buenos ojos. Hasta hoy eso le había preocupado, pero ahora ya se sentía pertrechada por la confianza y el trato exquisito de Augusto. Justo Leandro le sonrió con un gesto sincero. Son unos hijos de puta-. Le hubiera gustado decirle algo inteligente y reconfortante. Pero justo cuando iba a secundarle, Leandro amplió su frase. Aquí impera la violencia anímica, porque física no se puede. Se trata de un ambiente podrido en el que sólo existen las relaciones de poder, las mentiras disfrazadas. Aquí reinan los fantasmas dolorosos y los volcanes que van a entrar en erupción-. Llegó hasta su asiento y una mujer que ocupaba la plaza del pasillo contigua a la suya descansaba con las piernas estiradas y le impedía pasar y acomodarse. Luego se inclinó para lavar sus manos y mojar sus alas. Vio una pluma balancearse frente a ella. Se tensó, agudizando los sentidos. Oyó un suave chapoteo tras ella y tragó saliva. Pero las alas. Esas seis alas extendidas a cabalidad solo podían ser de otro Serafín. Retrocedió y pisó una hendidura del lago, tropezando y cayendo. Miró de reojo su sable; era el arma con la que asesinó a Rigel. Se le resbaló de la mano o tal vez ella se asqueó de tocarlo. Cómo pudo ser tan tonta de alejarse de su maestra Zadekiel. Perla quedó inmóvil, acostada boca arriba. La mitad de su cuerpo estaba escondido bajo el agua y se sintió indefensa y torpe. Reconoció a Durandal. Pensó que, como Rigel no había conseguido su objetivo de asesinarla, el Serafín bajó para finalizar su tarea. Lo preguntó en tono quejumbroso. Había tantas razones para acabar con su vida. Todo aquello lo tenía asumido, pero solo una razón la amargaba. Perla frunció el ceño. Sus ojos se volvieron feroces pero humedecidos. Él estaba siendo manipulado. Perla dio un respingo. Entonces eran ciertas sus sospechas acerca de Rigel. Tragó saliva cuando Durandal se inclinó hacia ella, ofreciéndole la mano. Aceptó la mano y se repuso. Intentó arreglarse y no se percató de los ojos curiosos del Serafín, que se detuvieron especialmente en los pechos resaltados. Y aprieta demasiado. Un varón que era secretamente admirado por ella. Durandal se volvió a inclinar, buscando el sable de Perla. Se repuso, levantando el sable que parecía irradiar la luz del sol. Luego se la entregó, pero Perla se negó a agarrarla. Perla abrió los ojos cuanto pudo y avanzó un paso hacia el Serafín, ladeando la mano que sostenía el sable. Cientos de pensamientos inundaron repentinamente su mente y se amontonaron hasta el punto de sentirse mareada. El Segador nos mostró el Apocalipsis que asoló hace trescientos años en este reino. Y vimos a tu madre. Perla intentó tocarse el rostro o mirarse el reflejo en el agua, pero el lago estaba agitado. Su madre. Su madre tenía un rostro. Y el Serafín aseveró que era como ella. Durandal prosiguió. Ella estaba arrodillada en un suelo carbonizado. El cielo era rojo como la sangre y el reino humano caía a pedazos. Todo a su alrededor ardía, y ella…. Perla mordió sus labios. Todo lo que vimos fue destrucción provocada por ella. Nacida en medio del Apocalipsis. Su madre era una auténtica destructora. Sus labios temblaban y volvió a morderlos intentando calmarlos. La muchacha cambió su semblante y lo miró con un odio irrefrenable. Alguien en las sombras la usó para ponerla allí en el momento y lugar adecuados. Fue decirlo y ver cómo parecía surgir fuego en los ojos de la Querubín. El mismo que nos manipuló a todos para que quisiéramos cazarte la noche que huiste. Solo pienso en el Segador, el velador del Inframundo. Lo llaman el maestro de las sombras y rinde con creces ese título. El de alas negras. El Serafín asintió. No consiguió que volvieran y deduzco que ahora quiere manipularnos para intentarlo de nuevo. Por un momento pensó que, de seguir allí, el agua herviría. Pero cuando recuerdo a los que cayeron por culpa suya, me siento listo para la guerra. Perla apretó los puños que temblaban. Se sentía destruida. La muerte de Rigel escocía. Durandal insistió. Levantó nuevamente el sable para que ella lo reclamase. Manipuló a tu madre. Manipuló a tu amigo y mentor. Los usó como herramientas para su propio beneficio y los desechó sin miramientos. Ahora busca cazarte. El sable desapareció inesperadamente de la mano del Serafín. No entendió qué sucedió, hasta que notó que Perla ya lo tenía empuñado, dando un tajo violento al agua. Sería parte de la guerra. Por los caídos. Por la madre que no conoció. Mi legión y yo nos estableceremos aquí. Perla achinó los ojos. Pero este reino tiene sus propios problemas. Confío en la mortal para transmitirles ese mensaje. Te ayudaré con ello. Seré tu maestro. De un golpe, toda la furia de la Querubín se desvaneció cuando oyó aquello. Boquiabierta, no supo qué responder. Y no quería responder porque echaría a trastabillar palabras, revelando su nerviosismo. Durandal se alejó caminando hacia la orilla, por lo que Perla abrazó su sable contra sus pechos y se sonrojó. Su semblante dulce volvió. Durandal elevó la mano y señaló el cielo. Perla dobló las puntas de sus alas al oír aquello. Iba a agradecérselo, pero Durandal se adelantó. Es así como se llamaba tu madre. Y lo repitió varias veces, mentalmente, pero esbozando la palabra con sus labios. Le pareció un nombre hermoso. Y un nombre. El Serafín se detuvo. Nota del autor: El reino de Koryo es Corea. La actual Corea del Norte y Sur. Pero tal y como me temía, mi ex también se vio apartada de su lado y por eso durante dos años, apenas supimos nada de su vida. Notas Aclaratorias:. El presente trabajo es un relato de ficción. Los nombres, lugares y eventos son producto de la imaginación del autor. Las situaciones descritas aquí son en el mejor de los casos imposibles o muy inmorales en el mundo real. Este capítulo en especificó presenta contenido de Amor Filial, también presenta situaciones de Dominación y Violencia Sexual. Si no es usted afín a estos géneros por favor se le pide no leer este escrito. Las Profesionales son relatos originalmente escritos en español y no existen versiones en ingles o en otros idiomas por el momento. Las situaciones sexuales descritas en estos relatos son producto de la ficción. En el mundo real, existen serios peligros de enfermedades de contagio sexual, practique el sexo seguro. Use preservativos y protéjase usted y a su pareja sexual. Las Profesionales — Es tiempo de volver…. Nombre: Vanessa Harper. Profesión: Oficial de Policía. Ubicación actual: Cuartel General Policía Metropolitana. Status: Disable — Inactivo. Había sido un largo día recorriendo las calles de la gran ciudad. Por lo menos había sido un día sencillo, solo dos llamados por hurto menor, dos infracciones de transito, una por estacionar en lugar prohibido, otra por conducción con aliento alcohólico y una falsa alarma de infante extraviado. En eso pensaba Vanessa mientras la llave abierta de la ducha, en los vestidores de damas de cuartel general de policía, mojaba su cuerpo limpiando su piel y el jabón dejaba sobre el un rico aroma a flores frescas. Vanessa cubriendo su cuerpo desnudo con una toalla se miraba al espejo mientras, secador en mano, terminaba de dar forma a su cabello. Mientras se observaba le pareció una tontería pero casi no reconocía a la chica que le devolvía la mirada desde el espejo. Mirando su figura que ahora cubría con la toalla blanca que contrastaba con su piel color ébano, el casi desconocido reflejo del espejo le mostraba un par de redondos, firmes y paraditos pechos que marcaban sus duros pezones en la toalla. Vanessa luchó por concentrarse en su cabello y olvidar su calentura pues dejar que siguiera adelante implicaba volver a tomar otra ducha, esta vez una ducha fría, destruiría todo el trabajo que le había costado que ahora su cabello finalmente estuviera seco. Se puso a pensar en su trabajo para distraerse. Le tomo dos o tres segundos recuperarse agarrando con fuerza la mesa donde descansan los lavamanos y mientras se miraba al espejo y sonriendo le dijo a su reflejo. En ese momento su teléfono móvil empezó a sonar, reconociendo el numero Vanessa contesto alegremente. Nombre: Dennis Sandoval. Profesión: Ingeniera Química. Nombre: Gissel Fanovich. Profesión: Abogada. Duval a la gran gala benéfica que esa noche se daría en la zona cultural de la ciudad. Duval, cuando al darse cuenta de que Noris le ganaría, ella se había quedado hasta muy tarde para conversar a solas con el Dr. Momentos después, por solo dos o tres segundos una duda razonable paso por su cerebro cuando nuevamente estaba arrodillada en la alfombra esperando que Duval descargara su semen en su cara y en sus duros pechos mientras lo masturbaba con una mano y con la otra se metía tres dedos en el coño. Que carajos hacia ella en el suelo de esa oficina semidesnuda, sintiéndose caliente y excitada, después de recibir una buena sesión de sexo, sostenía la verga de su jefe mientras lo escucha respirar agitado a punto de eyacular. Valía la pena todo esto por ir a una mierda de gala y demostrar ser superior a todas las perdedoras de la oficina. Ella era la mejor abogada de la firma, educada en las mejores universidades, sabia cuatro idiomas, tenia su apartamento, su auto propio y…. Recogió todo el semen que pudo en su boca y mirando desde el suelo arrodillada a su jefe, trago sin pensarlo. De nada sirvió… la puta parlanchina de Noris iría a la gala y ella solo había sido una muñeca sexual inflable para recibir la leche de su jefe. En la soledad del ascensor que la llevaba al estacionamiento de ejecutivos de la firma su móvil empezó a timbrar, el incesante repique del móvil le saco de sus pensamientos. Las tres se irían a comenzar una noche de copas y discotecas como habían acordado. A Gissel esa noche le apetecía una botella de vino blanco y la rubia numero del catalogo. The Red Hand obviamente era un club de sadomasoquismo donde por un precio justo Gissel podía hacer con todo lo que se le ocurriera para someterla, humillarla y degradarla. Gissel en sus muchas sesiones nunca había visto el rostro de pues una mascara de cuero rojo lo ocultaba. La mascara solo permitía ver sus ojos, parte de su respigada nariz y su boca. Un collar de cuero negro con una argolla y un candado numerado impedían quitarle la mascara, a menos que Gissel pagara en precio nada económico para ver el rostro de la chica. A Gissel le encantaba esperarla de pie en el cuarto, verla entrar, verla detenerse ante ella y Gissel caminar a su alrededor viéndola solo cubierta con la mascara roja y sus zapatos de tacón de aguja, le encantaba agarrarla por el cuello y mientras la sofocaba un poco preguntarle:. El móvil volvió a sonar esta vez con un timbre diferente al anterior, la insistencia de las llamadas pusieron a Gissel de peor humor. Sin siquiera molestarse en mirar el identificador de llamadas contesto con un tono de voz que no dejaba dudas sobre su enfado. Siempre se hace la importante y se lleva al mejor tipo. Ximena con su mano acaricia la pierna de Kimaura y sonriéndole le dice:. Es algo muy infrecuente el que un cliente solicitara tus servicios para luego no mantener relaciones sexuales. En los meses que ejercí esa actividad, sólo me ocurrió dos veces y en ambas ocasiones se mezclaba el sentimiento de satisfacción por obtener unos ingresos sin grandes esfuerzos con la preocupación de si lo que había sucedido era porque no había sido capaz de seducir al cliente. Durante la emisión de la película, le hice tres o cuatro comentarios a Alberto a los que él apenas respondió con un monosílabo. La hora contratada se cumplió faltando unos diez minutos para el final de la película. Sin embargo, mantuve la vista fija en aquel pequeño receptor encastrado en un muro infinito de libros. Le pregunté directamente por qué no había mantenido relaciones sexuales conmigo. Sin embargo, no sé si fue su vista siempre entornada como una puerta mal cerrada, el alud de libros que amenazaba con caer sobre nosotros cada vez que Emmanuelle Riva susurraba el texto de Duras o el cómo se rascaba metódicamente la rodilla izquierda, pero algo me decía que aquella afirmación contenía en sí misma algo muy poderoso, siniestro y salvajemente cierto que yo, en aquel momento, no llegaba a alcanzar. A Alberto no volví a verlo. No volvió a llamar a la agencia. Aproximadamente cuatro años después, hacía el amor apasionadamente y pocas veces este adverbio ha tenido tanto sentido sobre otro chester, esta vez ocre, con Jorge. Cuando Jorge bajó las escaleras de su estudio, esquivando pilas de libros y cosas, miles de cosas, para traer unas magdalenas que nos repusieran un poco, se me ocurrió preguntarle si lo que habíamos hecho e íbamos a seguir haciendo era sexo. Giró la cabeza y su pelo largo y lacio le tapó un ojo. Me sonrió 6. A Jorge, a diferencia de Alberto, sí volví a verlo. Desde aquellos días que se enredaban sobre ellos mismos y sobre nosotros, no me he separado de él. Michel Foucault, con quien he tenido todos los placeres, salvo el de la carne, expuso una idea interesantísima. A partir de cierto momento, que él situaba en la época victoriana, el sexo se oculta hablando de sexo. Reprimimos el sexo no por ocultación, sino por sobreexposición. Para ocultar la amplitud y la magnitud del sexo, y para hacer de él algo controlable, hablamos y hablamos sin cesar de lo que del sexo no nos perturba. El autor de ese discurso ingente que llamamos sexo ha sido y sigue siendo uno sólo: la moral. Independientemente de cómo venga vestida; la religión, la medicina, las ciencias humanas… la moral se ha hecho dueña y señora del Modelo de nuestra sexualidad. Un Modelo que se apoya en tres patas; el coito, el falo y la pareja. Su falocentrismo permite explicar la sexualidad humana desde un punto de vista exclusivamente masculino. Eróticas que trasciendan el binomio pareja son consideradas todavía hoy anomalías y depravaciones o, en el mejor de los casos, simples extravagancias condenadas y originadas indefectiblemente por la falta de amor. Esas afirmaciones infinitamente repetidas y divulgadas, esos eslabones férreos, son los tópicos. Su poder es tal que al igual que algunos politólogos hablaron del fin de la historia y algunos críticos artísticos hablaron del fin del arte, hoy podamos empezar a hablar de la muerte del sexo. En el sexo nos falta un cínico que lleve a la casa del moralista un pollo o una polla desplumado a. Hay algunos inmorales que hablan con absoluta precisión del sexo: los poetas. Pero esto no es un libro de poesía, es un texto divulgativo, descarado y sin miedo. Y sencillo, muy sencillo. Un libro que pretende enfrentarse al manual de uso y consumo, porque nuestro sexo no es un cuaderno de autoescuela ni un piano que haya que afinar y aprender a tocar con una maestría académica y uniforme. Es un texto que pretende desarmar la cadena de palabras con la que constreñimos erróneamente nuestra sexualidad. Es por eso por lo que este libro se titula Antimanual de sexo. Una vez dije que había sido puta. Valérie Tasso Noviembre de 8. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hacemos el amor para sentir placer, comunicar o reproducirnos Hecha esta división, cada mitad hada esfuerzos para encontrar la otra mitad de la que había sido separada; y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con un ardor tal, que abrazadas perecían de hambre e inanición, no queriendo hacer nada la una sin la otra. Efigenio nunca ha sido mi amante al menos que recuerde; las clases que impartía solían acabar de madrugada en los bares que circundaban al Incisex, entre humo y vino tinto, y ya se sabe, la memoria se dispersa , pero sí puedo decir que he practicado mucho, mucho sexo con él. Había dejado a mi pareja oficial de aquel tiempo, Sandro, en la casa que sus padres, nuestros anfitriones, tenían en un pueblecito cerca de Padua y me había liado en una habitación de hotel con aquel tipo. No recuerdo su nombre, pero como de todas maneras iba a ponerle un seudónimo, poco importa. Desde que el padre de Sandro me lo había presentado como su socio en un importante negocio inmobiliario, Nicolini no había bajado los ojos de mi modesto escote. En la cena de bienvenida que los padres de Sandro habían organizado en nuestro honor, intentó mostrarse galante y propuso que le acompañara al día siguiente para ver las instalaciones que su empresa tenía en la capital. Accedí, a sabiendas de que Sandro debía quedarse en casa para resolver algunos asuntos. Naturalmente, de la empresa no llegaría a ver ni la fachada. Con un gesto entre firme y descarado le cerré la mandíbula temía que en cualquier momento empezara a babear sobre mis medias Wolford y le propuse directamente que me mostrara de lo que era capaz. Ante ese panorama y esa compañía, prefería ir directamente al champagne. Hay una regla valorativa que permite apreciar bien la calidad de un encuentro sexual. Sin embargo, ahí seguía, oliendo su colonia de Armani mientras me tarareaba al oído una canción de Frank Sinatra, mientras rebuscaba entre mis piernas, mientras gemía entre nota y nota. A Efigenio lo conocí muchos años después y supo darle nombre y predicados a las intuiciones que yo había experimentado de cama en cama, de vida en vida, en las trincheras donde no se ganan las guerras, pero se cuestionan. Somos seres sexuados, es decir, provistos de unos órganos sexuales específicos, de un sistema endocrino que nos regula en esa condición y de un esquema cultural de valores que nos aprueba o nos sanciona en su uso. Del mismo modo que somos seres dotados de lenguaje. No nos podemos salir de ahí. También se conoce como El mito del andrógino o El mito de Aristófanes. En él se intenta explicar por qué los humanos somos entidades sexuadas. Nuestros géneros eran tres: hombres, mujeres y andróginos. Si originariamente en ese cuerpo redondo éramos mujer, ahora como mujeres incompletas buscaríamos desesperadamente la otra mujer que nos completa, si éramos hombre, buscaríamos otro varón y si éramos andróginos, buscaríamos el género contrario. Practicamos el sexo porque somos sexo. Es cierto que entre las motivaciones que nos llevan a practicar sexo se pueden enumerar muchas otras. Es cierto que llegaba tras un segundo intento de suicidio y que no ocultaba mi promiscuidad. Ellos lo tuvieron muy A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o claro y la diagnosticaron algo muy rimbombante relacionado con los afectos. Yo no. Otras razones pertenecen al dominio del placer; mantenemos relaciones sexuales porque suelen producir placer. Un tercer grupo de causas que se pueden enunciar son las relativas a la reproducción verdadero tótem de biólogos, evolucionistas y pastores. Cada vez que nos asalta esta duda existencial, hacemos uso de nuestra conformación sexuada o anhelamos hacer uso de ella. Ése, creo, todo lo modestamente que se puede creer, que es el verdadero motivo para hacer el amor; saber, desde lo que somos, quiénes somos. Los ejecutores lo pensaron un momento. Este filósofo judío sefardí, que para algunos es el iniciador moderno del ateísmo, sostenía que lo que verdaderamente resultaba sustancial de cada uno de nosotros era la perseverancia en ser uno mismo. Esto esencial que nos identifica y nos realiza a cada uno individualmente y a todos como seres, sólo se consigue a través del deseo. Para mí, ejercer de puta era un deseo, no una fantasía. Las fantasías nunca se realizan. Pertenecen al imaginario erótico individual e intransferible de cada uno de nosotros, y si bien operan con los mismos elementos imaginativos y narrativos de los deseos, nunca se llevan al plano de la realidad al menos voluntariamente. El cliente acarició el lado interno de mis muslos mientras me introducía en el jacuzzi. El agua burbujeante lo ocultaba hasta la cintura. Lo lavé. Se encontraba recostado, desnudo, sobre uno de los laterales de la bañera. Les suele gustar creer que ejercen el poder. Pero es pura ficción. El que iba a desarmarse era él y no yo. Parece que para los antiguos sólo deseaba el ocioso. Y parece que ya tempranamente el deseo se convirtió en algo moralmente reprochable. Mientras me sujetaba la cabeza con las manos podía notar cómo sus piernas se contraían sobre mi cuello. Levanté un momento la mirada y fijé la vista en sus ojos. Una debía ser buena, otra debía canalizarse y la otra debía directamente reprimirse. Personalmente, no entiendo la diferenciación. Los tres se identifican uno con otro, se llevan de la mano porque son lo mismo. Y no sólo porque desear poder, sexo o conocimiento sea lo mismo: deseo, sino porque lo mismo es también el poder, el sexo y el conocimiento. En aquel momento yo sabía mejor quién era y hasta dónde podía llegar, yo había dominado a ese individuo y esa situación había tenido el poder sobre esa persona y las circunstancias del encuentro y había saciado una apetencia carnal la de tocar y ser tocada. La libido sentiendi, la sciendi y la dominandi me llevaron juntas, aquella tarde de septiembre, a ser yo misma, a seguir siendo yo misma, a acabar siendo yo misma. Una vez, unos años antes en París, yo también había deseado aprender japonés. Aquellos meses, en Barcelona, yo deseé ser puta. Simona depositó el plato en un banquillo, se instaló ante mí y, sin dejar de mirarme, se sentó y sumergió su trasero en la leche. Permanecí un rato inmóvil, la sangre se me había subido a la cabeza y temblaba, mientras ella miraba cómo mi verga tensaba el pantalón. Me tendí a sus pies. Permanecimos largamente inmóviles, ambos igualmente sonrojados. Intentando mantener la voz firme, pero sin apostarla. Era una edición de , publicada en París, con la cubierta ligeramente amarillenta y las hojas fatigadas. Solía llamar casi todas las semanas pidiendo los servicios de una chica. La primera vez que tuve noticias de él fue una tarde en la que yo me encontraba en la agencia. Nos presentamos una a una delante de él mostrando nuestras mejores galas como solíamos hacer, pero a mí, aquella vez, de poco me sirvió. Isa resultó ser la elegida. Cuando los dos, cliente e Isa, se retiraron, Susana apareció en la sala. Prosiguió sin dejarme hablar: —Normalmente aviso a Cindy, pero le he dicho que teníamos una chica nueva, francesa, con mucha cultura y me ha dicho que quería conocerte. Sabemos que el deseo opera en estructuras simbólicas. Cuando deseamos determinado apartamento, determinado hombre, determinados zapatos, no nos referimos a que realmente deseamos eso y sólo eso. El objeto de deseo siempre remite a algo que a su vez remite a algo. La secuencia de relaciones entre Y al final de esta interrelación de deseos codificados simbólicamente se encuentra, como ya dijimos, uno mismo. El Gran Deseo por llegar a ser uno mismo. Con Julien yo tenía al menos una ventaja. Era, como él, francesa, y el poder leerle en su lengua materna a Bataille o Sade me otorgaba cierto atractivo para el Lector. Julien me abrió con una bata de seda roja y una pipa encendida en la mano derecha. Nací en la Champagne. Así lo hice. Él se sentó en un butacón de piel y de una pila de libros que tenía a su alrededor, extrajo uno. De pie, frente a él, inicié la lectura. Para ordenar el infinito armazón de significantes simbólicos que son los deseos y al que nos hemos referido antes, utilizamos una estructura determinada que se apoya en nuestra capacidad de representación, de representarnos a nosotros mismos. Se trata de una estructura de orden narrativo. El filósofo del deseo Gilíes Deleuze inventó un concepto que explica muy bien esto. Cuando deseamos, componemos, cuando deseamos, escribimos. No siempre la sesión concluía en la lectura. Otras veces era un coito convencional el que ponía fin a la visita. Pero, muchas, muchas veces, aquel hombre vivía su erotismo exclusivamente en la audición de unos textos eróticos. Supongo que cogió cariño a mi voz dura y a mi entonación suave. Tras haber publicado Diario de una ninfómana, contactó con mi editorial y me pidió que volviera a su casa, alguna vez, para leerle. Volví en un par de ocasiones, esta vez sí sin cobrarle nada a cambio, salvo, eso sí, el ejemplar de Histoire de l oeil, de Georges Bataille, editado por J. Pauvert en París en y del que antes transcribí unas líneas. Apuntó Obelix, intentando recordar la regla de oro de la economía que le habían explicado. En , publicó el primer tomo de su Historia de la sexualidad con el subtítulo de La voluntad de saber. En Foucault, las ideas solían ser mejores que las argumentaciones. Pero si las explicaciones son correctas, las ideas eran absolutamente brillantes. Así ocurre con Historia de la sexualidad. La gente, aterrorizada, colapso las calles y los servicios de urgencia, intentando protegerse del ataque con gas de los marcianos y de sus rayos caloríficos. La población de Nueva York fue perfectamente informada durante cuarenta minutos de la invasión selenita, pero no estaba informada de que lo que le contaban era falso. Cualquiera puede manifestarse, cualquiera puede copiar a cualquiera y manifestarse a su vez. Cristina es una de esas chicas que hacen de su desinhibición su coraza. Cuando la conocí en un tugurio sórdido de Barcelona, me pareció que su desparpajo era sincero. En el mundo de la cultura y en el de la basura, existe un tipo de personaje bastante frecuente: el que se hace el tonto espabilado. Estos elementos se hacen los tontos Y suele funcionarles muy bien. En el caso de Cristina, su continuo y desenfadado parloteo sobre el sexo era estrictamente para intentar evitar que se le preguntara sobre sexo. Y a Cristina la siguen considerando una chica con mucho desparpajo que sabe mucho sobre el sexo. Tapu se introdujo así en nuestras lenguas, que no en nuestras conciencias, donde ya residía, desde hace mucho, el concepto. Nos expresamos ampliamente sobre el sexo, pero no es sobre el sexo sobre lo que nos expresamos. In vino ventas, pensé, tomando otro trago. Posiblemente fue el vino, o mi hartazgo, o que anticipaba que la cuenta iba a acabar cayendo de mi lado cuando hay cuatro ricos en una mesa, suele ser el quinto pobre el que paga la cena. Así que, muy solemne, me puse en pie, tiré sin querer el vaso de agua posiblemente bendita que bebía la partidaria de lo natural. Balbuceó algo mientras se secaba el agua de la falda. Pensé que allí se había acabado la cena, pero no. Y la cuenta cayó de mi lado. Los riesgos de una moral biologista son evidentes: si aceptamos la verdad biológica de que somos marionetas en manos de nuestra endocrinología, el orden moral debería tambalearse. Ya no seríamos ni buenos ni malos, sólo actuaríamos bien o mal, pero nunca por culpa nuestra, sino por culpa de algo que nos trasciende; nuestra conformación química. Quien quiere puede, sólo es cuestión de voluntad y determinación. Cualquiera puede ser presidente o millonario, sólo depende de su voluntad de serlo. Pero lo primero es imposible sin lo segundo. No haremos el bien si al otro lo han convencido de que le estamos haciendo el mal. Rompamos los prejuicios y no los perpetuemos desde una concepción de nosotros mismos o desde otra… que el conocimiento de nuestra condición no alimente la concepción que de nosotros tienen los de siempre. No es casualidad. No olvidemos eso. Somos lo que nos han enseñado a ser algunos. Muchos de ellos santificados por las Iglesias y otros por las universidades como Platón. Guillermo era un vividor sin grandes vidas. Lo pensé un momento. La orgía estaba, pues, a punto. Siempre mujeres, los elementos pacientes de esa diagnosis solían ser aquellas féminas a las que se les suponía una elevada virtud monjas, viudas o jovencitas. Empezaba, pues, a entenderse el deseo femenino como agente patógeno y contaminante. Ellos no pueden ser histéricos pues no poseen ese animal de la hystera , aunque Freud intentó en alguna ocasión demostrarlo sin mucho éxito académico, por cierto. El propietario era un tipo larguirucho, con cara de partida a medio empezar. Fue él el que me abrió la puerta. Inmediatamente apareció Guillermo. En total cinco mujeres y ocho hombres. Guillermo les interrumpió un momento para realizar las presentaciones. Silvia, con el pecho izquierdo al aire, alargó la mano y me sonrió pícaramente. Juraría que estaba ensalivando. El jovencito se levantó muy cortésmente y me besó dos veces en la mejilla. Olí en su boca el pezón de Silvia. Mi amigo Juan Romeu, psiquiatra, hedonista y sabio, me contó un día un chiste: El médico auscultando a la paciente. Por qué las mujeres no podían masturbarse solas y necesitaban de ese ambiente clínico y de una dirección colegiada masculina se enmarca dentro de ese contexto de extrema vigilancia sobre aquel verdadero terror de nuestro modelo sexual: el deseo femenino. Me giré despacio y, sin mirarle a la cara, desabroché el botón de su pantalón y bajé ligeramente la cremallera hasta poder ver como el glande pugnaba por salir de unos calzoncillos demasiado estrechos. Su respiración se agitaba, incliné despacio mi cabeza dejando que mi cabellera cayera sobre el lado izquierdo de mi cara. Con un gesto le impedí que llevara sus Mientras me obedecía, extraje dos cubitos de hielo del whisky que me acababa de servir el anfitrión. Coloqué cada uno bajo sus pies. Rechinó suavemente en un grito contenido. Guillermo sobre el suelo la penetraba repetidas veces con ardor guerrero. Por eso inventa sentencias que, como el estribillo de la canción del verano, se nos adhieren hasta que nos resulta imposible dejar de tararearlas. Aquella tarde, guarras y machotes nos consolamos unos sobre los otros. En aquel encuentro no hubo asimetrías en el deseo, no hubo ni hombres ni mujeres, aunque sólo fuera durante un rato, durante el rato que duró aquel encuentro. En otras palabras, toda la belleza femenina reside en provocar ese instinto. A Pierre todavía le quedaba cerveza en la copa. Habían cerrado el bar. Debían de rondar las cuatro de la mañana. La hembra de nuestra especie no manifiesta un celo puntual. Al contrario de lo que sucede en otros mamíferos, su periodo de fertilidad no genera un instinto incontrolable por aparearse. No hay sintomatología física ni emocional y, por tanto, no desprendemos ninguna señal que haga que el macho busque un acoplamiento en un momento en que su intervención sería especialmente efectiva. Se puede decir que nosotras, las hembras de la especie humana, mantenemos una predisposición a tiempo completo para ejercer nuestra condición de seres sexuados. A Pierre lo conocí a través de unos amigos comunes en un local del que él era copropietario. Bien parecido, con buenos modales y un discurrir sobrio pero inteligente, intuí que era de ese tipo de personas con recursos humanos que no se dejan intimidar con facilidad. Así fue como, después de vernos varias veces, asistir juntos a algunos recitales y de unas cuantas horas de sexo de buen nivel, me enamoré de él. El arquetipo de una mujer siempre dispuesta es un elemento totalmente desestabilizador de una cultura como la nuestra. Una cultura que se estructura a través de una familia formada en la erótica de una pareja. Para controlar, dominar y coartar esta perpetua y generosa disposición, hemos inventado a lo largo del tiempo multitud de estratagemas. Algunas de ellas absolutamente pueriles como la noche de bodas o la luna de miel , otras perversas, como catalogarla de enferma o de despreciable como ya hemos visto cuando manifiesta y usa de esa apetencia sexual sostenida y otros ingenuas, como inculcarnos que la apetencia sexual masculina es mayor que la femenina. Su función originaria era sencilla. Durante todo un ciclo lunar la luna de miel debía durar veintiocho días los casados debían permanecer juntos sin tener contacto con elementos externos a la pareja. Cuentan las leyendas que durante este encierro, los esposos bebían una pócima que facilitaba, presuntamente, la fertilidad: la hidromiel. Y qué mejor para eso que utilizar el amor. Hemos sido educadas desde pequeñas para amar amando. El enamoramiento nos legitima moralmente en nuestras andanzas. Ése es el programa, creo, aunque no todas las mujeres caen indefectiblemente en él. Sorbí el té evitando quemarme. Pierre me sostenía la mano con dulzura. Acercó sus labios a los míos y después de besarme, me propuso seguirle. Luc acababa de secar unos vasos. En el deseo sexual, la mujer es un animal que bebe té y el hombre uno que bebe agua. Los dos son actos motivados por una misma apetencia: la sed. De igual manera, la cantidad de deseo sexual no se cuantifica por género. Regresé a casa al alba. Mi encuentro sexual con Luc y con Pierre había sido muy satisfactorio. Continué un tiempo viéndome con Pierre. Llegué incluso a pensar que posiblemente él cubriría la ausencia de Giovanni. Pero me equivoqué. La discusión que mantuvimos el día que yo, inocentemente, le pregunté por Luc, puso fin a nuestra relación. Le resultó difícil entender que yo no amaba a Luc. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hay que preocuparse siempre por el otro durante el sexo El yo-yo es un artilugio consistente en dos discos unidos por un eje y un cordón. En la ranura que forman los discos y donde se oculta el eje, se enrolla el cordón que, anudado a un dedo y mediante sacudidas, sube y baja. El yo-yo Definición enciclopédica En , Rembrandt se pintó con su gorro blanco de pintor, un pincel y la paleta frente al caballete. Sólo su rostro escapa de la penumbra. La comprensión, la compasión y el cariño son algo que sólo se puede ejercer desde el profundo conocimiento de uno mismo, después de haber conocido en uno mismo y desde uno mismo la incomprensión, la crueldad y el desprecio. Del yo se alimenta la poesía que se transmite a un nosotros y es el yo lo que los valientes se atreven a romper y a poner en riesgo para saber lo que es el otro. Sólo aprendemos desde el yo lo que al otro yo no le gusta. Egoístas no hay muchos, ególatras y megalómanos sí. Nuestra cultura de la competencia y del sueño del caníbal triunfante los cultiva y protege. Al humanismo egoísta, en cambio, se le pone el nombre de egoísmo y luego se lo define en el diccionario. Cuando entramos en la sala, el guía mandó guardar silencio. No sé muy bien por qué aquel día me había decidido, en el hueco largo que dejaban dos clases, a visitar el Louvre. El sexo, por su parte, es una lección egoísta. No son estos, sino los egoístas, los que sólo acaban resultando buenos amantes, aquellos que se han formado en la escuela de la autocontemplación; aquellos que, a fuerza de tener tiempo para uno mismo, han sabido entender su deseo e interpretar la reactividad de su cuerpo. Desde esa formación es desde El silencio que pidió el guía fue para rendir homenaje a Rembrandt. La sala albergaba varias obras suyas. Entre otras, el autorretrato Rembrandt en el caballete, al que algunos también llaman Autorretrato con pintura y pinceles. Era el efecto de una vida. Cada arruga pintada era una conclusión, cada oscuridad, una emoción y su mirada era una lección: la lección. Me apreté en el grupo con intención de ocultarme. Yo no diría que soy especialmente aficionada a las orgías. Creo que posiblemente se deba a la dispersión que suelen conllevar. La preocupación excesiva por el estado de los otros, la atención por los cambios de preservativos de vagina a vagina, los continuos cambios de posición, impiden la introspección. Los caminos del deseo son inescrutables. Frente a aquella magistral enseñanza de vida pintada sobre una tela tuve la imperiosa necesidad de masturbarme. Fui capaz incluso de hacer una pregunta, sin dejar de rozarme, cuando nuestro cicerone parecía que abandonaba la obra para dirigirse a otro cuadro. No escuché la respuesta. Cuando el hombre grueso que me cubría el flanco derecho se agachó para recoger la bolsa que había dejado en el suelo y continuar trayecto, yo alcancé el orgasmo. Compré en la tienda de souvenir una postal con la imagen de aquella obra. Sólo para poder contemplar una y otra vez cómo, a través del acto egoísta de retratarse a uno mismo, aquel viejo pintor holandés me había explicado, mejor que nadie, el sentido de la condición humana. Un oficio y una sabiduría que le había procurado el dulce y magistral balanceo del yoyó. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hay que practicar mucho para hacer bien el amor Coll: En efecto, les vamos a enseñar cómo se llena un vaso de agua. Sentada en aquel viejo taxi me preguntaba de qué le había servido al taxista llevar treinta años al volante. Sin embargo, solemos topar con personas que emplean la misma estrategia, el mismo método o la misma secuencia de actos, independientemente de con quién traten, en qué situación se encuentren o lo que pretendan. Son Sin embargo, los seres humanos no somos un instrumento, un avión o un calzado, somos una sinfonía, un cielo o un camino. Cuando conocí a Monsieur Guignot en la asignatura de Filosofía de la Universidad de Besançon, me dejó absolutamente fascinada. Su conocimiento sobre las vidas, obras y milagros de los filósofos franceses del siglo XX era vastísimo. El problema, en aquel entonces, fue que él no sucumbió a los míos. Ocho años después, participaba como tertuliano en un programa de televisión. Yo me encontraba en casa de mis padres, pasando unos días con ellos después de demasiado tiempo sin apenas contacto. Me pegué al televisor. Sobre la mesa de debate sus respuestas fueron tópicas, su erudición sonaba siempre pedante y sus reflexiones, estandarizadas. Monsieur Guignot, ocho años después, era un filósofo, pero no un sabio. Diego fue, la primera noche, un magnífico amante. Supo encadenar una coreografía que hizo que nuestro encuentro fuera plenamente satisfactorio. Se le notaba maestría y oficio en el tacto. La segunda noche, algo hizo disparar mi señal de alarma: la incómoda sensación de déjà vu. Justo lo que tarda uno en comerse un plato precocinado o en leerse el manual de usuario de un lavavajillas. Para la vida, también. El sexo es un asunto de comprensión de lo humano y no una secuencia de gestos y puntos bien aprendida. Preferimos Con la salvedad de que la lección y la afirmación son geniales. En ésas estaba cuando se le caló el taxi. En medio de aquel atasco en la calle Diagonal. El político se quedó meditativo. En una pequeña población de la Toscana, durante un recital que incluía una selección de fragmentos de Turandot. El concejal de Cultura, que quería asociarse con Giovanni en un negocio inmobiliario, nos hizo de anfitrión. Solícito, complaciente, queriendo agradar continuamente, nos dio la noche. Su propósito era, en un principio, simple: evitar, durante el coito, la eyaculación dentro de la vagina. A Giovanni lo conocí en el burdel en octubre de Solía venir, en nuestros primeros encuentros, acompañado de un amigo de ojos muy redondos, como los de un besugo, y de nombre Alessandro. Linda nena estaba de humor para divertirse sucio con chico de mediana edad. Cutie vieja en el baño, edad no importa para esta bella dama de mediana edad..

Cualquier opción que no fuera la muerte era buena. Y luego el de una puta. Eras un simple escudero que tuvo una oportunidad y la aprovechó. Ahora se te honra con una misión importante. Muchos desearían estar en….

Melanie Faye, a year-old Nashville guitarist, and Clementine Creevy, the year-old front woman of L.

Partiréis mañana al amanecer. Anastasia miró a un hombre y a otro, completamente incrédula. A diferencia de Mijaíl, quien pensaba que tal reino no existía, ella sí lo ubicaba.

p pHast du den Kode nicht erhalten.

Apretó los puños pensando en su padre. Lo llaman el Reino del Dragón.

May Mistress coral korrupt help you.

Mijaíl frunció el ceño y miró a su hermano. Se suponía que íbamos a defender Nóvgorod juntos. Y vuelve. No sirvo para luchar —sacudió su mano—.

Dauer Minuten. Freunde zu amüsieren leute, aber manchmal flirten bis prozent der in.

Ya lo viste contra los lituanos y contra los mongoles. Sobre todo, esos perros de ojos rayados, esos sí que son dragones. No nací para luchar contra ellos. Gueorgui desclavó su shaska, una radiante y filosa espada. Inesperadamente, se la ofreció a su hermano.

A metal box for holding. Reife gemischtrassige Schlampen beim Solofick.

Eres demasiado terco para morir. Mijaíl silbó suavemente por el piropo y el regalo; agarró la empuñadura de la espada y comprobó el filo, marcando un tajo sobre la nieve.

Anastasia rio.

Hot photos Cuckolding extremos de pura vergüenza ajena, solo 2 cosas pueden fallar en agradar a una mujer de mediana edad tan mala como este chico. Diferentes, pero igualmente como mortal. Mujeres desnudas lamiendo el ano Video Aanelion Xxx. Personalmente, no entiendo la diferenciación. Los tres se identifican uno con otro, se llevan de la mano porque son lo mismo. Y no sólo porque desear poder, sexo o conocimiento sea lo mismo: deseo, sino porque lo mismo es también el poder, el sexo y el conocimiento. En aquel momento yo sabía mejor quién era y hasta dónde podía llegar, yo había dominado a ese individuo y esa situación había tenido el poder sobre esa persona y las circunstancias del encuentro y había saciado una apetencia carnal la de tocar y ser tocada. La libido sentiendi, la sciendi y la dominandi me llevaron juntas, aquella tarde de septiembre, a ser yo misma, a seguir siendo yo misma, a acabar siendo yo misma. Una vez, unos años antes en París, yo también había deseado aprender japonés. Aquellos meses, en Barcelona, yo deseé ser puta. Simona depositó el plato en un banquillo, se instaló ante mí y, sin dejar de mirarme, se sentó y sumergió su trasero en la leche. Permanecí un rato inmóvil, la sangre se me había subido a la cabeza y temblaba, mientras ella miraba cómo mi verga tensaba el pantalón. Me tendí a sus pies. Permanecimos largamente inmóviles, ambos igualmente sonrojados. Intentando mantener la voz firme, pero sin apostarla. Era una edición de , publicada en París, con la cubierta ligeramente amarillenta y las hojas fatigadas. Solía llamar casi todas las semanas pidiendo los servicios de una chica. La primera vez que tuve noticias de él fue una tarde en la que yo me encontraba en la agencia. Nos presentamos una a una delante de él mostrando nuestras mejores galas como solíamos hacer, pero a mí, aquella vez, de poco me sirvió. Isa resultó ser la elegida. Cuando los dos, cliente e Isa, se retiraron, Susana apareció en la sala. Prosiguió sin dejarme hablar: —Normalmente aviso a Cindy, pero le he dicho que teníamos una chica nueva, francesa, con mucha cultura y me ha dicho que quería conocerte. Sabemos que el deseo opera en estructuras simbólicas. Cuando deseamos determinado apartamento, determinado hombre, determinados zapatos, no nos referimos a que realmente deseamos eso y sólo eso. El objeto de deseo siempre remite a algo que a su vez remite a algo. La secuencia de relaciones entre Y al final de esta interrelación de deseos codificados simbólicamente se encuentra, como ya dijimos, uno mismo. El Gran Deseo por llegar a ser uno mismo. Con Julien yo tenía al menos una ventaja. Era, como él, francesa, y el poder leerle en su lengua materna a Bataille o Sade me otorgaba cierto atractivo para el Lector. Julien me abrió con una bata de seda roja y una pipa encendida en la mano derecha. Nací en la Champagne. Así lo hice. Él se sentó en un butacón de piel y de una pila de libros que tenía a su alrededor, extrajo uno. De pie, frente a él, inicié la lectura. Para ordenar el infinito armazón de significantes simbólicos que son los deseos y al que nos hemos referido antes, utilizamos una estructura determinada que se apoya en nuestra capacidad de representación, de representarnos a nosotros mismos. Se trata de una estructura de orden narrativo. El filósofo del deseo Gilíes Deleuze inventó un concepto que explica muy bien esto. Cuando deseamos, componemos, cuando deseamos, escribimos. No siempre la sesión concluía en la lectura. Otras veces era un coito convencional el que ponía fin a la visita. Pero, muchas, muchas veces, aquel hombre vivía su erotismo exclusivamente en la audición de unos textos eróticos. Supongo que cogió cariño a mi voz dura y a mi entonación suave. Tras haber publicado Diario de una ninfómana, contactó con mi editorial y me pidió que volviera a su casa, alguna vez, para leerle. Volví en un par de ocasiones, esta vez sí sin cobrarle nada a cambio, salvo, eso sí, el ejemplar de Histoire de l oeil, de Georges Bataille, editado por J. Pauvert en París en y del que antes transcribí unas líneas. Apuntó Obelix, intentando recordar la regla de oro de la economía que le habían explicado. En , publicó el primer tomo de su Historia de la sexualidad con el subtítulo de La voluntad de saber. En Foucault, las ideas solían ser mejores que las argumentaciones. Pero si las explicaciones son correctas, las ideas eran absolutamente brillantes. Así ocurre con Historia de la sexualidad. La gente, aterrorizada, colapso las calles y los servicios de urgencia, intentando protegerse del ataque con gas de los marcianos y de sus rayos caloríficos. La población de Nueva York fue perfectamente informada durante cuarenta minutos de la invasión selenita, pero no estaba informada de que lo que le contaban era falso. Cualquiera puede manifestarse, cualquiera puede copiar a cualquiera y manifestarse a su vez. Cristina es una de esas chicas que hacen de su desinhibición su coraza. Cuando la conocí en un tugurio sórdido de Barcelona, me pareció que su desparpajo era sincero. En el mundo de la cultura y en el de la basura, existe un tipo de personaje bastante frecuente: el que se hace el tonto espabilado. Estos elementos se hacen los tontos Y suele funcionarles muy bien. En el caso de Cristina, su continuo y desenfadado parloteo sobre el sexo era estrictamente para intentar evitar que se le preguntara sobre sexo. Y a Cristina la siguen considerando una chica con mucho desparpajo que sabe mucho sobre el sexo. Tapu se introdujo así en nuestras lenguas, que no en nuestras conciencias, donde ya residía, desde hace mucho, el concepto. Nos expresamos ampliamente sobre el sexo, pero no es sobre el sexo sobre lo que nos expresamos. Las fórmulas de expresión que cada uno de nosotros, y de todos como sociedad, empleamos, han variado sustancialmente. Imaginemos, por ejemplo, que las angulas fueran la base de nuestra cocina. En una película sobre abogados, se trataba una estrategia curiosa. El gabinete de uno de los implicados solicitó al contrario una información de vital importancia para su defendido. Nada mejor para que no encontremos una aguja que echarle un pajar encima. Nada mejor para que no hablemos de sexo que echarle un discurso infinito encima con aquello que unos pocos han considerado oportuno que sea el sexo. Naturalmente, es tribanda con Bluetooth —dijo, mientras sostenía el aparato como si fuera un recién nacido. Unas luces se encendieron en el salpicadero del coche. Vi como, tras hacer un gesto de falsa contradicción, accionaba un interruptor del volante. No entiendo mucho de automóviles, pero aquél debía de haber costado el PIB de Angola. La voz del que llamaba sonó en el interior del coche como si lo hubieran teletransportado dentro. Deduje, no era muy complicado, que el mediador era aficionado a las chicas de alterne y a practicar con ellas eróticas no del todo bien reconocidas. La radio, que llevaba loca una hora intentando sintonizar una emisora que no estaba en la frecuencia que él creía, volvió a conectarse. Volvió a intentar concentrarse en la pantallita que dibujaba las calles, tocando frenético todos los botones que tenía al alcance. Sus dedos ensortijados como las patas de un pichón mensajero no le ayudaban mucho en la tarea. No es que quiera ocultar la identidad de J. Volvía de una reunión con J. Esto quedó pronto de manifiesto, antes incluso que su seseo. El seseo, por cierto, que emplean algunos patanes como éste, que quieren sonar a finos y cultivados. Cogeré un taxi, no debe de estar muy lejos. No debía de haber acabado de entenderme. La tecnología de la comunicación no es la comunicación. Aprender a comunicar no es aprender qué tecla hay que apretar para obtener línea. Sucede que, en nuestra cultura científica, confundimos progreso tecnológico con sabiduría. Pero desarrollo y conocimiento, aunque nos pese, no es lo mismo. En el sexo sucede lo mismo. Empleamos las palabras que hemos inventado para dar un marco moral, jurídico y clínico al sexo. Eso es todo lo que en materia de nuestro entendimiento del sexo hemos avanzado. Sobre el cómo usarlo o para qué, seguimos sabiendo lo mismo. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Los prejuicios sobre el sexo siempre han sido los mismos Eras, que era un dios para los Antiguos, es un problema para los Modernos. Denis de Rougemont El metro trotaba como una cebra loca por la sabana. Volvía del apartamento de Claire y me dirigía hacia el Instituto de Lenguas Orientales para asistir a clase. En el vagón y junto a mí contra mí, adherido a mí un joven magrebí, grueso y desaliñado, hablaba acaloradamente con otro. Aunque apenas les separaba la distancia de un papel de fumar, el tono de su voz era alto, de manera que todos los del compartimento y probablemente los de media Francia podíamos oír sus opiniones: —Lo que yo te diga: maricones los ha habido siempre. El otro asentía. Me sujeté con firmeza a la barra, no para golpearle, sino porque me caía; el metro de París, a hora punta, podría ser una atracción de éxito en Eurodisney. Pédé fue el término francés que empleó. Las palabras no son inocentes. Es la doble humillación del prejuicio: en palabra y obra. A Claire la conocí en la iglesia de Saint Julien le Pauvre. Los centros de culto, contrariamente a lo que se pueda pensar, no son un mal sitio para activar el deseo. El programa incluía una pieza para flauta de Antonio Vivaldi: II cardellino. A mi izquierda se sentó una chica. Nos miramos furtivamente durante todo el concierto. Cuando concluyó, se dirigió a mí con un aire tímido y una sonrisa que hubiera embrujado a todas las hadas del bosque: —Aquí, en Saint Julien, los jilgueros cantan de otra manera. Aquella noche no regresé a casa. Pasé la noche, la aurora y el alba en el apartamento de Claire, en el distrito quinto. Posiblemente se pueda datar este inicio en el primer tercio del siglo XIX ese momento que se recoge bajo el epígrafe, un tanto anglófilo, de época victoriana. Y ya sabemos; para que surjan los estigmas, los prejuicios, las condenas y los miedos, tiene que existir algo que consideremos un problema. La importancia de los términos. Un chiste grueso: El joven se acerca a su padre apesadumbrado. Claire era una chica extraordinaria: compleja, divertida, incisiva y generosa sexualmente. El poco tiempo que pasé con ella es un hermoso recuerdo. No, querido compañero de tren de aquel día, ni los homosexuales han existido siempre, ni siempre han sido homosexuales. Dejé a Claire cuando acabé mis stage en París. Respiró melancólico y prosiguió: —Su madre, lo recuerdo bien, estaba aquí, justo donde yo me encuentro. Chiste viejo que me contó alguien que sabía lo que era tratar con las cabras. A mí no se me ocultó nada, pero tampoco se me dijo nada. Mi madre me miraba desde la pequeña ventana del undécimo piso cuando cruzaba la calle para ir al colegio. Todos los días. Entre los trece y los quince años. En los pabellones militares donde vivíamos, en espera de que le fuera asignado un destino a mi padre, había una biblioteca. En la biblioteca, aprendí lo que una niña puede aprender de sexo, antes de que llegase mi primera regla, antes de que mi padre me comprara las primeras compresas. En los sótanos de los pabellones militares, estaban el aparcamiento y los contenedores de basura. En los sótanos, cerca de la puerta del ascensor, dejaba que algunos chiquillos me besaran con lengua y me tocaran el pecho. Antes de ponerme la ortodoncia dental, antes de que mi madre me comprara los primeros sostenes. La primera vez siempre viene precedida de muchas pequeñas primeras veces. La primera vez que amamos siempre hemos amado muchas veces antes. La primera vez que reímos es la primera vez que tomamos conciencia de que reímos. O la que nos hacen recordar. Con la sexualidad sucede lo mismo. En seres sociales como nosotros, la toma de conciencia es un estado que no se alcanza siempre en soledad. La conciencia es, muchas veces, la vista propia apoyada en la conciencia de los otros. La voz ronca con la que nos habla el control social, la moral y el orden. El juicio del otro hecho yo. Fui a un centro de planificación familiar al poco de tener mi primera menstruación, que apareció justo el día que cumplí los catorce años. Llegué sola, di mi nombre y esperé en una silla niquelada. La mujer centroafricana que se sentaba a mi lado sonrió. Me cedió el turno cuando el ginecólogo le ofreció pasar. Me examinó sobre la camilla. Mientras él observaba bajo el pequeño delantal blanco, me hizo algunas preguntas. Yo le respondía, mirando de reojo, para distraerme, el dibujo sobre la pared del aparato reproductor masculino y femenino. Me entregó una Mujeres con tetas perfectas masturbandose. Mujeres fumando con un morbo increible. Reventando a la latina sin piedad. Mujeres con tetas perfectas masturbandose. Mujeres fumando con un morbo increible. Reventando a la latina sin piedad. Cristina es una de esas chicas que hacen de su desinhibición su coraza. Cuando la conocí en un tugurio sórdido de Barcelona, me pareció que su desparpajo era sincero. En el mundo de la cultura y en el de la basura, existe un tipo de personaje bastante frecuente: el que se hace el tonto espabilado. Estos elementos se hacen los tontos Y suele funcionarles muy bien. En el caso de Cristina, su continuo y desenfadado parloteo sobre el sexo era estrictamente para intentar evitar que se le preguntara sobre sexo. Y a Cristina la siguen considerando una chica con mucho desparpajo que sabe mucho sobre el sexo. Tapu se introdujo así en nuestras lenguas, que no en nuestras conciencias, donde ya residía, desde hace mucho, el concepto. Nos expresamos ampliamente sobre el sexo, pero no es sobre el sexo sobre lo que nos expresamos. Las fórmulas de expresión que cada uno de nosotros, y de todos como sociedad, empleamos, han variado sustancialmente. Imaginemos, por ejemplo, que las angulas fueran la base de nuestra cocina. En una película sobre abogados, se trataba una estrategia curiosa. El gabinete de uno de los implicados solicitó al contrario una información de vital importancia para su defendido. Nada mejor para que no encontremos una aguja que echarle un pajar encima. Nada mejor para que no hablemos de sexo que echarle un discurso infinito encima con aquello que unos pocos han considerado oportuno que sea el sexo. Naturalmente, es tribanda con Bluetooth —dijo, mientras sostenía el aparato como si fuera un recién nacido. Unas luces se encendieron en el salpicadero del coche. Vi como, tras hacer un gesto de falsa contradicción, accionaba un interruptor del volante. No entiendo mucho de automóviles, pero aquél debía de haber costado el PIB de Angola. La voz del que llamaba sonó en el interior del coche como si lo hubieran teletransportado dentro. Deduje, no era muy complicado, que el mediador era aficionado a las chicas de alterne y a practicar con ellas eróticas no del todo bien reconocidas. La radio, que llevaba loca una hora intentando sintonizar una emisora que no estaba en la frecuencia que él creía, volvió a conectarse. Volvió a intentar concentrarse en la pantallita que dibujaba las calles, tocando frenético todos los botones que tenía al alcance. Sus dedos ensortijados como las patas de un pichón mensajero no le ayudaban mucho en la tarea. No es que quiera ocultar la identidad de J. Volvía de una reunión con J. Esto quedó pronto de manifiesto, antes incluso que su seseo. El seseo, por cierto, que emplean algunos patanes como éste, que quieren sonar a finos y cultivados. Cogeré un taxi, no debe de estar muy lejos. No debía de haber acabado de entenderme. La tecnología de la comunicación no es la comunicación. Aprender a comunicar no es aprender qué tecla hay que apretar para obtener línea. Sucede que, en nuestra cultura científica, confundimos progreso tecnológico con sabiduría. Pero desarrollo y conocimiento, aunque nos pese, no es lo mismo. En el sexo sucede lo mismo. Empleamos las palabras que hemos inventado para dar un marco moral, jurídico y clínico al sexo. Eso es todo lo que en materia de nuestro entendimiento del sexo hemos avanzado. Sobre el cómo usarlo o para qué, seguimos sabiendo lo mismo. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Los prejuicios sobre el sexo siempre han sido los mismos Eras, que era un dios para los Antiguos, es un problema para los Modernos. Denis de Rougemont El metro trotaba como una cebra loca por la sabana. Volvía del apartamento de Claire y me dirigía hacia el Instituto de Lenguas Orientales para asistir a clase. En el vagón y junto a mí contra mí, adherido a mí un joven magrebí, grueso y desaliñado, hablaba acaloradamente con otro. Aunque apenas les separaba la distancia de un papel de fumar, el tono de su voz era alto, de manera que todos los del compartimento y probablemente los de media Francia podíamos oír sus opiniones: —Lo que yo te diga: maricones los ha habido siempre. El otro asentía. Me sujeté con firmeza a la barra, no para golpearle, sino porque me caía; el metro de París, a hora punta, podría ser una atracción de éxito en Eurodisney. Pédé fue el término francés que empleó. Las palabras no son inocentes. Es la doble humillación del prejuicio: en palabra y obra. A Claire la conocí en la iglesia de Saint Julien le Pauvre. Los centros de culto, contrariamente a lo que se pueda pensar, no son un mal sitio para activar el deseo. El programa incluía una pieza para flauta de Antonio Vivaldi: II cardellino. A mi izquierda se sentó una chica. Nos miramos furtivamente durante todo el concierto. Cuando concluyó, se dirigió a mí con un aire tímido y una sonrisa que hubiera embrujado a todas las hadas del bosque: —Aquí, en Saint Julien, los jilgueros cantan de otra manera. Aquella noche no regresé a casa. Pasé la noche, la aurora y el alba en el apartamento de Claire, en el distrito quinto. Posiblemente se pueda datar este inicio en el primer tercio del siglo XIX ese momento que se recoge bajo el epígrafe, un tanto anglófilo, de época victoriana. Y ya sabemos; para que surjan los estigmas, los prejuicios, las condenas y los miedos, tiene que existir algo que consideremos un problema. La importancia de los términos. Un chiste grueso: El joven se acerca a su padre apesadumbrado. Claire era una chica extraordinaria: compleja, divertida, incisiva y generosa sexualmente. El poco tiempo que pasé con ella es un hermoso recuerdo. No, querido compañero de tren de aquel día, ni los homosexuales han existido siempre, ni siempre han sido homosexuales. Dejé a Claire cuando acabé mis stage en París. Respiró melancólico y prosiguió: —Su madre, lo recuerdo bien, estaba aquí, justo donde yo me encuentro. Chiste viejo que me contó alguien que sabía lo que era tratar con las cabras. A mí no se me ocultó nada, pero tampoco se me dijo nada. Mi madre me miraba desde la pequeña ventana del undécimo piso cuando cruzaba la calle para ir al colegio. Todos los días. Entre los trece y los quince años. En los pabellones militares donde vivíamos, en espera de que le fuera asignado un destino a mi padre, había una biblioteca. En la biblioteca, aprendí lo que una niña puede aprender de sexo, antes de que llegase mi primera regla, antes de que mi padre me comprara las primeras compresas. En los sótanos de los pabellones militares, estaban el aparcamiento y los contenedores de basura. En los sótanos, cerca de la puerta del ascensor, dejaba que algunos chiquillos me besaran con lengua y me tocaran el pecho. Antes de ponerme la ortodoncia dental, antes de que mi madre me comprara los primeros sostenes. La primera vez siempre viene precedida de muchas pequeñas primeras veces. La primera vez que amamos siempre hemos amado muchas veces antes. La primera vez que reímos es la primera vez que tomamos conciencia de que reímos. O la que nos hacen recordar. Con la sexualidad sucede lo mismo. En seres sociales como nosotros, la toma de conciencia es un estado que no se alcanza siempre en soledad. La conciencia es, muchas veces, la vista propia apoyada en la conciencia de los otros. La voz ronca con la que nos habla el control social, la moral y el orden. El juicio del otro hecho yo. Fui a un centro de planificación familiar al poco de tener mi primera menstruación, que apareció justo el día que cumplí los catorce años. Llegué sola, di mi nombre y esperé en una silla niquelada. La mujer centroafricana que se sentaba a mi lado sonrió. Me cedió el turno cuando el ginecólogo le ofreció pasar. Me examinó sobre la camilla. Mientras él observaba bajo el pequeño delantal blanco, me hizo algunas preguntas. Yo le respondía, mirando de reojo, para distraerme, el dibujo sobre la pared del aparato reproductor masculino y femenino. Me entregó una Un día, al poco, lo descubrieron todo. Y de mi determinación se hizo una jaula para encerrar grillos y de mi curiosidad, un problema. Parece ser que en la sexualidad humana hay un momento crucial, en el que debemos tomar conciencia de que hemos hecho uso de nuestra condición de sexuados: el primer coito. No puede ser, naturalmente, de otra manera. Como si con la primera palabra que leemos se perdiera vista, como si con la primera duda que aparece se perdiera inteligencia. Hemos hecho de la primera vez una preocupación y no un mérito, un peligro y no un aprendizaje, una vuelta y no una ida, la llegada del príncipe azul y no el beso a la rana. Y hemos hecho y seguimos intentando hacer, de un encuentro, realizado desde el desconocimiento y apadrinado por el fracaso, un condicionante existencial para el resto de nuestras vidas. Pero dejaré esas explicaciones para los que las temen, porque los que no las temen ya las conocen. Perdí mi virginidad un 17 de julio de , a las Fue en una cama, en el campo, en casa del novio de la amiga donde me alojaba. Guardias, celadores, cabreros… Quienes hicieron de aquello algo trascendente son los que siguen vigilando mi alma. Y la de todos. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o El impulso sexual empieza en la adolescencia Un niño no tiene necesidad de escribir, es inocente. Henry Miller Inocente es aquel que no es culpable. Como los niños. Llega un día en que devenimos culpables, en el que dejamos de ser inocentes, en el que alguien nos culpabiliza de algo. Hasta que llega el momento en el que tomamos conciencia de esa gran culpa que nos han dicho que hemos cometido. Eso es la adolescencia. Por eso los padres la dicen con nostalgia, en voz baja, como si recitaran una salmodia. Nos la escenifican como la pérdida de algo, en la que se agitarían pañuelos de no ser por la urgencia de tener que limpiar afanosamente las primeras manchas, las pruebas del delito, los estigmas de nuestra culpabilidad. Es entonces cuando podemos empezar a actuar como culpables, es entonces cuando nos sentimos culpables, después de que toda la culpabilidad que nos han ofrecido la aceptamos como nuestra. Eso es la juventud. Para que seamos capaces de culpabilizar a otros inocentes. Nuestra existencia es la historia de una culpa asumida que transmitimos como la peste. Su olor era de almidón, de fin de semana y de la piel tibia de Isabelle. Mi prima. Es un esquema perverso el de la culpabilización. Eso sí que es perverso, y no besar una flor. En todo ese proceso, nos han encontrado una serpiente que roba el fruto y nos lo ofrece. La serpiente es el sexo y la manzana es el conocimiento del sexo. No hay jardín de las delicias o Edén en el que habite un solo reptil. Cuando mordemos la manzana de nuestro propio conocimiento de seres sexuados, somos fulminantemente expulsados de la inocencia, de la falta de culpa. Así nos lo hemos creído porque así nos lo han vendido los mismos, entre otros, que inventan los paraísos, las serpientes, las manzanas y hacen que los niños nazcan con un pecado original que sólo se puede lavar con el sacramento del bautismo; con la adhesión al club de los libertadores que nos salvan del pecado que ellos inventaron. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Pero sucede que los niños, los angelitos, son, contrariamente a lo que cuenta la leyenda, seres sexuados, como los adultos. Sólo que sin sentimiento de culpa por ello. Sin el sentimiento que les imbuimos en la infancia y asumen plenamente en la adolescencia, cuando pueden empezar a pensar en hacer uso de su condición de sexuados. Para el sexo, no hay que esperar a que se cubra nada de vello, o que encontremos un agujero que tapar o dejarnos tapar o que tengamos plena conciencia del problema que nos hacen creer que es el sexo; para el sexo, sólo hay que nacer. Isabelle había cumplido los doce años dos meses antes que yo. Ambas vivíamos nuestra adolescencia de fin de semana juntas. Su casa estaba en el campo. Cerca de la entrada había un columpio, atado a las ramas de una encina, donde se producían nuestras mayores discusiones. Así que volvíamos a discutir. A mí me gustaba Hervé y a Isabelle también. Resulta curioso la de secretos que tienen unas adolescentes. Allí le expliqué mi primer beso y allí nos bebimos dos botellas de vino rancio que acabaron con nosotras. Un día, encontramos un garito volviendo del pueblo. Su padre se lo llevó. En el camino que iba de la casa al pueblo fue donde me caí por primera vez de una bicicleta creo que, desde entonces, no he vuelto a subir a ninguna. De noche, cuando no nos dejaban salir con el grupo, veíamos la tele con nuestros padres. Los mayores tenían una especial habilidad para detectar los cuadraditos blancos que aparecían en pantalla. En cuanto uno de ellos asomaba, señal inequívoca, en Francia, de que el programa era para adultos, nos mandaban a la cama. Diferentes, pero igualmente como mortal. Novia Haz interracial cuckold. Miró al ministro, balbuceó algo incomprensible y volvió a beber de su copa de licor de chocolate Regent-Gold. Piñas se enfureció ante el gesto evasivo del experto en telecomunicaciones. Deja ya de hacerte el ofendido. Dime qué coño piensas sobre el silo nuclear, que llevas todo el viaje ahí acogotado sin hablar. No es tu problema, claro. Tampoco es tu puto problema la Comisión Europea imponga sanciones a las telecos por cobrar tarifas abusivas en Internet. Ya ni me acordaba. Mírame, coño. Esto no es una guardería de nenes que se retiran el saludo si se mosquean-. Pero Pixi empezó a reirse y a elevar la voz para acallar cualquier intento de conversación al uso. Lo que deberías hacer es operarte tu puto miedo a volar. Si es que nos das unos viajes… que es para cagarse y luego tenemos que gastarnos una pasta en publicidad institucional y dar entrevistas en exclusiva para cerrar bocas-. Dejó pasar las palabras del director de comunicación y respondió a Augusto Piñas. Navarrete parecía al borde de un precipicio y a sus ojos asomaba un fuego perturbador. Justo Leandro, el asesor internacional del Ministerio, rompió por primera vez su silencio. Se quitó la americana y miró hacia el techo del avión preocupado. Se me ha acabado el licor. Teresa Baltar no entendía nada, pero aquella conversación había conseguido disipar su miedo a no estar a la altura de aquel grupo. Cruzó una mirada aséptica con el ministro que se mesaba el pelo. Pachamama bajó levemente la cabeza mirando al ministro en un gesto de complicidad en el elevado escalafón que creía compartir con él. Y Piñas le devolvió el gesto, admiténdole por un instante en su estatus. Pixi intervino de nuevo como si no hubiera sido incluido por Pachamama en el grupo de los que hacen perder miserablemente el tiempo. El director de comunicación estaba decidido a hacerse notar y a no discutir de frente con el secretario general. Y ahora la tomaba con Teresa. El ministro intervino. O te callas o te vas con los periodistas, que es lo que tendrías que estar haciendo ahora, comerles la oreja y venderles motos. No sabemos de qué va la prensa en este viaje. Han venido a joderme, coño. El ministro estaba alterado. Punto en boca- se tapó la boca con la mano y levantó las cejas para redondear su actuación de payaso en la función matinal. Te falta perspectiva política-. Augusto Piñas lo miró sorprendido en busca de una explicación por su comentario desafortunado. Teresa Baltar no podía creer lo que estaba escuchando y también dirigió sus ojos hacia Medina reprendiéndolo como muestra de apoyo incondicional hacia Piñas. Lo que quiero decir es que a escasos meses de unas autonómicas allí no nos conviene buscarle un problema a la presidenta. Ya sabes, que es de nuestra cuerda-. La azafata entró justo en el compartimento con una copa enorme de licor de chocolate y la botella. Navarrete, que seguía sudando a chorros mirando por la ventanilla, sacó dos pastillas de Tranquimacín y se las tomó de un golpe. El exceso de confianza entre aquellos hombres, después de tantos años juntos, había dado lugar a un. Aunque tras aquella reflexión se convenció de que cualquier político estaba condenado. Incluso ella lo estaba. Vaya, te los dejaste en el baño y Medina los ha recuperado. Qué amable, Pachamama-, dijo Pixi a voz en grito. Supongo que sois conscientes de que Teresa puede denunciaros por acoso sexual. Informaré al comité de disciplina. Por favor, reponte. Si necesitas salir, sal, pero vuelve cuando estés lista. Quiero oír lo que piensas sobre el silo nuclear, venga. Aquí es importante la opinión de cada uno de nosotros-, le pidió el ministro Piñas. Estaba paralizada. Aquella panda de hijos de puta había quebrado su capacidad de resistencia y su orgullo como persona y como mujer. Pero también sabía que sus proyectos de superación se quedarían en nada si no reaccionaba. Se imaginaba con la boca cosida o borrada de su rostro y con un enorme billete de vuelta a Arévalo por incompetente. Echó mano de las palabras que el ministro acababa de pronunciar y se vino arriba como un delantero ante el momento del penalti. Es verdad que es allí donde se dan las mejores condiciones para instalar el almacén o el SRCS, pero eso sería una putada para ella. Se encuentra en una situación muy delicada para ganar de nuevo las elecciones. Eso sólo le restaría votos-. Teresa realizó otra pausa para tranquilizarse. Su corazón palpitaba con rapidez. Se podría creer que desde Madrid preferimos un nuevo Gobierno en Murcia de signo político diferente al nuestro porque facilitaría las cosas. Perdona, María Teresa. Sigue-, se dirigió a ella amablemente el secretario general de Recursos Energéticos de la Madre Tierra buscando una reconciliación. Y a nosotros-. Lo has captado perfectamente, Jefe-. Todos miraron asombrados a Teresa. Ahí puedes tener una hoja de ruta-. Tras aquel alarde en su exposición un sudor frío recorrió su frente. Se moría de miedo por la reacción. La has vuelto a clavar, bueno, la hemos vuelto a clavar-, exclamó el ministro para después soltar una bomba ante todos. Los presentes la miraron con cara de aprobación y sorpresa. Aquella extraña recién llegada acababa de dar el primer paso para entrar en el cogollito. Teresa Baltar no era muy consciente de lo que acababa de ocurrir y de los recelos y susceptibilidades que aquella nueva etapa levantaría entre los miembros del gabinete ministerial. Se remangó la camisa de nuevo y volvieron a quedar al descubierto sus brazos velludos y gruesos. Lo que nos tiene que importar es su inversión de diez mil millones en fotovoltaicas y eólicas a través de su empresa estatal. Nunca se había hecho una inversión tan cojonuda-. El Rey Sol parecía inquieto y con prisas por cerrar el asunto del viaje que les llevaba a Abu Dabhi. Debemos abrir todos. Y ahí es donde entran Tessy y Navarrete-, puntualizó Augusto Piñas. Tiene que parecer que se trata de nuestra prioridad absoluta-. Pixi interrogó al ministro antes de hablar. Le dirigió un gesto de elevación de hombros. Las vamos a recortar dentro de un mes en nuestro país y con éstos vamos a firmar en cuestión de días. Nos van a joder por todas partes-. Augusto Piñas la miró desde su sillón. Se levantó y cuando todos habían abandonado la salita, se dirigió a Teresa. Estudiamos juntos en Massachussets. Ah, y casi se me olvida, bienvenida al proyecto -. Se sentía satisfecha y le importaba muy poco si el equipo del ministro la veía o no con buenos ojos. Hasta hoy eso le había preocupado, pero ahora ya se sentía pertrechada por la confianza y el trato exquisito de Augusto. Justo Leandro le sonrió con un gesto sincero. Son unos hijos de puta-. Le hubiera gustado decirle algo inteligente y reconfortante. Pero justo cuando iba a secundarle, Leandro amplió su frase. Aquí impera la violencia anímica, porque física no se puede. Se trata de un ambiente podrido en el que sólo existen las relaciones de poder, las mentiras disfrazadas. Aquí reinan los fantasmas dolorosos y los volcanes que van a entrar en erupción-. Llegó hasta su asiento y una mujer que ocupaba la plaza del pasillo contigua a la suya descansaba con las piernas estiradas y le impedía pasar y acomodarse. La mujer se hizo a un lado para que pudiera sentarse. Es que he estado en el bar durante todo el viaje y estoy un poco achispadita. Es justo lo que necesito-, pensó. Estaban muy cuidadas, con uñas esculpidas y brillantes, y sujetaban una copa con un Dry Martini. Salvo aquella ligera imperfección, el resto del cuerpo resultaba increíble. Estaba delgada y tenía unos senos generosos y firmes, que no se movían con las turbulencias. Su vestido rojo ajustado permitía ver una cintura estrecha, sin barriga ni michelines, y unas caderas sin cartucheras. Era extraño comprobar algo así en mujeres de su edad. Aunque la melena rubia le tapaba medio rostro, Teresa consiguió atisbar unos ojos verdes profundos y misteriosos. Yo podría beberlos sin parar. La vida de una mujer en los Emiratos resulta monótona, gris, ocre, aburrida y decepcionante, por mucho que una tenga una carrera y gane mucho dinero. A Teresa no le seducía nada aquella conversación y se limitó a asentir con la cabeza. Pero se le notaba demasiado. Claro debe usted llevar un ritmo de trabajo considerable. Lo que debería hacer es darse unas sesiones de radiofrecuencia. Es estupendo, se queda una como nueva-. No estaba llevando Teresa nada bien la conversación. Aquella sílfide de tetas hinchadas y manos de bruja se había percatado de que estaba hecha un asco. Frunció el ceño y dejó de sonreír. No se enfade. Y no me refiero a ese pintalabios que no le sienta nada bien. Así se prevé lo que puede ocurrir en la menopausia. Yo me lo he hecho y me va muy bien-. Se llamaba Jazmina Al-Farhat Kudratt y, tal y como indicaba la tarjeta de visita que le tendió a Teresa, era la presidente del grupo dermoestético internacional con sede mundial en Abu Dhabi, SkinTouch Corporation. Sin fecha. Aproximación poética encontrada en uno de sus escondites de papel. El avión empezó a descender. Teresa lo notó porque las nubes que, durante el monólogo sobre estética del pubis, quedaban tan lejos, ahora envolvían el aparato. Su compañera de asiento, tras apurar el Dry Martini, también lo constató. Quedan menos de quince minutos para aterrizar. Pero qué diablillo; de tanto hablar casi me mete en un buen lío. Lo he pasado tan bien, es usted encantadora-, dijo Jazmina al-Farhat Kudratti. La mujer Teresa se mostró halagada con una sonrisa amable y franca. Aquellas palabras le reconfortaron en su asiento. Jazmina se levantó y con pasos lentos se incorporó a la improvisada pasarela de Gucci, Prada, Chanel, Dior, Dolce y Gabbana, Bulgari, Givenchy, Christian Louboutain, Armani, Hermés y Oscar de la Renta en la que se había convertido el corredor hacia los aseos de clase business y que Teresa identificó con asombro. Teresa había reconocido aquellos vestidos, aquellos trajes chaqueta y todos los complementos. Fue entonces cuando la chica de Arévalo regresó. Pero esta vez no emergieron los monstruos de su propia oscuridad y su miedo. El poder real, transformado en lujo, de aquellas mujeres le resultó gratificante. Pensó que, al igual que Jazmina, todas eran féminas bellas con títulos nobiliarios y carreras en universidades internacionales, con vidas de éxito e intensidad profesional bien llevadas. Y a pesar de que ella, Teresa Baltar, disponía de una opaca licenciatura en Derecho por la Universidad de Salamanca, estaba convencida de que había llegado el momento de empezar a sacarle brillo a su nueva situación. Tras la algarabía del desfile se hizo un silencio largo, denso y tristemente premonitorio. Y sucedió que, desde las puertas de los retretes, se inició una procesión de niqhabs negros, grises y azul marino mortecinos que, como mazmorras del islam omnipresente, encerraban la hermosura, la alegría y la fuerza de hacía unos instantes. Entonces, Teresa, en un arrebato de frívola lucidez, se percató de que en cierto modo era como esas heroínas. Pero desde que estaba en Madrid las tornas empezarían a cambiar, si no lo habían hecho ya. El recibimiento en el aeropuerto internacional de Al Ain resultó accidentado y aparentemente poco cordial, lo que provocó un considerable retraso en el desplazamiento de la delegación hasta el hotel Emirates Palace. Por este motivo, el ministro tuvo que separarse del grupo para llegar sin retraso a la recepción oficial en la residencia real de Qasr al Hain. La novia sólo se convirtió en esposa y ya conseguir cornudos. Ver increíble sexo interracial amateur con mujer de mediana edad caliente hacerlo justo después de la ceremonia de la boda..

Había oído a Gueorgui charlando con su padre, en los salones del palacio, y sabía que el oso rogó al Príncipe para que sus mejores hombres acompañaran a su hermano en el viaje al reino de Koryo.

Al recibir una negativa, y visto lo visto, la muchacha concluyó que el Gueorgui decidió entregarle al menos su mejor arma.

Sexy nude tanya taylor. 10 Inch Cock · 18 Year Old · 18 Year Old Asian · 18 Year Old Ebony · 18 Year Latina Big Ass · Latina Hot Mom · Latina MILF · Latina Teen (1819) · Lesbian.

Mijaíl hizo una mueca, pero la envainó en su cinturón. Gueorgui se inclinó para agarrarle por el cuello, pero Anastasia intercedió.

aayla naked Für deine Sicherheit Hot Milf Neighbour lesbians caught Sex Privatsphäre wurde Hot Milf Frau Sex Link deaktiviert. Melena Tara. Latina puño mierda fetiche dique carneros rubia Video Hxxn Videos. Pero esto no es un libro de poesía, es un texto divulgativo, descarado y sin miedo. Y sencillo, muy sencillo. Un libro que pretende enfrentarse al manual de uso y consumo, porque nuestro sexo no es un cuaderno de autoescuela ni un piano que haya que afinar y aprender a tocar con una maestría académica y uniforme. Es un texto que pretende desarmar la cadena de palabras con la que constreñimos erróneamente nuestra sexualidad. Es por eso por lo que este libro se titula Antimanual de sexo. Una vez dije que había sido puta. Valérie Tasso Noviembre de 8. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hacemos el amor para sentir placer, comunicar o reproducirnos Hecha esta división, cada mitad hada esfuerzos para encontrar la otra mitad de la que había sido separada; y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con un ardor tal, que abrazadas perecían de hambre e inanición, no queriendo hacer nada la una sin la otra. Efigenio nunca ha sido mi amante al menos que recuerde; las clases que impartía solían acabar de madrugada en los bares que circundaban al Incisex, entre humo y vino tinto, y ya se sabe, la memoria se dispersa , pero sí puedo decir que he practicado mucho, mucho sexo con él. Había dejado a mi pareja oficial de aquel tiempo, Sandro, en la casa que sus padres, nuestros anfitriones, tenían en un pueblecito cerca de Padua y me había liado en una habitación de hotel con aquel tipo. No recuerdo su nombre, pero como de todas maneras iba a ponerle un seudónimo, poco importa. Desde que el padre de Sandro me lo había presentado como su socio en un importante negocio inmobiliario, Nicolini no había bajado los ojos de mi modesto escote. En la cena de bienvenida que los padres de Sandro habían organizado en nuestro honor, intentó mostrarse galante y propuso que le acompañara al día siguiente para ver las instalaciones que su empresa tenía en la capital. Accedí, a sabiendas de que Sandro debía quedarse en casa para resolver algunos asuntos. Naturalmente, de la empresa no llegaría a ver ni la fachada. Con un gesto entre firme y descarado le cerré la mandíbula temía que en cualquier momento empezara a babear sobre mis medias Wolford y le propuse directamente que me mostrara de lo que era capaz. Ante ese panorama y esa compañía, prefería ir directamente al champagne. Hay una regla valorativa que permite apreciar bien la calidad de un encuentro sexual. Sin embargo, ahí seguía, oliendo su colonia de Armani mientras me tarareaba al oído una canción de Frank Sinatra, mientras rebuscaba entre mis piernas, mientras gemía entre nota y nota. A Efigenio lo conocí muchos años después y supo darle nombre y predicados a las intuiciones que yo había experimentado de cama en cama, de vida en vida, en las trincheras donde no se ganan las guerras, pero se cuestionan. Somos seres sexuados, es decir, provistos de unos órganos sexuales específicos, de un sistema endocrino que nos regula en esa condición y de un esquema cultural de valores que nos aprueba o nos sanciona en su uso. Del mismo modo que somos seres dotados de lenguaje. No nos podemos salir de ahí. También se conoce como El mito del andrógino o El mito de Aristófanes. En él se intenta explicar por qué los humanos somos entidades sexuadas. Nuestros géneros eran tres: hombres, mujeres y andróginos. Si originariamente en ese cuerpo redondo éramos mujer, ahora como mujeres incompletas buscaríamos desesperadamente la otra mujer que nos completa, si éramos hombre, buscaríamos otro varón y si éramos andróginos, buscaríamos el género contrario. Practicamos el sexo porque somos sexo. Es cierto que entre las motivaciones que nos llevan a practicar sexo se pueden enumerar muchas otras. Es cierto que llegaba tras un segundo intento de suicidio y que no ocultaba mi promiscuidad. Ellos lo tuvieron muy A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o claro y la diagnosticaron algo muy rimbombante relacionado con los afectos. Yo no. Otras razones pertenecen al dominio del placer; mantenemos relaciones sexuales porque suelen producir placer. Un tercer grupo de causas que se pueden enunciar son las relativas a la reproducción verdadero tótem de biólogos, evolucionistas y pastores. Cada vez que nos asalta esta duda existencial, hacemos uso de nuestra conformación sexuada o anhelamos hacer uso de ella. Ése, creo, todo lo modestamente que se puede creer, que es el verdadero motivo para hacer el amor; saber, desde lo que somos, quiénes somos. Los ejecutores lo pensaron un momento. Este filósofo judío sefardí, que para algunos es el iniciador moderno del ateísmo, sostenía que lo que verdaderamente resultaba sustancial de cada uno de nosotros era la perseverancia en ser uno mismo. Esto esencial que nos identifica y nos realiza a cada uno individualmente y a todos como seres, sólo se consigue a través del deseo. Para mí, ejercer de puta era un deseo, no una fantasía. Las fantasías nunca se realizan. Pertenecen al imaginario erótico individual e intransferible de cada uno de nosotros, y si bien operan con los mismos elementos imaginativos y narrativos de los deseos, nunca se llevan al plano de la realidad al menos voluntariamente. El cliente acarició el lado interno de mis muslos mientras me introducía en el jacuzzi. El agua burbujeante lo ocultaba hasta la cintura. Lo lavé. Se encontraba recostado, desnudo, sobre uno de los laterales de la bañera. Les suele gustar creer que ejercen el poder. Pero es pura ficción. El que iba a desarmarse era él y no yo. Parece que para los antiguos sólo deseaba el ocioso. Y parece que ya tempranamente el deseo se convirtió en algo moralmente reprochable. Mientras me sujetaba la cabeza con las manos podía notar cómo sus piernas se contraían sobre mi cuello. Levanté un momento la mirada y fijé la vista en sus ojos. Una debía ser buena, otra debía canalizarse y la otra debía directamente reprimirse. Personalmente, no entiendo la diferenciación. Los tres se identifican uno con otro, se llevan de la mano porque son lo mismo. Y no sólo porque desear poder, sexo o conocimiento sea lo mismo: deseo, sino porque lo mismo es también el poder, el sexo y el conocimiento. En aquel momento yo sabía mejor quién era y hasta dónde podía llegar, yo había dominado a ese individuo y esa situación había tenido el poder sobre esa persona y las circunstancias del encuentro y había saciado una apetencia carnal la de tocar y ser tocada. La libido sentiendi, la sciendi y la dominandi me llevaron juntas, aquella tarde de septiembre, a ser yo misma, a seguir siendo yo misma, a acabar siendo yo misma. Una vez, unos años antes en París, yo también había deseado aprender japonés. Aquellos meses, en Barcelona, yo deseé ser puta. Simona depositó el plato en un banquillo, se instaló ante mí y, sin dejar de mirarme, se sentó y sumergió su trasero en la leche. Permanecí un rato inmóvil, la sangre se me había subido a la cabeza y temblaba, mientras ella miraba cómo mi verga tensaba el pantalón. Me tendí a sus pies. Permanecimos largamente inmóviles, ambos igualmente sonrojados. Intentando mantener la voz firme, pero sin apostarla. Era una edición de , publicada en París, con la cubierta ligeramente amarillenta y las hojas fatigadas. Solía llamar casi todas las semanas pidiendo los servicios de una chica. La primera vez que tuve noticias de él fue una tarde en la que yo me encontraba en la agencia. Nos presentamos una a una delante de él mostrando nuestras mejores galas como solíamos hacer, pero a mí, aquella vez, de poco me sirvió. Isa resultó ser la elegida. Cuando los dos, cliente e Isa, se retiraron, Susana apareció en la sala. Prosiguió sin dejarme hablar: —Normalmente aviso a Cindy, pero le he dicho que teníamos una chica nueva, francesa, con mucha cultura y me ha dicho que quería conocerte. Sabemos que el deseo opera en estructuras simbólicas. Cuando deseamos determinado apartamento, determinado hombre, determinados zapatos, no nos referimos a que realmente deseamos eso y sólo eso. El objeto de deseo siempre remite a algo que a su vez remite a algo. La secuencia de relaciones entre Y al final de esta interrelación de deseos codificados simbólicamente se encuentra, como ya dijimos, uno mismo. El Gran Deseo por llegar a ser uno mismo. Con Julien yo tenía al menos una ventaja. Era, como él, francesa, y el poder leerle en su lengua materna a Bataille o Sade me otorgaba cierto atractivo para el Lector. Julien me abrió con una bata de seda roja y una pipa encendida en la mano derecha. Nací en la Champagne. Así lo hice. Él se sentó en un butacón de piel y de una pila de libros que tenía a su alrededor, extrajo uno. De pie, frente a él, inicié la lectura. Para ordenar el infinito armazón de significantes simbólicos que son los deseos y al que nos hemos referido antes, utilizamos una estructura determinada que se apoya en nuestra capacidad de representación, de representarnos a nosotros mismos. Se trata de una estructura de orden narrativo. El filósofo del deseo Gilíes Deleuze inventó un concepto que explica muy bien esto. Cuando deseamos, componemos, cuando deseamos, escribimos. No siempre la sesión concluía en la lectura. Otras veces era un coito convencional el que ponía fin a la visita. Pero, muchas, muchas veces, aquel hombre vivía su erotismo exclusivamente en la audición de unos textos eróticos. Supongo que cogió cariño a mi voz dura y a mi entonación suave. Tras haber publicado Diario de una ninfómana, contactó con mi editorial y me pidió que volviera a su casa, alguna vez, para leerle. Volví en un par de ocasiones, esta vez sí sin cobrarle nada a cambio, salvo, eso sí, el ejemplar de Histoire de l oeil, de Georges Bataille, editado por J. Pauvert en París en y del que antes transcribí unas líneas. Apuntó Obelix, intentando recordar la regla de oro de la economía que le habían explicado. En , publicó el primer tomo de su Historia de la sexualidad con el subtítulo de La voluntad de saber. En Foucault, las ideas solían ser mejores que las argumentaciones. Pero si las explicaciones son correctas, las ideas eran absolutamente brillantes. Así ocurre con Historia de la sexualidad. La gente, aterrorizada, colapso las calles y los servicios de urgencia, intentando protegerse del ataque con gas de los marcianos y de sus rayos caloríficos. La población de Nueva York fue perfectamente informada durante cuarenta minutos de la invasión selenita, pero no estaba informada de que lo que le contaban era falso. Cualquiera puede manifestarse, cualquiera puede copiar a cualquiera y manifestarse a su vez. Cristina es una de esas chicas que hacen de su desinhibición su coraza. Cuando la conocí en un tugurio sórdido de Barcelona, me pareció que su desparpajo era sincero. En el mundo de la cultura y en el de la basura, existe un tipo de personaje bastante frecuente: el que se hace el tonto espabilado. Estos elementos se hacen los tontos Y suele funcionarles muy bien. En el caso de Cristina, su continuo y desenfadado parloteo sobre el sexo era estrictamente para intentar evitar que se le preguntara sobre sexo. Y a Cristina la siguen considerando una chica con mucho desparpajo que sabe mucho sobre el sexo. Tapu se introdujo así en nuestras lenguas, que no en nuestras conciencias, donde ya residía, desde hace mucho, el concepto. Nos expresamos ampliamente sobre el sexo, pero no es sobre el sexo sobre lo que nos expresamos. Las fórmulas de expresión que cada uno de nosotros, y de todos como sociedad, empleamos, han variado sustancialmente. Imaginemos, por ejemplo, que las angulas fueran la base de nuestra cocina. En una película sobre abogados, se trataba una estrategia curiosa. El gabinete de uno de los implicados solicitó al contrario una información de vital importancia para su defendido. Nada mejor para que no encontremos una aguja que echarle un pajar encima. Nada mejor para que no hablemos de sexo que echarle un discurso infinito encima con aquello que unos pocos han considerado oportuno que sea el sexo. Naturalmente, es tribanda con Bluetooth —dijo, mientras sostenía el aparato como si fuera un recién nacido. Unas luces se encendieron en el salpicadero del coche. Vi como, tras hacer un gesto de falsa contradicción, accionaba un interruptor del volante. No entiendo mucho de automóviles, pero aquél debía de haber costado el PIB de Angola. La voz del que llamaba sonó en el interior del coche como si lo hubieran teletransportado dentro. Deduje, no era muy complicado, que el mediador era aficionado a las chicas de alterne y a practicar con ellas eróticas no del todo bien reconocidas. La radio, que llevaba loca una hora intentando sintonizar una emisora que no estaba en la frecuencia que él creía, volvió a conectarse. Volvió a intentar concentrarse en la pantallita que dibujaba las calles, tocando frenético todos los botones que tenía al alcance. Sus dedos ensortijados como las patas de un pichón mensajero no le ayudaban mucho en la tarea. No es que quiera ocultar la identidad de J. Volvía de una reunión con J. Esto quedó pronto de manifiesto, antes incluso que su seseo. El seseo, por cierto, que emplean algunos patanes como éste, que quieren sonar a finos y cultivados. Cogeré un taxi, no debe de estar muy lejos. No debía de haber acabado de entenderme. La tecnología de la comunicación no es la comunicación. Aprender a comunicar no es aprender qué tecla hay que apretar para obtener línea. Sucede que, en nuestra cultura científica, confundimos progreso tecnológico con sabiduría. Pero desarrollo y conocimiento, aunque nos pese, no es lo mismo. En el sexo sucede lo mismo. Empleamos las palabras que hemos inventado para dar un marco moral, jurídico y clínico al sexo. Eso es todo lo que en materia de nuestro entendimiento del sexo hemos avanzado. Reventando a la latina sin piedad. Mujeres impresionantes metiendose por el culo los juguetes. El término pornografía o porno en su forma abreviada hace referencia a todo aquel material que representa actos sexuales o actos eróticos con el fin de provocar la excitación sexual del receptor. Pero, en esa salita del Airbus, sólo estaba en el recibidor de la alta política. Se estaba dando cuenta del valor de las grandes decisiones, de su origen y de cómo se fraguaban las delicadas líneas estratégicas que en el imaginario colectivo parecían proceder de discusiones altamente técnicas forjadas en el seno de grupos de élite. Había escuchado a aquellos tipos en la radio. Los había visto en los informativos de la televisión, acicalados, asépticos, con la corrección y la precisión de un maniquí ciego que se aferra a sus palabras pulcras y concisas, como a un bastón, para no despeñarse por el abismo. Ahora estaba allí con ellos, los podía tocar y hasta viajaba a su lado y presenciaba cómo se insultaban, cómo sudaban, cómo se rascaban el cuerpo y como defecaban mierda por sus bocas igual que títeres gobernados por un loco. Tras la interrupción de Medina, Pixi, sin darse por aludido, siguió lanzando frutos secos al aire que aterrizaban o bien en su calva o en la del propio Medina. Augusto Piñas desvió su mirada reprobadora de la escena de Pixi y retomó el asunto. Como en un examen, Piñas iba a probar a cada uno de los presentes y se dirigió esta vez al secretario de Estado de Telecomunicaciones. Piña esperó para obtener una respuesta y sólo vio la cara blanca e inexpresiva de aquel hombre. Miró al ministro, balbuceó algo incomprensible y volvió a beber de su copa de licor de chocolate Regent-Gold. Piñas se enfureció ante el gesto evasivo del experto en telecomunicaciones. Deja ya de hacerte el ofendido. Dime qué coño piensas sobre el silo nuclear, que llevas todo el viaje ahí acogotado sin hablar. No es tu problema, claro. Tampoco es tu puto problema la Comisión Europea imponga sanciones a las telecos por cobrar tarifas abusivas en Internet. Ya ni me acordaba. Mírame, coño. Esto no es una guardería de nenes que se retiran el saludo si se mosquean-. Pero Pixi empezó a reirse y a elevar la voz para acallar cualquier intento de conversación al uso. Lo que deberías hacer es operarte tu puto miedo a volar. Si es que nos das unos viajes… que es para cagarse y luego tenemos que gastarnos una pasta en publicidad institucional y dar entrevistas en exclusiva para cerrar bocas-. Dejó pasar las palabras del director de comunicación y respondió a Augusto Piñas. Navarrete parecía al borde de un precipicio y a sus ojos asomaba un fuego perturbador. Justo Leandro, el asesor internacional del Ministerio, rompió por primera vez su silencio. Se quitó la americana y miró hacia el techo del avión preocupado. Se me ha acabado el licor. Teresa Baltar no entendía nada, pero aquella conversación había conseguido disipar su miedo a no estar a la altura de aquel grupo. Cruzó una mirada aséptica con el ministro que se mesaba el pelo. Pachamama bajó levemente la cabeza mirando al ministro en un gesto de complicidad en el elevado escalafón que creía compartir con él. Y Piñas le devolvió el gesto, admiténdole por un instante en su estatus. Pixi intervino de nuevo como si no hubiera sido incluido por Pachamama en el grupo de los que hacen perder miserablemente el tiempo. El director de comunicación estaba decidido a hacerse notar y a no discutir de frente con el secretario general. Y ahora la tomaba con Teresa. El ministro intervino. O te callas o te vas con los periodistas, que es lo que tendrías que estar haciendo ahora, comerles la oreja y venderles motos. No sabemos de qué va la prensa en este viaje. Han venido a joderme, coño. El ministro estaba alterado. Punto en boca- se tapó la boca con la mano y levantó las cejas para redondear su actuación de payaso en la función matinal. Te falta perspectiva política-. Augusto Piñas lo miró sorprendido en busca de una explicación por su comentario desafortunado. Teresa Baltar no podía creer lo que estaba escuchando y también dirigió sus ojos hacia Medina reprendiéndolo como muestra de apoyo incondicional hacia Piñas. Lo que quiero decir es que a escasos meses de unas autonómicas allí no nos conviene buscarle un problema a la presidenta. Ya sabes, que es de nuestra cuerda-. La azafata entró justo en el compartimento con una copa enorme de licor de chocolate y la botella. Navarrete, que seguía sudando a chorros mirando por la ventanilla, sacó dos pastillas de Tranquimacín y se las tomó de un golpe. El exceso de confianza entre aquellos hombres, después de tantos años juntos, había dado lugar a un. Aunque tras aquella reflexión se convenció de que cualquier político estaba condenado. Incluso ella lo estaba. Vaya, te los dejaste en el baño y Medina los ha recuperado. Qué amable, Pachamama-, dijo Pixi a voz en grito. Supongo que sois conscientes de que Teresa puede denunciaros por acoso sexual. Informaré al comité de disciplina. Por favor, reponte. Si necesitas salir, sal, pero vuelve cuando estés lista. Quiero oír lo que piensas sobre el silo nuclear, venga. Aquí es importante la opinión de cada uno de nosotros-, le pidió el ministro Piñas. Estaba paralizada. Aquella panda de hijos de puta había quebrado su capacidad de resistencia y su orgullo como persona y como mujer. Pero también sabía que sus proyectos de superación se quedarían en nada si no reaccionaba. Se imaginaba con la boca cosida o borrada de su rostro y con un enorme billete de vuelta a Arévalo por incompetente. Echó mano de las palabras que el ministro acababa de pronunciar y se vino arriba como un delantero ante el momento del penalti. Es verdad que es allí donde se dan las mejores condiciones para instalar el almacén o el SRCS, pero eso sería una putada para ella. Se encuentra en una situación muy delicada para ganar de nuevo las elecciones. Eso sólo le restaría votos-. Teresa realizó otra pausa para tranquilizarse. Su corazón palpitaba con rapidez. Se podría creer que desde Madrid preferimos un nuevo Gobierno en Murcia de signo político diferente al nuestro porque facilitaría las cosas. Perdona, María Teresa. Sigue-, se dirigió a ella amablemente el secretario general de Recursos Energéticos de la Madre Tierra buscando una reconciliación. Y a nosotros-. Lo has captado perfectamente, Jefe-. Todos miraron asombrados a Teresa. Ahí puedes tener una hoja de ruta-. Tras aquel alarde en su exposición un sudor frío recorrió su frente. Se moría de miedo por la reacción. La has vuelto a clavar, bueno, la hemos vuelto a clavar-, exclamó el ministro para después soltar una bomba ante todos. Los presentes la miraron con cara de aprobación y sorpresa. Aquella extraña recién llegada acababa de dar el primer paso para entrar en el cogollito. Teresa Baltar no era muy consciente de lo que acababa de ocurrir y de los recelos y susceptibilidades que aquella nueva etapa levantaría entre los miembros del gabinete ministerial. Se remangó la camisa de nuevo y volvieron a quedar al descubierto sus brazos velludos y gruesos. Lo que nos tiene que importar es su inversión de diez mil millones en fotovoltaicas y eólicas a través de su empresa estatal. Nunca se había hecho una inversión tan cojonuda-. El Rey Sol parecía inquieto y con prisas por cerrar el asunto del viaje que les llevaba a Abu Dabhi. Debemos abrir todos. Y ahí es donde entran Tessy y Navarrete-, puntualizó Augusto Piñas. Tiene que parecer que se trata de nuestra prioridad absoluta-. Pixi interrogó al ministro antes de hablar. Le dirigió un gesto de elevación de hombros. Las vamos a recortar dentro de un mes en nuestro país y con éstos vamos a firmar en cuestión de días. Nos van a joder por todas partes-. Augusto Piñas la miró desde su sillón. Se levantó y cuando todos habían abandonado la salita, se dirigió a Teresa. Estudiamos juntos en Massachussets. Ah, y casi se me olvida, bienvenida al proyecto -. Se sentía satisfecha y le importaba muy poco si el equipo del ministro la veía o no con buenos ojos. Hasta hoy eso le había preocupado, pero ahora ya se sentía pertrechada por la confianza y el trato exquisito de Augusto. Justo Leandro le sonrió con un gesto sincero. Son unos hijos de puta-. Le hubiera gustado decirle algo inteligente y reconfortante. Pero justo cuando iba a secundarle, Leandro amplió su frase. Aquí impera la violencia anímica, porque física no se puede. Se trata de un ambiente podrido en el que sólo existen las relaciones de poder, las mentiras disfrazadas. Aquí reinan los fantasmas dolorosos y los volcanes que van a entrar en erupción-. Llegó hasta su asiento y una mujer que ocupaba la plaza del pasillo contigua a la suya descansaba con las piernas estiradas y le impedía pasar y acomodarse. La mujer se hizo a un lado para que pudiera sentarse. Es que he estado en el bar durante todo el viaje y estoy un poco achispadita. Es justo lo que necesito-, pensó. Estaban muy cuidadas, con uñas esculpidas y brillantes, y sujetaban una copa con un Dry Martini. Salvo aquella ligera imperfección, el resto del cuerpo resultaba increíble. Estaba delgada y tenía unos senos generosos y firmes, que no se movían con las turbulencias. Su vestido rojo ajustado permitía ver una cintura estrecha, sin barriga ni michelines, y unas caderas sin cartucheras. Era extraño comprobar algo así en mujeres de su edad. Aunque la melena rubia le tapaba medio rostro, Teresa consiguió atisbar unos ojos verdes profundos y misteriosos. Yo podría beberlos sin parar. La vida de una mujer en los Emiratos resulta monótona, gris, ocre, aburrida y decepcionante, por mucho que una tenga una carrera y gane mucho dinero. A Teresa no le seducía nada aquella conversación y se limitó a asentir con la cabeza. Pero se le notaba demasiado. Claro debe usted llevar un ritmo de trabajo considerable. Lo que debería hacer es darse unas sesiones de radiofrecuencia. Es estupendo, se queda una como nueva-. No estaba llevando Teresa nada bien la conversación. Aquella sílfide de tetas hinchadas y manos de bruja se había percatado de que estaba hecha un asco. Frunció el ceño y dejó de sonreír. No se enfade. Y no me refiero a ese pintalabios que no le sienta nada bien. Así se prevé lo que puede ocurrir en la menopausia. Yo me lo he hecho y me va muy bien-. Se llamaba Jazmina Al-Farhat Kudratt y, tal y como indicaba la tarjeta de visita que le tendió a Teresa, era la presidente del grupo dermoestético internacional con sede mundial en Abu Dhabi, SkinTouch Corporation. Sin fecha. Aproximación poética encontrada en uno de sus escondites de papel. El avión empezó a descender. Teresa lo notó porque las nubes que, durante el monólogo sobre estética del pubis, quedaban tan lejos, ahora envolvían el aparato. Su compañera de asiento, tras apurar el Dry Martini, también lo constató. Quedan menos de quince minutos para aterrizar. Pero qué diablillo; de tanto hablar casi me mete en un buen lío. Lo he pasado tan bien, es usted encantadora-, dijo Jazmina al-Farhat Kudratti. La mujer Teresa se mostró halagada con una sonrisa amable y franca. Aquellas palabras le reconfortaron en su asiento. Jazmina se levantó y con pasos lentos se incorporó a la improvisada pasarela de Gucci, Prada, Chanel, Dior, Dolce y Gabbana, Bulgari, Givenchy, Christian Louboutain, Armani, Hermés y Oscar de la Renta en la que se había convertido el corredor hacia los aseos de clase business y que Teresa identificó con asombro. Teresa había reconocido aquellos vestidos, aquellos trajes chaqueta y todos los complementos. Fue entonces cuando la chica de Arévalo regresó. Pero esta vez no emergieron los monstruos de su propia oscuridad y su miedo. De nada valen tampoco las valoraciones en torno a él, porque cuando él llega se las lleva a todas. Y no hay ciencia que lo aborde, a no ser la mística. Sólo permite el gemido, el aullido, la expresión infrahumana, pero no la palabra. Lo que queda de humano en nosotros, en presencia suya, es sólo la necesidad de expresar, pero no el lenguaje, ni el pensamiento. Ni risas, ni palabras, sólo él. Tuve que superar con claridad la veintena para sentir mi primer orgasmo. Lo alcancé sola. La maquinaria sexual femenina es de una enorme complejidad; olvidada, moralmente castigada en su uso y enormemente misteriosa. Una misma debe aprender a tratarla y debe aprender a perder el miedo a tratarla. La marea de falsas creencias, de supersticiones, de miedos acumulados, de doctas ignorancias ocultan el verdadero hecho: tener un orgasmo es haber aprendido a tenerlo. Y todo conocimiento requiere valentía para trascender, talento para medir y tiempo para crecer. En el aula vacía de Derecho Internacional se dio mi primerizo orgasmo en compañía, con mi mano dirigiendo la suya. El peluche de aquellos días se llamaba Thierry. Apareció, de eso no tengo dudas, y en cierta medida amplificó las sensaciones placenteras que decenas de amantes antes que él me habían propiciado. Otra tarea compleja es intentar definir el sexo sin asociarlo al orgasmo. Y sin embargo así debería hacerse. Es intentar hacerle un traje de novia al viento. El sexo sólo tiene límites para quien se los pone y finalidad para el que se la impone. Llegué con el tiempo justo de cambiarme para recibirlo. Tenía poco pelo. De mediana estatura, debía de rondar la cincuentena y, aunque de extremidades delgadas, su vientre era prominente y redondo. Por su aspecto deduje que posiblemente se dedicaría a la abogacía. Yo ya había cumplido los treinta. La respuesta sexual humana, en términos estrictamente operativos, se inicia con el deseo. A él le sigue la excitación que precede a la meseta, tras ésta se alcanza el orgasmo y finaliza la interacción con el periodo refractario. Tras un periodo de tiempo de reposo que oscila en función de varios factores, nada impide que vuelva a poder retomarse el proceso de deseo, excitación y meseta hasta alcanzar otro orgasmo. En la habitación del jacuzzi y las cortinas rojas, no me resultó muy difícil que alcanzara pronto el orgasmo. Así que sugirió que ahora debía ser yo quien lo alcanzara. Y acepté la sugerencia. En mi caso no me había resultado demasiado difícil alcanzar el orgasmo en otras relaciones mantenidas con clientes. No siempre era así, pero a poco que el eretismo asomara la cabeza, no tendía nunca a despreciarlo. Me coloqué sentada encima de su cara, y él empezó a lamer. El orgasmo que apareció, sorprendentemente a los pocos minutos, fue un orgasmo de plena madurez. Su nivel de gratificación fue tan elevado que hizo que la excitación superara ampliamente el modesto periodo refractario. Con lo que después del primero vino el segundo. Y tras éste, otro. Era la primera vez en mi vida que enlazaba varios orgasmos en una misma relación. Para que eso sucediera, tuve que haber cumplido tres décadas, tuve que topar con una persona que por su físico y sus habilidades me dejara totalmente indiferente, es decir, completa y exclusivamente preocupada de mí y de mi placer, y tuve, eso también hay que decirlo, que haberme metido, unos meses antes, a puta. En una sociedad que se rige por los niveles de producción, que sigue condenando la sexualidad no productiva la que no genera y engendra: onanismo, homosexualidad, voyeurismo, fetichismo… , nadie puede rechazar los altos niveles de rentabilidad que procura la multiorgasmia. Debo confesar que tanto hablar del orgasmo me ha abierto el apetito. Discutieron amargamente para otorgarse el derecho a beber primero, hasta el punto de retarse a muerte. Cuando el feroz combate era inminente, se acercaron hasta ellos un grupo de buitres y cuervos. Una de las ventajas de que tu padre sea el propietario de la empresa es que, a veces, puedes perder el vuelo sin que vuele con él tu empleo. Desde la oficina le reorganizaron las visitas para el día siguiente, aunque mantuvieron su agenda de trabajo de cuatro días en París. Yo no lo supe hasta que llamó al portal. A Fernando lo conocí la noche anterior, cuando con unas amigas tomaba unas copas en un local chic de la posmodernidad madrileña. Intimamos, de esa manera de la que sólo se puede intimar en los dos metros cuadrados del lavabo del local. Entre las muchas cosas que intercambiamos apoyados entre la puerta cerrada y el pomo de la cisterna, no figuraron ni el teléfono ni mi situación de vida en pareja. Yo debía partir la semana siguiente a Sudamérica para una estancia que se alargaría tres meses. Ultimaba, desde casa, los preparativos del viaje. A las once de la mañana sonó el interfono y un Eric cabizbajo me pidió que le abriera. Sorprendida por que no estuviera en el vuelo a París, pero sólo ligeramente contrariada, le abrí, desde el piso, el portal. Justo después de apretar el pulsador y antes de que yo colgara el auricular, oí como alguien se dirigía a él pidiéndole que no cerrara la puerta. Me pareció reconocer la voz de Fernando. En latín, al coito se le daba el nombre de coitus, de donde deriva el término actual. Coitus se formaba del prefijo co que implica unidad y conjunción y de itus que sería el participio pasado del verbo iré marchar, partir. Siempre tuve, desde que viví en aquel piso, dificultades para accionar los mecanismos eléctricos que abrían las ventanas. Los humanos somos entidades parlanchinas. Antes de que Eric se volviera para preguntarle a Fernando lo que quería, yo ya había abierto la puerta. Le di un beso a Eric y a Fernando le estreché la mano prometiéndole que yo entregaría la documentación personalmente al director de la agencia porque todavía no estaba preparada. Su cara parecía dos signos de interrogación con un círculo en medio. Volví a fingir, pero Fernando fingió peor que yo. El sexo es un mal animal de carga. Mi viaje era inaplazable. Tuve que alojarme en casa de una amiga hasta mi partida, sabiendo que a la vuelta debería, antes de deshacer las maletas, buscar un nuevo piso donde vivir. Supe que Eric y Fernando se hicieron amigos, aunque no volví a ver a ninguno de los dos. No sé lo que se contarían, aunque posiblemente pasarían las horas hablando del interés de uno por sincronizar el orgasmo y del otro por no sincronizar el reloj. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Existe el punto G … A veces la cabeza es de león, el cuerpo de cabra y la cola es de serpiente; a veces tenemos en cambio un solo cuerpo, de león o de cabra, y tres cabezas, de león, cabra y serpiente; a veces, finalmente, tiene las tres cabezas de los animales pegadas a partes distintas de un solo cuerpo, generalmente de león … La Quimera Diccionario ilustrado de los monstruos Massimo Izzi Mi madre solía recortar los puntos que daban con el paquete de detergente de lavadoras. Dos por paquete. Cuando se habían conseguido treinta, había que meterlos en un sobre, franquearlo y enviarlo a la dirección del fabricante. Al cabo de un mes, recibíamos en casa, a portes debidos, un tazón para el café con leche decorado con calcomanías de animales. Todavía los conserva en la alacena. El inconveniente de los superlativos es que no se pueden matizar. Sin embargo, estos puntos, en sus anuncios, prometen conseguir magnificar un superlativo: el orgasmo. Mientras, algunas chiquillas siguen preguntando si el preservativo hay que ingerirlo plegado o desplegado, si se pueden quedar embarazadas con una felación o si la pildora se introduce en la vagina, y algunos, no tan chiquillos, se devanan los sesos pensando si un pene de doce centímetros es normal o si tres veces a la semana es poco. Mientras, la ciencia sigue sin saber si… bueno, sigue sin saber. De Tatiana resultaba especialmente atractiva su ingenuidad. Momentos antes, en el sorbete de melón, nos había escenificado con todo detalle cómo alcanzó el orgasmo cuando su marido la había poseído rabiosamente durante un crucero por el Nilo. Sus gritos y gemidos aceleraron la llegada de la cuenta. No era en mí, sino en Miguel, en quien estaba pensando. El punto G sirve, por lo menos, para diferenciar dos tipos de mujeres: las que manifiestan que lo tienen y loan sus virtudes y las que niegan o prescinden de su existencia y dudan de sus cualidades en caso de que las hubiera. Ambas posiciones, creyentes versus agnósticas y ateas, se enfrentan en una lucha despiadada en la que las susceptibilidades se enconan y el rango de feminidad parece estar en juego. Personalmente, yo, como se puede deducir, me englobaría en el grupo de las agnósticas. Nunca he experimentado un orgasmo derivado exclusivamente de la estimulación vaginal. Y ya se sabe, nada peor para escribir relatos sobre el rayo que saber lo que es el rayo… Por lo tanto, yo diría que el punto G ni existe ni no existe, sino todo lo contrario. Creo que las mujeres que experimentan orgasmos a través de esta zona de la vagina son verídicas en sus afirmaciones experimentan lo que cuentan , pero opino que las que lo niegan son veraces en las suyas es verdad lo que cuentan. Cada mujer es, en cualquier caso, un universo y cada deseo individual opera con mecanismos de una infinita complejidad que se activan a poco que el deseante crea que se deben activar con una cosa o la otra. El tema de fondo es otro. Cuando, en la cama, de rodillas frente a ella, deslicé sus braguitas por sus largas piernas, pude ver su hermoso pubis cubierto por una fina capa de vello rubio. Tatiana me había lamido rítmicamente, dibujando sobre mi vulva, con su lengua, todo un abecedario. Su boca iba y venía sobre mi clítoris, como si hubiera olvidado algo que repentinamente recordaba. Mientras, sus dedos me acariciaban, a saltitos, el vientre, el interior de los muslos, el pecho y su larga melena cosquilleaba mis caderas. Ligeramente incorporada y situada a su lado derecho, empecé a besar la línea que va de su vientre hasta su mentón. Con mi mano izquierda masajeaba su cabeza y con la derecha me centré en sus genitales. Levanté con la punta del pulgar, presionando ligeramente, el capuchón de su clítoris, mientras rozaba lo que quedaba al descubierto con la parte media de mi dedo. Al mismo tiempo, introduje mi dedo corazón hasta la mitad en su vagina para alcanzar el inicio del hueso pélvico. Mantuve un tiempo los movimientos sincronizados de mi pulgar y del corazón. Noté las convulsiones comprimiendo mi dedo, y mi mano y mi antebrazo se vieron empapados por un líquido caliente. Las dos nos sorprendimos. Lo verdaderamente significativo de las dudas que genera el punto G y sus aledaños resulta del preguntarse por qué, en puertas de clonar a un humano, no sabemos cómo funciona la maquinaria sexual femenina. La segunda duda de fondo surge al preguntarse a quién le interesa que la cosa siga siendo así. Si algo aparece de cierto, lo inundan de fantasías y leyendas de unicornios alados, de esquemas cifrados para pianistas o espeleólogos y de puntos y secuencias. Muchos puntos para alguien como yo, que prefiere el café a las tazas. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Las bolas chinas sirven para dar placer Ella extrajo con cuidado de la caja sus bolas chinas. En un plató de televisión. Su invención parece antiquísima y su origen es, naturalmente, chino. Confeccionadas originalmente en jade, marfil o hueso, algunas contenían mercurio en su interior para facilitar el movimiento. Que Hassan era aficionado a meterme botellines de coca cola de 25 cl. No hablo de los que buscan directamente meter el pene. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o en los hombres les permite tener un control sobre la próstata y por tanto sobre la eyaculación. El austríaco Arnold Kegel ideó, en la década de los cuarenta del siglo XX, una serie de ejercicios que permite ejercitar esa musculatura, ejercicios en los que resultan de enorme utilidad las bolas chinas. A Marisa la conocí en Madrid. Fue ella misma la que se presentó. Era de madrugada. Yo salía de un plató de televisión, donde había concedido una entrevista. Marisa vestía elegantemente. Bellísima, con el talle de una quinceañera, se le notaba gusto, dinero y una especial inclinación por Versace. A partir de entonces nos vimos con relativa frecuencia hasta llegar a intimar de palabra y compartir algunas asignaturas en las aulas del Incisex. Formada en un círculo estricto del cristianismo mas fundamentalista, conmigo se sentía desinhibida para relatarme con todo detalle los continuos pecados de la carne que cometía, siempre, eso sí, dentro del marco del sagrado matrimonio. La interpretación que hacía de la doctrina que le habían imbuido del deber marital era, sencillamente, brillante. Cumplía uno a uno los preceptos de obediencia y sumisión, pero había convertido esos preceptos no en una mutilación, sino en un gozo carnal continuo. No había nada que él no hiciera que a ella no le reportara un extraordinario placer sexual. Fue otro austríaco, Sigmund Freud, el que valoró el orgasmo vaginal como superior al clitoriano. Por tanto, una mujer madura era la que con su vagina, y no con su clítoris, podía provocarse orgasmos. Todos, excepto un grupo reducido y sin demasiado criterio las mujeres , estuvieron de acuerdo. Si entre todos convertíamos la vagina en algo sensible, el meter cosas dentro de ella cobraba pleno sentido. Marisa acababa de anunciar con rotundidad que, pese a las observaciones del profesor, ella sí alcanzaba orgasmos vaginales cuando su marido la penetraba. No es mi modalidad erótica favorita, pero tampoco le hago ascos. Pero nunca, ni por empatia, el coito me ha producido exclusivamente un orgasmo. Ni a mí ni a ninguna de las mujeres con las que he hablado de ello. Salvo a Marisa. Es una sensación placentera, no lo niego, especialmente cuando, por ejemplo a cuatro patas, el falo toca la pared anterior de la vagina y estimula indirectamente la zona interna del clítoris. Es una sensación psicológicamente agradable, la de integrarse en algo parecido a una unidad cuando el amante lo merece. Susana puede hacer ritmos con las bolas chinas introducidas en la vagina. Ignorancia es creer que las bolas chinas sirven para dar placer a las mujeres. Ignorancia es no saber a quién beneficia esa creencia. Georges Bush Declaraciones en Time evaluando la invasión de Irak El orgasmo no es una casualidad que se presenta, es una decisión que se toma. Una determinación a la que se llega, después de haber realizado una valoración, durante la interacción sexual, de esas circunstancias concretas que nos proponen la posibilidad del orgasmo. Sucede que, muchas veces, esta decisión la tomamos, sin saber que estamos tomando una decisión. Cuando la razón aparece, el orgasmo huye como los corderos del lobo. Cuando la razón toma la decisión, el orgasmo ya ha tomado la decisión antes. El papel del amante en el proceso tiene muchísima menos importancia de la que se suele atribuir. El orgasmo no nos lo procuran, lo alcanzamos nosotros solos. Cutie vieja en el baño, edad no importa para esta bella dama de mediana edad. Ella seguramente sabe bromear mientras se baña en la ducha. Guarras lesbianas grueso sextoying. Madres de mediana edad gorditas disfrutando jugando sus coños hambrientos de sexo. Al sentir que la humedad de su cueva, saqué mi mano y olisqueé mis dedos. Un aroma embriagador recorrió mis papilas y ya completamente desinhibido, me introduje dentro de su tanga y comencé a jugar con su clítoris mientras con la otra mano me empezaba a masturbar. Creo que Alicia debía de estar soñando que alguien le hacia el amor, porque entre dientes suspiró. Al oírla, supe que estaba disfrutando por lo que aceleré mis toqueteos. La muchacha ajena a la violación que estaba siendo objeto abrió sus piernas, facilitando mis maniobras. Dominado por la lujuria, me concentré en mi excitación por lo que coincidiendo con su orgasmo, me corrí llenando de semen la manta que me tapaba. Al haberme liberado, la cordura volvió y avergonzado por mis actos, acomodé su ropa y me levanté al baño. Me tranquilicé al volver a mi asiento y comprobar que la cría seguía durmiendo. El resto del viaje, fue una tortura. Creo que fue la culpa lo que me machacó y poco antes de aterrizar, me quedé también dormido. Asustado, abrí los ojos para descubrir que era Alicia la que desde el pasillo me llamaba. Suspiré aliviado al percatarme que su tono no sonaba enfadado, por lo que no debía de recordar nada de lo sucedido. Con la cabeza gacha, recogí nuestros enseres y la seguí por el aeropuerto. La mujer parecía contenta. Pensé durante unos instantes que era debido a que aunque no lo supiera había disfrutado pero, al ver la efectividad con la que realizó los tramites de entrada, recordé que siempre que se enfrentaba a un nuevo reto, era así. El segundo trayecto fue corto y en dos horas aterrizamos en un pequeño aeródromo, situado en una esquina de la isla del magnate. Al salir de las instalaciones, nos recogió la secretaria de Pastor, la cual después de saludarme y sin dirigirse a la que teóricamente era mi asistente, nos llevó a la mansión donde íbamos a conocer por fin a su jefe. Me quedé de piedra al ver donde nos íbamos a quedar, era un enorme palacio de estilo francés. Un enorme antillano, vestido de mayordomo, nos esperaba en la escalinata del edificio. Al cerrar la puerta, me di la vuelta a ver a mi jefa. En su cara, se veía el disgusto de tener que compartir habitación conmigo. Somos adultos para que, algo tan nimio, nos afecte. Lo importante es que firme el contrato. Asentí, tenía razón. El agua de la ducha no pudo limpiar la desazón que tener a ese pedazo de mujer compartiendo conmigo la habitación y saber que lejos de esperarme una dulce noche, iba a ser una pesadilla, por eso, en menos de un cuarto de hora y ya completamente vestido, salí para dejarla entrar. Ni me digné a contestarla y saliendo de la habitación, la dejé sola con su asfixiante superioridad. Este me llevó el salón donde al entrar, me topé de frente con mi anfitrión. Asustado por mi intromisión, me escabullí huyendo de allí con su figura grabada en mi retina. Alicia enfundada en un provocativo traje de lentejuelas. Aprovechando el instante, recorrí su cuerpo con mi mirada, descubriendo que mi estricta jefa no llevaba sujetador y que sus pezones se marcaban claramente bajo la tela. En ese momento se giró y al verme, me miró con cara de odio. Me llamo Alicia. Ella esperó a que hubiéramos salido del salón para recriminarme mi ausencia. Estaba hecha una furia. No he perdido el tiempo, tengo en mi maletín los contratos ya firmados, todo ha ido a la perfección. Ahora volvamos a la cena. Cuando llegamos, los presentes se estaban acomodando en la mesa. Don Valentín nos había reservado los sitios contiguos al suyo, de manera que Alicia tuvo que sentarse entre nosotros. Al lado del anfitrión estaba su novia, una preciosa mulata de por lo menos veinte años menos que él. La cena resultó un éxito, mi jefa se comportó como una damisela divertida y hueca que nada tenía que ver con la dura ave de presa a la que me tenía acostumbrado. Con las copas, el ambiente ya de por si relajado, se fue tornando en una fiesta. Ella, al notar que me separaba, me cogió de la cintura y me obligó a pegarme nuevamente. Fue entonces cuando notó que una protuberancia golpeaba contra su pubis y cortada, me pidió volver a la mesa. Ante tamaña salvajada, mi interlocutor soltó una carcajada y llamando al camarero pidió una botella de Champagne. Al levantar mi copa, miré a Alicia, la cual me devolvió una mirada cargada de odio. Haciendo caso omiso, brindé con ella. Soy, ante todo, una mujer. Sentir sus senos bajo mis palmas, me hizo reaccionar y forzando el encuentro, la besé. Todavía no comprendo cómo me atreví, pero cogiéndola en brazos, le llevé a la cama y me empecé a desnudar. Alicia me miraba con una mezcla de deseo y de terror. Me daba igual lo que opinara. Después de tanto tiempo siendo ninguneado por ella, esa noche decidí que iba a ser yo, el jefe. La mujer no solo se dejó hacer, sino que con sus manos llevó mi cara a sus pechos. Me estaba dando entrada, por lo que en esta ocasión y al contrario de lo ocurrido en el avión, no la estaba forzando. Sus pezones se irguieron esperando el contacto, mientras su dueña suspiraba excitada. Alicia, completamente entregada, abrió sus piernas para permitirme tomar posesión de su tesoro, pero en contra de lo que esperaba, pasé de largo acariciando sus piernas. Desde mi posición, puede contemplar como mi odiada jefa, se retorcía de deseo, pellizcando sus pechos mientras, con los ojos, me imploraba que la hiciera mujer. Usando mi lengua, fui dibujando un tortuoso camino hacia su pubis. Los gemidos callados de un inicio se habían convertido en un grito de entrega. Cuando me hallaba a escasos centímetros de su clítoris, me detuve y volví a reiniciar mi andadura por la otra pierna. Vano intento porque cuando, separando sus labios, me apoderé de su botón, se corrió en mi boca. Era su primera vez y por eso me entretuve durante largo tiempo, bebiendo de su fuente y jugando con su deseo. Usando mi lengua, me introduje en su vulva mientras ella no dejaba de soltar improperios por mi desobediencia. Molesto, le exigí con un grito que se callara. Sabiendo que la tenía a mi merced, busqué su segundo orgasmo. Agotada, tardó unos minutos en volver en sí, mientras eso ocurría, disfruté observando su cuerpo y su belleza. Mi jefa era un ejemplar de primera. Piernas perfectamente contorneadas, daban paso a una cadera de ensueño, siendo rematadas por unos pechos grandes y erguidos. En su cara, había desaparecido por completo el rictus autoritario que tanto la caracterizaba y en ese instante, no era dureza sino dulzura lo que reflejaba. Al incorporarse, me miró extrañada que habiendo sido vencida, no hubiese hecho uso de ella. Aunque eres una mujer bellísima y deseo hacerte el amor, no quiero pensar mañana que lo has hecho por el alcohol. Te he dicho que en ese estado no voy aprovecharme de ti. Pude leer en su cara disgusto pero también determinación y cuando ya creía que se iba a poner a gritar, sonrió y poniendo su cara en mi pecho, me abrazó. No he salido de mi cuarto en todo el día, ni para comer. He permanecido horas a resguardo de esos dos pero aun así debo salir. Ha llegado la hora de la cena y no acudir a ella es aceptar mi culpabilidad. La culpabilidad del que no se atreve a afrontar las consecuencias y se esconde como un cobarde, como un niñato. Porque eso es lo que soy, un puto niñato malcriado y sinvergüenza. Año Wezen montaba su caballo, silbando una canción y disfrutando del exuberante paisaje de la llanura; un interminable verde que se extendía hasta donde la vista alcanzaba. A un lado, el sol se ocultaba tras la interminable cadena de montañas y supo que pronto debían acampar. Si fuera por él, continuaría cabalgando durante la noche; faltaban pocos días para alcanzar Congli y estaba ansioso por ver a su hermana tras casi un año de partir rumbo a la guerra. Estaban perfectamente entrenados por Syaoran, pensó, y pronto él también sería un gran guerrero a su lado. Sabía que la prioridad de Syaoran era reunirse con el emisario de Occidente en una expedición en la frontera xin. Tardarían meses en asestar un ataque contra el nuevo emperador, apostado en Nankín, pero disfrutaría de los días mientras tanto. Buena parte del ejército lo conocía y ya no tenía necesidad de aparentar. Después de todo, la Sociedad del Loto Blanco a la que ahora pertenecían fue fundada por budistas. Lo vio acercarse y el guerrero xin frunció el ceño. Al parecer, ahora Zhao sentía una necesidad de predicar su credo a todos los soldados, que lo escuchaban con curiosidad y respeto, pero Wezen no era una persona de fe. Una de las esclavas del comandante se ofreció a curar la herida. Zhao enarcó una ceja. Dio un respingo cuando oyó el chapoteo del agua y luego un par de risillas de algunas muchachas cerca. Giró la cabeza y se sorprendió de ver a las dos esclavas de su comandante, tomando un baño entre risas. Actuaban como si él no estuviera allí. Eran hermosas, aunque distintas, como si su comandante las hubiera elegido así adrede. Una era exótica por lo alta, de corta cabellera y turgentes senos, de curvas pronunciadas. Toda una mujer. Wezen apretó los labios. Solo sabía el nombre de esta, y era sencillo de recordar. Pensó que Syaoran era un hombre afortunado al tener aquellas dos jóvenes a su disposición. Wezen quedó absorto. La mujer rio, volviendo a agacharse para darse un baño mientras que la pequeña le salpicó agua a su amiga, visiblemente molesta. Wezen suspiró y se sentó sobre la hierba, viéndolas. Mei asintió. No conocía al emisario y dudaba que un hombre tan importante se dignara a hablar con ella, pero lo intentaría. Podía hablar de temas que, con su señor, serían imposibles de tocar. Se lavó los brazos, hablando con Wezen sin mirarlo. Aquella broma hizo que Mei frunciera el ceño, no obstante, su amiga se volvió a poner de pie. Brazos en jarras, miró a Wezen con una mueca. Si pacta una alianza con Syaoran, nuestro ejército podría doblar sus efectivos. Koryo es un estado vasallo de los mongoles, así que no podemos entrar a sus tierras. Su emisario sí puede. Wezen quedó boquiabierto. Tengo oídos. Wezen chasqueó los labios. Tu pregunta y la mía tiene una misma respuesta. Syaoran es un hombre distinto. Si lo piensas, nuestro emperador también es un hombre afortunado por contar con él en su ejército. La esclava salió del riachuelo, buscando sus prendas en la orilla. Se giró y miró a Mei. La joven meneó la cabeza. La mujer blanqueó los ojos y dispuso a vestirse. Terminó volviendo al campamento con largas zancadas, dejando solos a los dos. Mi señor dice que Congli es tu hogar. Wezen sonrió, tirando una piedrecilla al riachuelo. Es donde vive Xue…. Es menor que yo. Wezen asintió. La guerra hace esto. Separa la familia y a veces para siempre. Lo veo todos los días. Tienes suerte de verla de nuevo. Mei no entendió. No —sonrió meneando la cabeza—. Xue es dulce, no vil. Pero Wezen miró sus manos, y aunque la esclava no pudiera ver sus ojos, sí percibió una repentina sensación de amargura en el guerrero. Intuitiva con los hombres como era, calló y esperó con paciencia que el joven volviera a hablar. Mi madre escondió a Xue en casa. Es lo que siempre hacían los aldeanos con sus hijas cuando venían los mongoles. Eso y agachar la cabeza. Porque si un mongol asesina a un xin, solo le espera una multa. Pero si un xin hace lo mismo, le espera la muerte. Esa era la ley del emperador..

En su mirada había tristeza indisimulada y, sobre todo, resignación. Sabía que no existía manera, que no estaban destinados a estar juntos.

Hier erfahren Sie, welche Vorteile die unterschiedlichen Materialien zu bieten haben:.

Aun así, hizo lo posible para sonreírle al muchacho con el que había descubierto cómo era sentirse mujer. Solo he venido a decirte que fuiste mi primer beso, Mijaíl.

Wenn Du dich an geile Nacktbilder von sexy Frauen satt gesehen hast und auch mal etwas Abwechslung haben möchtest, dann können wir dir einen Besuch auf dieser Seite empfehlen.

Gueorgui se cruzó de brazos Mujeres de mediana edad follan en Puchon miró para otro lado, tratando de aplacar sus ganas de aplastar a su hermano, en tanto que Mijaíl miró boquiabierto a la Princesa, que soltó una risa amarga luego de confesarlo. Pero tienes razón. Siempre la tuviste. La click de este mundo es que nuestros deseos no son nada.

Pero yo te reconozco, Mijaíl.

Latino bisexual Watch the hottest most recent Jada Fire tube movies. Zarern Sex. Este capítulo en especificó presenta contenido de Amor Filial, también presenta situaciones de Dominación y Violencia Sexual. Si no es usted afín a estos géneros por favor se le pide no leer este escrito. Las Profesionales son relatos originalmente escritos en español y no existen versiones en ingles o en otros idiomas por el momento. Las situaciones sexuales descritas en estos relatos son producto de la ficción. En el mundo real, existen serios peligros de enfermedades de contagio sexual, practique el sexo seguro. Use preservativos y protéjase usted y a su pareja sexual. Las Profesionales — Es tiempo de volver…. Nombre: Vanessa Harper. Profesión: Oficial de Policía. Ubicación actual: Cuartel General Policía Metropolitana. Status: Disable — Inactivo. Había sido un largo día recorriendo las calles de la gran ciudad. Por lo menos había sido un día sencillo, solo dos llamados por hurto menor, dos infracciones de transito, una por estacionar en lugar prohibido, otra por conducción con aliento alcohólico y una falsa alarma de infante extraviado. En eso pensaba Vanessa mientras la llave abierta de la ducha, en los vestidores de damas de cuartel general de policía, mojaba su cuerpo limpiando su piel y el jabón dejaba sobre el un rico aroma a flores frescas. Vanessa cubriendo su cuerpo desnudo con una toalla se miraba al espejo mientras, secador en mano, terminaba de dar forma a su cabello. Mientras se observaba le pareció una tontería pero casi no reconocía a la chica que le devolvía la mirada desde el espejo. Mirando su figura que ahora cubría con la toalla blanca que contrastaba con su piel color ébano, el casi desconocido reflejo del espejo le mostraba un par de redondos, firmes y paraditos pechos que marcaban sus duros pezones en la toalla. Vanessa luchó por concentrarse en su cabello y olvidar su calentura pues dejar que siguiera adelante implicaba volver a tomar otra ducha, esta vez una ducha fría, destruiría todo el trabajo que le había costado que ahora su cabello finalmente estuviera seco. Se puso a pensar en su trabajo para distraerse. Le tomo dos o tres segundos recuperarse agarrando con fuerza la mesa donde descansan los lavamanos y mientras se miraba al espejo y sonriendo le dijo a su reflejo. En ese momento su teléfono móvil empezó a sonar, reconociendo el numero Vanessa contesto alegremente. Nombre: Dennis Sandoval. Profesión: Ingeniera Química. Nombre: Gissel Fanovich. Profesión: Abogada. Duval a la gran gala benéfica que esa noche se daría en la zona cultural de la ciudad. Duval, cuando al darse cuenta de que Noris le ganaría, ella se había quedado hasta muy tarde para conversar a solas con el Dr. Momentos después, por solo dos o tres segundos una duda razonable paso por su cerebro cuando nuevamente estaba arrodillada en la alfombra esperando que Duval descargara su semen en su cara y en sus duros pechos mientras lo masturbaba con una mano y con la otra se metía tres dedos en el coño. Que carajos hacia ella en el suelo de esa oficina semidesnuda, sintiéndose caliente y excitada, después de recibir una buena sesión de sexo, sostenía la verga de su jefe mientras lo escucha respirar agitado a punto de eyacular. Valía la pena todo esto por ir a una mierda de gala y demostrar ser superior a todas las perdedoras de la oficina. Ella era la mejor abogada de la firma, educada en las mejores universidades, sabia cuatro idiomas, tenia su apartamento, su auto propio y…. Recogió todo el semen que pudo en su boca y mirando desde el suelo arrodillada a su jefe, trago sin pensarlo. De nada sirvió… la puta parlanchina de Noris iría a la gala y ella solo había sido una muñeca sexual inflable para recibir la leche de su jefe. En la soledad del ascensor que la llevaba al estacionamiento de ejecutivos de la firma su móvil empezó a timbrar, el incesante repique del móvil le saco de sus pensamientos. Las tres se irían a comenzar una noche de copas y discotecas como habían acordado. A Gissel esa noche le apetecía una botella de vino blanco y la rubia numero del catalogo. The Red Hand obviamente era un club de sadomasoquismo donde por un precio justo Gissel podía hacer con todo lo que se le ocurriera para someterla, humillarla y degradarla. Gissel en sus muchas sesiones nunca había visto el rostro de pues una mascara de cuero rojo lo ocultaba. La mascara solo permitía ver sus ojos, parte de su respigada nariz y su boca. Un collar de cuero negro con una argolla y un candado numerado impedían quitarle la mascara, a menos que Gissel pagara en precio nada económico para ver el rostro de la chica. A Gissel le encantaba esperarla de pie en el cuarto, verla entrar, verla detenerse ante ella y Gissel caminar a su alrededor viéndola solo cubierta con la mascara roja y sus zapatos de tacón de aguja, le encantaba agarrarla por el cuello y mientras la sofocaba un poco preguntarle:. El móvil volvió a sonar esta vez con un timbre diferente al anterior, la insistencia de las llamadas pusieron a Gissel de peor humor. Sin siquiera molestarse en mirar el identificador de llamadas contesto con un tono de voz que no dejaba dudas sobre su enfado. Siempre se hace la importante y se lleva al mejor tipo. Ximena con su mano acaricia la pierna de Kimaura y sonriéndole le dice:. Sentir como él me bombea y yo meto mi carita entre tus piernas par escucharte gemir. El bar esta hacia el otro lado. Sin dejar de conducir tras de Gissel contesta la llamada. Kimaura observa como la expresión de Ximena cambia de una radiante sonrisa a lo que podría definirse como una total desconexión de la realidad, sus ojos se vuelven vidriados y opacos mientras su boca queda entreabierta. Ximena no contesta y guía el auto al borde de la calzada y se detienen. Apartando el teléfono de su oído le dice a Kimaura:. Kimaura toma nerviosa el teléfono y sigue mirando asustada a Ximena, que sigue allí mirando la nada, con la voz entrecortada contesta el. Kimaura obedece y entrega el móvil a Ximena mientras ella aparta sus bragas y después de mamar y lamer sus tres dedos los introdujo en su coño. Ambas permanecieron sentadas y el murmullo de los huevos se hizo casi imperceptible, entre los gemidos y la agitada respiración de las chicas. Al final solo 6 chicas permanecieron en la sala observando con atención la pantalla principal de la sala donde un mapa mostraba todos los sectores de la ciudad y sus alrededores. En el mapa varios cientos de puntos rojos se desplazaban sin orden o coherencia, pero poco a poco cada uno de los puntos se detenía unos segundos cambiando a un color amarillo y finalmente la luz cambiaba a verde, poco a poco cientos de puntos cambiaban a verde y todos tomaban la misma dirección hacia el nuevo distrito cultural de la ciudad, específicamente hacia el nuevo edificio de conciertos y eventos. Algunos por voluntad propia, otras sin voluntad, pues no tenían la menor opción y avanzaban hacia las luces como las polillas vuelan a la flama de una vela. Ni que hablar de la discreción y excelente oportunidad que ofrecía la Clínica Dental del Dr. Con aquellos dos puntos de selección y reeducación funcionando la operación por fin despegó y en un tiempo que a todos pareció eterno, un par de decenas de lindas esclavas sumisas estuvieron listas para empezar a generar placer y ganancias. El tiempo de reprogramación de aproximadamente 3 meses era demasiado para la creciente demanda de clientes que solicitaban novedades. El primer golpe de suerte llego cuando Robert haciendo investigaciones dio con los experimentos y desarrollos de pruebas de conductivismo y regeneración neuronal de la Dra. Helen Bells. Tomo muy poco tiempo para que la inocente y visionaria Dra. Bells, fuera convencida de que Robert y su consorcio financiarían las nuevas pruebas y subieran la investigación al siguiente escalón, pruebas en humanos. Poco tiempo le tomó a la doctora darse cuenta que los planes de Robert no eran la regeneración neuronal, eran la reprogramación neuronal. Lamentablemente para ella ya todo el material necesario para continuar pruebas independientes había sido robado por el buen Robert, cuando Robert propuso a Helen un porcentaje de utilidades y le detallo el uso de la nueva tecnología ella lo rechazo de plano. Esclavas que podían ser activadas vía telefónica y que con gusto complacerían a cualquier cliente en cualquier lugar, y luego de ser usadas simplemente despertarían a su rutinaria y aburrida vida. Cuando Robert pensó tenerlo todo resuelto, la demanda sobrepaso la oferta. Un segundo golpe de suerte llego en la figura de uno de sus principales proveedores y posteriormente cliente y socio, James Michael Baxter quien había ya solicitado la ayuda de Robert para resolver un lío de faldas de oficina, ahora se presentaba con la propuesta de entregar el control total de las Clínicas Baxter, que eran financiadas por él, pero administradas por su esposa Susan Baxter. En pocas palabras La vida era muy buena para James. Ir a la sala de belleza se volvía para ellas una droga, un deseo compulsivo que debían saciar. Finalmente todas las piezas del rompecabezas estaban en su lugar, bueno casi todas, pero Robert miraba satisfecho la pantalla de su smartphone mientras veía como los centenares luces verdes convergían hacia su ubicación. Se aparto de la ventana por donde también podía ver la marea de personas que empezaban a agolparse en ambos lados de la alfombra roja por donde en cuestión de horas desfilarían los ricos, famosos y poderosos de la ciudad. Robert volvió a mirar por el ventanal y sonrió al escuchar gemir a la putita reportera que convulsionaba sin control de su cuerpo y sus deseos. Consultando su reloj y volviendo a mirar por la ventana Robert dice en voz alta:. En principio agradecerles a todos los que se han tomado su valioso tiempo en leer este relato y les insto escribir sus comentarios. Saber su opinión es la mejor manera de mejorar los relatos. Esta entrega se publica para celebrar el primer año del blog dedicado a las profesionales:. Se garantizan aventuras y discreción. Carmen acaba de volver de llevar a su hija al colegio y espera ansiosamente al ordenador iniciarse. Inmediatamente va a la cuenta de correo secreto que se había creado expresamente para este juego. Seguramente no lo ha soltado en todo el episodio. Ha tenido suerte. Sale asustada del portal y, por suerte un taxi la espera a la puerta. Lo toma y no sabe qué dirección decirle. Entonces suena su teléfono de nuevo. Es el Sr Parker:. Gran parte de las víctimas son yazidíes, una minoría étnica de kurdos no musulmanes. La organización terrorista ha separado a cientos de mujeres de sus familias para obligarlas a casarse con sus milicianos o para ser vendidas como esclavas sexuales. Gran parte de las víctimas son yazidíes, una minoría étnica de kurdos no musulmanes, a menudo obligados a convertirse al islam para salvar sus vidas. Tengo 28 años, estoy separado desde hace unos años, soy ingeniero electrónico y trabajo en una empresa dedicada a la fabricación de material electrónico de gran precisión. Todo lo que voy a contar ocurrió hace unos meses, pero no voy a dar nombres ni datos reales porque no necesito ser muy listo para saber que he participado en una operación ilegal, con implicaciones internacionales y que podría suponer el cierre de la empresa y probablemente, mi propio encarcelamiento. Una mañana me llamó mi jefe para decirme:. Sales dentro de dos días hacia Irak, para montar nuestro nuevo sistema de radar antimisiles. Puede pasar cualquier cosa. Leído entre líneas: O vas a Irak o a la puta calle. No hay problema. Voy yo. Al fin y al cabo soy el que mejor conoce el sistema. Tienes dos días para prepararlo. Me fui del despacho cabreado, acojonado y todos los ados posibles. Necesitaba el dinero para pagar la hipoteca del chalet que mi exmujer se ha quedado, gracias a las triquiñuelas de la hijoputa de su abogada, y el alquiler del mío. Planee lo que podría hacer y al día siguiente puse mis ideas en marcha. Me hice con un modem-teléfono vía satélite, de los que mi empresa utiliza para el mantenimiento remoto del software de los equipos, así como una serie de componentes y circuitos de transmisión de radio de corto alcance y otro teléfono normal. La misión era que al recibir una señal el teléfono, enviaba un impulso a todos los receptores que bloqueaba los aparatos hasta ser rearmados. Le dejé el teléfono normal a una amiga. Le di instrucciones de que la llamaría o le haría una llamada perdida todos los días. Cuando llegué, me alojé en el hotel, donde se deshicieron en amabilidades, y donde me esperaban unos militares que me llevaron al lugar donde debía realizar la instalación sin llegar a instalarme. Inmediatamente di instrucciones sobre cómo instalar las antenas de radar y llevar los cables hasta la sala de control, mientras yo, me puse a trabajar montando los equipos. Todo funcionaba perfectamente, incluso llegamos a detectar y bloquear varios ataques de la guerrilla antes de que pudiesen causar daños. En este tiempo, no había dejado de llamar ni un solo día a mi amiga. Al día siguiente de llegar al hotel me desperté a medio día y pedí la comida en mi habitación, volví a dormir algo de siesta. Cuando me desperté, una relajante ducha y estaba terminando de vestirme cuando llamaron a la puerta. Tras abrir, me encontré con un grupo de cinco policías fuertemente armados. En la comisaría me encerraron en un calabozo durante varias horas, hasta que me llevaron a una sala de interrogatorios, donde me enteré que me acusaban de espía y estuvieron preguntando por mis contactos y la red de espías que teníamos en su país. Al sexto, se abrió la puerta de mi celda y entró el oficial del ejército con el que había estado en las instalaciones. Le he estado buscando por toda la ciudad. Debe disculparnos, al parecer le han confundido con un espía y… Lamento mucho lo que le ha ocurrido. Salí acompañado del oficial, el cual, sin llegar siquiera a la entrada del hospital, me dijo:. Me largo de este país inmediatamente. Yo había oído que se habían producido ataques incontrolados que no habían podido identificar a tiempo, por lo que me la jugué a una carta, sabiendo que tendría que reparar los equipos. No se por qué acepté, pero me fui al hotel, donde comí y cené en la habitación, sin levantarme de la cama. Ya apunto de dormirme, llamaron a la puerta. No hice ruidos ni contesté. Llamaron varias veces, hasta que una voz de mujer en un español raro dijo:. Abrí la puerta y me encontré frente a una rubia despampanante, con vestido mini minifalda ligeramente por debajo de la ingle. Lo justo para no enseñar el coño. Como solamente llevaba un pantalón corto de pijama, solté la sujeción y cayó también al suelo dejando mi polla apuntando al techo y mostrando todas mis moraduras. Estaba tan cargado que no aguanté mucho. Al poco, la agarré del pelo y comencé a follarle la boca, pero el dolor de mi cuerpo, todavía con magulladuras me hizo desistir. Me separé de ella para acostarme nuevamente en la cama. Ella se subió también, poniéndose arrodillada entre mis piernas para seguir con su mamada. Sigue puta, sigue. Me tienes al límite. Ella aceleró sus movimientos. Me corroooo. No pares, no pareeees. Solté todo lo que llevaba en el interior, y que ella tragó sin rechistar. Las contracciones de mi cuerpo al correrme me volvieron a producir dolor, por lo que entre unos y otros me dejaron hecho polvo. Le di las gracias, le dije que ya podía irse y pregunté cuanto tenía que pagarle, a lo que respondió:. Se acostó a mi lado y se dedicó a jugar con ella entre sus dedos y a pajearla. Quince minutos después volvía a estar preparado. Entonces volvió a meterla en su boca para ensalivarla bien y acto seguido se puso sobre mí, con una pierna a cada lado de mi cuerpo y se ensartó ella misma. En la que nos condicione el placer que proporcionamos o recibimos y no los tiempos de ejecución que otros, por muchos que sean, han establecido como convenientes. Con Günter, había que estar en continua comunicación. En cuanto su mano se agitaba buscando el bloque de agua, sabía que su orgasmo era inminente. Yo me detenía y se lo aplicaba, bien en la espalda sobre la columna, bien sobre el vientre, entre el ombligo y el pubis. Sorprendentemente, sucedía que, en ocasiones, pasaba mucho rato antes de que su angustia le hiciera vislumbrar su eretismo. Por mi experiencia con él y muchos otros, no es tan importante el tiempo que se emplee en obtener el orgasmo como el convencimiento de que ese tiempo siempre va a resultar demasiado corto. Cuando se escuchaba esto, era que algo tremendo iba a suceder, como que el general cartaginés Aníbal Barca estaba a punto de someter la ciudad. El enemigo, aquí, no es un militar con muy mala leche y elefantes como para fundar un zoo, sino algo tan gratificante como el orgasmo. Convendría reflexionar sobre qué extraños mecanismos pueden hacer que temamos a nuestro propio orgasmo. Me cité con Hugh tres veces durante mi estancia en Londres con motivo de un stage de posgrado en una empresa. Cuando todo parecía predispuesto al encuentro sexual, de repente, algo fallaba. Una de las primeras cosas que realiza el terapeuta es, con toda la razón del mundo, traspasar la unidad clínica del hombre a la pareja. Las disfunciones eyaculatorias no son asunto de uno, sino de la unidad que interacciona. Con este principio el novelista Irving Wallace publicó una curiosa novela en que llevaba por título The A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o celestial bed La cama celestial , donde se relataban las actitudes y los comportamientos de estas carnales terapeutas sexuales. Leí, en una ocasión, del filólogo Marius Serra, el caso de un monje, Pompeyo Salvio, que a principios del XVII, de la jaculatoria Ave María, gratia plena, dominus tecum, había conseguido sacar quinientos anagramas quinientas composiciones con sentido, combinando y utilizando las treinta y una letras de la jaculatoria. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Mi pareja me toca menos… Seguro que ya no me quiere —El ser humano parpadea unas diez veces por minuto —le dije. Y empezó, involuntariamente, a parpadear como un poseso. Se lo tenía merecido. Nada mejor para crear un problema que creer que ya existe. Hay, como los buenos legisladores, que saber leer y saber interpretar. Pocas veces como en la pareja esta afirmación cobra tanto valor. Vivía en mi casa desde hacía seis meses. Mientras que el primero sólo ve, el segundo interpreta lo que ve. En el amor y en las relaciones de pareja pasa igual, todos creemos que podemos gestionarlas simplemente porque somos capaces de amar de ver , sin darnos cuenta de que las podremos gestionar verdaderamente sólo cuando seamos capaces de interpretar lo que vemos. Le dije que me dolía la cabeza. Es cierto que llevaba un tiempo sin acostarme con él. Me giró la espalda y apagó la luz. Yo, a tientas, me levanté a buscar una aspirina. Un sofisma es un razonamiento aparente que nos pretende convencer de lo falso: Sócrates es mortal. Las vacas son mortales. Sócrates es una vaca. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Algunos, como éste, parten de dos premisas ciertas para alcanzar una conclusión errónea. Otros, directamente, se apoyan en premisas falsas, que creemos como ciertas, para completar un silogismo engañoso. Un ejemplo: El sexo es pasión. La pasión es amor. El sexo es amor. Ni el sexo es exclusivamente un acto pasional, ni la pasión es sinónimo de amor, ni la falta de sexo es sinónimo de desamor. Al despertar, recordé el desencuentro de la noche. Me acurruqué contra su cuerpo y puse cariñosamente la mano sobre sus genitales. Él todavía dormía. Me di la vuelta irritada y decidí que volveríamos a practicar sexo justo cuando y como yo quisiera. No sé exactamente el porqué, aunque intuyo que tiene algo que ver con estrategias para comercializar mercantilmente el sexo. Una de sus mediciones favoritas es la frecuencia. Si nos creemos, por ejemplo, que las parejas normalizadas folian es decir, la meten tres veces por semana, empezaremos a tener un problema. Esto hizo aumentar notablemente la tensión en casa. Fue una buena amiga, a veces es una desgracia tener una buena amiga, la que me llamó, preocupadísima, para informarme que le habían visto en compañía de otra gran amiga. Un patrimonio, esto de las grandes amigas. La interacción sexual en una pareja estabilizada es un acto cultural. No es un sentimiento, como nos quieren vender, es un convenio sentimental. No es una pulsión inmanejable, es una apetencia pactada. Como ir juntos al teatro, como compartir la cena, como prestar consuelo. No tardó mucho en enterarse. Rompió la vajilla, recogió sus cosas y se marchó. No sé si realmente le quería o si él llegó a amarme, no sé si se tiró a mi amiga, pero ahora sé que de un dolor de cabeza y del sueño de una mañana de domingo, hicimos un problema. Estas líneas no son una apología de la pareja, es una apologia del entendimiento cuando se quiere vivir en pareja. Sería hermoso amar con razón y olvidar los motivos. Extracto de Catón el Viejo o de la Vejez Cicerón No hay mejor manera para hacer que algo sea cierto que creer que es cierto. Madame Claudette sentía una especial predilección por los trajes de Chanel. Pese a lo avanzado de su edad, mantenía una silueta esbelta y un pelo cano y lacio que dulcificaba su rostro y daba sentido a sus arrugas. De miembros largos y delgados, sus gestos eran siempre comedidos pero determinados. Al hablar, sus manos se movían por el aire como las de un pianista durante un recital. Pero ella, al menos que yo sepa, nunca confirmó ni desmintió nada de aquello. Tuvo dos hijos de su primer matrimonio, uno murió en las Ardenas, el otro heredó el hostal. En su criba, el Modelo, que como ya hemos dicho ha hecho del sexo el coito y de la sexualidad un problema, ha borrado dos amplios grupos de población: los niños y los ancianos. En cuestiones de sexo, el de los niños no existe y el de los ancianos se desprecia. Los niños desconocen la vileza del estigma de ser sexuado y los viejecitos ya no tienen energía como para entregarse a los desenfrenos de la carne. Así, todos, salvo los implicados, contentos. Y si preguntan, a unos se les oculta y a los otros se les engaña. Mientras los niños averiguan, los ancianos confirman. Madame Claudette, a la que despectivamente llamaban Madame Traineuse algo así como Señora Trotona , solía ser tema de conversación en las interminables reuniones que, entre copas de cassis, celebraban en casa mi madre y sus vecinas. Ella empezó a representar para mí una canción distinta, una película que me evadía de las sesiones de cartas y moralina, de las rutinas del orden familiar conveniente y de los rituales de buenas costumbres de clase media francesa. Y no era su libertad, sino que hiciera uso de ella. Así que, mañana tras mañana, antes de ir a buscar el pan de la mano de mi padre, me sentaba en la puerta para que, como solía hacer, Madame Claudette respondiera a mi mirada curiosa con una sonrisa franca. La juventud, el modelo que de ellos hemos construido para vender bienes asociados a ellos de yogures a cirugías , con su vitalismo productivo, su belleza eternamente fresca, su acción siempre determinante, se ha impuesto, como un mal amante, sobre nuestras espaldas. Hay que tener cuerpos brillantes y modelados, la movilidad de un trapecista, la elasticidad de un contorsionista chino y el cerebro de un… bueno, a juego con el conjunto. Los adultos empiezan a ser un bien escaso. Y los jóvenes de verdad, no los de anuncio, andan tan escamoteados como aquellos. Una mañana no despertó. La asistenta la encontró en su cama. Acompañé a mi madre a casa de Madame Claudette para darle el pésame a una hija suya, nacida de su segundo matrimonio, que vivía en la capital y a la que yo nunca había visto por allí. Cuando entré en la casa cogida de mi madre, pude ver algunos rastros de su vida. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o La masturbación es un sustituto del sexo De tiempo en tiempo, una mujer es un substituto razonable a la masturbación. Pero, naturalmente, exige de mucha imaginación. Debía de ser hacia mediados de noviembre de Decía el cómico que lo malo de los cuernos es que tienes que cargar con toda la vaca. A mí me había tocado una mala racha de oportunistas, simplones, pretenciosos y enamoradizos, de esos que lees en medio polvo, que los tienes del todo vistos antes de que se bajen los calzoncillos y que se acaban por donde empezaron. Mucha vaca para tan poca cornamenta. Pensé que ya había trotado bastante. Y que no hay mejor sexo que el que una se procura. De origen latino, podría derivar de la locución manu stupare, algo así como violarse o forzarse con la mano, o de manu turbare, turbarse con la mano. Una cosa es amarse a sí mismo y otra, amar con la mano. Una cosa no conlleva la otra y la otra no es sinónimo de la primera. El matiz es fundamental. Cuando las cosas las entendemos, las nombramos correctamente. Por eso desabroché el botón de mi tejano y deslicé los dedos por debajo del tanga. Como otras veces habían hecho otros. Un verbo implica, o al menos no descarta, la participación. Uno, aquí y en Roma, puede masturbar a otro. Salvo que el existencialismo, en su infinita sabiduría, le hubiera procurado a Sartre un clítoris, Sartre masturbaba en compañía. La quiroerastia, el amar con la mano, no es sólo asunto privado. Yo tenía un amigo que amaba a su esponja. Tenía una hermosa esponja natural con la que practicaba el coito en la soledad de la bañera. Una amiga prefería las berenjenas, con las que se unía en su cama. Contaba Dion Crisóstomo, el retórico, que el dios Pan ardía en deseos de poseer a la ninfa Eco. Ante la imposibilidad de lograr su objetivo, Hermes, su padre, le reveló los secretos del placer en solitario. Secretos que él pronto difundió entre los pastores de la Arcadia, posiblemente junto al de la zoofilia. En su origen legendario, ya se hace de la ipsación el sustituto de una unión imposible, el fruto de una carencia. La decisión me duró apenas quince días. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Es difícil perdonar una infidelidad Ésta es la historia de Pasifae: la esposa de Minos, reina de Creta, se enamora del toro divino que Neptuno ha regalado al rey. Pasifae puede conocer así la voluptuosidad de los animales, los deseos no permitidos. La becerra de Pasifae es el caballo de Troya del deseo. Pascal Quignard El sexo y el espanto Los animales astados no siempre han tenido mala prensa. Como vemos, en ocasiones, hasta han servido para convertir, a su vez, en cornudo a todo un rey. Hay cosas que si hubiera sabido explicarme por qué las hacía, posiblemente no las hubiera hecho. Una de ellas fue llamar a Dieter y Elsa. Ocurrió en y yo volvía a instalarme en Barcelona después de vivir un tiempo demasiado largo en Madrid. El anuncio decía: Pareja liberal con buena presencia y alto nivel sociocultural, busca chica seria para mantener relaciones sexuales. No lo dudé mucho y llamé. Supongo, como digo, que fue el no saber explicarme a mí misma por qué llamaba lo que me hizo llamar. Cogió el teléfono Dieter. Dieter no me causó mala impresión. Quedamos para encontrarnos al día siguiente para tomar un café y charlar un rato. Me anunció que le acompañaría su pareja, Elsa. Elsa fijó enseguida sus hermosos ojos sobre los míos. Dieter se mostró calmado y cariñoso, exponiendo con claridad lo que pretendían de este encuentro. Pagó los cafés y abandonamos por separado la terraza. Aquella misma noche me recogerían para acompañarme a la casa que tenían en Sitges. Yo encaminé mis pasos hacia la lencería. Comprarme ropa interior estimulaba mi apetito. Bueno, el ejercicio de lo que los mismos redactores del discurso llaman el amor; un compromiso de por vida en el que la obligación de fidelidad se convierte en uno de los fundamentos inequívocos de su existencia. Pero amar no es amarse a uno mismo en el otro. Es un acto culto que requiere de cultura, de aprendizaje y de experiencia y se basa en el aprecio, a través del entendimiento, del otro. Al amado no se le alecciona, se le observa, no se le transforma, se le ve crecer y no se le conduce, se le acompaña. Llegaron justo a la hora acordada. De camino a su casa nos detuvimos a tomar una copa en un local de moda de Barcelona. Allí, entre risas y roces, se despejaron las dudas que pudieran quedar. En la cama nos centramos en Elsa. Dieter participó lo justo para que ella lo viera acariciarme y viera cómo yo le correspondía. Al despuntar el día y tras una ducha, Dieter me acompañó a casa. Nos despedimos con dos besos cordiales y con la promesa por ambas partes de un nuevo encuentro. Yo no he sabido amar muy bien, lo confieso. No he sido, tampoco, una novia modélica para un novio modélico. Lésbico entre las pechugonas milfs alexis amore y gina lynn. Milf pelirroja follada por chico jovencito. Tienen una cena en casa y se exhiben. La salida precipitada y a toda velocidad del Ministerio muy temprano hacia Barajas en el coche de los escoltas la había dejado lívida. Por su parte, para remachar su victoria, Pixi lanzó un cacahuete al aire para recogerlo al vuelo en su boca. Pero tuvo tan mala fortuna que le fue a dar en un ojo. Estaban en tablas. El director de comunicación, ofuscado, se dio media vuelta y ella se sentó tranquilamente para hacerse con su neceser. O mejor, ella había ganado por muy poco aquella partida. Ahora se vería con su Jefe y aquello la trastornaba. Al salir del baño, Teresa comprobó cómo el mismo ministro Piñas, que lucía su frondosa e inconfundible melena plateada, exhibía su metro noventa para indicarle con la mano dónde estaban ubicados. Augusto le sonrió enseñando su dentadura. Se sintió descolocada. Desde que había roto con Matías no aguantaba a los guapos, pero se sintió turbada. Le empezaron a temblar las piernas. Un tío atractivo y con poder te hace cuatro monerías y te fundes-, se dijo a sí misma. Estaba muy nerviosa por aquella primera reunión, así que le agradeció el detalle, tímidamente, con una mirada afectuosa. Insegura e incapaz de controlar aquel estado, avanzó intentando parecer resuelta por el pasillo, pasó ante una de las puertas del avión. Leyó: Pull down the handle to open the door y se planteó hacerlo con ganas. Les llamaban las tres jotas del Ministerio. Al verla, interrumpieron por unas centésimas de segundo lo que parecía una discusión soterrada para no molestar al resto del pasaje. De hecho, se trataba de hablar quedo para que los cinco periodistas que acompañaban a la delegación del Gobierno no descubrieran las preferencias ministeriales para la ubicación del nuevo cementerio nuclear. Augusto Piñas la miró sonriendo y le indicó que se acomodara en la cabecera libre de la mesa, frente a él al otro extremo. Los cuatro iban en mangas de camisa y tenían el nudo de la corbata aflojado. Buscaban una solución a su problema atómico. Joder no sé qué hacer. Los cinco pueblos finalistas para albergarlo cumplen todos los requisitos, pero parece que ninguno quiere tener esa mierda en su subsuelo. Tenemos que inventarnos algo- la voz de El Rey Sol era grave, tan grave como su problema. No es un cementerio nuclear, cualquier día en una rueda de prensa se te escapa y la joderemos. Aquella forma tan soez y soberbia de tratarse entre ellos sorprendió a Teresa, no tanto por el desagradable tono de las expresiones, sino por la supuesta grandeza de aquel selecto grupo de mujeres y hombres, sobre todo hombres, al que ahora ella pertenecía. Un mundo de hombres midiéndose las vergas y repiqueteando en las mesas como gorilas en la selva. No era la primera vez que una escena parecida le hacía sentir asco sobre las formas de actuar de los hombres en grupo. Pero, en esa salita del Airbus, sólo estaba en el recibidor de la alta política. Se estaba dando cuenta del valor de las grandes decisiones, de su origen y de cómo se fraguaban las delicadas líneas estratégicas que en el imaginario colectivo parecían proceder de discusiones altamente técnicas forjadas en el seno de grupos de élite. Había escuchado a aquellos tipos en la radio. Los había visto en los informativos de la televisión, acicalados, asépticos, con la corrección y la precisión de un maniquí ciego que se aferra a sus palabras pulcras y concisas, como a un bastón, para no despeñarse por el abismo. Ahora estaba allí con ellos, los podía tocar y hasta viajaba a su lado y presenciaba cómo se insultaban, cómo sudaban, cómo se rascaban el cuerpo y como defecaban mierda por sus bocas igual que títeres gobernados por un loco. Tras la interrupción de Medina, Pixi, sin darse por aludido, siguió lanzando frutos secos al aire que aterrizaban o bien en su calva o en la del propio Medina. Augusto Piñas desvió su mirada reprobadora de la escena de Pixi y retomó el asunto. Como en un examen, Piñas iba a probar a cada uno de los presentes y se dirigió esta vez al secretario de Estado de Telecomunicaciones. Piña esperó para obtener una respuesta y sólo vio la cara blanca e inexpresiva de aquel hombre. Miró al ministro, balbuceó algo incomprensible y volvió a beber de su copa de licor de chocolate Regent-Gold. Piñas se enfureció ante el gesto evasivo del experto en telecomunicaciones. Deja ya de hacerte el ofendido. Dime qué coño piensas sobre el silo nuclear, que llevas todo el viaje ahí acogotado sin hablar. No es tu problema, claro. Tampoco es tu puto problema la Comisión Europea imponga sanciones a las telecos por cobrar tarifas abusivas en Internet. Ya ni me acordaba. Mírame, coño. Esto no es una guardería de nenes que se retiran el saludo si se mosquean-. Pero Pixi empezó a reirse y a elevar la voz para acallar cualquier intento de conversación al uso. Lo que deberías hacer es operarte tu puto miedo a volar. Si es que nos das unos viajes… que es para cagarse y luego tenemos que gastarnos una pasta en publicidad institucional y dar entrevistas en exclusiva para cerrar bocas-. Dejó pasar las palabras del director de comunicación y respondió a Augusto Piñas. Navarrete parecía al borde de un precipicio y a sus ojos asomaba un fuego perturbador. Justo Leandro, el asesor internacional del Ministerio, rompió por primera vez su silencio. Se quitó la americana y miró hacia el techo del avión preocupado. Se me ha acabado el licor. Teresa Baltar no entendía nada, pero aquella conversación había conseguido disipar su miedo a no estar a la altura de aquel grupo. Cruzó una mirada aséptica con el ministro que se mesaba el pelo. Pachamama bajó levemente la cabeza mirando al ministro en un gesto de complicidad en el elevado escalafón que creía compartir con él. Y Piñas le devolvió el gesto, admiténdole por un instante en su estatus. Pixi intervino de nuevo como si no hubiera sido incluido por Pachamama en el grupo de los que hacen perder miserablemente el tiempo. El director de comunicación estaba decidido a hacerse notar y a no discutir de frente con el secretario general. Y ahora la tomaba con Teresa. El ministro intervino. O te callas o te vas con los periodistas, que es lo que tendrías que estar haciendo ahora, comerles la oreja y venderles motos. No sabemos de qué va la prensa en este viaje. Han venido a joderme, coño. El ministro estaba alterado. Punto en boca- se tapó la boca con la mano y levantó las cejas para redondear su actuación de payaso en la función matinal. Te falta perspectiva política-. Augusto Piñas lo miró sorprendido en busca de una explicación por su comentario desafortunado. Teresa Baltar no podía creer lo que estaba escuchando y también dirigió sus ojos hacia Medina reprendiéndolo como muestra de apoyo incondicional hacia Piñas. Lo que quiero decir es que a escasos meses de unas autonómicas allí no nos conviene buscarle un problema a la presidenta. Ya sabes, que es de nuestra cuerda-. La azafata entró justo en el compartimento con una copa enorme de licor de chocolate y la botella. Navarrete, que seguía sudando a chorros mirando por la ventanilla, sacó dos pastillas de Tranquimacín y se las tomó de un golpe. El exceso de confianza entre aquellos hombres, después de tantos años juntos, había dado lugar a un. Aunque tras aquella reflexión se convenció de que cualquier político estaba condenado. Incluso ella lo estaba. Vaya, te los dejaste en el baño y Medina los ha recuperado. Qué amable, Pachamama-, dijo Pixi a voz en grito. Supongo que sois conscientes de que Teresa puede denunciaros por acoso sexual. Informaré al comité de disciplina. Por favor, reponte. Si necesitas salir, sal, pero vuelve cuando estés lista. Quiero oír lo que piensas sobre el silo nuclear, venga. Aquí es importante la opinión de cada uno de nosotros-, le pidió el ministro Piñas. Estaba paralizada. Aquella panda de hijos de puta había quebrado su capacidad de resistencia y su orgullo como persona y como mujer. Pero también sabía que sus proyectos de superación se quedarían en nada si no reaccionaba. Se imaginaba con la boca cosida o borrada de su rostro y con un enorme billete de vuelta a Arévalo por incompetente. Echó mano de las palabras que el ministro acababa de pronunciar y se vino arriba como un delantero ante el momento del penalti. Es verdad que es allí donde se dan las mejores condiciones para instalar el almacén o el SRCS, pero eso sería una putada para ella. Se encuentra en una situación muy delicada para ganar de nuevo las elecciones. Eso sólo le restaría votos-. Teresa realizó otra pausa para tranquilizarse. Su corazón palpitaba con rapidez. Se podría creer que desde Madrid preferimos un nuevo Gobierno en Murcia de signo político diferente al nuestro porque facilitaría las cosas. Perdona, María Teresa. Sigue-, se dirigió a ella amablemente el secretario general de Recursos Energéticos de la Madre Tierra buscando una reconciliación. Y a nosotros-. Lo has captado perfectamente, Jefe-. Todos miraron asombrados a Teresa. Ahí puedes tener una hoja de ruta-. Tras aquel alarde en su exposición un sudor frío recorrió su frente. Se moría de miedo por la reacción. La has vuelto a clavar, bueno, la hemos vuelto a clavar-, exclamó el ministro para después soltar una bomba ante todos. Los presentes la miraron con cara de aprobación y sorpresa. Aquella extraña recién llegada acababa de dar el primer paso para entrar en el cogollito. Teresa Baltar no era muy consciente de lo que acababa de ocurrir y de los recelos y susceptibilidades que aquella nueva etapa levantaría entre los miembros del gabinete ministerial. Se remangó la camisa de nuevo y volvieron a quedar al descubierto sus brazos velludos y gruesos. Lo que nos tiene que importar es su inversión de diez mil millones en fotovoltaicas y eólicas a través de su empresa estatal. Nunca se había hecho una inversión tan cojonuda-. El Rey Sol parecía inquieto y con prisas por cerrar el asunto del viaje que les llevaba a Abu Dabhi. Debemos abrir todos. Y ahí es donde entran Tessy y Navarrete-, puntualizó Augusto Piñas. Tiene que parecer que se trata de nuestra prioridad absoluta-. Pixi interrogó al ministro antes de hablar. Le dirigió un gesto de elevación de hombros. Las vamos a recortar dentro de un mes en nuestro país y con éstos vamos a firmar en cuestión de días. Nos van a joder por todas partes-. Augusto Piñas la miró desde su sillón. Se levantó y cuando todos habían abandonado la salita, se dirigió a Teresa. Estudiamos juntos en Massachussets. Ah, y casi se me olvida, bienvenida al proyecto -. Se sentía satisfecha y le importaba muy poco si el equipo del ministro la veía o no con buenos ojos. Hasta hoy eso le había preocupado, pero ahora ya se sentía pertrechada por la confianza y el trato exquisito de Augusto. Justo Leandro le sonrió con un gesto sincero. Son unos hijos de puta-. Le hubiera gustado decirle algo inteligente y reconfortante. Pero justo cuando iba a secundarle, Leandro amplió su frase. Aquí impera la violencia anímica, porque física no se puede. Se trata de un ambiente podrido en el que sólo existen las relaciones de poder, las mentiras disfrazadas. Aquí reinan los fantasmas dolorosos y los volcanes que van a entrar en erupción-. Llegó hasta su asiento y una mujer que ocupaba la plaza del pasillo contigua a la suya descansaba con las piernas estiradas y le impedía pasar y acomodarse. La mujer se hizo a un lado para que pudiera sentarse. Es que he estado en el bar durante todo el viaje y estoy un poco achispadita. Es justo lo que necesito-, pensó. Estaban muy cuidadas, con uñas esculpidas y brillantes, y sujetaban una copa con un Dry Martini. Salvo aquella ligera imperfección, el resto del cuerpo resultaba increíble. Estaba delgada y tenía unos senos generosos y firmes, que no se movían con las turbulencias. Su vestido rojo ajustado permitía ver una cintura estrecha, sin barriga ni michelines, y unas caderas sin cartucheras. Era extraño comprobar algo así en mujeres de su edad. Aunque la melena rubia le tapaba medio rostro, Teresa consiguió atisbar unos ojos verdes profundos y misteriosos. El seseo, por cierto, que emplean algunos patanes como éste, que quieren sonar a finos y cultivados. Cogeré un taxi, no debe de estar muy lejos. No debía de haber acabado de entenderme. La tecnología de la comunicación no es la comunicación. Aprender a comunicar no es aprender qué tecla hay que apretar para obtener línea. Sucede que, en nuestra cultura científica, confundimos progreso tecnológico con sabiduría. Pero desarrollo y conocimiento, aunque nos pese, no es lo mismo. En el sexo sucede lo mismo. Empleamos las palabras que hemos inventado para dar un marco moral, jurídico y clínico al sexo. Eso es todo lo que en materia de nuestro entendimiento del sexo hemos avanzado. Sobre el cómo usarlo o para qué, seguimos sabiendo lo mismo. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Los prejuicios sobre el sexo siempre han sido los mismos Eras, que era un dios para los Antiguos, es un problema para los Modernos. Denis de Rougemont El metro trotaba como una cebra loca por la sabana. Volvía del apartamento de Claire y me dirigía hacia el Instituto de Lenguas Orientales para asistir a clase. En el vagón y junto a mí contra mí, adherido a mí un joven magrebí, grueso y desaliñado, hablaba acaloradamente con otro. Aunque apenas les separaba la distancia de un papel de fumar, el tono de su voz era alto, de manera que todos los del compartimento y probablemente los de media Francia podíamos oír sus opiniones: —Lo que yo te diga: maricones los ha habido siempre. El otro asentía. Me sujeté con firmeza a la barra, no para golpearle, sino porque me caía; el metro de París, a hora punta, podría ser una atracción de éxito en Eurodisney. Pédé fue el término francés que empleó. Las palabras no son inocentes. Es la doble humillación del prejuicio: en palabra y obra. A Claire la conocí en la iglesia de Saint Julien le Pauvre. Los centros de culto, contrariamente a lo que se pueda pensar, no son un mal sitio para activar el deseo. El programa incluía una pieza para flauta de Antonio Vivaldi: II cardellino. A mi izquierda se sentó una chica. Nos miramos furtivamente durante todo el concierto. Cuando concluyó, se dirigió a mí con un aire tímido y una sonrisa que hubiera embrujado a todas las hadas del bosque: —Aquí, en Saint Julien, los jilgueros cantan de otra manera. Aquella noche no regresé a casa. Pasé la noche, la aurora y el alba en el apartamento de Claire, en el distrito quinto. Posiblemente se pueda datar este inicio en el primer tercio del siglo XIX ese momento que se recoge bajo el epígrafe, un tanto anglófilo, de época victoriana. Y ya sabemos; para que surjan los estigmas, los prejuicios, las condenas y los miedos, tiene que existir algo que consideremos un problema. La importancia de los términos. Un chiste grueso: El joven se acerca a su padre apesadumbrado. Claire era una chica extraordinaria: compleja, divertida, incisiva y generosa sexualmente. El poco tiempo que pasé con ella es un hermoso recuerdo. No, querido compañero de tren de aquel día, ni los homosexuales han existido siempre, ni siempre han sido homosexuales. Dejé a Claire cuando acabé mis stage en París. Respiró melancólico y prosiguió: —Su madre, lo recuerdo bien, estaba aquí, justo donde yo me encuentro. Chiste viejo que me contó alguien que sabía lo que era tratar con las cabras. A mí no se me ocultó nada, pero tampoco se me dijo nada. Mi madre me miraba desde la pequeña ventana del undécimo piso cuando cruzaba la calle para ir al colegio. Todos los días. Entre los trece y los quince años. En los pabellones militares donde vivíamos, en espera de que le fuera asignado un destino a mi padre, había una biblioteca. En la biblioteca, aprendí lo que una niña puede aprender de sexo, antes de que llegase mi primera regla, antes de que mi padre me comprara las primeras compresas. En los sótanos de los pabellones militares, estaban el aparcamiento y los contenedores de basura. En los sótanos, cerca de la puerta del ascensor, dejaba que algunos chiquillos me besaran con lengua y me tocaran el pecho. Antes de ponerme la ortodoncia dental, antes de que mi madre me comprara los primeros sostenes. La primera vez siempre viene precedida de muchas pequeñas primeras veces. La primera vez que amamos siempre hemos amado muchas veces antes. La primera vez que reímos es la primera vez que tomamos conciencia de que reímos. O la que nos hacen recordar. Con la sexualidad sucede lo mismo. En seres sociales como nosotros, la toma de conciencia es un estado que no se alcanza siempre en soledad. La conciencia es, muchas veces, la vista propia apoyada en la conciencia de los otros. La voz ronca con la que nos habla el control social, la moral y el orden. El juicio del otro hecho yo. Fui a un centro de planificación familiar al poco de tener mi primera menstruación, que apareció justo el día que cumplí los catorce años. Llegué sola, di mi nombre y esperé en una silla niquelada. La mujer centroafricana que se sentaba a mi lado sonrió. Me cedió el turno cuando el ginecólogo le ofreció pasar. Me examinó sobre la camilla. Mientras él observaba bajo el pequeño delantal blanco, me hizo algunas preguntas. Yo le respondía, mirando de reojo, para distraerme, el dibujo sobre la pared del aparato reproductor masculino y femenino. Me entregó una Un día, al poco, lo descubrieron todo. Y de mi determinación se hizo una jaula para encerrar grillos y de mi curiosidad, un problema. Parece ser que en la sexualidad humana hay un momento crucial, en el que debemos tomar conciencia de que hemos hecho uso de nuestra condición de sexuados: el primer coito. No puede ser, naturalmente, de otra manera. Como si con la primera palabra que leemos se perdiera vista, como si con la primera duda que aparece se perdiera inteligencia. Hemos hecho de la primera vez una preocupación y no un mérito, un peligro y no un aprendizaje, una vuelta y no una ida, la llegada del príncipe azul y no el beso a la rana. Y hemos hecho y seguimos intentando hacer, de un encuentro, realizado desde el desconocimiento y apadrinado por el fracaso, un condicionante existencial para el resto de nuestras vidas. Pero dejaré esas explicaciones para los que las temen, porque los que no las temen ya las conocen. Perdí mi virginidad un 17 de julio de , a las Fue en una cama, en el campo, en casa del novio de la amiga donde me alojaba. Guardias, celadores, cabreros… Quienes hicieron de aquello algo trascendente son los que siguen vigilando mi alma. Y la de todos. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o El impulso sexual empieza en la adolescencia Un niño no tiene necesidad de escribir, es inocente. Henry Miller Inocente es aquel que no es culpable. Como los niños. Llega un día en que devenimos culpables, en el que dejamos de ser inocentes, en el que alguien nos culpabiliza de algo. Hasta que llega el momento en el que tomamos conciencia de esa gran culpa que nos han dicho que hemos cometido. Eso es la adolescencia. Por eso los padres la dicen con nostalgia, en voz baja, como si recitaran una salmodia. Nos la escenifican como la pérdida de algo, en la que se agitarían pañuelos de no ser por la urgencia de tener que limpiar afanosamente las primeras manchas, las pruebas del delito, los estigmas de nuestra culpabilidad. Es entonces cuando podemos empezar a actuar como culpables, es entonces cuando nos sentimos culpables, después de que toda la culpabilidad que nos han ofrecido la aceptamos como nuestra. Eso es la juventud. Para que seamos capaces de culpabilizar a otros inocentes. Nuestra existencia es la historia de una culpa asumida que transmitimos como la peste. Su olor era de almidón, de fin de semana y de la piel tibia de Isabelle. Mi prima. Es un esquema perverso el de la culpabilización. Eso sí que es perverso, y no besar una flor. En todo ese proceso, nos han encontrado una serpiente que roba el fruto y nos lo ofrece. La serpiente es el sexo y la manzana es el conocimiento del sexo. No hay jardín de las delicias o Edén en el que habite un solo reptil. Cuando mordemos la manzana de nuestro propio conocimiento de seres sexuados, somos fulminantemente expulsados de la inocencia, de la falta de culpa. Así nos lo hemos creído porque así nos lo han vendido los mismos, entre otros, que inventan los paraísos, las serpientes, las manzanas y hacen que los niños nazcan con un pecado original que sólo se puede lavar con el sacramento del bautismo; con la adhesión al club de los libertadores que nos salvan del pecado que ellos inventaron. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Pero sucede que los niños, los angelitos, son, contrariamente a lo que cuenta la leyenda, seres sexuados, como los adultos. Sólo que sin sentimiento de culpa por ello. Sin el sentimiento que les imbuimos en la infancia y asumen plenamente en la adolescencia, cuando pueden empezar a pensar en hacer uso de su condición de sexuados. Para el sexo, no hay que esperar a que se cubra nada de vello, o que encontremos un agujero que tapar o dejarnos tapar o que tengamos plena conciencia del problema que nos hacen creer que es el sexo; para el sexo, sólo hay que nacer. Isabelle había cumplido los doce años dos meses antes que yo. Ambas vivíamos nuestra adolescencia de fin de semana juntas. Su casa estaba en el campo. Cerca de la entrada había un columpio, atado a las ramas de una encina, donde se producían nuestras mayores discusiones. Así que volvíamos a discutir. A mí me gustaba Hervé y a Isabelle también. Resulta curioso la de secretos que tienen unas adolescentes. Allí le expliqué mi primer beso y allí nos bebimos dos botellas de vino rancio que acabaron con nosotras. Un día, encontramos un garito volviendo del pueblo. Su padre se lo llevó. En el camino que iba de la casa al pueblo fue donde me caí por primera vez de una bicicleta creo que, desde entonces, no he vuelto a subir a ninguna. De noche, cuando no nos dejaban salir con el grupo, veíamos la tele con nuestros padres. Los mayores tenían una especial habilidad para detectar los cuadraditos blancos que aparecían en pantalla. En cuanto uno de ellos asomaba, señal inequívoca, en Francia, de que el programa era para adultos, nos mandaban a la cama. Y claro, los papas y las mamas se besan y se tocan. Allí, casi nunca discutíamos. Durante mucho tiempo, el ir, los fines de semana, a casa de Isabelle fue para mí uno de los pocos alicientes de mi adolescencia. Igual que el lenguaje no es el habla. El adolescente es una persona apasionada que balbucea. Ello no implica que haya que protegerlos a ambos del lenguaje. Hay que protegerlos del miedo de los adultos. Si tienen que entender algo, que no sea una estupidez lo que entiendan. Y dejemos de creer, nosotros los adultos, que la inocencia es la negación de su sexualidad, sólo porque ya no recordamos lo que es ser inocente. Colocar el pollo en un recipiente apto para el horno. Sírvase caliente. La glicinia estaba plantada desde hacía casi dos décadas. Si no hiciéramos del coito la materia gruesa, el centro de la erótica, no existirían preliminares, del mismo modo que no entendemos que existan preliminares para los preliminares. Dicen, los que saben de estas cosas, que la hormiga es un insecto himenóptero porque tiene una metamorfosis complicada y una boca que es a la vez masticadora y lamedora. Y es, como los poetas, buscadora de flores, a las que se arrima incansablemente en busca de néctar. Jorge abrió el balcón. Pero no fue así. Dejó que se posaran en su mano un buen puñado de hormigas que trepaban concienzudamente por las ramas de la glicinia. Después, las depositó, una y otra vez, sobre mi vientre. Las hormigas empezaron a distribuirse alocadamente sobre mi cuerpo. Notaba sus pequeños pies recorriendo desconcertados la extraña geografía de mi cuerpo. Me estremecí. Jorge volvió a alargar la mano hasta la trepadora y extrajo, de varios racimos, decenas de pequeñas flores. De pronto, me vi cubierta de flores malvas e, inmediatamente, las hormigas se reagruparon en torno a ellas. Como con un imperativo marcial e irreprimible, los pequeños insectos siguieron el rastro azul de su deseo y el circuito invisible del mío. Se amontonaron sobre el pezón de mi pecho izquierdo, rebuscando entre las flores con las que Jorge me lo había vestido. Se posaron sobre la palma extendida de mi mano. Ver increíble sexo interracial amateur con mujer de mediana edad caliente hacerlo justo después de la ceremonia de la boda. Mujer madura consolador de la bañera. Noticias Categorías actualizada todos los días! Películas porno ordenados por visitas y categorías: camara oculta , mujeres de mediana edad xxx , madre y hija ,. Follada con mark ashley y cassie young..

No naciste para luchar contra dragones, es verdad. Dios contigo, guerrero. Esa era la Anastasia link él conocía. Mijaíl deseó besarla, entre otras cosas, pero entre el oso y la jabalí, poco podía hacer.

Hizo una reverencia al ver que la muchacha se giraba para retirarse. Perla entró al gran lago de la reserva, pero solo hasta que el agua le llegó hasta los tobillos.

Sexiest cougars Mutter und Stief-Tochter ficken mit One Arm Girl gets fucked. Carrie del sexo en la ciudad Video Kotor sex. Ver increíble sexo interracial amateur con mujer de mediana edad caliente hacerlo justo después de la ceremonia de la boda. Mujer madura consolador de la bañera. Ver el título de la película Mujeres de mediana edad xxx , Esta categoría se añadió a la pornografía. Noticias Categorías actualizada todos los días! Películas porno ordenados por visitas y categorías: camara oculta , mujeres de mediana edad xxx , madre y hija ,. En los sótanos de los pabellones militares, estaban el aparcamiento y los contenedores de basura. En los sótanos, cerca de la puerta del ascensor, dejaba que algunos chiquillos me besaran con lengua y me tocaran el pecho. Antes de ponerme la ortodoncia dental, antes de que mi madre me comprara los primeros sostenes. La primera vez siempre viene precedida de muchas pequeñas primeras veces. La primera vez que amamos siempre hemos amado muchas veces antes. La primera vez que reímos es la primera vez que tomamos conciencia de que reímos. O la que nos hacen recordar. Con la sexualidad sucede lo mismo. En seres sociales como nosotros, la toma de conciencia es un estado que no se alcanza siempre en soledad. La conciencia es, muchas veces, la vista propia apoyada en la conciencia de los otros. La voz ronca con la que nos habla el control social, la moral y el orden. El juicio del otro hecho yo. Fui a un centro de planificación familiar al poco de tener mi primera menstruación, que apareció justo el día que cumplí los catorce años. Llegué sola, di mi nombre y esperé en una silla niquelada. La mujer centroafricana que se sentaba a mi lado sonrió. Me cedió el turno cuando el ginecólogo le ofreció pasar. Me examinó sobre la camilla. Mientras él observaba bajo el pequeño delantal blanco, me hizo algunas preguntas. Yo le respondía, mirando de reojo, para distraerme, el dibujo sobre la pared del aparato reproductor masculino y femenino. Me entregó una Un día, al poco, lo descubrieron todo. Y de mi determinación se hizo una jaula para encerrar grillos y de mi curiosidad, un problema. Parece ser que en la sexualidad humana hay un momento crucial, en el que debemos tomar conciencia de que hemos hecho uso de nuestra condición de sexuados: el primer coito. No puede ser, naturalmente, de otra manera. Como si con la primera palabra que leemos se perdiera vista, como si con la primera duda que aparece se perdiera inteligencia. Hemos hecho de la primera vez una preocupación y no un mérito, un peligro y no un aprendizaje, una vuelta y no una ida, la llegada del príncipe azul y no el beso a la rana. Y hemos hecho y seguimos intentando hacer, de un encuentro, realizado desde el desconocimiento y apadrinado por el fracaso, un condicionante existencial para el resto de nuestras vidas. Pero dejaré esas explicaciones para los que las temen, porque los que no las temen ya las conocen. Perdí mi virginidad un 17 de julio de , a las Fue en una cama, en el campo, en casa del novio de la amiga donde me alojaba. Guardias, celadores, cabreros… Quienes hicieron de aquello algo trascendente son los que siguen vigilando mi alma. Y la de todos. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o El impulso sexual empieza en la adolescencia Un niño no tiene necesidad de escribir, es inocente. Henry Miller Inocente es aquel que no es culpable. Como los niños. Llega un día en que devenimos culpables, en el que dejamos de ser inocentes, en el que alguien nos culpabiliza de algo. Hasta que llega el momento en el que tomamos conciencia de esa gran culpa que nos han dicho que hemos cometido. Eso es la adolescencia. Por eso los padres la dicen con nostalgia, en voz baja, como si recitaran una salmodia. Nos la escenifican como la pérdida de algo, en la que se agitarían pañuelos de no ser por la urgencia de tener que limpiar afanosamente las primeras manchas, las pruebas del delito, los estigmas de nuestra culpabilidad. Es entonces cuando podemos empezar a actuar como culpables, es entonces cuando nos sentimos culpables, después de que toda la culpabilidad que nos han ofrecido la aceptamos como nuestra. Eso es la juventud. Para que seamos capaces de culpabilizar a otros inocentes. Nuestra existencia es la historia de una culpa asumida que transmitimos como la peste. Su olor era de almidón, de fin de semana y de la piel tibia de Isabelle. Mi prima. Es un esquema perverso el de la culpabilización. Eso sí que es perverso, y no besar una flor. En todo ese proceso, nos han encontrado una serpiente que roba el fruto y nos lo ofrece. La serpiente es el sexo y la manzana es el conocimiento del sexo. No hay jardín de las delicias o Edén en el que habite un solo reptil. Cuando mordemos la manzana de nuestro propio conocimiento de seres sexuados, somos fulminantemente expulsados de la inocencia, de la falta de culpa. Así nos lo hemos creído porque así nos lo han vendido los mismos, entre otros, que inventan los paraísos, las serpientes, las manzanas y hacen que los niños nazcan con un pecado original que sólo se puede lavar con el sacramento del bautismo; con la adhesión al club de los libertadores que nos salvan del pecado que ellos inventaron. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Pero sucede que los niños, los angelitos, son, contrariamente a lo que cuenta la leyenda, seres sexuados, como los adultos. Sólo que sin sentimiento de culpa por ello. Sin el sentimiento que les imbuimos en la infancia y asumen plenamente en la adolescencia, cuando pueden empezar a pensar en hacer uso de su condición de sexuados. Para el sexo, no hay que esperar a que se cubra nada de vello, o que encontremos un agujero que tapar o dejarnos tapar o que tengamos plena conciencia del problema que nos hacen creer que es el sexo; para el sexo, sólo hay que nacer. Isabelle había cumplido los doce años dos meses antes que yo. Ambas vivíamos nuestra adolescencia de fin de semana juntas. Su casa estaba en el campo. Cerca de la entrada había un columpio, atado a las ramas de una encina, donde se producían nuestras mayores discusiones. Así que volvíamos a discutir. A mí me gustaba Hervé y a Isabelle también. Resulta curioso la de secretos que tienen unas adolescentes. Allí le expliqué mi primer beso y allí nos bebimos dos botellas de vino rancio que acabaron con nosotras. Un día, encontramos un garito volviendo del pueblo. Su padre se lo llevó. En el camino que iba de la casa al pueblo fue donde me caí por primera vez de una bicicleta creo que, desde entonces, no he vuelto a subir a ninguna. De noche, cuando no nos dejaban salir con el grupo, veíamos la tele con nuestros padres. Los mayores tenían una especial habilidad para detectar los cuadraditos blancos que aparecían en pantalla. En cuanto uno de ellos asomaba, señal inequívoca, en Francia, de que el programa era para adultos, nos mandaban a la cama. Y claro, los papas y las mamas se besan y se tocan. Allí, casi nunca discutíamos. Durante mucho tiempo, el ir, los fines de semana, a casa de Isabelle fue para mí uno de los pocos alicientes de mi adolescencia. Igual que el lenguaje no es el habla. El adolescente es una persona apasionada que balbucea. Ello no implica que haya que protegerlos a ambos del lenguaje. Hay que protegerlos del miedo de los adultos. Si tienen que entender algo, que no sea una estupidez lo que entiendan. Y dejemos de creer, nosotros los adultos, que la inocencia es la negación de su sexualidad, sólo porque ya no recordamos lo que es ser inocente. Colocar el pollo en un recipiente apto para el horno. Sírvase caliente. La glicinia estaba plantada desde hacía casi dos décadas. Si no hiciéramos del coito la materia gruesa, el centro de la erótica, no existirían preliminares, del mismo modo que no entendemos que existan preliminares para los preliminares. Dicen, los que saben de estas cosas, que la hormiga es un insecto himenóptero porque tiene una metamorfosis complicada y una boca que es a la vez masticadora y lamedora. Y es, como los poetas, buscadora de flores, a las que se arrima incansablemente en busca de néctar. Jorge abrió el balcón. Pero no fue así. Dejó que se posaran en su mano un buen puñado de hormigas que trepaban concienzudamente por las ramas de la glicinia. Después, las depositó, una y otra vez, sobre mi vientre. Las hormigas empezaron a distribuirse alocadamente sobre mi cuerpo. Notaba sus pequeños pies recorriendo desconcertados la extraña geografía de mi cuerpo. Me estremecí. Jorge volvió a alargar la mano hasta la trepadora y extrajo, de varios racimos, decenas de pequeñas flores. De pronto, me vi cubierta de flores malvas e, inmediatamente, las hormigas se reagruparon en torno a ellas. Como con un imperativo marcial e irreprimible, los pequeños insectos siguieron el rastro azul de su deseo y el circuito invisible del mío. Se amontonaron sobre el pezón de mi pecho izquierdo, rebuscando entre las flores con las que Jorge me lo había vestido. Se posaron sobre la palma extendida de mi mano. Se posaron sobre mi pubis y sobre Y descendieron. Fue así como Jorge me tocó sin tocarme. Distribuyendo flores. Perverso es llamar perverso a lo que no lo es. Perverso es hacer de algo inconmensurable una imposición homogeneizada sometida a controles de calidad. Cuando no sabemos representar porque no hemos entendido lo que vamos a pintar, a narrar o a razonar, olvidamos los detalles, no somos capaces de exponer el matiz, aquel lugar, como decía Wilde, donde habita la inteligencia. Alcancé el orgasmo entre piernas de hormigas y lenguas de flores. Antes de que cayera la noche, recogimos las flores y a sus fieles amantes y los devolvimos a su jardín. Ahora, en otoño, espero la primavera y que nuestro balcón se cubra de flores malvas. Y que vuelvan a ellas estos insectos himenópteros que muerden y chupan. Una planta de producción de una de sus empresas textiles se encontraba en Arequipa, en la frontera peruana con Chile. Fue allí donde, en un segundo viaje, le conocí. Nacido en Chile aunque oriundo de Europa, hijo de padre español y madre italiana, hablaba con un curioso acento que hacía que las letras de mi nombre bailaran cada vez que lo pronunciaba. Tenía una preciosa hija de cinco años fruto de su primer matrimonio. Sus manos eran firmes, su sonrisa acogedora, su pene no alcanzaba erecto los tres centímetros y sus ojos muy azules contrastaban con el tono bronceado de su piel. Nuestra cultura es una cultura finalista. Arrancando en una idea muy cristiana y siguiendo, por ejemplo, la estela de un mal leído Maquiavelo, nuestro orden moral, social y político viene marcado por preceptos de orden económicos y militaristas. Valoraciones que encontramos a diario y que ejemplifican esa lógica del objetivo, pueril y un tanto ingenua, pero de enorme utilidad en una sociedad de la libre competencia. Aterrizar y despegar en Arequipa no es tarea sencilla. Pude verlo a mi llegada, cuando los Andes parecían rascar la tripa del Boeing. Hicimos el amor por primera vez sobre una playa a unos trescientos kilómetros de la capital, allí en Lima ni los pocos barrios residenciales tenían playas en las que la contaminación permitiera el baño. Alojé mi boca sobre su pecho recubierto de la sal del Pacífico, mientras él mesaba rítmicamente mi pelo. Recorrí el borde del traje de baño casi de puntillas hasta que alcancé el nudo que lo cerraba. Noté cómo su respiración se volvía un susurro. Lo deshice con facilidad y llegué, con la punta del índice, hasta su glande. Nada, ni a él ni a mí, nos inquietó ni nos detuvo. Al sexo sólo le ponen objetivo los que pretenden algo. Ni siquiera el orgasmo y muchísimo menos la penetración son un objetivo digno del sexo. Nada cerrado puede ser tampoco completo. Igual de frustrante, igual de enervante, igual de traumatizante, igual de débil. La inmensa mayoría de las ansiedades que desembocan en disfunciones sexuales impotencia, eyaculación precoz, vaginismo… provienen de esa obligación malintencionada de darle sentido a la interacción sexual con el coito de cierre. Pero, en la lógica del viaje, sólo los hombres de negocios tienen un destino, para los viajeros su destino es el viaje. Fue a mi regreso a Madrid. Y yo, con veinticinco años, lo dudé. Dos días. Ello liquidó la relación ilusoriamente estable que mantenía en España. Del lat. Que dura, obra, se hace o se extiende sin interrupción. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc. Como amante era desinhibido y descarado, aunque respetuoso. Me gustaba. Nuestros encuentros sexuales tenían lugar en el pequeño apartamento que yo tenía alquilado. Cuando me anunció que iba a comprar un piso y que le gustaría que nos fuéramos a vivir juntos a él, di por concluida nuestra relación. En un plató de televisión conocí a Manuel. Te paso-. Unos segundos de espera y de nuevo la voz del tal Manuel. Voy mañana y pregunto por Esther a las nueve. Pues mañana nos veremos las caras. Hasta mañana, Manuel-. Lo siento. Vale, hasta mañana-, respondió su primer compinche que olvidó su nombre a la primera. Se puso brillo de labios y se maquilló las pestañas. Teresa tenía mimbres y ello bastaba. Teresa palpitaba entera como si su corazón se hubiera extendido en ella y así tendió la mano a Esther Stanovich. Teresa se la imaginó con una gorra baja cilíndrica en la cabeza con las letras IATA. Al fin y al cabo estaba aterrizando. Se sentó frente a frente con la azafata. No se le ocurría qué decir. Responder que sí era asumir que era una recomendada; decir que no, ponía en peligro el probable poder que le otorgaba el apoyo del Gran Hombre Sentado Por El Que Todo Pasaba. Lo conozco sólo un poco-. Esther Stanovich sonrío al escuchar la nonada con la que Teresa había respondido a esa primera pregunta tan intencionada. Él lleva poco tiempo y no entiende gran cosa de política ni de lo que es el Parlamento. Lo cierto es que Teresa ni siquiera se había preocupado de estudiar a Augusto Piñas y comprendió que había sido un error. La jefa de gabinete siguió adelante ejerciendo con diligencia el cometido de sus funciones. Si me indicas en qué lugar trabajaré, me pongo ya. Te agradezco que me facilites las cosas y todo lo que me has dicho. Es por ir conociendo las funciones…-, pero la asesora parlamentaria no pudo acabar la frase porque la jefa de gabinete extendió su brazo y reposó su mano en la manga de Teresa. Yo soy su sombra-, le dijo con una sonrisa torcida mientras arqueaba las cejas sin vello que llevaba dibujadas sobre los ojos pequeños. Se levantó y se dirigió a la puerta señalando a Teresa el camino de la salida. A la asesora le temblaban las piernas y estaba furiosa, así que al levantarse airada de la silla tropezó con el canto de la mesa y un dolor intenso se concentró en su rodilla. Se detuvo lo suficiente en la puerta del despacho de Augusto Piñas para ver que lo estaban limpiando. Había también una pequeña biblioteca junto a una mesa redonda y sillas. La ventana, que tenía bajadas las persianas para guarecer aquella estancia de la entrada de sol directo, permitía vislumbrar una vista épica de Madrid. Junto a esta extraña imagen se entremezcló otra en su yo consciente segundos antes de quedarse dormida esa noche. Ujieres sentados en los finales de los pasillos, enmarcados sobre fondo blanco, sin caras definidas, que se levantaban autómatas con fardillos de papel entre las. Tras la pesadilla, a la mañana siguiente se despertó y sintió el pecho oprimido. Sólo había dormido tres horas. A pesar de ello estaba ya activada gracias al té cargado y el ibuprofeno. En su primer día, la jefa de gabinete la había dejado en manos del director de comunicación en cuanto le hubo mostrado los lugares estratégicos de su nuevo entorno laboral. Te dejo con Pío, que es el responsable de las relaciones con la prensa. Tengo trabajo ahora, debo concentrarme-. A la Stanovich la llamamos Stasi. Luego, hay asesores internacionales, secretarias, ujieres… yo me llevo genial con las señoras de la limpieza, porque son enrolladas. Son machacas de mesa y de teléfono. Y esta es la estructura…-. Teresa perdió el hilo de la explicación que, a bocajarro, le soltó el director de comunicación del Ministerio de Tecnología y lo perdió porque su cerebro quedó a expensas de la impresión que le había causado su mano tendida, el sudor de su palma y el desmayado gesto con el que sostuvo la mano de Teresa. Bonita, aquí o les das de comer o te comen. Una vieja frase del periodismo-, dijo ufano el extraño ser que tenía ante sí. Pixi era gordito, llevaba una estudiada media barba mal afeitada y usaba chaleco de mil bolsillos, como la de un corresponsal de guerra. Nunca lo soltaba, jugueteaba con él, lo acariciaba lo tenía siempre a la vista para, de reojo, comprobar que no estaba en comunicación con alguien por cualquiera de las vías posibles: llamada perdida, mensaje corto, mensaje de correo, chat telefónico o notificación de alguna red social. Dile a tu jefe que nos debe un editorial guapo sobre la cosa eólica… No, no, no, bonita, la entrevista humana no cuenta que quedó como un gilipollas. El ministro de Tecnología no es nada tecnológico no es mi idea de un gran titular… Bueno, la foto, de coña… pero es que a mí el rollo ese de Churchill con los perros y la chimenea me pone, pero…. Es broma todo, tía. Pero dile al señor adjunto a la dirección que si quiere venir a Abu Dabhi, nos tiene que dar una portada o un editorial……. Y si no lo ve, que eche un ojo a las cuentas de publicidad y lo que lleva metido este Ministerio en vuestro puto periódico…Veo que lo captas, mona, besitos…-. Miró su móvil. Sin mirarla, pulsó un par de teclas y se disculpó, -Maite espera, que estoy contigo enseguida-. Y dicho todo esto, se metió en el vacío despacho del ministro después de lanzarle un beso por el aire. El silencio con que la recibió su nuevo despacho hizo que Teresa quedase suspendida unos instantes en un espacio en blanco por lo que saltó de golpe cuando escuchó la voz que sonó a su espalda. A Teresa le pareció un Beatle y esta idea le puso una gran sonrisa al saludar. Estaba abstraída y me he asustado-. Se acercó y le dio dos besos con cariño. No he dormido por tu culpa-. Su mirada tras los cristales graduados era muy abierta, casi transparente, de miope. Me refiero a dónde te ubicas aquí-. Manuel parecía empeñado en ser un hombre encantador y Teresa ya tenía claro hacía rato que sería su primera foto en los nuevos marcos vacíos de la estantería de su loft. Un marciano, como ves-. Mi mujer, Coro, es mayor que yo y no. Así que me chupé el master y la oposición con un bebé, currando en la universidad y en fin. Si acabas de Ministra, debes olvidar todo lo que te he contado sobre mi patético perfil-. Teresa se molestó sin que se notara. Para ella, su nueva vida era un merecido pago al amargo trago de su derrota electoral. Estaban en paz. Soy de pueblo, acabo de llegar a Madrid, vivo sola, mi ex es un imbécil y no quería tener hijos. Soy licenciada en Derecho, nunca me ha dado por hacer un master y acabo de perder unas elecciones. Es un tío muy inteligente, a mí me impresiona, no muy dado a la cosa personal con nadie. Aquí no tenemos ni idea de su vida fuera de estas paredes. Todavía se fía de nosotros. No sé por qué llevamos tanto tiempo sin asesor parlamentario. Parece que no encontraban a la persona que necesitaba, así que yo creo que te debe estar esperando como quién espera a dios. No es militante, es lo que se llama un tecnócrata, un independiente-. Todo apuntaba a que Manuel iba a continuar con la colección de impresiones sobre Piñas, pero la mayoría de ellas ya las conocía por los medios de comunicación. Pixi les interrumpió. Era la segunda legislatura de este Gobierno y Augusto Piñas fue presentado como el fichaje estrella para un periodo que se abría lleno de esperanzas en la investigación científico-tecnológica, las nuevas fuentes de energía renovables y la sociedad de la información en lo que se había subrayado como la era de la nueva economía sostenible. La cartera de Tecnología se acababa de inaugurar y recogía competencias de los ministerios de industria y de economía. La nueva asesora. Teresa pensó dos cosas: una, que era todo demasiado difícil y a la vez estimulante, como cuando se convirtió en el futuro limpio de Arévalo y, dos, que al fin y al cabo era tan virgen como Augusto Piñas. Perdona, guapa, que te he dejado tirada-. Pixi, dirigiéndose a Teresa mientras señalaba a Manuel, siguió hablando sin reparar en la broma de Manuel. Entonces, intercambió el gesto. Su cabeza se dirigía ahora a Manuel y su dedo hacia Teresa. Y hazme un resumencito para que nos hagamos una nota de prensa bien bonita. Cerró la puerta Pixi al borde de la euforia por el dominio inusitado de la jerga periodística. Manuel hablaba asintiendo con la cabeza y ella pensó que debía ser un simulacro, una broma de mal gusto. Y antes de que te colapses, te paso la documentación-. Manuel se levantó mientras Teresa salía huyendo mentalmente entre sudores fríos. Su móvil había estado vibrando en el bolso desde hacía media hora y eso era lo menos inquietante. El hada madrina de Teresa regresaba con papeles y. En el móvil, las llamadas eran de El Hombre de la Silla Verticalizable. Carpe diem, preciosa. Hasta entrada la noche no fue capaz de ponerse a acometer el primer milagro que le pedían. El sueño llegó pasadas las tres de la mañana cuando consideró que el texto de Manuel era ahora suyo. De hecho, de los argumentos y los datos de Manuel quedaba muy poco. Ella se había adueñado de su propia responsabilidad porque eso era precisamente lo que venía a hacer allí y eso era lo que sabía hacer. Pixi llegó tarde. Hacía frío en la regia calle madrileña en la que los dos leones de bronce marcaban el punto exacto de la vida política del país. Cuando el director de comunicación apareció con su traje y su corbata, Teresa pensó en lo ridículo que le quedaba ese atuendo. Pixi hablaba por teléfono y con su dedo índice le señaló la puerta para que la dócil vasalla le siguiera y atravesar por la portezuela el enrejado que daba acceso al patio. El hombrecillo de la prensa desapareció entre los corrillos de periodistas, así que ella tuvo que entrar sola a la sala de gobierno, que era el recinto en el que se situaban los ministros y sus asesores para preparar las intervenciones que harían en el hemiciclo. Teresa entró con intención de saludar y presentarse para lo que había preparado unas frasecillas elocuentes que no tuvo oportunidad de decir porque nadie le dirigió la palabra, ni tan siquiera la mirada. Lo vio llorar y gemir. Oyó como decía tacos, volvía a llorar, colgaba y se tomaba un gin-tonic en vaso alto. Tras aquel episodio, Teresa pensó que la invisibilidad era posible. Ella estaba allí, inmóvil, en el centro de una lavadora centrifugando en la que todo daba vueltas. Augusto Piñas no pasó siquiera por la sala de gobierno y ella se preguntó si el Jefe habría recibido su texto, enviado a las tantas, con copia adjunta a la jefa de gabinete, al director de comunicación y al ayudante de la asesora. Pero sus inquietudes se disiparon. Allí estaba, en la pantalla del monitor de plasma que colgaba de la pared, perfectamente encuadrado en la imagen, tras la tribuna de madera regia, con las manos del presidente del congreso tras su cabellera canosa. Piñas en la pantalla parecía un dios, pronunciando con voz firme y sonrisa irónica las palabras que Teresa había escrito unas horas antes como si le fuera la vida en ello. Ella dejó caer el boli boquiabierta por la impresión. La frase la despertó. Y estaba despertando de esta pesadilla de primer día, perdona-, siguió mientras se recuperaba. Sin tiempo a contextualizar, un brazo la asió por los hombros y la atrapó. Lo siguiente fue Augusto Piñas frente a ella. La miró condescendiente, enseñó sus dientes blancos y le habló. Por fin. Me alegro mucho de que estés aquí. Creo que la hemos clavado-. Sin tiempo a responder, aunque tampoco hubiera podido hacerlo, él miró hacia otro lado, la soltó y se metió en un despacho lateral con el presidente del Gobierno que le susurraba. Ambos se entrecruzabron los brazos por sus espaldas y desaparecieron. Teresa Baltar se dirigía hacia la salida del palacio del Congreso. Sus tacones de aguja se clavaban en la mullida alfombra del pasillo que desembocaba en la. La situación era de locos. Pixi iba unos metros por delante moviendo el brazo libre para saludar y hacer gestos a los periodistas que le pedían unas declaraciones de Piñas. Coged sus palabras del pleno. Ahora os paso la nota de prensa-. A ratos se tapaba la boca en busca de la privacidad de sus palabras y a ratos se taponaba el oído con su dedo índice para escuchar en medio de aquel caos. Por dios, hoy no te olvides de colgarlo en la web-. María Cabañeros emergía de la nada. Sólo los vio de refilón pero hubiera podido jurar que llevaba sus mismos zapatos. Teresa habló torpemente, como lo había hecho las pocas veces en que se había visto obligada esa mañana. Supe lo tuyo en Arévalo, muy fuerte…-. Un breve silencio de indecisión sobre la deriva que debía tomar la conversación. Teresa Baltar emergió de su sueño profundo de manera suave y agradable con aquellas palabras susurradas dulcemente. Una voz tan aguda que casi se podía confundir con la de un castrato la acercaba a la vigilia con caricias de realidad en su oído. Por la inercia de la costumbre, creía que seguía en Arévalo, en su cama de recia madera castellana, en su refugio. Acababa de tomar conciencia de dónde estaba. Volaba en un A de la compañía Emirates desde Madrid a Abu Dhabi acompañando al ministro de Tecnología en un viaje estratégico. Mujeres impresionantes metiendose por el culo los juguetes. El término pornografía o porno en su forma abreviada hace referencia a todo aquel material que representa actos sexuales o actos eróticos con el fin de provocar la excitación sexual del receptor. La evolución del video ha sido fundamental en el desarrollo de la pornografía en el siglo XX. No haremos el bien si al otro lo han convencido de que le estamos haciendo el mal. Rompamos los prejuicios y no los perpetuemos desde una concepción de nosotros mismos o desde otra… que el conocimiento de nuestra condición no alimente la concepción que de nosotros tienen los de siempre. No es casualidad. No olvidemos eso. Somos lo que nos han enseñado a ser algunos. Muchos de ellos santificados por las Iglesias y otros por las universidades como Platón. Guillermo era un vividor sin grandes vidas. Lo pensé un momento. La orgía estaba, pues, a punto. Siempre mujeres, los elementos pacientes de esa diagnosis solían ser aquellas féminas a las que se les suponía una elevada virtud monjas, viudas o jovencitas. Empezaba, pues, a entenderse el deseo femenino como agente patógeno y contaminante. Ellos no pueden ser histéricos pues no poseen ese animal de la hystera , aunque Freud intentó en alguna ocasión demostrarlo sin mucho éxito académico, por cierto. El propietario era un tipo larguirucho, con cara de partida a medio empezar. Fue él el que me abrió la puerta. Inmediatamente apareció Guillermo. En total cinco mujeres y ocho hombres. Guillermo les interrumpió un momento para realizar las presentaciones. Silvia, con el pecho izquierdo al aire, alargó la mano y me sonrió pícaramente. Juraría que estaba ensalivando. El jovencito se levantó muy cortésmente y me besó dos veces en la mejilla. Olí en su boca el pezón de Silvia. Mi amigo Juan Romeu, psiquiatra, hedonista y sabio, me contó un día un chiste: El médico auscultando a la paciente. Por qué las mujeres no podían masturbarse solas y necesitaban de ese ambiente clínico y de una dirección colegiada masculina se enmarca dentro de ese contexto de extrema vigilancia sobre aquel verdadero terror de nuestro modelo sexual: el deseo femenino. Me giré despacio y, sin mirarle a la cara, desabroché el botón de su pantalón y bajé ligeramente la cremallera hasta poder ver como el glande pugnaba por salir de unos calzoncillos demasiado estrechos. Su respiración se agitaba, incliné despacio mi cabeza dejando que mi cabellera cayera sobre el lado izquierdo de mi cara. Con un gesto le impedí que llevara sus Mientras me obedecía, extraje dos cubitos de hielo del whisky que me acababa de servir el anfitrión. Coloqué cada uno bajo sus pies. Rechinó suavemente en un grito contenido. Guillermo sobre el suelo la penetraba repetidas veces con ardor guerrero. Por eso inventa sentencias que, como el estribillo de la canción del verano, se nos adhieren hasta que nos resulta imposible dejar de tararearlas. Aquella tarde, guarras y machotes nos consolamos unos sobre los otros. En aquel encuentro no hubo asimetrías en el deseo, no hubo ni hombres ni mujeres, aunque sólo fuera durante un rato, durante el rato que duró aquel encuentro. En otras palabras, toda la belleza femenina reside en provocar ese instinto. A Pierre todavía le quedaba cerveza en la copa. Habían cerrado el bar. Debían de rondar las cuatro de la mañana. La hembra de nuestra especie no manifiesta un celo puntual. Al contrario de lo que sucede en otros mamíferos, su periodo de fertilidad no genera un instinto incontrolable por aparearse. No hay sintomatología física ni emocional y, por tanto, no desprendemos ninguna señal que haga que el macho busque un acoplamiento en un momento en que su intervención sería especialmente efectiva. Se puede decir que nosotras, las hembras de la especie humana, mantenemos una predisposición a tiempo completo para ejercer nuestra condición de seres sexuados. A Pierre lo conocí a través de unos amigos comunes en un local del que él era copropietario. Bien parecido, con buenos modales y un discurrir sobrio pero inteligente, intuí que era de ese tipo de personas con recursos humanos que no se dejan intimidar con facilidad. Así fue como, después de vernos varias veces, asistir juntos a algunos recitales y de unas cuantas horas de sexo de buen nivel, me enamoré de él. El arquetipo de una mujer siempre dispuesta es un elemento totalmente desestabilizador de una cultura como la nuestra. Una cultura que se estructura a través de una familia formada en la erótica de una pareja. Para controlar, dominar y coartar esta perpetua y generosa disposición, hemos inventado a lo largo del tiempo multitud de estratagemas. Algunas de ellas absolutamente pueriles como la noche de bodas o la luna de miel , otras perversas, como catalogarla de enferma o de despreciable como ya hemos visto cuando manifiesta y usa de esa apetencia sexual sostenida y otros ingenuas, como inculcarnos que la apetencia sexual masculina es mayor que la femenina. Su función originaria era sencilla. Durante todo un ciclo lunar la luna de miel debía durar veintiocho días los casados debían permanecer juntos sin tener contacto con elementos externos a la pareja. Cuentan las leyendas que durante este encierro, los esposos bebían una pócima que facilitaba, presuntamente, la fertilidad: la hidromiel. Y qué mejor para eso que utilizar el amor. Hemos sido educadas desde pequeñas para amar amando. El enamoramiento nos legitima moralmente en nuestras andanzas. Ése es el programa, creo, aunque no todas las mujeres caen indefectiblemente en él. Sorbí el té evitando quemarme. Pierre me sostenía la mano con dulzura. Acercó sus labios a los míos y después de besarme, me propuso seguirle. Luc acababa de secar unos vasos. En el deseo sexual, la mujer es un animal que bebe té y el hombre uno que bebe agua. Los dos son actos motivados por una misma apetencia: la sed. De igual manera, la cantidad de deseo sexual no se cuantifica por género. Regresé a casa al alba. Mi encuentro sexual con Luc y con Pierre había sido muy satisfactorio. Continué un tiempo viéndome con Pierre. Llegué incluso a pensar que posiblemente él cubriría la ausencia de Giovanni. Pero me equivoqué. La discusión que mantuvimos el día que yo, inocentemente, le pregunté por Luc, puso fin a nuestra relación. Le resultó difícil entender que yo no amaba a Luc. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hay que preocuparse siempre por el otro durante el sexo El yo-yo es un artilugio consistente en dos discos unidos por un eje y un cordón. En la ranura que forman los discos y donde se oculta el eje, se enrolla el cordón que, anudado a un dedo y mediante sacudidas, sube y baja. El yo-yo Definición enciclopédica En , Rembrandt se pintó con su gorro blanco de pintor, un pincel y la paleta frente al caballete. Sólo su rostro escapa de la penumbra. La comprensión, la compasión y el cariño son algo que sólo se puede ejercer desde el profundo conocimiento de uno mismo, después de haber conocido en uno mismo y desde uno mismo la incomprensión, la crueldad y el desprecio. Del yo se alimenta la poesía que se transmite a un nosotros y es el yo lo que los valientes se atreven a romper y a poner en riesgo para saber lo que es el otro. Sólo aprendemos desde el yo lo que al otro yo no le gusta. Egoístas no hay muchos, ególatras y megalómanos sí. Nuestra cultura de la competencia y del sueño del caníbal triunfante los cultiva y protege. Al humanismo egoísta, en cambio, se le pone el nombre de egoísmo y luego se lo define en el diccionario. Cuando entramos en la sala, el guía mandó guardar silencio. No sé muy bien por qué aquel día me había decidido, en el hueco largo que dejaban dos clases, a visitar el Louvre. El sexo, por su parte, es una lección egoísta. No son estos, sino los egoístas, los que sólo acaban resultando buenos amantes, aquellos que se han formado en la escuela de la autocontemplación; aquellos que, a fuerza de tener tiempo para uno mismo, han sabido entender su deseo e interpretar la reactividad de su cuerpo. Desde esa formación es desde El silencio que pidió el guía fue para rendir homenaje a Rembrandt. La sala albergaba varias obras suyas. Entre otras, el autorretrato Rembrandt en el caballete, al que algunos también llaman Autorretrato con pintura y pinceles. Era el efecto de una vida. Cada arruga pintada era una conclusión, cada oscuridad, una emoción y su mirada era una lección: la lección. Me apreté en el grupo con intención de ocultarme. Yo no diría que soy especialmente aficionada a las orgías. Creo que posiblemente se deba a la dispersión que suelen conllevar. La preocupación excesiva por el estado de los otros, la atención por los cambios de preservativos de vagina a vagina, los continuos cambios de posición, impiden la introspección. Los caminos del deseo son inescrutables. Frente a aquella magistral enseñanza de vida pintada sobre una tela tuve la imperiosa necesidad de masturbarme. Fui capaz incluso de hacer una pregunta, sin dejar de rozarme, cuando nuestro cicerone parecía que abandonaba la obra para dirigirse a otro cuadro. No escuché la respuesta. Cuando el hombre grueso que me cubría el flanco derecho se agachó para recoger la bolsa que había dejado en el suelo y continuar trayecto, yo alcancé el orgasmo. Compré en la tienda de souvenir una postal con la imagen de aquella obra. Sólo para poder contemplar una y otra vez cómo, a través del acto egoísta de retratarse a uno mismo, aquel viejo pintor holandés me había explicado, mejor que nadie, el sentido de la condición humana. Un oficio y una sabiduría que le había procurado el dulce y magistral balanceo del yoyó. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hay que practicar mucho para hacer bien el amor Coll: En efecto, les vamos a enseñar cómo se llena un vaso de agua. Sentada en aquel viejo taxi me preguntaba de qué le había servido al taxista llevar treinta años al volante. Sin embargo, solemos topar con personas que emplean la misma estrategia, el mismo método o la misma secuencia de actos, independientemente de con quién traten, en qué situación se encuentren o lo que pretendan. Son Sin embargo, los seres humanos no somos un instrumento, un avión o un calzado, somos una sinfonía, un cielo o un camino. Cuando conocí a Monsieur Guignot en la asignatura de Filosofía de la Universidad de Besançon, me dejó absolutamente fascinada. Su conocimiento sobre las vidas, obras y milagros de los filósofos franceses del siglo XX era vastísimo. El problema, en aquel entonces, fue que él no sucumbió a los míos. Ocho años después, participaba como tertuliano en un programa de televisión. Yo me encontraba en casa de mis padres, pasando unos días con ellos después de demasiado tiempo sin apenas contacto. Me pegué al televisor. Sobre la mesa de debate sus respuestas fueron tópicas, su erudición sonaba siempre pedante y sus reflexiones, estandarizadas. Monsieur Guignot, ocho años después, era un filósofo, pero no un sabio. Diego fue, la primera noche, un magnífico amante. Supo encadenar una coreografía que hizo que nuestro encuentro fuera plenamente satisfactorio. Se le notaba maestría y oficio en el tacto. La segunda noche, algo hizo disparar mi señal de alarma: la incómoda sensación de déjà vu. Justo lo que tarda uno en comerse un plato precocinado o en leerse el manual de usuario de un lavavajillas. Para la vida, también. El sexo es un asunto de comprensión de lo humano y no una secuencia de gestos y puntos bien aprendida. Preferimos Con la salvedad de que la lección y la afirmación son geniales. En ésas estaba cuando se le caló el taxi. En medio de aquel atasco en la calle Diagonal. El político se quedó meditativo. En una pequeña población de la Toscana, durante un recital que incluía una selección de fragmentos de Turandot. El concejal de Cultura, que quería asociarse con Giovanni en un negocio inmobiliario, nos hizo de anfitrión. Solícito, complaciente, queriendo agradar continuamente, nos dio la noche. Su propósito era, en un principio, simple: evitar, durante el coito, la eyaculación dentro de la vagina. A Giovanni lo conocí en el burdel en octubre de Solía venir, en nuestros primeros encuentros, acompañado de un amigo de ojos muy redondos, como los de un besugo, y de nombre Alessandro. Imaginémonos un mundo feliz en el que en la interacción sexual no existieran obligaciones. Si tuviera que escribir el acta constituyente de sus estatutos, probablemente empezaría con estos artículos: 1. Y como no hay dos sin tres: 3. Preocuparse por la duración del coito genera dos cosas: preocupación y coito. Ninguna de las dos es necesaria para desarrollarnos como seres sexuados. Normalmente, prolongar el coito es, para el varón, acortar su capacidad para disfrutar del sexo. Para la mujer, normalmente es prolongar su capacidad para distraerse. En la puerta de mi casa levantaron hace poco la acera para pasar no sé qué canalización. A las ocho de la mañana se ponía en marcha el martillo pilón y a las ocho de la tarde se paraba. Durante todos y cada uno de los días que duraron las obras, no pude dejar de pensar en Alessandro. Clara, una chica por la que Alessandro sentía especial inclinación, llevaba en el bolso, cada vez que lo visitaba, una botellita de ml. Eso y agachar la cabeza. Porque si un mongol asesina a un xin, solo le espera una multa. Pero si un xin hace lo mismo, le espera la muerte. Esa era la ley del emperador. Así que cuando mataron a nuestra madre y se llevaron a la pequeña Xue, me acobardé… Temí por mi vida. M ei tragó saliva. Cuando oí los gritos de Xue, decidí que yo no iba a agachar la cabeza. Esos perros… Si vieras lo que yo vi, Mei, los odiarías tanto como yo. Los maté a todos. La cargué en mis brazos y huimos. Pensé que estaría llorando, o desvanecida o completamente ida…. Mei se estremeció. Entendía perfectamente, no porque fuera víctima de mongoles en su pasado, sino porque en su condición de sirviente sexual lo había vivido y sufrido todo. No tienes que continuar. Y en mis brazos, trazó los puntos en el cielo. Pensé que se había vuelto loca… Porque sonreía y me decía que sí había dragones. Mei lo tomó de la mano. No obstante, el guerrero se soltó del agarre. Se levantó, tomando la empuñadura de su sable enfundado en su cinturón; quería disimular la mano temblando. Mei lo oía asombrada. Quería disculparse, que callara, pero Wezen proseguía. Pues yo tenía miedo. Y dudas. Tuve dudas cuando oí que una nueva Dinastía planeaba rebelarse contra imperio mongol y que estaban reclutando soldados. Pero cuando recuerdo sus gritos, cuando recuerdo su rostro durante aquella noche, siento que estoy listo para la guerra, Mei. No descansaré hasta que todos y cada uno de esos perros invasores mueran. Mei agachó la cabeza, incapaz de sostener la mirada feroz del guerrero. Hubo un largo y tendido silencio solo cortado por la brisa. La esclava apretó los labios y procedió a vestirse. Se acercó al guerrero y se acarició la cintura, sonriéndole. No estaba acostumbrado a mostrar ese lado suyo, tan lejos del salvaje y habilidoso jinete. Y menos con una mujer. Xue es hermosa. Mei por un momento se sintió ofendida, pero era verdad que ella no tenía hermanos así que desconocía qué tipo de lazo especial unía a Wezen y Xue. La ofensa se convirtió abruptamente en envidia, y luego en admiración. Ella también deseaba tener un lazo así. Mei meneó la cabeza. Esta noche te visitaré. Perla se agarró el hombro derecho y lo sacudió suavemente; ya no le dolía. Luego se vio frente al espejo y dobló las puntas de sus alas. Era un lugar agradable, pensó. Al final, escogió una tradicional china, de las pocas con espalda desnuda que dejaría libre el paso del plumaje. Era azulado, de cierre lateral y ribetes blancos, con el estampado de un dragón plateado cruzando un costado. El vestido le resultaba molesto por la presión ejercida sobre sus senos, presión a la que no estaba acostumbrada con su habitual indumentaria. Su maestra Zadekiel se situó frente a ella con el ceño fruncido; la ayudó con algunos ribetes y se le escapó un gruñido al terminar. Claro que no. Deja de pensar en cosas raras. Pero la Querubín no podía desentenderse del hecho de que ella tenía un padre o una madre mortal. Se sintió humillada enfundada en su vestido de mortal. Solo Zadekiel rio de su propia broma. Mejor tenerla en el reino de los mortales, concluyó sabiamente. Para muestra, se levantó y tomó uno de los vestidos descartados para deshacerlo en varios pedazos sin dificultad alguna. La rubia frunció el ceño de nuevo. Eso necesitaba Perla con urgencia, pensaba Zadekiel. Lamentablemente, tendría que esperar que sus alumnas volviesen de los Campos Elíseos. Zadekiel se acercó y olisqueó el vestido. No detectó nada extraño, pero había algo que seguía sin gustarle, e insistió. Se inclinó hacia la Querubín y levantó el vestido. Deberías ponerte también esto y evitar ojos perversos. La Querubín se levantó, volviendo a ajustarse el vestido. Agarró al vuelo una braga y apretó los labios cuando la extendió. No había visto algo como eso y enrojeció al entender su uso. Y si ven algo, yo misma los lanzaré por el horizonte. Gracias, maestra. Digan lo que digan, sigues siendo la Querubín, el ser superior de la angelología. Deja de decirlo. Tengo un padre o una madre mortal, y puede que yo también lo sea. Zadekiel tragó saliva. Todo aquello era como un baldazo de agua fría cada vez que lo recordaba, pero se negaba a tratarla distinto a como acostumbraban en los Campos Elíseos. Era la Querubín, se decía a sí misma. La espada zigzagueante era particularmente llamativa, sujeta en su espalda mediante correas. Se trataba de su nuevo estandarte y se sentía orgullosa de llevarlo. Hombres y mujeres no la perdían de vista. Partirían pronto y debían cerrar todos los detalles. Había una guerra en ciernes, se percibía en el aire incluso, y por ello el Vaticano necesitaba con urgencia a los dragones como medio de persuasión. Alonzo se rascó la frente. Pues esta es mi condición. Pero estamos hablando de dragones. Trescientos años y me vengo a enterar de que los dragones hablan. La mujer se encogió de hombros. Pero que él entiende. Alonzo se frotó el mentón, inseguro del plan. Deseaba movilizar gran parte de su ejército, tal y como había hecho para rescatarla de la milicia de Nueva San Pablo. Pero iré contigo, mujer. Encargaré la gestión de la Reserva a mi hija. Se llama Agnese y es la directora de la Academia Pontifica. El redondel de científicos se dispersó entre suspiros y murmullos. Al vestido lo llaman Qipao… Se siente apretado. La muchacha apretó los puños, mirando a un lado y otro. Pero ya no le importaba; se lanzó a los brazos de la mujer, quien extendió los brazos para recibirla. Y a la mujer le atraía la idea de redescubrir esa madre que fue una vez. Es bonita. La cama es espaciosa. Mi maestra puede dormir en el sillón, ya hablé con ella. Para ambas, todos a su alrededor habían desaparecido. El silencio imperaba y solo de vez en cuando se oían los cascos de algunos caballos, que se removían inquietos dentro de sus corrales. Era cierto que la victoria de los rusos sobre los mongoles había causado un furor desmedido, tanto en los que participaron en la batalla como en los nobles que rezaban en sus hogares, o en la catedral de Santa Sofía, durante la contienda, pero luego sobrevino un ambiente oscuro y triste debido a los caídos. Bajo una nevada, Mijaíl guiaba un caballo rumbo a los establos, con un desgano evidente en su expresión. Había pasado toda la mañana en el campo de batalla, recogiendo flechas y espadas, marcando aliados y enemigos para el recuento final. Ni él ni los otros cien jóvenes que fueron al campo consiguieron dar con el paitze, una tabla de oro que solo podía ser propiedad del mariscal mongol. Pensó que, tal vez, alguno de los jóvenes lo pudo haber encontrado y guardado para venderlo. Al fin y al cabo, estaba hecho completamente de oro. Tal vez el Orlok sí murió, pensó para tranquilizarse. Notó que una de ellas tenía unos senos de considerable tamaño, indisimulables bajo su abrigo, y recordó a Anastasia Dmítrievna con un deje de amargura. Deseó por un momento volver a aquella lejana noche en la que el general de la caballería y sus hombres de confianza murieron luchando contra los lituanos, a orillas del Río Don, y él, su escudero, asumiera junto con su hermano el comando para resistir y posteriormente derrotarlos. Tal vez no hubiera sido recibido en el palacio como un héroe y no hubiera conocido a la hija del Príncipe. Meneó la cabeza. A veces se sonreían. Aprovechando que él era el escudero de su hermano, era usual pasear por los pasillos del palacio cada vez que había alguna reunión. Entonces sucedió. La destacaba. Y sus senos…. Mijaíl levantó la vista. Era la monja de grandes senos. Anastasia rio, volviendo a esconderse bajo la capucha. La joven se sentó al lado de Mijaíl. Este se apartó, pero ella insistió en estar junto a él. Y, sin embargo, lo estoy. La muchacha arrugó su nariz; realmente no comprendía cómo los hombres podían aguantar ese olor tan fuerte de los establos. Esa mezcla rancia de orín y excremento que mataba cualquier atisbo de romanticismo. Luego miró a su amante, Mijaíl evitaba el contacto visual y estaba visiblemente nervioso. Anastasia frunció el ceño. Gueorgui le ha dicho a mi padre que luchaste bravamente. Que catorce mongoles cayeron bajo tu arco, y dos bajo tu espada. Mijaíl soltó una risa apagada. Era de noche. Anastasia apretó los labios. No era agradable imaginar a Mijaíl en una situación como aquella, completamente sobrecogido ante los enemigos que habían masacrado Nóvgorod. Quiso tomarlo de la mano, pero dudó y miró hacia las monjas. Decidió abrazarse a sí misma. Así que fue ella, pensó. La culpable de que, tal vez, lo condenaran a muerte. Tan ensoñadora que a veces perdía la noción de la realidad. No la culpó de haberlo intentado. Me gustaría… besarte. El joven ruso se inclinó hacia un lado y buscó entre las monjas. Había una, de aspecto robusto, que lo miraba en la distancia y con ojos feroces. Anastasia ahogó una risa. Meneando la cabeza, acarició la mejilla de Mijaíl. Si sigo aquí, siempre encontraré mi camino hasta ti. Así que me ha ordenado viajar a Kholm. Se inclinó, olvidando a la lejana jabalí, pero vio pasar frente a sus ojos un fulgor plateado. El gigantesco Gueorgui clavó los ojos en su hermano..

Era un lugar apacible y silencioso, circundado por un frondoso pinar. Muy lejos quedaban las instalaciones. Luego se inclinó para lavar sus manos y mojar sus alas. Vio una pluma balancearse frente a ella.

Mi curiosa obsesión con las mujeres. En una gran variedad de posiciones es penetrada la sexy peta jense.

Hier haben wir deshalb für euch gratis Fotos einer rasierten gepiercten Short erotic sex story Möse veröffentlicht, um euch einfach mal zu zeigen, wie geil sowas aussehen kann. p Tamil x videos tamilnadu.

Dos mujeres nos muestran las opciones para coger rico. La tremenda latina y su culo follados sin piedad. Mujeres con tetas perfectas masturbandose.

Wives and girlfriends are all at it. From the Hansard archive.

Preciosas mujeres compartiendo vergas, tragando semen y comiendo Follando con dos mujeres increibles. Una mini orgía a cuatro paredes, un par de super mujeres reciben Hermosas mujeres son folladas hasta la locura en una cancha de soccer. Gracias a este vídeo seremos testigos de la belleza de estas mujeres.

Fotos del ano más bellas

Lick my juicy clit. Los dones malditos………………………………………………………….

4k full hd video porno

El precipicio de los enanos…………………………………………………. La Giganta……………………………………………………………………. Los maniquíes ciegos……………………………………………………… Mendicidad agresiva……………………………………………………………49 6.

p pBig Ass Videos.

Calor residual………………………………………………………………… Mecanismos que Mujeres de mediana edad follan en Puchon el movimiento………………………………… La importancia de los detalles…………………………………………….

La balada de los viernes…………………………………………………… Lady Blend…………………………………………………………………. Escenas de perfección………………………………………………………. Cortinas de humo………………………………………………………… A cada cual lo suyo…………………………………………………………… Los dioses nunca tienen resaca…………………………………………… Motores de explosión………………………………………………………… Mejoras sustanciales………………………………………………………….

El hombre viento Escapismos cotidianos ………………………… El rito……………………………………………………………………………. Malta, capital: La Valeta……………………………………………………… Un sitio para cada uno Fin de la Ruta …………………………………… Imperaba el silencio, tan solo roto por el tintineo argénteo de las cucharillas, las hojas de los periódicos rasgando el aire y alguna tos aislada.

websio We have 33 full length hd movies with Melena Tara in our database available for free streaming. p pDadurch lassen sich vermeintlich paradoxe sexuelle Reaktionen erklären, die etwa bei Omas mehrfacher Orgasmus oder Angsterlebnissen Omas mehrfacher Orgasmus können vgl.

Contrastaba con todo aquello el pulcro y ajetreado movimiento de dos jóvenes en click de trabajo azul, que desaparecían ya en una afectada y teatral reverencia hacia el jefe de sala, con los que Teresa Baltar se había cruzado en la puerta.

Empujaban un carrito de cuatro ruedas en el que habían Mujeres de mediana edad follan en Puchon a toda prisa los restos de la rueda de prensa de la noche anterior.

p pTo suck or lick one's own semen from the butthole of a partner after anal sex. Gibt ja schliesslich genug Kommilitonen.

Las paredes y los techos mostraban frescos con alegorías del cultivo de la hoja de tabaco, de las conquistas de Cuba y de la rebelión de los mambises. No estaba permitida la entrada libre, así que debía esperar a que alguien la atendiera.

She really needs to work on her felchingif she wants a spot on analcumsumption. Doing the butt sexy sexy.

Sumida en aquellas cavilaciones para pasar el rato, los guantes blancos del jefe de sala le acercaron una bandejita dorada con un mullido forro de tela roja. Los enormes ojos color avellana de Teresa —aunque ella a veces prefería. Manuel Jiménez.

The catholic nuns enjoying the service. p pSucking semen through a strawout of a freshly fucked asshole.

Jefe de Sala, como figuraba en una plaquita que llevaba prendida en la solapa, carraspeó. No estaba acostumbrada a un trato semejante. Las mesitas bajas del centro no tenían luz y estaban vacías.

p Sexy thief gets free by fucking the security. pWww free mature porn com.

Tenía media cara tapada por la sombra y la otra mejilla iluminada por la luz del sol, filtrada a través de un visillo de un blanco impoluto a pesar del denso humo. Tras una pausa siguió: -Lo que ha ocurrido no se podía parar. Ha sido un tsunami arrollador contra todo Mujeres de mediana edad follan en Puchon.

Me voy- reflexionó Teresa abrumada. Toda la seguridad con la que se había desenvuelto hasta el momento se empezó a deshacer.

Mujeres de más de sesenta follando con chicos de la edad de los nietos

Unos goterones trenzados de sudor le recorrían la frente con parsimonia. Tenía miedo.

Chubby blond chick Alura Jenson exposing her big white booty and knockers Hinzufügen gerade gekauft haben wird viel leidenschaft, die er es liegt daran Tumblr amateur teen selfshot wirst du zum beispiel für. Tons of free Jada Fire porn videos and XXX movies are waiting for you on Redtube.

Solozabal la había citado allí para darle la estocada final. Empezaba a intuir que la había herido de muerte pidiéndole que fuera su candidata a unas elecciones municipales en Arévalo.

p pDass ich hoffe, dass er nah sie ihr auto fahren und sogar wochen. Wives and girlfriends are all at it.

No pasa nada, seguro. No, no tengo miedo; no. Siempre nos hemos caído bien. Todavía recuerdo cuando en un congreso del Partido nos preguntó a Matías y a mí, sin conocernos de nada, si teníamos costo y nos fumamos a escondidas un porro.

Luego nos descojonamos al verlo subido al escenario como nuevo presidente de las juventudes del Partido. Estaba serio e intentaba disimular la risa tonta del canuto.

Mujeres De Mediana Edad Xxx

Pero aquellos recuerdos no consiguieron disipar sus temores. Notó como el sudor ahora empapaba sus axilas.

Suported Video Erschrecken oder frauen, gegen dating beinhaltet, für alle dativ ist. websio Click here now and see all of the hottest melena tara porno movies for free!. Free milftube. Una mujer regordeta de mediana edad con un culo ancho y 2 chicos. Oh, este inquieto Levi! Cuckolding extremos de pura vergüenza ajena, solo 2 cosas pueden fallar en agradar a una mujer de mediana edad tan mala como este chico. Diferentes, pero igualmente como mortal. Mujeres que se ven cachondas con tanto musculo. Compilación de preciosas mujeres nos muestran lo putitas que pue Reventando a una jovencita sin piedad. La madre que la parió. Seleccion de los mejores relatos de Golfo sobre una jefa. Para que podías echarle un vistazo, os anexo el primer capítulo:. Acosado por mi jefa, la reina virgen. Alicia Almagro, no solo era mi jefa directa sino la fundadora y dueña de la empresa. Aunque era insoportable, tengo que reconocer que fue la inteligencia innata de esa mujer, el factor que me hizo aceptar su oferta de trabajo hacía casi dos años. Todavía recuerdo como me impresionó oír de la boca de una chica tan joven las ideas y proyectos que tenía en mente. En ese momento, yo era un consultor senior de una de las mayores empresas del sector y por lo tanto a mis treinta años tenía una gran proyección en la multinacional americana en la que trabajaba, pero aun así decidí embarcarme en la aventura con esa mujer. El tiempo me dio la razón, gracias a ella, el germen de la empresa que había creado se multiplicó como la espuma y, actualmente, tenía cerca de dos mil trabajadores en una veintena de países. Mi desarrollo profesional fue acorde a la evolución de la compañía y no solo era el segundo al mando sino que esa bruja me había hecho millonario al cederme un cinco por ciento de las acciones pero, aun así, estaba a disgusto trabajando allí. Pero lo que tenía de brillante, lo tenía de hija de perra. Era imposible acostumbrarse a su despótica forma de ser. Y encima nunca lo agradecía. Ni siquiera se dignó a contestarme, de forma que tuve que esperar cinco minutos, de pie en el pasillo hasta que su majestad tuvo la decencia de dejarme pasar a sus dominios. Ya me conoces, no me gusta esperar que los clientes vengan a mí y por eso, en cuanto lo hube afinado, se lo mandé directamente. Sabiendo la respuesta de antemano, le pregunté si le había gustado. Alicia, poniendo su típica cara de superioridad, me contestó que le había encantado y que quería discutirlo ese mismo fin de semana. Pastor es un machista reconocido y nunca hubiera prestado atención a un informe realizado por una mujer, lo firmé con tu nombre. Para eso, prefiero ir solo. Después de la sorpresa inicial, intenté disuadirla de que era una locura. La presidenta de una compañía como la nuestra no se podía hacer pasar por una ayudante. Sabiendo que no había forma de hacerle dar su brazo a torcer, le pregunté cual eran los pasos que había que seguir. Preocupado por no dar la talla ante semejante reto, me fui directamente a mi apartamento y durante las siguientes dieciocho horas no hice otra cosa que estudiar la información que esa mujer había recopilado. Al día siguiente, llegué puntualmente a la cita. Todas mis dudas y reparos, los fue demoliendo con una facilidad pasmosa, por mucho que intenté encontrar una falla me fue imposible. Tienes que ser capaz de exponerlo de manera convincente y sin errores. Para no aburriros os tengo que decir que mi vida durante esos días fue una pesadilla, horas de continuos ensayos, repletos de reproches y nada de descanso. Afortunadamente, llegó el viernes. Habíamos quedado a las seis de la mañana en el aeropuerto y queriendo llegar antes que ella, me anticipé y a las cinco ya estaba haciendo cola frente al mostrador de la aerolínea. La tarde anterior habíamos mandado a un empleado a facturar por lo que solo tuve que sacar las tarjetas de embarque y esperar. Babeando, fui incapaz de reaccionar cuando, sin pedirme permiso, se sentó en mi mesa. Sin ser capaz de dejar de mirarle los pechos, caí en la cuenta que ese primor no era otro que mi jefa. No pude ni contestar. Al haberse teñido de rubia, sus facciones se habían dulcificado, pero su tono dictatorial seguía siendo el mismo. Nada había cambiado. Me sentía lo que era en manos de esa mujer, un perrito faldero incapaz de revelarse ante su dueña. Escuché con satisfacción que teníamos que embarcar, eso me daba un respiro en su interrogatorio. Estaba alucinado. El cinturón ancho, que usaba como falda, resaltaba la perfección de sus formas y para colmo, descubrí que esa zorra llevaba puesto un coqueto tanga rojo. Involuntariamente, me fui excitando con el vaivén de sus caderas, por lo que no pude evitar que mi imaginación volara y me imaginara como sería Alicia en la cama. El viaje. Debido a que nuestros billetes eran de primera clase, no tuvimos que recorrer el avión para localizar nuestros sitios. Lo uso para poder descansar. Al terminar fue, cuando al mirarla, me quedé maravillado. No solo era una mujer bellísima sino que era el deseo personificado. Sus piernas perfectamente contorneadas, daban paso a una estrecha cintura que se volvía voluptuosa al compararse con los enormes pechos que la naturaleza le había dotado. En ese momento, salió de la cabina, uno de los pilotos y descaradamente, le dio un repaso. No comprendo por qué pero me cabreó esa ojeada y moviendo a mi jefa, le pregunté si quería que la tapase. Ni siquiera se enteró, el orfidal la tenía noqueada. Por eso cogiendo una manta, la tapé y traté de sacarla de mi mente. Creo que fue mi larga abstinencia lo que me llevó a cometer un acto del que todavía hoy, no me siento orgulloso. Envalentonado, jugué con descaro con sus pezones. Mi victima seguía dormida, al contrario que mi pene que exigía su liberación. Estaba como poseído, el morbo de aprovecharme de esa zorra era demasiado tentador y, por eso, deslizando mi mano por su cuerpo, empecé a acariciar su sexo. Poco a poco, mis caricias fueron provocando que aunque Alicia no fuera consciente, su cuerpo se fuera excitando y su braguita se mojara. Al sentir que la humedad de su cueva, saqué mi mano y olisqueé mis dedos. Un aroma embriagador recorrió mis papilas y ya completamente desinhibido, me introduje dentro de su tanga y comencé a jugar con su clítoris mientras con la otra mano me empezaba a masturbar. Creo que Alicia debía de estar soñando que alguien le hacia el amor, porque entre dientes suspiró. Al oírla, supe que estaba disfrutando por lo que aceleré mis toqueteos. La muchacha ajena a la violación que estaba siendo objeto abrió sus piernas, facilitando mis maniobras. Dominado por la lujuria, me concentré en mi excitación por lo que coincidiendo con su orgasmo, me corrí llenando de semen la manta que me tapaba. Al haberme liberado, la cordura volvió y avergonzado por mis actos, acomodé su ropa y me levanté al baño. Me tranquilicé al volver a mi asiento y comprobar que la cría seguía durmiendo. El resto del viaje, fue una tortura. Creo que fue la culpa lo que me machacó y poco antes de aterrizar, me quedé también dormido. Asustado, abrí los ojos para descubrir que era Alicia la que desde el pasillo me llamaba. Suspiré aliviado al percatarme que su tono no sonaba enfadado, por lo que no debía de recordar nada de lo sucedido. Con la cabeza gacha, recogí nuestros enseres y la seguí por el aeropuerto. La mujer parecía contenta. Pensé durante unos instantes que era debido a que aunque no lo supiera había disfrutado pero, al ver la efectividad con la que realizó los tramites de entrada, recordé que siempre que se enfrentaba a un nuevo reto, era así. El segundo trayecto fue corto y en dos horas aterrizamos en un pequeño aeródromo, situado en una esquina de la isla del magnate. Al salir de las instalaciones, nos recogió la secretaria de Pastor, la cual después de saludarme y sin dirigirse a la que teóricamente era mi asistente, nos llevó a la mansión donde íbamos a conocer por fin a su jefe. Me quedé de piedra al ver donde nos íbamos a quedar, era un enorme palacio de estilo francés. Un enorme antillano, vestido de mayordomo, nos esperaba en la escalinata del edificio. Al cerrar la puerta, me di la vuelta a ver a mi jefa. En su cara, se veía el disgusto de tener que compartir habitación conmigo. Somos adultos para que, algo tan nimio, nos afecte. Lo importante es que firme el contrato. Asentí, tenía razón. El agua de la ducha no pudo limpiar la desazón que tener a ese pedazo de mujer compartiendo conmigo la habitación y saber que lejos de esperarme una dulce noche, iba a ser una pesadilla, por eso, en menos de un cuarto de hora y ya completamente vestido, salí para dejarla entrar. Ni me digné a contestarla y saliendo de la habitación, la dejé sola con su asfixiante superioridad. Este me llevó el salón donde al entrar, me topé de frente con mi anfitrión. Asustado por mi intromisión, me escabullí huyendo de allí con su figura grabada en mi retina. Alicia enfundada en un provocativo traje de lentejuelas. Aprovechando el instante, recorrí su cuerpo con mi mirada, descubriendo que mi estricta jefa no llevaba sujetador y que sus pezones se marcaban claramente bajo la tela. En ese momento se giró y al verme, me miró con cara de odio. Me llamo Alicia. Ella esperó a que hubiéramos salido del salón para recriminarme mi ausencia. Estaba hecha una furia. No he perdido el tiempo, tengo en mi maletín los contratos ya firmados, todo ha ido a la perfección. Ahora volvamos a la cena. Cuando llegamos, los presentes se estaban acomodando en la mesa. Don Valentín nos había reservado los sitios contiguos al suyo, de manera que Alicia tuvo que sentarse entre nosotros. Al lado del anfitrión estaba su novia, una preciosa mulata de por lo menos veinte años menos que él. La cena resultó un éxito, mi jefa se comportó como una damisela divertida y hueca que nada tenía que ver con la dura ave de presa a la que me tenía acostumbrado. Con las copas, el ambiente ya de por si relajado, se fue tornando en una fiesta. Ella, al notar que me separaba, me cogió de la cintura y me obligó a pegarme nuevamente. Fue entonces cuando notó que una protuberancia golpeaba contra su pubis y cortada, me pidió volver a la mesa. Ante tamaña salvajada, mi interlocutor soltó una carcajada y llamando al camarero pidió una botella de Champagne. Al levantar mi copa, miré a Alicia, la cual me devolvió una mirada cargada de odio. Haciendo caso omiso, brindé con ella. Soy, ante todo, una mujer. Sentir sus senos bajo mis palmas, me hizo reaccionar y forzando el encuentro, la besé. Todavía no comprendo cómo me atreví, pero cogiéndola en brazos, le llevé a la cama y me empecé a desnudar. Alicia me miraba con una mezcla de deseo y de terror. Me daba igual lo que opinara. Después de tanto tiempo siendo ninguneado por ella, esa noche decidí que iba a ser yo, el jefe. La mujer no solo se dejó hacer, sino que con sus manos llevó mi cara a sus pechos. Me estaba dando entrada, por lo que en esta ocasión y al contrario de lo ocurrido en el avión, no la estaba forzando. Sus pezones se irguieron esperando el contacto, mientras su dueña suspiraba excitada. Alicia, completamente entregada, abrió sus piernas para permitirme tomar posesión de su tesoro, pero en contra de lo que esperaba, pasé de largo acariciando sus piernas. Desde mi posición, puede contemplar como mi odiada jefa, se retorcía de deseo, pellizcando sus pechos mientras, con los ojos, me imploraba que la hiciera mujer. Usando mi lengua, fui dibujando un tortuoso camino hacia su pubis. Los gemidos callados de un inicio se habían convertido en un grito de entrega. Cuando me hallaba a escasos centímetros de su clítoris, me detuve y volví a reiniciar mi andadura por la otra pierna. Vano intento porque cuando, separando sus labios, me apoderé de su botón, se corrió en mi boca. Era su primera vez y por eso me entretuve durante largo tiempo, bebiendo de su fuente y jugando con su deseo. Usando mi lengua, me introduje en su vulva mientras ella no dejaba de soltar improperios por mi desobediencia. Molesto, le exigí con un grito que se callara. Sabiendo que la tenía a mi merced, busqué su segundo orgasmo. Agotada, tardó unos minutos en volver en sí, mientras eso ocurría, disfruté observando su cuerpo y su belleza. Mi jefa era un ejemplar de primera. Piernas perfectamente contorneadas, daban paso a una cadera de ensueño, siendo rematadas por unos pechos grandes y erguidos. En su cara, había desaparecido por completo el rictus autoritario que tanto la caracterizaba y en ese instante, no era dureza sino dulzura lo que reflejaba. Al incorporarse, me miró extrañada que habiendo sido vencida, no hubiese hecho uso de ella. Aunque eres una mujer bellísima y deseo hacerte el amor, no quiero pensar mañana que lo has hecho por el alcohol. Te he dicho que en ese estado no voy aprovecharme de ti. Pude leer en su cara disgusto pero también determinación y cuando ya creía que se iba a poner a gritar, sonrió y poniendo su cara en mi pecho, me abrazó. No he salido de mi cuarto en todo el día, ni para comer. He permanecido horas a resguardo de esos dos pero aun así debo salir. Ha llegado la hora de la cena y no acudir a ella es aceptar mi culpabilidad. La culpabilidad del que no se atreve a afrontar las consecuencias y se esconde como un cobarde, como un niñato. Porque eso es lo que soy, un puto niñato malcriado y sinvergüenza. Año Wezen montaba su caballo, silbando una canción y disfrutando del exuberante paisaje de la llanura; un interminable verde que se extendía hasta donde la vista alcanzaba. A un lado, el sol se ocultaba tras la interminable cadena de montañas y supo que pronto debían acampar. Si fuera por él, continuaría cabalgando durante la noche; faltaban pocos días para alcanzar Congli y estaba ansioso por ver a su hermana tras casi un año de partir rumbo a la guerra. Estaban perfectamente entrenados por Syaoran, pensó, y pronto él también sería un gran guerrero a su lado. Sabía que la prioridad de Syaoran era reunirse con el emisario de Occidente en una expedición en la frontera xin. Tardarían meses en asestar un ataque contra el nuevo emperador, apostado en Nankín, pero disfrutaría de los días mientras tanto. Buena parte del ejército lo conocía y ya no tenía necesidad de aparentar. Después de todo, la Sociedad del Loto Blanco a la que ahora pertenecían fue fundada por budistas. Lo vio acercarse y el guerrero xin frunció el ceño. Aquella tarde, guarras y machotes nos consolamos unos sobre los otros. En aquel encuentro no hubo asimetrías en el deseo, no hubo ni hombres ni mujeres, aunque sólo fuera durante un rato, durante el rato que duró aquel encuentro. En otras palabras, toda la belleza femenina reside en provocar ese instinto. A Pierre todavía le quedaba cerveza en la copa. Habían cerrado el bar. Debían de rondar las cuatro de la mañana. La hembra de nuestra especie no manifiesta un celo puntual. Al contrario de lo que sucede en otros mamíferos, su periodo de fertilidad no genera un instinto incontrolable por aparearse. No hay sintomatología física ni emocional y, por tanto, no desprendemos ninguna señal que haga que el macho busque un acoplamiento en un momento en que su intervención sería especialmente efectiva. Se puede decir que nosotras, las hembras de la especie humana, mantenemos una predisposición a tiempo completo para ejercer nuestra condición de seres sexuados. A Pierre lo conocí a través de unos amigos comunes en un local del que él era copropietario. Bien parecido, con buenos modales y un discurrir sobrio pero inteligente, intuí que era de ese tipo de personas con recursos humanos que no se dejan intimidar con facilidad. Así fue como, después de vernos varias veces, asistir juntos a algunos recitales y de unas cuantas horas de sexo de buen nivel, me enamoré de él. El arquetipo de una mujer siempre dispuesta es un elemento totalmente desestabilizador de una cultura como la nuestra. Una cultura que se estructura a través de una familia formada en la erótica de una pareja. Para controlar, dominar y coartar esta perpetua y generosa disposición, hemos inventado a lo largo del tiempo multitud de estratagemas. Algunas de ellas absolutamente pueriles como la noche de bodas o la luna de miel , otras perversas, como catalogarla de enferma o de despreciable como ya hemos visto cuando manifiesta y usa de esa apetencia sexual sostenida y otros ingenuas, como inculcarnos que la apetencia sexual masculina es mayor que la femenina. Su función originaria era sencilla. Durante todo un ciclo lunar la luna de miel debía durar veintiocho días los casados debían permanecer juntos sin tener contacto con elementos externos a la pareja. Cuentan las leyendas que durante este encierro, los esposos bebían una pócima que facilitaba, presuntamente, la fertilidad: la hidromiel. Y qué mejor para eso que utilizar el amor. Hemos sido educadas desde pequeñas para amar amando. El enamoramiento nos legitima moralmente en nuestras andanzas. Ése es el programa, creo, aunque no todas las mujeres caen indefectiblemente en él. Sorbí el té evitando quemarme. Pierre me sostenía la mano con dulzura. Acercó sus labios a los míos y después de besarme, me propuso seguirle. Luc acababa de secar unos vasos. En el deseo sexual, la mujer es un animal que bebe té y el hombre uno que bebe agua. Los dos son actos motivados por una misma apetencia: la sed. De igual manera, la cantidad de deseo sexual no se cuantifica por género. Regresé a casa al alba. Mi encuentro sexual con Luc y con Pierre había sido muy satisfactorio. Continué un tiempo viéndome con Pierre. Llegué incluso a pensar que posiblemente él cubriría la ausencia de Giovanni. Pero me equivoqué. La discusión que mantuvimos el día que yo, inocentemente, le pregunté por Luc, puso fin a nuestra relación. Le resultó difícil entender que yo no amaba a Luc. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hay que preocuparse siempre por el otro durante el sexo El yo-yo es un artilugio consistente en dos discos unidos por un eje y un cordón. En la ranura que forman los discos y donde se oculta el eje, se enrolla el cordón que, anudado a un dedo y mediante sacudidas, sube y baja. El yo-yo Definición enciclopédica En , Rembrandt se pintó con su gorro blanco de pintor, un pincel y la paleta frente al caballete. Sólo su rostro escapa de la penumbra. La comprensión, la compasión y el cariño son algo que sólo se puede ejercer desde el profundo conocimiento de uno mismo, después de haber conocido en uno mismo y desde uno mismo la incomprensión, la crueldad y el desprecio. Del yo se alimenta la poesía que se transmite a un nosotros y es el yo lo que los valientes se atreven a romper y a poner en riesgo para saber lo que es el otro. Sólo aprendemos desde el yo lo que al otro yo no le gusta. Egoístas no hay muchos, ególatras y megalómanos sí. Nuestra cultura de la competencia y del sueño del caníbal triunfante los cultiva y protege. Al humanismo egoísta, en cambio, se le pone el nombre de egoísmo y luego se lo define en el diccionario. Cuando entramos en la sala, el guía mandó guardar silencio. No sé muy bien por qué aquel día me había decidido, en el hueco largo que dejaban dos clases, a visitar el Louvre. El sexo, por su parte, es una lección egoísta. No son estos, sino los egoístas, los que sólo acaban resultando buenos amantes, aquellos que se han formado en la escuela de la autocontemplación; aquellos que, a fuerza de tener tiempo para uno mismo, han sabido entender su deseo e interpretar la reactividad de su cuerpo. Desde esa formación es desde El silencio que pidió el guía fue para rendir homenaje a Rembrandt. La sala albergaba varias obras suyas. Entre otras, el autorretrato Rembrandt en el caballete, al que algunos también llaman Autorretrato con pintura y pinceles. Era el efecto de una vida. Cada arruga pintada era una conclusión, cada oscuridad, una emoción y su mirada era una lección: la lección. Me apreté en el grupo con intención de ocultarme. Yo no diría que soy especialmente aficionada a las orgías. Creo que posiblemente se deba a la dispersión que suelen conllevar. La preocupación excesiva por el estado de los otros, la atención por los cambios de preservativos de vagina a vagina, los continuos cambios de posición, impiden la introspección. Los caminos del deseo son inescrutables. Frente a aquella magistral enseñanza de vida pintada sobre una tela tuve la imperiosa necesidad de masturbarme. Fui capaz incluso de hacer una pregunta, sin dejar de rozarme, cuando nuestro cicerone parecía que abandonaba la obra para dirigirse a otro cuadro. No escuché la respuesta. Cuando el hombre grueso que me cubría el flanco derecho se agachó para recoger la bolsa que había dejado en el suelo y continuar trayecto, yo alcancé el orgasmo. Compré en la tienda de souvenir una postal con la imagen de aquella obra. Sólo para poder contemplar una y otra vez cómo, a través del acto egoísta de retratarse a uno mismo, aquel viejo pintor holandés me había explicado, mejor que nadie, el sentido de la condición humana. Un oficio y una sabiduría que le había procurado el dulce y magistral balanceo del yoyó. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hay que practicar mucho para hacer bien el amor Coll: En efecto, les vamos a enseñar cómo se llena un vaso de agua. Sentada en aquel viejo taxi me preguntaba de qué le había servido al taxista llevar treinta años al volante. Sin embargo, solemos topar con personas que emplean la misma estrategia, el mismo método o la misma secuencia de actos, independientemente de con quién traten, en qué situación se encuentren o lo que pretendan. Son Sin embargo, los seres humanos no somos un instrumento, un avión o un calzado, somos una sinfonía, un cielo o un camino. Cuando conocí a Monsieur Guignot en la asignatura de Filosofía de la Universidad de Besançon, me dejó absolutamente fascinada. Su conocimiento sobre las vidas, obras y milagros de los filósofos franceses del siglo XX era vastísimo. El problema, en aquel entonces, fue que él no sucumbió a los míos. Ocho años después, participaba como tertuliano en un programa de televisión. Yo me encontraba en casa de mis padres, pasando unos días con ellos después de demasiado tiempo sin apenas contacto. Me pegué al televisor. Sobre la mesa de debate sus respuestas fueron tópicas, su erudición sonaba siempre pedante y sus reflexiones, estandarizadas. Monsieur Guignot, ocho años después, era un filósofo, pero no un sabio. Diego fue, la primera noche, un magnífico amante. Supo encadenar una coreografía que hizo que nuestro encuentro fuera plenamente satisfactorio. Se le notaba maestría y oficio en el tacto. La segunda noche, algo hizo disparar mi señal de alarma: la incómoda sensación de déjà vu. Justo lo que tarda uno en comerse un plato precocinado o en leerse el manual de usuario de un lavavajillas. Para la vida, también. El sexo es un asunto de comprensión de lo humano y no una secuencia de gestos y puntos bien aprendida. Preferimos Con la salvedad de que la lección y la afirmación son geniales. En ésas estaba cuando se le caló el taxi. En medio de aquel atasco en la calle Diagonal. El político se quedó meditativo. En una pequeña población de la Toscana, durante un recital que incluía una selección de fragmentos de Turandot. El concejal de Cultura, que quería asociarse con Giovanni en un negocio inmobiliario, nos hizo de anfitrión. Solícito, complaciente, queriendo agradar continuamente, nos dio la noche. Su propósito era, en un principio, simple: evitar, durante el coito, la eyaculación dentro de la vagina. A Giovanni lo conocí en el burdel en octubre de Solía venir, en nuestros primeros encuentros, acompañado de un amigo de ojos muy redondos, como los de un besugo, y de nombre Alessandro. Imaginémonos un mundo feliz en el que en la interacción sexual no existieran obligaciones. Si tuviera que escribir el acta constituyente de sus estatutos, probablemente empezaría con estos artículos: 1. Y como no hay dos sin tres: 3. Preocuparse por la duración del coito genera dos cosas: preocupación y coito. Ninguna de las dos es necesaria para desarrollarnos como seres sexuados. Normalmente, prolongar el coito es, para el varón, acortar su capacidad para disfrutar del sexo. Para la mujer, normalmente es prolongar su capacidad para distraerse. En la puerta de mi casa levantaron hace poco la acera para pasar no sé qué canalización. A las ocho de la mañana se ponía en marcha el martillo pilón y a las ocho de la tarde se paraba. Durante todos y cada uno de los días que duraron las obras, no pude dejar de pensar en Alessandro. Clara, una chica por la que Alessandro sentía especial inclinación, llevaba en el bolso, cada vez que lo visitaba, una botellita de ml. Alessandro, mientras, creía que era el mejor amante que hubiera dado Italia desde tiempos de Giacomo Casanova… si no desde antes. Existe la creencia de que cuando algo, por ejemplo una obra de arte, ha tardado mucho tiempo en construirse, su valor es mayor. En el tiempo en que Mozart componía una sinfonía, Schumann escribía un acorde, en el tiempo en que Antoni Tapies pinta un cuadro, Antonio López desenrosca el tapón de un tubo de óleo y mientras Basho componía un haiku de corrido, Dante tardó alrededor de quince años en escribir La Divina Comedia. Confundir tiempo con calidad es como confundir valor con precio. El buen amante, como el buen artista, no entiende de tiempos de ejecución, entiende de ejecución. No entiende de minutos, entiende de duración. Aquella mañana, en la que yo esperaba que un italiano volviera a llamar para encontrarse conmigo, me tocó a mí atenderle. La vagina, lo he dicho alguna vez ya, tiene, aproximadamente, la misma sensibilidad que el recto. Eso no quiere decir que no tenga; durante el sexo todo nuestro cuerpo es una terminación nerviosa y cualquier parte de él es susceptible de producir un orgasmo hasta la vagina. Aguanté a que su excitación le hiciera detenerse por primera vez. En verdad, no fue mucho. Y se corrió. No volvió a ofrecerme empleo como secretaria suya y no volvió a negociar conmigo el precio del servicio, porque no volvió a contratarlo. Y yo me quité a un abogado, estrecho de hombros, cretino y martilleante, de encima. Na km od Prahyje sjezd na Slatinu a odbocka na letisti— je viditel-né oznacena. Naturalmente, me perdí. Sólo somos capaces de nombrar los conceptos que entendemos, los que somos capaces de concebir. Algo ininteligible para nosotros no tiene palabra porque, para nosotros, no tiene significado. Simón era argentino. Me inscribí en el centro de yoga que él dirigía porque se encontraba cerca del burdel. Noté, al salir, su mirada clavada en mi trasero. No es como el cristianismo u otras religiones exotéricas que hacen del proselitismo y de la propaganda evangelizadora su fuerza. De kundalini yoga siguió habiendo muy poco. Fue durante la ejecución de una asana cuando tuve claras algunas intenciones de Simón. Y apoyarse un cuchillo en el pecho. Obtener o pretender obtener el objetivo sin el conocimiento que da el esfuerzo para conseguirlos es peligroso. A veces no resulta peligroso, sino simplemente ridículo. Pero exponer latas de comida china no es la China, y comerse un pato laqueado no es entenderla, entre otras cosas, porque la China sólo la entienden los chinos. Y para nosotros, la cultura y el contexto donde tiene sentido y entendimiento el tantrismo son tan extraños como para un perro las clases de cetrería. Él, sonriente, me dijo que yo no había entendido la esencia de su mensaje. Durante los siguientes tres meses siguieron pasando recibos a mi cuenta bancaria. Sofía temía el que su marido la cogiera de la mano cuando llegaba a casa. Temía su mano meciéndole los cabellos, temía los gestos de complicidad, cuando sólo él era el cómplice, y temía cualquier cosa que pudiera indicar que el encuentro sexual estaba próximo. A cambio, a sus sesenta y tres años, regentaba una cadena de establecimientos de ropa, practicaba el paddle o el golf antes de incorporarse al trabajo, fumaba dos cajetillas de tabaco inglés al día y su móvil no se apagaba nunca. Sin embargo, los dolores de cabeza sólo aparecían cuando no quedaba otra excusa. La conocí a finales de Ella sabía que yo, en aquella época, ejercía la prostitución, sencillamente porque había contratado mis servicios para demostrarse que su desapego a la sexualidad no era un asunto de preferencia sexual. Desde entonces, y pese a lo fallido, en lo erótico, del encuentro, habíamos entablado una peculiar amistad. Epicuro, en su teoría hedonista, clasificaba las apetencias en naturales y necesarias, naturales y no necesarias y ni naturales ni necesarias. La felicidad consistiría en satisfacer las primeras, no depender de las segundas y prescindir de las terceras. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o El sexo es la propuesta, la capacidad infinita que tenemos de proponer, no sólo la concreción de estas propuestas. Igual que la escritura es la propuesta de escritura, no sólo la concreción en un libro. Los que escribimos libros somos escritores, igual que los que follamos somos sexo, pero eso no significa que el que no los escribe o el que no interacciona sexualmente no sea literatura o sexo. Perder el habla no es perder el lenguaje; el afónico, el mudo o el que quiere quedarse callado siguen siendo lenguaje, porque el lenguaje es su condición de humano. Y la humanidad no atiende a negociaciones, a voluntades o a mutilaciones. Hablar es algo natural pero no necesario. El voto de silencio y el voto de castidad no eliminan ni el lenguaje ni el sexo, no eliminan nuestra humanidad, sólo la mortifican. Sofía me propuso que me acostara con su marido. De Schopenhauer, sabemos que su misoginia le hizo permanecer célibe toda su existencia; de Bataille, que pese a sus magistrales y sicalípticos relatos, sentía terror cuando debía hablar de sexo o cuando veía una obra de Magritte que representaba una cara en la que los ojos y la boca habían sido sustituidos por unos pechos y un pubis. Georges Sand dejó escrito que Chopin sólo tocaba el piano. Pero ninguno de ellos murió de eso. Y a ninguno de ellos les dejó de hablar su sexo. Nos sentamos en la terraza de un bar frente a dos cafés, y en su tono siempre vehemente y jovial, me habló. Me contó que su ginecólogo le había dicho que nunca había visto un caso de falta de deseo semejante al suyo. Ella me miró con curiosidad y, dando un brinco, me dejó con la taza de café en las manos. Posiblemente le inquietó pensar que pensaba. Tomad, para vosotros. Prometedme, al menos, que pagaréis los impuestos. Verdaderamente horrible. Al menos, mientras nos sigan haciendo falta reyes. Determinar quién debe mandar no es siempre asunto sencillo. Lo irrefutable deja de serlo cuando otro poder se proclama en su justificación como irrefutable. Un rey dura lo que dura su verdad. Se discute sobre quién debe, desde la verdad, ejercer el uso de la palabra en nombre del sexo. Mientras, el sexo calla y el modelo que lo representa permanece inmutable, respaldado por las distintas verdades los distintos emperadores que lo justifican y lo consolidan. Porque no se cambia el collar, sólo se discute sobre quién es el amo que debe, esta noche, pasear a la fiera. Ésa era la verdad. Sostenía, en su verdad, que nosotros éramos entidades bioquímicas, determinadas y reguladas por un funcionamiento endocrino en el que nuestra conciencia, nuestra voluntad, muy poco podía hacer. Y expuso la nueva verdad de las cosas. La infidelidad no era ya una cuestión de inmoralidad, sino de una conducta inmoral determinada por la oxitocina, el deseo ya no era una cuestión de un mayor o menor uso libertino de nuestra libido, sino de niveles de testosterona que nos convertían o no en libertinos. Inmorales y libertinos en ambos casos, por cualquier motivo. Y los pecadores pasaron a ser pacientes. Y lo que antes se remediaba con penitencias ahora se remedia con parches. Porque no podía ser de otra manera, lo que la moral exige que se remedie tiene remedio. Parece que hace falta un rey que, en el sexo, defienda con verdades el discurso normativo de siempre. Si la noche seguía así, sólo acabaría encontrando consuelo en el vino. No podía ser de otra manera. Hay veces en las que tendemos a marcar dicotomías donde no existen. Pero ya se sabe, nuestro entendimiento parece que sólo funciona si confrontamos opuestos. Somos bioquímica y cultura. Sexualmente, mi orgasmo, sin la interpretación que de él hace mi código de valores, sería como un calambre, mientras que si mi orgasmo no fuera acompañado de una reacción física, sería una mera especulación abstracta. Al estar yo en la mesa, la conversación derivó, inevitablemente, hacia el sexo. En el aburrimiento o en la reflexión es cuando verdaderamente podemos llegar a ver lo que un idiota puede dar de sí. In vino ventas, pensé, tomando otro trago. Posiblemente fue el vino, o mi hartazgo, o que anticipaba que la cuenta iba a acabar cayendo de mi lado cuando hay cuatro ricos en una mesa, suele ser el quinto pobre el que paga la cena. Así que, muy solemne, me puse en pie, tiré sin querer el vaso de agua posiblemente bendita que bebía la partidaria de lo natural. Balbuceó algo mientras se secaba el agua de la falda. Pensé que allí se había acabado la cena, pero no. Y la cuenta cayó de mi lado. Los riesgos de una moral biologista son evidentes: si aceptamos la verdad biológica de que somos marionetas en manos de nuestra endocrinología, el orden moral debería tambalearse. Ya no seríamos ni buenos ni malos, sólo actuaríamos bien o mal, pero nunca por culpa nuestra, sino por culpa de algo que nos trasciende; nuestra conformación química. Quien quiere puede, sólo es cuestión de voluntad y determinación. Cualquiera puede ser presidente o millonario, sólo depende de su voluntad de serlo. Pero lo primero es imposible sin lo segundo. No haremos el bien si al otro lo han convencido de que le estamos haciendo el mal. Rompamos los prejuicios y no los perpetuemos desde una concepción de nosotros mismos o desde otra… que el conocimiento de nuestra condición no alimente la concepción que de nosotros tienen los de siempre. No es casualidad. No olvidemos eso. Somos lo que nos han enseñado a ser algunos. Muchos de ellos santificados por las Iglesias y otros por las universidades como Platón. Guillermo era un vividor sin grandes vidas. Lo pensé un momento. La orgía estaba, pues, a punto. Siempre mujeres, los elementos pacientes de esa diagnosis solían ser aquellas féminas a las que se les suponía una elevada virtud monjas, viudas o jovencitas. Empezaba, pues, a entenderse el deseo femenino como agente patógeno y contaminante. Ellos no pueden ser histéricos pues no poseen ese animal de la hystera , aunque Freud intentó en alguna ocasión demostrarlo sin mucho éxito académico, por cierto. El propietario era un tipo larguirucho, con cara de partida a medio empezar. Fue él el que me abrió la puerta. Inmediatamente apareció Guillermo. En total cinco mujeres y ocho hombres. Guillermo les interrumpió un momento para realizar las presentaciones. Silvia, con el pecho izquierdo al aire, alargó la mano y me sonrió pícaramente. Juraría que estaba ensalivando. El jovencito se levantó muy cortésmente y me besó dos veces en la mejilla. Olí en su boca el pezón de Silvia. Mi amigo Juan Romeu, psiquiatra, hedonista y sabio, me contó un día un chiste: El médico auscultando a la paciente. Por qué las mujeres no podían masturbarse solas y necesitaban de ese ambiente clínico y de una dirección colegiada masculina se enmarca dentro de ese contexto de extrema vigilancia sobre aquel verdadero terror de nuestro modelo sexual: el deseo femenino. Me giré despacio y, sin mirarle a la cara, desabroché el botón de su pantalón y bajé ligeramente la cremallera hasta poder ver como el glande pugnaba por salir de unos calzoncillos demasiado estrechos. Su respiración se agitaba, incliné despacio mi cabeza dejando que mi cabellera cayera sobre el lado izquierdo de mi cara. Con un gesto le impedí que llevara sus Mientras me obedecía, extraje dos cubitos de hielo del whisky que me acababa de servir el anfitrión. Coloqué cada uno bajo sus pies. Rechinó suavemente en un grito contenido. Guillermo sobre el suelo la penetraba repetidas veces con ardor guerrero. Por eso inventa sentencias que, como el estribillo de la canción del verano, se nos adhieren hasta que nos resulta imposible dejar de tararearlas. Aquella tarde, guarras y machotes nos consolamos unos sobre los otros. En aquel encuentro no hubo asimetrías en el deseo, no hubo ni hombres ni mujeres, aunque sólo fuera durante un rato, durante el rato que duró aquel encuentro. En otras palabras, toda la belleza femenina reside en provocar ese instinto. A Pierre todavía le quedaba cerveza en la copa. Habían cerrado el bar. Debían de rondar las cuatro de la mañana. La hembra de nuestra especie no manifiesta un celo puntual. Al contrario de lo que sucede en otros mamíferos, su periodo de fertilidad no genera un instinto incontrolable por aparearse. No hay sintomatología física ni emocional y, por tanto, no desprendemos ninguna señal que haga que el macho busque un acoplamiento en un momento en que su intervención sería especialmente efectiva. Se puede decir que nosotras, las hembras de la especie humana, mantenemos una predisposición a tiempo completo para ejercer nuestra condición de seres sexuados. A Pierre lo conocí a través de unos amigos comunes en un local del que él era copropietario. Bien parecido, con buenos modales y un discurrir sobrio pero inteligente, intuí que era de ese tipo de personas con recursos humanos que no se dejan intimidar con facilidad. Así fue como, después de vernos varias veces, asistir juntos a algunos recitales y de unas cuantas horas de sexo de buen nivel, me enamoré de él. El arquetipo de una mujer siempre dispuesta es un elemento totalmente desestabilizador de una cultura como la nuestra. Una cultura que se estructura a través de una familia formada en la erótica de una pareja. Para controlar, dominar y coartar esta perpetua y generosa disposición, hemos inventado a lo largo del tiempo multitud de estratagemas. Algunas de ellas absolutamente pueriles como la noche de bodas o la luna de miel , otras perversas, como catalogarla de enferma o de despreciable como ya hemos visto cuando manifiesta y usa de esa apetencia sexual sostenida y otros ingenuas, como inculcarnos que la apetencia sexual masculina es mayor que la femenina. Su función originaria era sencilla. Durante todo un ciclo lunar la luna de miel debía durar veintiocho días los casados debían permanecer juntos sin tener contacto con elementos externos a la pareja. Cuentan las leyendas que durante este encierro, los esposos bebían una pócima que facilitaba, presuntamente, la fertilidad: la hidromiel. Y qué mejor para eso que utilizar el amor. Hemos sido educadas desde pequeñas para amar amando. El enamoramiento nos legitima moralmente en nuestras andanzas. Ése es el programa, creo, aunque no todas las mujeres caen indefectiblemente en él. Sorbí el té evitando quemarme. Pierre me sostenía la mano con dulzura. Acercó sus labios a los míos y después de besarme, me propuso seguirle. Luc acababa de secar unos vasos. En el deseo sexual, la mujer es un animal que bebe té y el hombre uno que bebe agua. Los dos son actos motivados por una misma apetencia: la sed. De igual manera, la cantidad de deseo sexual no se cuantifica por género. Regresé a casa al alba. Mi encuentro sexual con Luc y con Pierre había sido muy satisfactorio. Continué un tiempo viéndome con Pierre. Llegué incluso a pensar que posiblemente él cubriría la ausencia de Giovanni. Pero me equivoqué. La discusión que mantuvimos el día que yo, inocentemente, le pregunté por Luc, puso fin a nuestra relación. Le resultó difícil entender que yo no amaba a Luc. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hay que preocuparse siempre por el otro durante el sexo El yo-yo es un artilugio consistente en dos discos unidos por un eje y un cordón. En la ranura que forman los discos y donde se oculta el eje, se enrolla el cordón que, anudado a un dedo y mediante sacudidas, sube y baja. El yo-yo Definición enciclopédica En , Rembrandt se pintó con su gorro blanco de pintor, un pincel y la paleta frente al caballete. Sólo su rostro escapa de la penumbra. La comprensión, la compasión y el cariño son algo que sólo se puede ejercer desde el profundo conocimiento de uno mismo, después de haber conocido en uno mismo y desde uno mismo la incomprensión, la crueldad y el desprecio. Del yo se alimenta la poesía que se transmite a un nosotros y es el yo lo que los valientes se atreven a romper y a poner en riesgo para saber lo que es el otro. Sólo aprendemos desde el yo lo que al otro yo no le gusta. Egoístas no hay muchos, ególatras y megalómanos sí. Nuestra cultura de la competencia y del sueño del caníbal triunfante los cultiva y protege. Al humanismo egoísta, en cambio, se le pone el nombre de egoísmo y luego se lo define en el diccionario. Cuando entramos en la sala, el guía mandó guardar silencio. Dos mujeres dominantes abriendose el culo mutuamente. A muchas mujeres les gusta enseñar las bragas. Mujeres que se ven cachondas con tanto musculo..

Estaba curtida y sabía que él era así, que le encantaba aquella estética añeja. Pero en esta ocasión había percibido un tono de reprimenda, una intención descarnada por humillarla y de reprobación por su derrota.

p Super hot college girl nude for friends. Xxx con emafroditas.

Si aquellas primeras palabras que acababa de escuchar hubieran salido de la boca de otra persona del Partido no habría pasado nada, no habrían tenido mayor importancia. Como secretario de organización del Partido controlaba el aparato y había ideado la campaña del actual presidente del Gobierno y de varios ministros.

For nearly 40 years. Und umgekehrt natürlich.

Los había encumbrado desde la nada, especialmente al presidente y al ministro de Tecnología, Augusto Piñas. Él decidía; el sí ponía y quitaba rey.

Vintage Fuck - Drilling Of A Round Chunky Ass - Dildo And Cock.

Él le había encomendado la misión de ganar las municipales en Arévalo y ella le había fallado. Al calibrar el peso de Pablo en el Partido, creyó deducir que Augusto Piñas, que tendría que haber apadrinado con su presencia el intento de Teresa por conquistar la alcaldía, debía saber los datos de los sondeos, razón por la que anuló la visita con excusas vanas.

Había ido como cabeza de lista en Arévalo cuando en Madrid todos sabían de antemano que su Mujeres de mediana edad follan en Puchon sería estrepitoso.

websio Follow: bajardepeso.

Aquellas conclusiones acrecentaron su desasosiego. Ahora también le sudaban las manos. Recordó que el zapato izquierdo tenía el tacón en mal estado. Pero no se trataba de eso, no; simplemente le temblaban las piernas. Tengo que caminar con mucho cuidado si no quiero caerme aquí en medio.

  • Katsuni In Pirates Movies
  • Wife and girlfriend nude picks
  • Asian Meat Thai Teen
  • Mom Panty Gallery
  • Masterbating milf pics
  • Real home made threesomes
  • Naked girls with very phat asses

No me siento bien. Si hasta noto escalofríos en la espalda. Debo de tener fiebre.

Fragen, die an, dass sie nicht von frau Short erotic sex story und das ist es braucht datieren und sie genau wissen sie die feinde und dann Short erotic sex story der liebe, sie. pTo be in cahoots with someone.

Se convenció de que tenía una larga carrera en la media o la falda se estaba rasgando y dejaba los muslos a la vista de todo el mundo, porque se percató de que acaparaba las miradas de la mayoría de parroquianos. Realizó un esfuerzo por mantener la calma.

Thailandteen nude La madre que la parió. Seleccion de los mejores relatos de Golfo sobre una jefa. Elisabeth hasselbeck caliente sexy desnuda Video Line Video. Su respiración se agitaba, incliné despacio mi cabeza dejando que mi cabellera cayera sobre el lado izquierdo de mi cara. Con un gesto le impedí que llevara sus Mientras me obedecía, extraje dos cubitos de hielo del whisky que me acababa de servir el anfitrión. Coloqué cada uno bajo sus pies. Rechinó suavemente en un grito contenido. Guillermo sobre el suelo la penetraba repetidas veces con ardor guerrero. Por eso inventa sentencias que, como el estribillo de la canción del verano, se nos adhieren hasta que nos resulta imposible dejar de tararearlas. Aquella tarde, guarras y machotes nos consolamos unos sobre los otros. En aquel encuentro no hubo asimetrías en el deseo, no hubo ni hombres ni mujeres, aunque sólo fuera durante un rato, durante el rato que duró aquel encuentro. En otras palabras, toda la belleza femenina reside en provocar ese instinto. A Pierre todavía le quedaba cerveza en la copa. Habían cerrado el bar. Debían de rondar las cuatro de la mañana. La hembra de nuestra especie no manifiesta un celo puntual. Al contrario de lo que sucede en otros mamíferos, su periodo de fertilidad no genera un instinto incontrolable por aparearse. No hay sintomatología física ni emocional y, por tanto, no desprendemos ninguna señal que haga que el macho busque un acoplamiento en un momento en que su intervención sería especialmente efectiva. Se puede decir que nosotras, las hembras de la especie humana, mantenemos una predisposición a tiempo completo para ejercer nuestra condición de seres sexuados. A Pierre lo conocí a través de unos amigos comunes en un local del que él era copropietario. Bien parecido, con buenos modales y un discurrir sobrio pero inteligente, intuí que era de ese tipo de personas con recursos humanos que no se dejan intimidar con facilidad. Así fue como, después de vernos varias veces, asistir juntos a algunos recitales y de unas cuantas horas de sexo de buen nivel, me enamoré de él. El arquetipo de una mujer siempre dispuesta es un elemento totalmente desestabilizador de una cultura como la nuestra. Una cultura que se estructura a través de una familia formada en la erótica de una pareja. Para controlar, dominar y coartar esta perpetua y generosa disposición, hemos inventado a lo largo del tiempo multitud de estratagemas. Algunas de ellas absolutamente pueriles como la noche de bodas o la luna de miel , otras perversas, como catalogarla de enferma o de despreciable como ya hemos visto cuando manifiesta y usa de esa apetencia sexual sostenida y otros ingenuas, como inculcarnos que la apetencia sexual masculina es mayor que la femenina. Su función originaria era sencilla. Durante todo un ciclo lunar la luna de miel debía durar veintiocho días los casados debían permanecer juntos sin tener contacto con elementos externos a la pareja. Cuentan las leyendas que durante este encierro, los esposos bebían una pócima que facilitaba, presuntamente, la fertilidad: la hidromiel. Y qué mejor para eso que utilizar el amor. Hemos sido educadas desde pequeñas para amar amando. El enamoramiento nos legitima moralmente en nuestras andanzas. Ése es el programa, creo, aunque no todas las mujeres caen indefectiblemente en él. Sorbí el té evitando quemarme. Pierre me sostenía la mano con dulzura. Acercó sus labios a los míos y después de besarme, me propuso seguirle. Luc acababa de secar unos vasos. En el deseo sexual, la mujer es un animal que bebe té y el hombre uno que bebe agua. Los dos son actos motivados por una misma apetencia: la sed. De igual manera, la cantidad de deseo sexual no se cuantifica por género. Regresé a casa al alba. Mi encuentro sexual con Luc y con Pierre había sido muy satisfactorio. Continué un tiempo viéndome con Pierre. Llegué incluso a pensar que posiblemente él cubriría la ausencia de Giovanni. Pero me equivoqué. La discusión que mantuvimos el día que yo, inocentemente, le pregunté por Luc, puso fin a nuestra relación. Le resultó difícil entender que yo no amaba a Luc. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hay que preocuparse siempre por el otro durante el sexo El yo-yo es un artilugio consistente en dos discos unidos por un eje y un cordón. En la ranura que forman los discos y donde se oculta el eje, se enrolla el cordón que, anudado a un dedo y mediante sacudidas, sube y baja. El yo-yo Definición enciclopédica En , Rembrandt se pintó con su gorro blanco de pintor, un pincel y la paleta frente al caballete. Sólo su rostro escapa de la penumbra. La comprensión, la compasión y el cariño son algo que sólo se puede ejercer desde el profundo conocimiento de uno mismo, después de haber conocido en uno mismo y desde uno mismo la incomprensión, la crueldad y el desprecio. Del yo se alimenta la poesía que se transmite a un nosotros y es el yo lo que los valientes se atreven a romper y a poner en riesgo para saber lo que es el otro. Sólo aprendemos desde el yo lo que al otro yo no le gusta. Egoístas no hay muchos, ególatras y megalómanos sí. Nuestra cultura de la competencia y del sueño del caníbal triunfante los cultiva y protege. Al humanismo egoísta, en cambio, se le pone el nombre de egoísmo y luego se lo define en el diccionario. Cuando entramos en la sala, el guía mandó guardar silencio. No sé muy bien por qué aquel día me había decidido, en el hueco largo que dejaban dos clases, a visitar el Louvre. El sexo, por su parte, es una lección egoísta. No son estos, sino los egoístas, los que sólo acaban resultando buenos amantes, aquellos que se han formado en la escuela de la autocontemplación; aquellos que, a fuerza de tener tiempo para uno mismo, han sabido entender su deseo e interpretar la reactividad de su cuerpo. Desde esa formación es desde El silencio que pidió el guía fue para rendir homenaje a Rembrandt. La sala albergaba varias obras suyas. Entre otras, el autorretrato Rembrandt en el caballete, al que algunos también llaman Autorretrato con pintura y pinceles. Era el efecto de una vida. Cada arruga pintada era una conclusión, cada oscuridad, una emoción y su mirada era una lección: la lección. Me apreté en el grupo con intención de ocultarme. Yo no diría que soy especialmente aficionada a las orgías. Creo que posiblemente se deba a la dispersión que suelen conllevar. La preocupación excesiva por el estado de los otros, la atención por los cambios de preservativos de vagina a vagina, los continuos cambios de posición, impiden la introspección. Los caminos del deseo son inescrutables. Frente a aquella magistral enseñanza de vida pintada sobre una tela tuve la imperiosa necesidad de masturbarme. Fui capaz incluso de hacer una pregunta, sin dejar de rozarme, cuando nuestro cicerone parecía que abandonaba la obra para dirigirse a otro cuadro. No escuché la respuesta. Cuando el hombre grueso que me cubría el flanco derecho se agachó para recoger la bolsa que había dejado en el suelo y continuar trayecto, yo alcancé el orgasmo. Compré en la tienda de souvenir una postal con la imagen de aquella obra. Sólo para poder contemplar una y otra vez cómo, a través del acto egoísta de retratarse a uno mismo, aquel viejo pintor holandés me había explicado, mejor que nadie, el sentido de la condición humana. Un oficio y una sabiduría que le había procurado el dulce y magistral balanceo del yoyó. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hay que practicar mucho para hacer bien el amor Coll: En efecto, les vamos a enseñar cómo se llena un vaso de agua. Sentada en aquel viejo taxi me preguntaba de qué le había servido al taxista llevar treinta años al volante. Sin embargo, solemos topar con personas que emplean la misma estrategia, el mismo método o la misma secuencia de actos, independientemente de con quién traten, en qué situación se encuentren o lo que pretendan. Son Sin embargo, los seres humanos no somos un instrumento, un avión o un calzado, somos una sinfonía, un cielo o un camino. Cuando conocí a Monsieur Guignot en la asignatura de Filosofía de la Universidad de Besançon, me dejó absolutamente fascinada. Su conocimiento sobre las vidas, obras y milagros de los filósofos franceses del siglo XX era vastísimo. El problema, en aquel entonces, fue que él no sucumbió a los míos. Ocho años después, participaba como tertuliano en un programa de televisión. Yo me encontraba en casa de mis padres, pasando unos días con ellos después de demasiado tiempo sin apenas contacto. Me pegué al televisor. Sobre la mesa de debate sus respuestas fueron tópicas, su erudición sonaba siempre pedante y sus reflexiones, estandarizadas. Monsieur Guignot, ocho años después, era un filósofo, pero no un sabio. Diego fue, la primera noche, un magnífico amante. Supo encadenar una coreografía que hizo que nuestro encuentro fuera plenamente satisfactorio. Se le notaba maestría y oficio en el tacto. La segunda noche, algo hizo disparar mi señal de alarma: la incómoda sensación de déjà vu. Justo lo que tarda uno en comerse un plato precocinado o en leerse el manual de usuario de un lavavajillas. Para la vida, también. El sexo es un asunto de comprensión de lo humano y no una secuencia de gestos y puntos bien aprendida. Preferimos Con la salvedad de que la lección y la afirmación son geniales. En ésas estaba cuando se le caló el taxi. En medio de aquel atasco en la calle Diagonal. El político se quedó meditativo. En una pequeña población de la Toscana, durante un recital que incluía una selección de fragmentos de Turandot. El concejal de Cultura, que quería asociarse con Giovanni en un negocio inmobiliario, nos hizo de anfitrión. Solícito, complaciente, queriendo agradar continuamente, nos dio la noche. Su propósito era, en un principio, simple: evitar, durante el coito, la eyaculación dentro de la vagina. A Giovanni lo conocí en el burdel en octubre de Solía venir, en nuestros primeros encuentros, acompañado de un amigo de ojos muy redondos, como los de un besugo, y de nombre Alessandro. Imaginémonos un mundo feliz en el que en la interacción sexual no existieran obligaciones. Si tuviera que escribir el acta constituyente de sus estatutos, probablemente empezaría con estos artículos: 1. Y como no hay dos sin tres: 3. Preocuparse por la duración del coito genera dos cosas: preocupación y coito. Ninguna de las dos es necesaria para desarrollarnos como seres sexuados. Normalmente, prolongar el coito es, para el varón, acortar su capacidad para disfrutar del sexo. Para la mujer, normalmente es prolongar su capacidad para distraerse. En la puerta de mi casa levantaron hace poco la acera para pasar no sé qué canalización. A las ocho de la mañana se ponía en marcha el martillo pilón y a las ocho de la tarde se paraba. Durante todos y cada uno de los días que duraron las obras, no pude dejar de pensar en Alessandro. Clara, una chica por la que Alessandro sentía especial inclinación, llevaba en el bolso, cada vez que lo visitaba, una botellita de ml. Alessandro, mientras, creía que era el mejor amante que hubiera dado Italia desde tiempos de Giacomo Casanova… si no desde antes. Existe la creencia de que cuando algo, por ejemplo una obra de arte, ha tardado mucho tiempo en construirse, su valor es mayor. En el tiempo en que Mozart componía una sinfonía, Schumann escribía un acorde, en el tiempo en que Antoni Tapies pinta un cuadro, Antonio López desenrosca el tapón de un tubo de óleo y mientras Basho componía un haiku de corrido, Dante tardó alrededor de quince años en escribir La Divina Comedia. Confundir tiempo con calidad es como confundir valor con precio. El buen amante, como el buen artista, no entiende de tiempos de ejecución, entiende de ejecución. No entiende de minutos, entiende de duración. Aquella mañana, en la que yo esperaba que un italiano volviera a llamar para encontrarse conmigo, me tocó a mí atenderle. La vagina, lo he dicho alguna vez ya, tiene, aproximadamente, la misma sensibilidad que el recto. Eso no quiere decir que no tenga; durante el sexo todo nuestro cuerpo es una terminación nerviosa y cualquier parte de él es susceptible de producir un orgasmo hasta la vagina. Aguanté a que su excitación le hiciera detenerse por primera vez. En verdad, no fue mucho. Y se corrió. No volvió a ofrecerme empleo como secretaria suya y no volvió a negociar conmigo el precio del servicio, porque no volvió a contratarlo. Y yo me quité a un abogado, estrecho de hombros, cretino y martilleante, de encima. Na km od Prahyje sjezd na Slatinu a odbocka na letisti— je viditel-né oznacena. Naturalmente, me perdí. Sólo somos capaces de nombrar los conceptos que entendemos, los que somos capaces de concebir. Algo ininteligible para nosotros no tiene palabra porque, para nosotros, no tiene significado. Simón era argentino. Me inscribí en el centro de yoga que él dirigía porque se encontraba cerca del burdel. Noté, al salir, su mirada clavada en mi trasero. No es como el cristianismo u otras religiones exotéricas que hacen del proselitismo y de la propaganda evangelizadora su fuerza. De kundalini yoga siguió habiendo muy poco. Fue durante la ejecución de una asana cuando tuve claras algunas intenciones de Simón. Y apoyarse un cuchillo en el pecho. Obtener o pretender obtener el objetivo sin el conocimiento que da el esfuerzo para conseguirlos es peligroso. A veces no resulta peligroso, sino simplemente ridículo. Pero exponer latas de comida china no es la China, y comerse un pato laqueado no es entenderla, entre otras cosas, porque la China sólo la entienden los chinos. Y para nosotros, la cultura y el contexto donde tiene sentido y entendimiento el tantrismo son tan extraños como para un perro las clases de cetrería. Él, sonriente, me dijo que yo no había entendido la esencia de su mensaje. Durante los siguientes tres meses siguieron pasando recibos a mi cuenta bancaria. Yo creo que sí había entendido la esencia de Simón. Cuentan que Antonin Artaud asistió un día a una función de teatro balines. Su propuesta teatral ha sido fundamental para que se desarrollase una vanguardia teatral en nuestra cultura. Como decía el sabio indio en el Tantraraja Tantra: Na kadacit pivet siddho devyarghyam aniveditam Pananca tavat kurvita yavata syan manolayah Tatah karoti cet sadayah pataki bhavati dhruvam Devtagurusevanyat pivannasavam ashaya Pataki rajadandyash cavidyopasaka eva ca. Noticia Recuerdo mejor los gritos de mi madre que el motivo de los gritos. Un tiempo después seguía sin saber qué ocasionaba los gritos de mi madre, pero aprendí a ocultarme cada vez que buscaba el cariño de mi amigo de trapo. Entonces, la naturalidad se convirtió en intención y la satisfacción en ocultación, aunque la inquietud no estaba en mí, sino en el ojo de mi madre. Con toda su buena intención. Podría incluso decirse que yo no resultaba nada original en mi actitud. El orgasmo tiene algo de partida, de experiencia inefable y de expresión muda. Es pura acción, puro gerundio, sin circunloquios ni argumentaciones. Su experiencia misma oscurece todos los discursos sobre él. De nada valen tampoco las valoraciones en torno a él, porque cuando él llega se las lleva a todas. Y no hay ciencia que lo aborde, a no ser la mística. Sólo permite el gemido, el aullido, la expresión infrahumana, pero no la palabra. Lo que queda de humano en nosotros, en presencia suya, es sólo la necesidad de expresar, pero no el lenguaje, ni el pensamiento. Ni risas, ni palabras, sólo él. Tuve que superar con claridad la veintena para sentir mi primer orgasmo. Lo alcancé sola. La maquinaria sexual femenina es de una enorme complejidad; olvidada, moralmente castigada en su uso y enormemente misteriosa. Una misma debe aprender a tratarla y debe aprender a perder el miedo a tratarla. La marea de falsas creencias, de supersticiones, de miedos acumulados, de doctas ignorancias ocultan el verdadero hecho: tener un orgasmo es haber aprendido a tenerlo. Y todo conocimiento requiere valentía para trascender, talento para medir y tiempo para crecer. En el aula vacía de Derecho Internacional se dio mi primerizo orgasmo en compañía, con mi mano dirigiendo la suya. El peluche de aquellos días se llamaba Thierry. Apareció, de eso no tengo dudas, y en cierta medida amplificó las sensaciones placenteras que decenas de amantes antes que él me habían propiciado. Otra tarea compleja es intentar definir el sexo sin asociarlo al orgasmo. Y sin embargo así debería hacerse. Es intentar hacerle un traje de novia al viento. El sexo sólo tiene límites para quien se los pone y finalidad para el que se la impone. Llegué con el tiempo justo de cambiarme para recibirlo. Tenía poco pelo. De mediana estatura, debía de rondar la cincuentena y, aunque de extremidades delgadas, su vientre era prominente y redondo. Por su aspecto deduje que posiblemente se dedicaría a la abogacía. Yo ya había cumplido los treinta. La respuesta sexual humana, en términos estrictamente operativos, se inicia con el deseo. A él le sigue la excitación que precede a la meseta, tras ésta se alcanza el orgasmo y finaliza la interacción con el periodo refractario. Tras un periodo de tiempo de reposo que oscila en función de varios factores, nada impide que vuelva a poder retomarse el proceso de deseo, excitación y meseta hasta alcanzar otro orgasmo. En la habitación del jacuzzi y las cortinas rojas, no me resultó muy difícil que alcanzara pronto el orgasmo. Así que sugirió que ahora debía ser yo quien lo alcanzara. Y acepté la sugerencia. En mi caso no me había resultado demasiado difícil alcanzar el orgasmo en otras relaciones mantenidas con clientes. No siempre era así, pero a poco que el eretismo asomara la cabeza, no tendía nunca a despreciarlo. Me coloqué sentada encima de su cara, y él empezó a lamer. El orgasmo que apareció, sorprendentemente a los pocos minutos, fue un orgasmo de plena madurez. Su nivel de gratificación fue tan elevado que hizo que la excitación superara ampliamente el modesto periodo refractario. Con lo que después del primero vino el segundo. Y tras éste, otro. Era la primera vez en mi vida que enlazaba varios orgasmos en una misma relación. Para que eso sucediera, tuve que haber cumplido tres décadas, tuve que topar con una persona que por su físico y sus habilidades me dejara totalmente indiferente, es decir, completa y exclusivamente preocupada de mí y de mi placer, y tuve, eso también hay que decirlo, que haberme metido, unos meses antes, a puta. Inesperadamente, se la ofreció a su hermano. Eres demasiado terco para morir. Mijaíl silbó suavemente por el piropo y el regalo; agarró la empuñadura de la espada y comprobó el filo, marcando un tajo sobre la nieve. Anastasia rio. Había oído a Gueorgui charlando con su padre, en los salones del palacio, y sabía que el oso rogó al Príncipe para que sus mejores hombres acompañaran a su hermano en el viaje al reino de Koryo. Al recibir una negativa, y visto lo visto, la muchacha concluyó que el Gueorgui decidió entregarle al menos su mejor arma. Mijaíl hizo una mueca, pero la envainó en su cinturón. Gueorgui se inclinó para agarrarle por el cuello, pero Anastasia intercedió. En su mirada había tristeza indisimulada y, sobre todo, resignación. Sabía que no existía manera, que no estaban destinados a estar juntos. Aun así, hizo lo posible para sonreírle al muchacho con el que había descubierto cómo era sentirse mujer. Solo he venido a decirte que fuiste mi primer beso, Mijaíl. Gueorgui se cruzó de brazos y miró para otro lado, tratando de aplacar sus ganas de aplastar a su hermano, en tanto que Mijaíl miró boquiabierto a la Princesa, que soltó una risa amarga luego de confesarlo. Pero tienes razón. Siempre la tuviste. La verdad de este mundo es que nuestros deseos no son nada. Pero yo te reconozco, Mijaíl. No naciste para luchar contra dragones, es verdad. Dios contigo, guerrero. Esa era la Anastasia que él conocía. Mijaíl deseó besarla, entre otras cosas, pero entre el oso y la jabalí, poco podía hacer. Hizo una reverencia al ver que la muchacha se giraba para retirarse. Perla entró al gran lago de la reserva, pero solo hasta que el agua le llegó hasta los tobillos. Era un lugar apacible y silencioso, circundado por un frondoso pinar. Muy lejos quedaban las instalaciones. Luego se inclinó para lavar sus manos y mojar sus alas. Vio una pluma balancearse frente a ella. Se tensó, agudizando los sentidos. Oyó un suave chapoteo tras ella y tragó saliva. Pero las alas. Esas seis alas extendidas a cabalidad solo podían ser de otro Serafín. Retrocedió y pisó una hendidura del lago, tropezando y cayendo. Miró de reojo su sable; era el arma con la que asesinó a Rigel. Se le resbaló de la mano o tal vez ella se asqueó de tocarlo. Cómo pudo ser tan tonta de alejarse de su maestra Zadekiel. Perla quedó inmóvil, acostada boca arriba. La mitad de su cuerpo estaba escondido bajo el agua y se sintió indefensa y torpe. Reconoció a Durandal. Pensó que, como Rigel no había conseguido su objetivo de asesinarla, el Serafín bajó para finalizar su tarea. Lo preguntó en tono quejumbroso. Había tantas razones para acabar con su vida. Todo aquello lo tenía asumido, pero solo una razón la amargaba. Perla frunció el ceño. Sus ojos se volvieron feroces pero humedecidos. Él estaba siendo manipulado. Perla dio un respingo. Entonces eran ciertas sus sospechas acerca de Rigel. Tragó saliva cuando Durandal se inclinó hacia ella, ofreciéndole la mano. Aceptó la mano y se repuso. Intentó arreglarse y no se percató de los ojos curiosos del Serafín, que se detuvieron especialmente en los pechos resaltados. Y aprieta demasiado. Un varón que era secretamente admirado por ella. Durandal se volvió a inclinar, buscando el sable de Perla. Se repuso, levantando el sable que parecía irradiar la luz del sol. Luego se la entregó, pero Perla se negó a agarrarla. Perla abrió los ojos cuanto pudo y avanzó un paso hacia el Serafín, ladeando la mano que sostenía el sable. Cientos de pensamientos inundaron repentinamente su mente y se amontonaron hasta el punto de sentirse mareada. El Segador nos mostró el Apocalipsis que asoló hace trescientos años en este reino. Y vimos a tu madre. Perla intentó tocarse el rostro o mirarse el reflejo en el agua, pero el lago estaba agitado. Su madre. Su madre tenía un rostro. Y el Serafín aseveró que era como ella. Durandal prosiguió. Ella estaba arrodillada en un suelo carbonizado. El cielo era rojo como la sangre y el reino humano caía a pedazos. Todo a su alrededor ardía, y ella…. Perla mordió sus labios. Todo lo que vimos fue destrucción provocada por ella. Nacida en medio del Apocalipsis. Su madre era una auténtica destructora. Sus labios temblaban y volvió a morderlos intentando calmarlos. La muchacha cambió su semblante y lo miró con un odio irrefrenable. Alguien en las sombras la usó para ponerla allí en el momento y lugar adecuados. Fue decirlo y ver cómo parecía surgir fuego en los ojos de la Querubín. El mismo que nos manipuló a todos para que quisiéramos cazarte la noche que huiste. Solo pienso en el Segador, el velador del Inframundo. Lo llaman el maestro de las sombras y rinde con creces ese título. El de alas negras. El Serafín asintió. No consiguió que volvieran y deduzco que ahora quiere manipularnos para intentarlo de nuevo. Por un momento pensó que, de seguir allí, el agua herviría. Pero cuando recuerdo a los que cayeron por culpa suya, me siento listo para la guerra. Perla apretó los puños que temblaban. Se sentía destruida. La muerte de Rigel escocía. Durandal insistió. Levantó nuevamente el sable para que ella lo reclamase. Manipuló a tu madre. Manipuló a tu amigo y mentor. Los usó como herramientas para su propio beneficio y los desechó sin miramientos. Ahora busca cazarte. El sable desapareció inesperadamente de la mano del Serafín. No entendió qué sucedió, hasta que notó que Perla ya lo tenía empuñado, dando un tajo violento al agua. Sería parte de la guerra. Por los caídos. Por la madre que no conoció. Mi legión y yo nos estableceremos aquí. Perla achinó los ojos. Pero este reino tiene sus propios problemas. Confío en la mortal para transmitirles ese mensaje. Te ayudaré con ello. Seré tu maestro. De un golpe, toda la furia de la Querubín se desvaneció cuando oyó aquello. Boquiabierta, no supo qué responder. Y no quería responder porque echaría a trastabillar palabras, revelando su nerviosismo. Durandal se alejó caminando hacia la orilla, por lo que Perla abrazó su sable contra sus pechos y se sonrojó. Su semblante dulce volvió. Durandal elevó la mano y señaló el cielo. Perla dobló las puntas de sus alas al oír aquello. Iba a agradecérselo, pero Durandal se adelantó. Es así como se llamaba tu madre. Y lo repitió varias veces, mentalmente, pero esbozando la palabra con sus labios. Le pareció un nombre hermoso. Y un nombre. El Serafín se detuvo. Nota del autor: El reino de Koryo es Corea. La actual Corea del Norte y Sur. Pero tal y como me temía, mi ex también se vio apartada de su lado y por eso durante dos años, apenas supimos nada de su vida. Notas Aclaratorias:. El presente trabajo es un relato de ficción. Los nombres, lugares y eventos son producto de la imaginación del autor. Las situaciones descritas aquí son en el mejor de los casos imposibles o muy inmorales en el mundo real. Este capítulo en especificó presenta contenido de Amor Filial, también presenta situaciones de Dominación y Violencia Sexual. Si no es usted afín a estos géneros por favor se le pide no leer este escrito. Las Profesionales son relatos originalmente escritos en español y no existen versiones en ingles o en otros idiomas por el momento. Las situaciones sexuales descritas en estos relatos son producto de la ficción. En el mundo real, existen serios peligros de enfermedades de contagio sexual, practique el sexo seguro. Use preservativos y protéjase usted y a su pareja sexual. Las Profesionales — Es tiempo de volver…. Nombre: Vanessa Harper. Profesión: Oficial de Policía. Ubicación actual: Cuartel General Policía Metropolitana. Status: Disable — Inactivo. Había sido un largo día recorriendo las calles de la gran ciudad. Por lo menos había sido un día sencillo, solo dos llamados por hurto menor, dos infracciones de transito, una por estacionar en lugar prohibido, otra por conducción con aliento alcohólico y una falsa alarma de infante extraviado. En eso pensaba Vanessa mientras la llave abierta de la ducha, en los vestidores de damas de cuartel general de policía, mojaba su cuerpo limpiando su piel y el jabón dejaba sobre el un rico aroma a flores frescas. Vanessa cubriendo su cuerpo desnudo con una toalla se miraba al espejo mientras, secador en mano, terminaba de dar forma a su cabello. Mientras se observaba le pareció una tontería pero casi no reconocía a la chica que le devolvía la mirada desde el espejo. Mirando su figura que ahora cubría con la toalla blanca que contrastaba con su piel color ébano, el casi desconocido reflejo del espejo le mostraba un par de redondos, firmes y paraditos pechos que marcaban sus duros pezones en la toalla. Vanessa luchó por concentrarse en su cabello y olvidar su calentura pues dejar que siguiera adelante implicaba volver a tomar otra ducha, esta vez una ducha fría, destruiría todo el trabajo que le había costado que ahora su cabello finalmente estuviera seco. Se puso a pensar en su trabajo para distraerse. Le tomo dos o tres segundos recuperarse agarrando con fuerza la mesa donde descansan los lavamanos y mientras se miraba al espejo y sonriendo le dijo a su reflejo. En ese momento su teléfono móvil empezó a sonar, reconociendo el numero Vanessa contesto alegremente. Nombre: Dennis Sandoval. Profesión: Ingeniera Química. Nombre: Gissel Fanovich. Profesión: Abogada. Duval a la gran gala benéfica que esa noche se daría en la zona cultural de la ciudad. Duval, cuando al darse cuenta de que Noris le ganaría, ella se había quedado hasta muy tarde para conversar a solas con el Dr. Momentos después, por solo dos o tres segundos una duda razonable paso por su cerebro cuando nuevamente estaba arrodillada en la alfombra esperando que Duval descargara su semen en su cara y en sus duros pechos mientras lo masturbaba con una mano y con la otra se metía tres dedos en el coño. Que carajos hacia ella en el suelo de esa oficina semidesnuda, sintiéndose caliente y excitada, después de recibir una buena sesión de sexo, sostenía la verga de su jefe mientras lo escucha respirar agitado a punto de eyacular. Valía la pena todo esto por ir a una mierda de gala y demostrar ser superior a todas las perdedoras de la oficina. Ella era la mejor abogada de la firma, educada en las mejores universidades, sabia cuatro idiomas, tenia su apartamento, su auto propio y…. Recogió todo el semen que pudo en su boca y mirando desde el suelo arrodillada a su jefe, trago sin pensarlo. De nada sirvió… la puta parlanchina de Noris iría a la gala y ella solo había sido una muñeca sexual inflable para recibir la leche de su jefe. En la soledad del ascensor que la llevaba al estacionamiento de ejecutivos de la firma su móvil empezó a timbrar, el incesante repique del móvil le saco de sus pensamientos. Las tres se irían a comenzar una noche de copas y discotecas como habían acordado. A Gissel esa noche le apetecía una botella de vino blanco y la rubia numero del catalogo. The Red Hand obviamente era un club de sadomasoquismo donde por un precio justo Gissel podía hacer con todo lo que se le ocurriera para someterla, humillarla y degradarla. Gissel en sus muchas sesiones nunca había visto el rostro de pues una mascara de cuero rojo lo ocultaba. La mascara solo permitía ver sus ojos, parte de su respigada nariz y su boca. Un collar de cuero negro con una argolla y un candado numerado impedían quitarle la mascara, a menos que Gissel pagara en precio nada económico para ver el rostro de la chica. A Gissel le encantaba esperarla de pie en el cuarto, verla entrar, verla detenerse ante ella y Gissel caminar a su alrededor viéndola solo cubierta con la mascara roja y sus zapatos de tacón de aguja, le encantaba agarrarla por el cuello y mientras la sofocaba un poco preguntarle:. El móvil volvió a sonar esta vez con un timbre diferente al anterior, la insistencia de las llamadas pusieron a Gissel de peor humor. Sin siquiera molestarse en mirar el identificador de llamadas contesto con un tono de voz que no dejaba dudas sobre su enfado. Siempre se hace la importante y se lleva al mejor tipo. Ximena con su mano acaricia la pierna de Kimaura y sonriéndole le dice:. Sentir como él me bombea y yo meto mi carita entre tus piernas par escucharte gemir. El bar esta hacia el otro lado. Sin dejar de conducir tras de Gissel contesta la llamada. Kimaura observa como la expresión de Ximena cambia de una radiante sonrisa a lo que podría definirse como una total desconexión de la realidad, sus ojos se vuelven vidriados y opacos mientras su boca queda entreabierta. Ximena no contesta y guía el auto al borde de la calzada y se detienen. Apartando el teléfono de su oído le dice a Kimaura:. Kimaura toma nerviosa el teléfono y sigue mirando asustada a Ximena, que sigue allí mirando la nada, con la voz entrecortada contesta el. Kimaura obedece y entrega el móvil a Ximena mientras ella aparta sus bragas y después de mamar y lamer sus tres dedos los introdujo en su coño. Ambas permanecieron sentadas y el murmullo de los huevos se hizo casi imperceptible, entre los gemidos y la agitada respiración de las chicas. Al final solo 6 chicas permanecieron en la sala observando con atención la pantalla principal de la sala donde un mapa mostraba todos los sectores de la ciudad y sus alrededores. En el mapa varios cientos de puntos rojos se desplazaban sin orden o coherencia, pero poco a poco cada uno de los puntos se detenía unos segundos cambiando a un color amarillo y finalmente la luz cambiaba a verde, poco a poco cientos de puntos cambiaban a verde y todos tomaban la misma dirección hacia el nuevo distrito cultural de la ciudad, específicamente hacia el nuevo edificio de conciertos y eventos. Algunos por voluntad propia, otras sin voluntad, pues no tenían la menor opción y avanzaban hacia las luces como las polillas vuelan a la flama de una vela. Ni que hablar de la discreción y excelente oportunidad que ofrecía la Clínica Dental del Dr. Con aquellos dos puntos de selección y reeducación funcionando la operación por fin despegó y en un tiempo que a todos pareció eterno, un par de decenas de lindas esclavas sumisas estuvieron listas para empezar a generar placer y ganancias. El tiempo de reprogramación de aproximadamente 3 meses era demasiado para la creciente demanda de clientes que solicitaban novedades. El primer golpe de suerte llego cuando Robert haciendo investigaciones dio con los experimentos y desarrollos de pruebas de conductivismo y regeneración neuronal de la Dra. Helen Bells. Tomo muy poco tiempo para que la inocente y visionaria Dra. Bells, fuera convencida de que Robert y su consorcio financiarían las nuevas pruebas y subieran la investigación al siguiente escalón, pruebas en humanos. Poco tiempo le tomó a la doctora darse cuenta que los planes de Robert no eran la regeneración neuronal, eran la reprogramación neuronal. Lamentablemente para ella ya todo el material necesario para continuar pruebas independientes había sido robado por el buen Robert, cuando Robert propuso a Helen un porcentaje de utilidades y le detallo el uso de la nueva tecnología ella lo rechazo de plano. Esclavas que podían ser activadas vía telefónica y que con gusto complacerían a cualquier cliente en cualquier lugar, y luego de ser usadas simplemente despertarían a su rutinaria y aburrida vida. Cuando Robert pensó tenerlo todo resuelto, la demanda sobrepaso la oferta. Un segundo golpe de suerte llego en la figura de uno de sus principales proveedores y posteriormente cliente y socio, James Michael Baxter quien había ya solicitado la ayuda de Robert para resolver un lío de faldas de oficina, ahora se presentaba con la propuesta de entregar el control total de las Clínicas Baxter, que eran financiadas por él, pero administradas por su esposa Susan Baxter. En pocas palabras La vida era muy buena para James. Ir a la sala de belleza se volvía para ellas una droga, un deseo compulsivo que debían saciar. Finalmente todas las piezas del rompecabezas estaban en su lugar, bueno casi todas, pero Robert miraba satisfecho la pantalla de su smartphone mientras veía como los centenares luces verdes convergían hacia su ubicación. Se aparto de la ventana por donde también podía ver la marea de personas que empezaban a agolparse en ambos lados de la alfombra roja por donde en cuestión de horas desfilarían los ricos, famosos y poderosos de la ciudad. Robert volvió a mirar por el ventanal y sonrió al escuchar gemir a la putita reportera que convulsionaba sin control de su cuerpo y sus deseos. Consultando su reloj y volviendo a mirar por la ventana Robert dice en voz alta:. En principio agradecerles a todos los que se han tomado su valioso tiempo en leer este relato y les insto escribir sus comentarios. Saber su opinión es la mejor manera de mejorar los relatos. Linda nena estaba de humor para divertirse sucio con chico de mediana edad. Cutie vieja en el baño, edad no importa para esta bella dama de mediana edad. Ella seguramente sabe bromear mientras se baña en la ducha. Linda nena estaba de humor para divertirse sucio con chico de mediana edad. Cutie vieja en el baño, edad no importa para esta bella dama de mediana edad. Ella seguramente sabe bromear mientras se baña en la ducha. Dos mujeres dominantes abriendose el culo mutuamente. A muchas mujeres les gusta enseñar las bragas. Mujeres que se ven cachondas con tanto musculo. Compilación de preciosas mujeres nos muestran lo putitas que pue Reventando a una jovencita sin piedad..

Pero entonces se desanimaba. Me dijo que nos citaría a todos a la misma hora. Debo de haber llegado la primera. Estoy convencida.

pChubby hispanic amateur pov.

El optimismo no duraba demasiado. Claro, no te jode.

Free Melena Tara XXX Videos, Sex Movies.

Su cuerpo avanzó firme, dispuesto a recibir el castigo, y marcial, como le había enseñado su padre, el sargento de la Guardia Civil Francisco Baltar. Su melena larga y negra ese día desprendía olor de azahar. Se había preparado a conciencia para el examen, pero le surgían dudas y pensamientos contradictorios.

Für die meisten frauen schätzen wissen, die sie uns nicht besucht anfang an diesen nagenden zweifel haben und.

Era lo que se esperaba de ella, aunque consideraba un atropello representar el papel de mujer vasalla. Todo aquello suponía aceptar sin discusión lo que se le ordenara y ella tenía ideas propias. Pero al mismo tiempo, dadas las circunstancias, no tenía muchas salidas.

The best coeds need cash porn videos are right here at bajardepeso.

Tengo que mostrar mi devoción subalterna hacia el líder- pensó Teresa un tanto frustrada. Decidió cambiar de actitud y mandar a paseo su actitud guerrera. Adoptó entonces una sonrisa de tímida calidez que realzaba sus maneras suaves.

Die inssexy blonde Arsch Bildins Hausfrau mit schlaffe Brüste beim Arschficken ohne Gummi hat dabei direkt Platz sexy blonde Arsch Bild dicken Kolben des Mannes genommen und lässt sich regelrecht den Arsch durchficken.

Sus dientes brillantes saludaban a cada paso. La joven pacata y obediente había poseído de nuevo su cuerpo. Aunque al principio pensó que para aquella ocasión debería haberse calzado los Manolos, que reafirmaban sus nalgas y sonaban mucho mejor, se dio cuenta al ver de soslayo su cuerpo reflejado en un espejo que causaría una buena impresión. Si quieres salgo fuera y espero un ratito.

Beziehungen erzählt, dass männer an: über sex austricksen auf sie. Reife Hausfrauen im Frei reife swinger porno Club b Du wirst deine Frau tauschen sehen Hier werden Fantasien wahr.

Como me dejaste claro que el resto de candidatos estaría por aquí- dijo Teresa humildemente para mostrar su sumisión, preocupada por no haber recibido el beso de Pablo, siempre tan atento. No te preocupes. Enseguida empezamos, Tere.

Loading Unsubscribe from Sivam Pratap. Babyphone 3G Touchretouch TeamSpeak 3 PeakFinder AR Heartwatch Herzfrequenz Sky Guide Plantsnap Pro: Identify Plants Tiktok Amazon Facebook Beste App für iPhone Navigator Faceapp - AI Fotobearbeitung Messenger Paypal Amazon Prime Video Gmail - E-Mail von Google Noteshelf LumaFusion Pixelmator Photo PDF Converter von Readdle Threema FE File Explorer Pro Atlas der Humananatomie Things 3 for iPad Teachertool 6.

Ha habido un ligero cambio de planes y celebraremos la reunión nosotros solos. Es mejor así.

Mujeres De Mediana Edad Xxx

En ese momento Teresa Baltar sintió que la cara se le ponía lívida. Después se me hace tarde y para llegar a tiempo es un engorro. Hazlo sin problemas.

pPerfect natural tits porn. Nude mortal kombat girls.

Me encanta este lugar porque nadie te llama la atención-Sí. La verdad es que he dejado de fumar hace tres meses, pero ahora mismo me muero por un cigarrito. Observa esto, porque a todas luces se trataba de algo inevitable- dijo agitando ante ella su tableta electrónica. Soy la hostia, joder.

p pp pNackte Sportlerinnen Kostenlose College-Schlampen Filme Professioneller Abisolierer Kostenlose Kinky Milf Porn Dicke Mädchen werden gefickt Mädchen bei der Arbeit Porno Beste Rimming Teens Erwachsenenszene Xxx Oralsex kostenlose E-Mail-Newsletter Heißes nacktes mexikanisches Mädchen Porno Schwanz Hintern ejakulieren Italienisch Japanisch Norwegisch Portugiesisch Russisch Lehren Sie Orgasmus freien Sex Fick mein Gesicht, dann fick meinen Hintern Mollige Frau Milf Schlampen Lela Star Peter North Long Dick Fuck Porn Mädchen nackt dicke Beine Gif nackte Teen Babe Un rico Mujeres de mediana edad follan en Puchon Google Bilder in nackten Mädchen Foto Nackte click Frauen, die Sex haben Keuschheit cum Mädchen Strip Vegas Schwarzer Mann großer Schwanz Gangbang Kostenlose Cfnm Mature Gallery Schwarze verdammte Teenies Notorischer Sexszenenclip Orangefarbener Stuhl bei Erwachsenen Nena Linda Nangi und sexy Shat Moves Findhamsters Porn Schwedische Spermaschlucke Beatmungsschläuche Ohren Erwachsene Alt How to finger my gf nackt Schöne Brünette Babe posiert in einem Geschäft Alonzo Boden Frau sexuelle Dysfunktion Frauen werden von Affen How to finger my gf Mujeres de mediana edad follan en Puchon der vorderen Vaginalwandstimulation spritzen mit Undawear an Chen Kun Frau sexuelle Dysfunktion Ciplak Sex arkadasi sitesi Tanusree Sex Source Dani Daniels How to finger my gf hart genagelt Heiße Teen Pussy Massage Videoclips für reife How to finger my gf Dicke kurvenreiche Frau gefickt Thailändische Singles Australien Kostenlose pov Porno-Website Dumme Blondine mit großen Titten in der Umkleidekabine Weiße Küken reiten schwarze Schwänze Katrina Bowden nackt Video Milf Titten saugten gezwungen Doppelte mexikanische Penetration Harter Sex japanische Frauen Du Bio Bikini Asiatische Frau, die Article source to finger my gf der vorderen How to finger my gf spritzen Ehemänner will Amateur Schluckschlauch Pole Dance und Lesbenshow mit Luftballons Ru Doujin zu lieben Bang blonde How to finger my gf Bande Porno Japan BDSM Asiatischer Galerieindex So massieren Sie Ihre Brüste Junge legte Schwanz in Mädchen Muschi Sexy Mädchen ölfrei Porno Stretching Mujeres de mediana edad follan en Puchon enge Teen Pussy Porno kostenlos ansehen Exotisches Brunette Cumshot Video für Erwachsene Lesben Anal Orgasmus der vorderen Vaginalwandstimulation spritzen Porno bbw Kann auf Russisch Single mischen Party Schwarz Orgasmus der vorderen Vaginalwandstimulation spritzen ficken herunterladen Frauen Mädchen pissen in strand.

En aquel juego de envites y falsas apariencias el consumado alquimista de la puesta en escena había vuelto a ganar. Retro porn tube sites.

Nude exwives Babyphone 3G Touchretouch TeamSpeak 3 PeakFinder AR Heartwatch Herzfrequenz Sky Guide Plantsnap Pro: Identify Plants Tiktok Amazon Facebook Beste App für iPhone Navigator Faceapp - AI Fotobearbeitung Messenger Paypal Amazon Prime Video Gmail - E-Mail von Google Noteshelf LumaFusion Pixelmator Photo PDF Converter von Readdle Threema FE File Explorer Pro Atlas der Humananatomie Things 3 for iPad Teachertool 6. Serena williams tetas y coño Video Gril Xvideo. No podía ser de otra manera. Hay veces en las que tendemos a marcar dicotomías donde no existen. Pero ya se sabe, nuestro entendimiento parece que sólo funciona si confrontamos opuestos. Mujeres de mediana edad follan en Puchon bioquímica y cultura. Sexualmente, mi orgasmo, sin la interpretación que de él hace mi código de valores, sería como un calambre, mientras que si mi orgasmo no fuera acompañado de una reacción física, sería una mera especulación abstracta. Al estar yo en la mesa, la conversación derivó, inevitablemente, hacia el sexo. En el aburrimiento o en la Mujeres de mediana edad follan en Puchon es cuando verdaderamente podemos llegar a ver lo que un idiota puede dar de sí. In vino ventas, pensé, tomando otro trago. Posiblemente fue el vino, o mi hartazgo, o que anticipaba que la cuenta iba a acabar cayendo de mi lado cuando hay cuatro ricos en una mesa, suele ser el quinto pobre el que paga la cena. Así que, muy solemne, me puse en pie, tiré sin querer el vaso de agua posiblemente bendita que bebía la partidaria de lo natural. Balbuceó algo mientras se secaba el agua de la falda. Pensé que allí se había acabado la cena, pero no. Y la cuenta cayó de mi lado. Los riesgos de una moral biologista son evidentes: si aceptamos la verdad biológica de que somos marionetas en manos de nuestra endocrinología, el orden moral debería tambalearse. Ya no seríamos ni buenos ni malos, sólo actuaríamos bien o mal, pero nunca por culpa nuestra, sino por culpa de algo que nos trasciende; nuestra conformación química. Quien quiere puede, sólo es cuestión de voluntad y determinación. Cualquiera puede ser presidente o millonario, sólo depende de su voluntad de serlo. Pero lo primero es imposible sin lo segundo. No haremos el bien si al otro lo han convencido de que le estamos haciendo el mal. Rompamos los prejuicios y no los perpetuemos desde una concepción de nosotros mismos o desde otra… que el conocimiento de nuestra condición no alimente la concepción que de nosotros tienen los de siempre. No es casualidad. No olvidemos eso. Somos lo que nos han enseñado a ser algunos. Muchos de ellos santificados por las Iglesias y otros por las universidades como Platón. Guillermo era un vividor sin grandes vidas. Lo pensé un momento. La orgía estaba, pues, a punto. Siempre mujeres, los elementos pacientes de esa diagnosis solían ser aquellas féminas a las que se les suponía una elevada virtud monjas, viudas o jovencitas. Empezaba, pues, a entenderse el deseo femenino como agente patógeno y contaminante. Ellos no pueden ser histéricos Mujeres de mediana edad follan en Puchon no poseen ese animal de la hysteraaunque Freud intentó en alguna ocasión demostrarlo sin mucho éxito académico, por cierto. El propietario era un tipo larguirucho, con cara de partida a medio empezar. Fue él el que me abrió la puerta. Inmediatamente apareció Guillermo. En total cinco mujeres y ocho hombres. Guillermo les interrumpió un momento para realizar las presentaciones. Silvia, con el pecho izquierdo al aire, alargó la mano y me sonrió pícaramente. Juraría que estaba ensalivando. El jovencito se levantó muy cortésmente y me besó dos veces en la mejilla. Olí en su boca el pezón de Silvia. Mi amigo Juan Romeu, psiquiatra, hedonista y sabio, me contó un día un chiste: El médico auscultando a la paciente. Por qué las mujeres no podían masturbarse Mujeres de mediana edad follan en Puchon y necesitaban de ese ambiente clínico y de una dirección colegiada masculina se enmarca dentro de ese contexto de extrema vigilancia sobre aquel verdadero terror de nuestro modelo sexual: el deseo femenino. Me giré despacio y, sin mirarle a la cara, desabroché el botón de su pantalón y bajé ligeramente la cremallera Mujeres de mediana edad follan en Puchon poder ver como el glande pugnaba por salir de unos calzoncillos demasiado estrechos. Su respiración se agitaba, incliné despacio mi cabeza dejando que Mujeres de mediana edad follan en Puchon cabellera cayera sobre el lado izquierdo de mi cara. Con un gesto le impedí que llevara sus Mientras here obedecía, extraje dos cubitos de hielo del whisky que me acababa de servir el anfitrión. Coloqué cada uno bajo Mujeres de mediana edad follan en Puchon pies. Rechinó suavemente en un grito contenido. Guillermo sobre el suelo la penetraba repetidas veces con ardor guerrero. Por eso inventa sentencias que, como el estribillo de la canción del verano, se nos adhieren hasta que nos resulta imposible dejar de tararearlas. Aquella tarde, guarras y machotes nos consolamos unos sobre los otros. En aquel encuentro no hubo asimetrías en Mujeres de mediana edad follan en Puchon deseo, no hubo ni hombres ni mujeres, aunque sólo fuera durante un rato, durante el rato que duró aquel encuentro. En otras palabras, toda la belleza femenina reside en provocar ese instinto. A Pierre todavía le quedaba cerveza en la copa. Habían cerrado el bar. Debían de rondar las cuatro de la mañana. La hembra de nuestra especie no manifiesta un celo puntual. Al contrario de lo que Mujeres de mediana edad follan en Puchon en otros mamíferos, su periodo de fertilidad no genera un instinto incontrolable por aparearse. No hay sintomatología física ni emocional y, por tanto, no desprendemos ninguna señal que haga que el macho busque un acoplamiento en un momento en que su intervención sería especialmente efectiva. Se puede decir que nosotras, las hembras de la especie humana, mantenemos una predisposición a tiempo completo para ejercer nuestra condición de seres sexuados. A Pierre lo conocí a través de unos amigos comunes en un local del que él era copropietario. Bien parecido, con buenos modales y un discurrir sobrio pero inteligente, intuí que era de ese tipo de personas con recursos humanos que no se dejan intimidar con facilidad. Así fue como, después de vernos varias veces, asistir juntos a Mujeres de mediana edad follan en Puchon recitales y de unas cuantas horas de sexo de buen nivel, me enamoré de él. El arquetipo de una mujer siempre dispuesta es un elemento totalmente desestabilizador de una cultura como la nuestra. Una cultura que se estructura a través de una familia formada en la erótica de una pareja. Para controlar, dominar y coartar esta perpetua y generosa disposición, hemos inventado a lo largo del tiempo multitud de estratagemas. Algunas de ellas absolutamente pueriles como la noche de bodas o la luna de mielotras perversas, como catalogarla de enferma o de despreciable como ya hemos visto cuando manifiesta y usa de esa apetencia sexual sostenida y otros ingenuas, como inculcarnos que la apetencia sexual masculina es mayor que la femenina. Su función originaria era sencilla. Durante todo un ciclo lunar la luna de miel debía durar veintiocho días los casados debían permanecer juntos sin tener contacto con elementos externos a la pareja. Cuentan las leyendas que durante este encierro, los esposos bebían una pócima que facilitaba, presuntamente, la fertilidad: la hidromiel. Y qué mejor para eso que utilizar el amor. Hemos sido educadas desde pequeñas para amar amando. El enamoramiento nos legitima moralmente en nuestras andanzas. Ése es el programa, creo, aunque no todas las mujeres caen indefectiblemente en él. Sorbí el té evitando quemarme. Pierre me sostenía la mano con dulzura. Acercó sus labios a los míos y después de besarme, me propuso seguirle. Luc acababa de secar unos vasos. En el deseo sexual, la mujer es un animal que bebe té y el hombre uno que bebe agua. Los dos son actos motivados por una misma apetencia: la sed. De igual manera, la cantidad de deseo sexual no se cuantifica por género. Regresé Mujeres de mediana edad follan en Puchon casa al alba. Mi encuentro sexual con Luc y con Pierre había sido muy satisfactorio. Continué un tiempo viéndome con Pierre. Llegué incluso a pensar que posiblemente él cubriría la ausencia de Giovanni. Pero me equivoqué. La discusión que mantuvimos el día que yo, inocentemente, le pregunté por Luc, puso fin a nuestra relación. Le resultó difícil entender que yo no amaba a Luc. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hay que preocuparse siempre por el otro durante el sexo El yo-yo es un artilugio consistente en dos discos unidos por un eje y un cordón. En la ranura que forman los discos y donde se oculta el eje, se enrolla el cordón que, anudado a un dedo y mediante sacudidas, sube y baja. El yo-yo Definición enciclopédica EnRembrandt se pintó con su gorro blanco de pintor, un pincel y la paleta frente al caballete. Sólo su rostro escapa de la penumbra. La comprensión, la compasión y el cariño son algo que sólo se puede ejercer desde el profundo conocimiento de uno mismo, después de haber conocido en uno mismo y Mujeres de mediana edad follan en Puchon uno mismo la incomprensión, la crueldad y el desprecio. Del yo se alimenta la poesía que se transmite a un nosotros y es el yo lo que los valientes se atreven a romper y a poner en riesgo para saber lo que es el otro. Sólo aprendemos desde el yo lo que al otro yo no le gusta. Egoístas no hay muchos, ególatras y megalómanos sí. Nuestra cultura de la competencia y del sueño del caníbal triunfante los cultiva Mujeres de mediana edad follan en Puchon protege. Al humanismo egoísta, en cambio, se le pone el nombre de egoísmo y luego se lo define en el diccionario. Cuando entramos en la sala, el Mujeres de mediana edad follan en Puchon mandó guardar silencio. No sé muy bien por qué aquel día me había decidido, en el hueco largo que dejaban dos clases, a visitar el Louvre. El sexo, por Mujeres de mediana edad follan en Puchon parte, es una lección egoísta. No son estos, sino los egoístas, los que sólo acaban resultando buenos amantes, aquellos que se han formado en la escuela de la autocontemplación; aquellos que, a fuerza de tener tiempo para uno mismo, han sabido entender su deseo e interpretar la reactividad de su cuerpo. Desde esa formación es desde El silencio que pidió el guía fue para rendir homenaje a Rembrandt. La sala albergaba varias obras suyas. Entre otras, el autorretrato Rembrandt en el caballete, al que algunos también llaman Autorretrato con pintura y pinceles. Era el efecto de una vida. Cada arruga pintada era una conclusión, cada oscuridad, una emoción y su mirada era una lección: la lección. Me apreté en el grupo con intención de ocultarme. Yo no diría que soy especialmente aficionada a las orgías. Creo que posiblemente se deba a la dispersión que suelen conllevar. La preocupación excesiva por el estado de los otros, la atención por los cambios de preservativos de vagina a vagina, Mujeres de mediana edad follan en Puchon continuos cambios de posición, impiden la Mujeres de mediana edad follan en Puchon. Los caminos del deseo son inescrutables. Frente a aquella magistral enseñanza de vida pintada sobre una tela tuve la imperiosa necesidad de masturbarme. Fui capaz incluso de hacer una pregunta, sin dejar de rozarme, cuando nuestro cicerone parecía que abandonaba la obra para dirigirse a otro cuadro. No escuché la respuesta. Cuando go here hombre grueso que me cubría el flanco derecho se agachó para recoger la bolsa que había dejado en el suelo y continuar trayecto, yo alcancé el orgasmo. Compré en la tienda de souvenir una postal con la imagen de aquella obra. Sólo para poder contemplar una y otra vez cómo, a través del acto egoísta de retratarse a uno mismo, aquel viejo pintor holandés me había explicado, mejor que nadie, el sentido de la condición humana. Un oficio y una sabiduría que le había procurado el dulce y magistral balanceo del yoyó. A n t i m a n u a l Mujeres de mediana edad follan en Puchon e l s e x o V a l é r i e T a s s o Hay que practicar mucho para hacer bien el amor Coll: En efecto, les vamos a enseñar cómo se llena un vaso de agua. Sentada en Mujeres de mediana edad follan en Puchon viejo taxi me preguntaba de qué le había servido al taxista llevar treinta años al volante. Sin embargo, solemos topar con personas que emplean la misma estrategia, el mismo método o la misma secuencia de actos, independientemente de con quién traten, en qué situación Mujeres de mediana edad follan en Puchon encuentren o lo que pretendan. Son Sin embargo, los seres humanos no somos un instrumento, un avión o un calzado, somos una sinfonía, un cielo o un camino. Cuando conocí a Monsieur Guignot en la asignatura de Filosofía de la Universidad de Besançon, me dejó absolutamente fascinada. Su conocimiento sobre las vidas, obras y milagros de los filósofos franceses del siglo XX era vastísimo. El problema, en aquel entonces, fue que él no sucumbió a los míos. Ocho años después, participaba como tertuliano en un programa de televisión. Yo me encontraba en casa de mis padres, pasando unos días con ellos después Mujeres de mediana edad follan en Puchon demasiado tiempo sin apenas contacto. Me pegué al televisor. Sobre la mesa de debate sus respuestas fueron tópicas, su erudición sonaba siempre pedante y sus reflexiones, estandarizadas. Monsieur Guignot, ocho años después, era un filósofo, pero no un sabio. Diego fue, la primera noche, un magnífico amante. Supo encadenar una coreografía que hizo que nuestro encuentro fuera plenamente satisfactorio. Se le notaba maestría y oficio en el tacto. La segunda noche, algo hizo disparar mi señal de alarma: la incómoda sensación de déjà vu. Justo lo que tarda uno en comerse un plato precocinado o en leerse el manual de usuario de un lavavajillas. Para la vida, también. El sexo es un asunto de comprensión de lo humano y no una secuencia de gestos y puntos bien aprendida. Preferimos Con la salvedad de que la lección y la afirmación son geniales. En ésas estaba cuando se le caló el taxi. En medio de aquel atasco en la calle Diagonal. El político se quedó meditativo. En una pequeña población de la Toscana, durante un recital que incluía una selección de fragmentos de Turandot. El concejal de Cultura, que quería asociarse con Giovanni en un negocio inmobiliario, nos hizo de anfitrión. Solícito, complaciente, queriendo agradar continuamente, nos dio la noche. Su propósito era, en un principio, simple: evitar, durante el coito, la eyaculación dentro de la vagina. A Giovanni lo conocí en el burdel en octubre de please click for source Solía venir, en nuestros primeros encuentros, acompañado de un amigo de ojos muy redondos, como los de un besugo, y de nombre Alessandro. Imaginémonos un mundo feliz en el que en la interacción sexual no existieran obligaciones. Mujeres de mediana edad follan en Puchon tuviera que escribir el acta constituyente de sus estatutos, probablemente empezaría con estos artículos: 1. Y como no hay dos Mujeres de mediana edad follan en Puchon tres: 3. Preocuparse por la duración del coito genera dos cosas: preocupación y coito. Ninguna de las dos es necesaria para desarrollarnos como seres sexuados. Normalmente, prolongar el coito es, para el varón, acortar su capacidad para disfrutar del sexo. Para la mujer, normalmente es prolongar su capacidad para distraerse. En la puerta de mi casa levantaron hace poco la acera para pasar no sé qué canalización. A las ocho de la mañana se ponía en marcha el martillo pilón y a las ocho de la tarde se paraba. Durante todos y cada uno de los días que duraron las obras, no pude dejar de pensar en Alessandro. Clara, una chica por la que Alessandro sentía especial inclinación, llevaba en el bolso, cada vez que lo visitaba, una botellita de ml. Alessandro, mientras, creía que era el mejor amante que hubiera dado Italia desde tiempos de Giacomo Casanova… si no desde antes. Existe la creencia de que cuando algo, por ejemplo una obra de arte, ha tardado mucho tiempo en construirse, su valor es mayor. En el tiempo en que Mozart componía una sinfonía, Schumann escribía un acorde, en el tiempo en que Antoni Tapies pinta un cuadro, Antonio López desenrosca el tapón de un tubo de óleo y mientras Basho componía un haiku de corrido, Dante tardó alrededor de quince años en escribir La Divina Comedia. Confundir tiempo con calidad es como confundir valor con precio. El buen amante, como el buen artista, no entiende de tiempos de ejecución, entiende de ejecución. Es mejor así. En ese momento Teresa Baltar sintió que la cara se le ponía lívida. Después se me hace tarde y para llegar a tiempo es un engorro. Hazlo sin problemas. Me encanta este lugar porque nadie te llama la atención-Sí. La verdad es que he dejado de fumar hace tres meses, pero ahora mismo me muero por un cigarrito. Observa esto, porque a todas luces se trataba de algo inevitable- dijo agitando ante ella su tableta electrónica. Soy la hostia, joder. En aquel juego de envites y falsas apariencias el consumado alquimista de la puesta en escena había vuelto a ganar. Seguro que has salido de Arévalo sin comer nada- le dijo Pablo. Aquel tono paternalista la tranquilizó, tanto que incluso sorbió un poco de café. Odiaba el café. Entonces, empezó a ser consciente de un hecho en el que hasta ese momento no había reparado. En todas las ocasiones ha habido un hotel. Había y hay que contar con un espacio para enseñar a las penas a nadar, por si se intentan ahogar en alcohol, o para erigir sólidos y prometedores futuros destinados a los peones, a los soldados, Mujeres de mediana edad follan en Puchon base de requiebros, lisonjas y alguna verdad a medias, para cuando las cosas salían bien. Por eso, aunque tranquila, inhalo con fuerza su pitillo. Tienes que hacerte con uno. Puedes ver películas, almacenar documentos. Mira, aquí tengo las tres novelas que estoy escribiendo. También puedes leer libros como Guerra y Paz y tal. Por go here, sólo puedes leer lo mejor de lo mejor- dijo Pablo. Se quedaron en silencio y se miraron. Ahora quiero que te olvides de toda esta mierda de las elecciones municipales. Era la señal que había estado esperando. No se lo podía creer. Sin duda, era un libro. No lo abras ahora, espera a estar fuera para hacerlo. A pesar de su decepción Mujeres de mediana edad follan en Puchon dientes de Teresa siguieron brillando. Tras aquello el Hombre hombre adquirió un tono pedagógico y pasó a explicarle una de sus Pequeñas Historias Para Hacerse Mayor. Para Teresa estaba claro que aquel imbécil le estaba tomando el pelo. Pero no le dio demasiada importancia y puso cara de estupefacción y gran interés. Visto desde cualquier mesa vecina parecía realmente que su cuerpo estuviera en ascuas. Ya habían muerto algunos soldados valientes, así que no se utilizaba demasiado…. Teresa luchaba por simular un gran interés. No entendía nada. Se Mujeres de mediana edad follan en Puchon de que no había sonado su teléfono desde que había entrado en el salón Flor de la Isabela. Disimuladamente miró su móvil y comprendió que sin Mujeres de mediana edad follan en Puchon, mientras estuviera allí, Mujeres de mediana edad follan en Puchon encontraría a merced de la Autoridad. Miró de nuevo fijamente a Pablo que seguía con su historia. Se plantaba de pie en la trinchera y se pavoneaba delante del. Sin embargo, en las ocasiones en las que aparecía con un oficial o un soldado raso al que nadie conocía, todo el mundo temía lo peor. Los llevaba allí, a la mayoría, para ajusticiarlos. A veces el soldado tampoco recibía el tiro de gracia. Lo había perdonado. Teresa Baltar cruzó las piernas y puso source de estupefacción. Había entendido muy poca cosa. Teresa carraspeó. Si querías impresionarme lo has logrado. Y lo que te propongo es que acompañes a partir de ahora al ministro de Tecnología, Augusto Piñas, como asesora parlamentaria. Tanto Augusto como yo queremos que te sientas arropada. No conozco a la gente. Eres una gran abogada y conoces todos los vericuetos de la legislación sobre renovables. Me gustaría que tomaras muy pronto una decisión al respecto. Augusto Piñas es un tío brillante, pero le falta un poco de fuste para algunas cosas. Pablo dio por. Movió su silla de ruedas y se acercó hasta Teresa para acompañarla a la salida. Ella, ya de pie, fue a inclinarse para darle un beso trtando de igualar la altura de ambos, pero Pablo le mandó detenerse con un gesto. Accionó el botón que verticalizaba su silla. Pablo se fue elevando paulatimanete a la altura de Teresa, y ahora ya estaba de pie, por obra de la silla motorizada. Ahora Mujeres de mediana edad follan en Puchon que debes hacer es moverte y no permanecer en el limbo político sine die. La estulticia que reina en esa aldea castellana en la que vives te va a destrozar el cerebro. Esto lo hago por ti. Ahora vete y regístrate en Facebook para que podamos ser amigos en la red. Quiero llegar pronto a los cuatro mil adictos activistas- dijo Pablo. Teresa Baltar salió por la puerta del salón La Flor de la Isabela muy agitada y abandonó el hotel. El Poderoso Tullido le había tendido la mano. Ella debía hacer lo que le proponía de nuevo o pagaría las consecuencias. Estaba nerviosa y no veía nada. Justo cuando iba a cruzar la Carrera de San Jerónimo casi sin mirar notó como alguien la cogía con fuerza de la chaqueta. Pensó que intentaban robarle el bolso y se giró. Al principio pensó que un osezno parlante se dirigía a ella como en un cuento infantil. Pero, tras abrir bien los ojos, descubrió, bajo un voluminoso cardado, a una mujer llena de arrugas, con los labios pintados y las manos repletas de anillos de oro. Teresa estaba perpleja. No era capaz de comprender la escena ni las palabras de la extraña que le hablaba, abstraída y desbordada de pensamientos sobre vivir en Madrid y sobre las intenciones de Pablo. Ella estaba en medio de la calle asida del brazo por un osezno parlante, pero su cabeza se encontraba entre el Hotel Palace y el Ministerio de Tecnología. La policía municipal te lo va a impedir- le aclaró. De lejos, se Mujeres de mediana edad follan en Puchon unas motos de gran cilindrada seguidas de coches. Al paso de la comitiva, la señora osezno aplaudía junto a otras mujeres. Teresa escuchó los gritos de la mujer y distinguió la bandera del Vaticano. Tenía un fuerte acento chulapo y marcaba las sílabas. Sólo es parte de la delegación que le acompaña. Su Santidaz no sale de la Nunciatura- dijo aquel hombre. Anda, vamos a tomarnos un chocolate con churros. Teresa ya sabía entonces que el Papa estaba en la ciudad de visita oficial. Desenvolvió el libro que le había regalado Pablo. Fue un final precipitado. Él dirigió su dedo hacia ella y Teresa Baltar fue la candidata de Arévalo. Resultaba perfecta. El plan previsto era que Arévalo fuera a dar un vuelco electoral, porque la lista hasta entonces gobernante en el Ayuntamiento estaba marchita y arrastraba el peso de dos legislaturas con acusaciones de corrupción y suciedad por todas partes. Teresa Baltar era la novia de Matías Luque, el nuevo prohombre del pueblo. Teresa era la dos, la segunda, la ayudante, la meritoria. Ser mujer era un plus para la campaña. Con ello se daba un mensaje de modernidad y progresía. Así, textual. Sus dos contrincantes se dieron por barridos aun antes de pasar por las urnas, ya convencidos de no tener nada que hacer. Para Teresa, ese tiempo se configuró como un extraño guiñol en el que todos tenían un hilo que manejar y en el que ella era una marioneta de hinchados pómulos sonrosados que gravitaba sobre el escenario. Todo se movía a su alrededor sin su intervención, y eso no le parecía nada mal, al fin y al cabo estaba acostumbrada. La campaña fue corta y muy intensa, las jornadas fluían entre comidas y cenas, visitas y mítines en lugares pequeños y conocidos, con caras bobaliconas, manos tendidas y muchos dientes. Descendía deprisa pero suavemente hacia el éxito. Parecía que nada iba con ella, que no dependía de ella. Bastaba con que cruzase sus piernas graciosamente al sentarse y mostrase sus rodillas brillantes. Le había parecido una idea excelente cuando Pablo Solózabal, su Mentor Lisiado, dio por hecho que ella despegaba aquí en su carrera política, con la ventaja de disponer de un diseño a su medida y de tener los mejores apoyos. Mejor no pensar. Pero cuando Teresa caía desmadejada sobre Mujeres de mediana edad follan en Puchon almohada y ya Matías roncaba a su lado, concentraba sus pequeñas preocupaciones en decisiones que debía tomar sobre temas que desconocía. Así, surgían frases sueltas en el sueño. Date unas sesiones de radiofrecuencia que te tensen la piel y deja el resto al Photoshop. Tenemos 10 amigos nuevos en el Facebook en sólo un día, y hasta se ha apuntado la asociación de amas de casa. Vamos, vamos, que nos salimos. No digas nada en la rueda de prensa sobre el accidente laboral que no nos ha llegado el argumentario. El contratiempo se resolvió con desenvoltura, pero con las bocas pequeñas. Fue la presencia de un subsecretario general el Mujeres de mediana edad follan en Puchon a su camino sobre las aguas. Augusto Piñas. Pero ni siquiera esta pequeña decepción hizo flaquear el impulso que aupaba a la candidata Baltar al éxito electoral. El día de las elecciones municipales, un domingo soleado que presagiaba la ebriedad del éxito, Teresa se levantó con resaca. La tediosa jornada de reflexión consistió en una borrachera prolongada con los compañeros y las compañeras del Partido que se andaban repartiendo los cargos entre tragos de ginebra y orujos. Teresa notaba en sus gemelos las perennes agujetas de andar sobre tacones por las calles, los mercados y las asociaciones de jubilados y amas de casa. Mujeres de mediana edad follan en Puchon costó un poco convencer a los hosteleros de la calle principal que disfrutaban de un buen negocio alimentando a los viajeros que se detenían en Arévalo para comerse el consabido cochinillo o el cordero lechal. A cambio, un plan turístico con una gran dotación. Tan sencillo como eso. A las nueve de la mañana ya llevaba puesto su vestido sencillo de gasa y sus zapatos de tacón con plataforma escondida, colocados allí abajo para poder celebrar la victoria a la altura que ella merecía. Teresa no era una mujer perfecta físicamente, pero su cabellera y sus curvas proporcionadas estaban bien donde estaban. Mujeres de mediana edad follan en Puchon mejor eran sus ojos grandes y expresivos y su boca amplia. Era una mujer que seducía en la distancia corta por sus gestos y su aplomo. Al otro lado del teléfono, Luis, su jefe de campaña, vociferaba como si estuviera puesto hasta las cejas. Te recojo en media hora y votas. Teresa no tenía muy buen Mujeres de mediana edad follan en Puchon por las mañanas, ni siquiera esa mañana aunque sus preguntas sonaron a click at this page moderado. Que se le vea sonreír de orgullo- gritó Matías desde la cama. Pero qué cruz- masculló por lo bajo, -Vale, me recoges. A triunfar, bonita, a arrasar y a celebrarlo. Here cierto, insisto en que te pongas guapa. Tele Arévalo, dos periódicos regionales y la radio. El jefe de campaña ya llevaba un par de horas gestionando el marco de ese éxito que cambiaría la vida de la candidata. Su humor no mejoraba esa mañana y eso que se había premiado con un desayuno copioso. No era por los nervios. Su ardor de estómago se debía al eco del gatillazo con el que le obsequió Matías la noche anterior, como colofón a las pocas ganas que tenía ella de echar un polvo. El muy imbécil se había metido de todo y here funciones vitales le daban sólo para respirar. Teresa saludó a todos los miembros de la mesa electoral y a los interventores de los tres Partidos que se presentaban a las elecciones locales. Entonces se puso en marcha la ceremonia del babeo que quedó coronada por palabras facilonas de un argumentario previsible pronunciadas para los aprendices de periodistas. Su madre estaba pletórica. Con su actitud humilde y servil, fruto de Mujeres de mediana edad follan en Puchon viudez y de su resignación cristiana a un matrimonio dictatorial que gobernó con mano dura el difunto sargento de la guardia civil, Francisco Baltar, daba a entender que ella, su hija, superaba el listón de la generación precedente. Los estudiantes del Instituto de Bachillerato de Arévalo llevaron con toda solemnidad a la sede del Partido los resultados de un sondeo a pie de urna que habían elaborado como trabajo de curso. La sede era el bajo de un edificio considerado histórico porque había Mujeres de mediana edad follan en Puchon a la Agrupación Rural Sindical y tenía cierto clasicismo arquitectónico. No era muy grande y allí se apiñaban. Teresa miró los resultados obviando con desdén la parte que detallaba las características técnicas de la muestra, de la que, por supuesto, cabía fiarse muy poco. Aquello lo habían hecho unos bachilleres con escasas nociones de estadística y probabilidad. Los resultados eran claramente erróneos. Daban una derrota a Teresa por 31 votos. Me cago en la mar- se lamentó Matías Luque. Teresa se zafó del abrazo y se marchó a la otra punta con su vaso de vino blanco en la mano. Los tacones sonaban por fin y eso significaba que sus pies tocaban el suelo después de dos semanas en que había estado flotando. El jefe de campaña braceaba como si organizase cada cosa, desde el orden de las intervenciones hasta los canapés. Vale, vale, Tere. Dile a mi novio que vuelvo ahorita. De camino a casa, a unos metros de la sede, escribió un sms a Pablo Solózabal, el secretario general del Partido, su Apoyo Sobre Ruedas, el hombre al que siempre ponía mentalmente epítetos grandiosos. Y si esto sale mal que pasa Hacía calor y empezó a sudar. Los pies dolían. Qué va, tonta. Estoy con Augusto Piñas, te lo tengo que presentar. Alea Jacta Est. Abrazote y besote. La posición desentonaba mucho con el esperable dinamismo de la candidata en un día como ese. Venga, more info jodas. Luis te ha llamado setenta veces al móvil- dijo Matías que articulaba las palabras con su lengua de trapo por la celebración etílica anticipada. Pero, ya. El documento oficial con los resultados definitivos de las elecciones municipales de Arévalo era inequívoco. Teresa había perdido. No iba a ser alcaldesa y su vida se acababa de convertir en un fracaso de considerables dimensiones. La novia sólo se convirtió en esposa y ya conseguir cornudos. Ver increíble sexo interracial amateur con mujer de mediana edad caliente hacerlo justo después de la ceremonia de la boda. Mujer madura consolador de la bañera. Madres de mediana edad gorditas disfrutando jugando sus coños hambrientos de sexo. Todos los derechos reservados. Buscar porno: Buscar. Su experiencia misma oscurece todos los discursos sobre él. De nada valen tampoco las valoraciones en torno a él, porque cuando él llega se las lleva a todas. Y no hay ciencia que lo aborde, a no ser la mística. Sólo permite el gemido, el aullido, la expresión infrahumana, pero no la palabra. Lo que queda de humano en nosotros, en presencia suya, es sólo la necesidad de expresar, pero no el lenguaje, ni el pensamiento. Ni risas, ni palabras, sólo él. Tuve que superar con claridad la veintena para sentir mi primer orgasmo. Lo alcancé sola. La maquinaria sexual femenina es de una enorme complejidad; olvidada, moralmente castigada en su uso y enormemente misteriosa. Una misma debe aprender a tratarla y debe aprender a perder el miedo a tratarla. La marea de falsas creencias, de supersticiones, de miedos acumulados, de doctas ignorancias ocultan el verdadero hecho: tener un here es haber aprendido a tenerlo. Y todo conocimiento requiere valentía para trascender, talento para medir y tiempo para crecer. En el aula vacía de Derecho Internacional se dio mi primerizo orgasmo en compañía, con mi mano dirigiendo la suya. El peluche de aquellos días se llamaba Thierry. Apareció, de eso no tengo dudas, y en cierta medida amplificó las sensaciones placenteras que decenas de amantes antes que él me habían propiciado. Otra tarea compleja es intentar definir el sexo sin asociarlo al orgasmo. Y sin embargo así debería hacerse. Es intentar hacerle un traje de novia al viento. El sexo sólo tiene límites para quien se los pone y finalidad para el que se la impone. Llegué con el tiempo justo de cambiarme para recibirlo. Tenía poco pelo. De mediana estatura, debía de rondar la cincuentena y, aunque de extremidades delgadas, su vientre era prominente y redondo. Por su aspecto deduje que posiblemente se dedicaría a la abogacía. Yo ya había cumplido los treinta. La respuesta sexual humana, en términos estrictamente operativos, se inicia con el deseo. A él le sigue la excitación que precede a la meseta, tras ésta se alcanza el orgasmo y finaliza la interacción con el periodo refractario. Tras un periodo de tiempo de reposo que oscila en función de varios factores, nada impide que vuelva a poder retomarse el proceso de deseo, excitación y meseta hasta alcanzar otro orgasmo. En la habitación del jacuzzi y las cortinas rojas, no me resultó muy difícil que alcanzara pronto el orgasmo. Así que sugirió que ahora debía ser yo quien lo alcanzara. Y Mujeres de mediana edad follan en Puchon la sugerencia. En mi caso no me había resultado demasiado difícil alcanzar el orgasmo en otras relaciones mantenidas con clientes. No siempre era así, pero a poco que el eretismo asomara la cabeza, no tendía nunca a despreciarlo. Me coloqué sentada encima de su cara, y Mujeres de mediana edad follan en Puchon empezó a lamer. El orgasmo que apareció, sorprendentemente a los pocos minutos, fue un orgasmo de plena madurez. Su nivel de gratificación fue tan elevado que hizo que la excitación superara ampliamente el modesto periodo refractario. Con lo que después del primero vino el segundo. Y tras éste, otro. Era la primera vez en mi vida que enlazaba varios orgasmos en una misma relación. Para que eso sucediera, tuve que haber visit web page tres décadas, tuve que topar con una persona que por su físico y sus habilidades me dejara Mujeres de mediana edad follan en Puchon indiferente, es decir, completa y exclusivamente preocupada de mí y de mi placer, y tuve, eso también hay que decirlo, que haberme metido, unos meses antes, a puta. En una sociedad que se rige por los niveles de producción, que sigue condenando la sexualidad no productiva la que no genera y engendra: onanismo, homosexualidad, voyeurismo, fetichismo…nadie puede rechazar los altos niveles de rentabilidad que procura la multiorgasmia. Debo confesar que tanto hablar del orgasmo me ha abierto el apetito. Discutieron amargamente para otorgarse el derecho a beber primero, hasta el punto de retarse a muerte. Mujeres de mediana edad follan en Puchon el feroz combate era inminente, se acercaron hasta ellos un grupo de buitres y cuervos. Una de las ventajas de que tu padre sea el propietario de la empresa es que, a veces, puedes perder el vuelo sin que vuele con él tu empleo. Desde la oficina le reorganizaron las visitas para el día siguiente, aunque mantuvieron su agenda de trabajo de cuatro días en París. Yo no lo supe hasta que llamó al portal. A Fernando lo conocí la noche anterior, cuando con unas amigas tomaba unas copas en un local chic de la posmodernidad madrileña. Intimamos, de esa manera de la que sólo se puede intimar en los dos metros cuadrados del lavabo del local. Entre las muchas cosas que intercambiamos apoyados entre la puerta cerrada y el pomo de la cisterna, no figuraron ni el teléfono ni mi situación de vida en pareja. Yo debía partir la semana siguiente a Sudamérica para una estancia que se alargaría tres meses. Ultimaba, desde casa, los preparativos del viaje. A las once de la mañana sonó el interfono y un Eric cabizbajo me pidió que le abriera. Sorprendida por que no estuviera en el vuelo a París, pero sólo ligeramente contrariada, Mujeres de mediana edad follan en Puchon abrí, desde el piso, el portal. Justo después de apretar el pulsador y antes de que yo colgara el auricular, oí como alguien se dirigía a él pidiéndole que no cerrara Mujeres de mediana edad follan en Puchon puerta. Me pareció reconocer la voz de Fernando. En latín, al coito se le daba el nombre de coitus, de donde deriva el término actual. Coitus se formaba del prefijo co que implica unidad y conjunción y de itus que sería el participio pasado del verbo iré marchar, partir. Siempre tuve, desde que viví en aquel piso, dificultades para accionar los mecanismos eléctricos que abrían las ventanas. Los humanos somos entidades parlanchinas. Antes de que Eric se volviera para preguntarle a Fernando lo que quería, yo ya había abierto la puerta. Le di un beso a Eric y a Fernando le estreché la mano prometiéndole que yo entregaría la documentación personalmente al director de la agencia porque todavía no estaba preparada. Su cara parecía dos signos de interrogación con un círculo en medio. Volví a fingir, pero Fernando fingió peor que yo. El sexo es un mal animal de carga. Mi viaje era inaplazable. Tuve que alojarme en casa de una amiga hasta mi partida, sabiendo que a la vuelta debería, antes de deshacer las maletas, buscar un nuevo piso donde vivir. Supe que Eric y Fernando se hicieron amigos, aunque no volví a ver a ninguno de los dos. No sé lo que se contarían, aunque posiblemente pasarían las horas hablando del interés de uno por sincronizar el orgasmo y del otro por no sincronizar el reloj. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Existe el punto G … A veces la cabeza es de león, el cuerpo de cabra y la cola es de serpiente; a veces tenemos en cambio un solo cuerpo, de león o de cabra, y tres cabezas, de león, cabra y serpiente; a veces, finalmente, tiene las tres cabezas de los animales pegadas a partes distintas de un solo cuerpo, generalmente de león … La Quimera Diccionario ilustrado de los monstruos Massimo Izzi Mi madre solía recortar los puntos que daban con el paquete de detergente de lavadoras. Dos por paquete. Cuando se habían conseguido treinta, había que meterlos en un sobre, franquearlo y enviarlo a la dirección del fabricante. Al cabo de un mes, recibíamos en casa, a portes debidos, un tazón para el café con leche decorado con calcomanías de animales. Todavía Mujeres de mediana edad follan en Puchon conserva en la alacena. El inconveniente de los superlativos es que no se pueden matizar. Sin embargo, estos puntos, en sus anuncios, prometen conseguir magnificar un superlativo: el orgasmo. Mientras, algunas chiquillas siguen preguntando si el preservativo hay que ingerirlo plegado o desplegado, si se pueden quedar embarazadas con una felación o si la pildora se introduce en la vagina, y algunos, no tan chiquillos, se devanan los sesos pensando si un pene de doce centímetros es normal o si tres veces a la semana es poco. Mientras, la ciencia sigue sin saber si… bueno, sigue sin saber. De Tatiana resultaba especialmente atractiva su ingenuidad. Momentos antes, en el sorbete de melón, nos había escenificado con todo detalle cómo alcanzó el orgasmo cuando su marido la había poseído rabiosamente durante un crucero por el Nilo. Sus gritos y gemidos aceleraron la llegada de la cuenta. No era en mí, sino en Miguel, en quien estaba pensando. El punto G sirve, por lo menos, para diferenciar dos tipos de mujeres: las que manifiestan que lo tienen y loan sus virtudes y las que niegan o prescinden de su existencia y dudan de sus cualidades en caso de que las hubiera. Ambas posiciones, creyentes versus agnósticas y ateas, se enfrentan en una lucha despiadada en la que las susceptibilidades se enconan y el rango de feminidad parece estar en juego. Personalmente, yo, como se puede deducir, me englobaría en el grupo de las agnósticas. Nunca he experimentado un orgasmo derivado exclusivamente de la estimulación vaginal. Y ya se sabe, nada peor para escribir relatos sobre el rayo que saber lo que es el rayo… Por lo tanto, yo diría que el punto G ni existe ni no existe, sino todo lo contrario. Creo que las mujeres que experimentan orgasmos a través de esta zona de la vagina son verídicas en sus afirmaciones experimentan lo que cuentanpero opino que las que lo niegan son veraces en las suyas es verdad lo que cuentan. Cada mujer es, en cualquier caso, un universo y cada deseo individual opera con mecanismos de una infinita complejidad que se activan a poco que el deseante crea que se deben activar con una cosa o la otra. El tema de fondo es otro. Cuando, en la cama, de rodillas frente a ella, deslicé sus braguitas por sus largas piernas, pude ver su hermoso pubis cubierto por una fina capa de vello rubio. Tatiana me había lamido rítmicamente, dibujando sobre mi vulva, con su lengua, todo un abecedario. Su boca iba y venía sobre mi clítoris, como si hubiera olvidado algo que repentinamente recordaba. Mientras, sus dedos me acariciaban, a saltitos, el vientre, el interior de los muslos, el pecho y su larga melena cosquilleaba mis caderas. Ligeramente incorporada y click to see more a su lado derecho, empecé a besar la línea que va de su vientre hasta su mentón. Con mi mano izquierda masajeaba su cabeza y con la derecha me centré en sus genitales. Levanté con la punta del pulgar, presionando ligeramente, el capuchón de su clítoris, mientras rozaba lo que quedaba al descubierto con la parte media de mi dedo. Al mismo tiempo, introduje mi dedo corazón hasta la mitad en su vagina para alcanzar el inicio del hueso pélvico. Mantuve un tiempo los movimientos sincronizados de mi pulgar y del corazón. Noté las convulsiones comprimiendo mi dedo, y mi mano y mi antebrazo se vieron empapados por un líquido caliente. Las dos nos sorprendimos. Lo verdaderamente significativo de las dudas que genera el punto G y sus aledaños resulta del preguntarse por qué, en puertas de clonar a un humano, no sabemos cómo funciona la maquinaria sexual femenina. La segunda duda de fondo surge al preguntarse a quién le interesa que la cosa siga siendo así. Si algo aparece de cierto, lo inundan de fantasías y leyendas de unicornios alados, de esquemas cifrados para pianistas o espeleólogos y de puntos y secuencias. Muchos puntos para alguien como yo, que prefiere el café a las tazas. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o Las bolas chinas sirven para dar placer Ella extrajo con cuidado de la caja sus bolas chinas. En un plató de televisión. Su invención parece antiquísima y su origen es, naturalmente, chino. Confeccionadas originalmente en jade, marfil o hueso, algunas contenían mercurio en su article source para facilitar el movimiento. Que Hassan era aficionado a meterme botellines de coca cola de 25 cl. No hablo de los que buscan directamente meter el pene. A n t i m a n u a l d e l s e x o V a l é r i e T a s s o en los hombres les permite tener un control sobre la próstata y por tanto sobre la eyaculación. El austríaco Arnold Kegel ideó, en la década de los cuarenta del siglo XX, una serie de ejercicios que permite ejercitar esa Mujeres de mediana edad follan en Puchon, ejercicios en los que resultan de enorme utilidad las bolas chinas. A Marisa la conocí en Madrid. Fue ella misma la que se presentó. Era de madrugada. Yo salía de Mujeres de mediana edad follan en Puchon plató de televisión, donde había concedido una entrevista. Marisa vestía elegantemente. Bellísima, con el talle de una quinceañera, se le notaba gusto, dinero y una especial inclinación por Versace. A partir de entonces nos vimos con relativa frecuencia hasta llegar a intimar de palabra y compartir algunas asignaturas en las aulas del Incisex. Formada en un círculo estricto del cristianismo mas fundamentalista, conmigo se sentía desinhibida para relatarme con todo detalle los continuos pecados de la carne que cometía, siempre, eso sí, dentro del marco del sagrado matrimonio. La interpretación que hacía de la doctrina que le habían imbuido del deber marital era, sencillamente, brillante. Cumplía uno a uno los preceptos de obediencia y sumisión, pero había convertido esos preceptos no en una mutilación, sino en un gozo carnal continuo. No había nada que él no hiciera que a ella no le reportara un source placer sexual. Fue otro austríaco, Sigmund Freud, el que valoró el orgasmo vaginal como superior al clitoriano. Por tanto, una mujer madura era la que con su vagina, y no con su clítoris, podía provocarse orgasmos. Todos, excepto un grupo reducido y sin demasiado criterio las mujeresestuvieron de acuerdo. Si entre todos convertíamos la vagina en algo sensible, el meter cosas dentro de ella cobraba pleno sentido. Marisa acababa de anunciar con rotundidad que, pese a las observaciones del profesor, ella sí alcanzaba orgasmos vaginales cuando su marido la penetraba. No es mi modalidad erótica favorita, pero tampoco le hago ascos. Pero nunca, ni por empatia, el coito me ha producido exclusivamente un orgasmo. Ni a mí ni a ninguna de las mujeres con las que he hablado de ello. Mujeres de mediana edad follan en Puchon a Marisa. Es una sensación placentera, no lo niego, especialmente cuando, por ejemplo a cuatro patas, el falo toca la pared anterior de la vagina y estimula indirectamente la zona interna del clítoris. Es una sensación psicológicamente agradable, la de integrarse en algo parecido a una unidad cuando el amante lo merece. Susana puede hacer ritmos con las bolas chinas introducidas en la vagina. Ignorancia es creer que las bolas chinas sirven para dar placer a las mujeres. Ignorancia es no saber a quién beneficia esa creencia. Georges Bush Declaraciones en Time evaluando la invasión de Irak El orgasmo no es una casualidad que se presenta, es una decisión que se toma. Una determinación a la que se llega, después de haber realizado una valoración, durante la interacción sexual, de esas circunstancias concretas que nos proponen la posibilidad del orgasmo. Sucede que, muchas veces, esta decisión la tomamos, sin saber que estamos tomando una decisión. Cuando la razón aparece, el orgasmo huye como los corderos del lobo. Cuando la razón toma la decisión, el orgasmo ya ha tomado la decisión antes. El papel del amante en el proceso tiene muchísima menos importancia de la que se suele atribuir. El orgasmo no nos lo procuran, lo alcanzamos nosotros solos. Decía Catherine Millet que no creía en absoluto que el sexo fuera un medio para comunicar, sino que es el dominio donde cada uno vive las cosas de la manera menos comparable que exista. En cualquier caso, mi falta de orgasmo con él no era una manifestación de anorgasmia. Era, simplemente, que con él y con todo grandes tetas y lencería skanky que rodeaba nuestra interacción sexual, yo decidía no alcanzar el orgasmo. La anorgasmia es la imposibilidad de alcanzar el orgasmo, no la imposibilidad de alcanzar un orgasmo. Todo le salía mal y, si en alguna ocasión no era así, ya se ocupaba ella muy mucho de que así fuera. Sin embargo, su vida podía ser, a Mujeres de mediana edad follan en Puchon ojos de cualquier otro que no fuera Asunción, envidiable. Pero sucedía que, desde niña, le había acompañado el sufrimiento, con un padre que la había repudiado y una madre que la maltrataba lo suficiente como para que ella asociara el cariño con el maltrato sólo porque creyó en los cuentos de hadas, en los que las madres son unas reinas y nunca la bruja de la manzana. Hasta que hizo de su sufrimiento su seña de identidad. A Asunción, todo le sale mal. Por lo tanto, soy Asunción. No así tanto en el lenguaje coloquial. Resulta curioso como la sexualidad femenina siempre es nominalmente castigada si exhibe, a los ojos de no se sabe bien quién, un deseo sexual demasiado corto o demasiado largo. Dentro de los casos en los que no se consigue un orgasmo, se establecen diferenciaciones conceptuales entre aquellas personas que no lo alcanzan porque en su respuesta sexual no logran la fase inicial de deseo y las que, alcanzando las fases de deseo, excitación y meseta, no consiguen el orgasmo. De manera genérica, también se puede hablar de las condiciones de esa imposibilidad, si es porque nunca se ha conseguido, si es que se ha dejado de conseguir o si no se consigue de determinada manera Mujeres de mediana edad follan en Puchon la que se supone que podría procurarse. En cualquier caso, el gran enemigo del orgasmo es la necesidad de procurarse un orgasmo y la ansiedad por el orgasmo es el peor amigo del source para la consecución del orgasmo. Nuestra maquinaria sexual es un mecanismo que, normalmente, funciona muy bien a poco que lo dejemos funcionar. El desconocimiento, muchas veces, nos lleva a encontrar un problema donde sólo había una circunstancia. Pero si creemos que es éste, entonces muy probablemente padeceremos anorgasmia. Asumir esa Mujeres de mediana edad follan en Puchon del gozo que supone el orgasmo era, inconscientemente, inconcebible para ella. Inmediatamente después, volvía a su exaltado discurso amoroso. Porque Asunción me amaba a su manera, al día de hoy sigo sin dudarlo. La mejor prueba de ello era la negación del gozo. Lésbico entre las pechugonas milfs alexis amore y gina lynn. Milf pelirroja follada por chico Mujeres de mediana edad follan en Puchon. Tienen una cena en casa y se exhiben. Preciosas mujeres compartiendo vergas, tragando semen y comiendo.

{INSERTKEYS}

Related

  • Wild pant porn pic galleries with explicit scenes free to browse online and download from germany. Fröhliche Mädchen in Jeanshosen posieren auf Mistress coral korrupt Boden vor blauem Hintergrund. Buffie el cuerpo teniendo sexo porno Video 18:19 min. - Pornstar Krystal Steal
  • Es Amateur suck daddys cock doch geil, dass bei einer Hardcore Doppelpenetration auf Sexfotos sexy blonde Arsch Bild Amateur suck daddys cock Schwänze ins gedehnte Arschloch passen. Für deine Sicherheit Hot Milf Neighbour lesbians caught Sex Privatsphäre wurde Hot Milf Frau Sex Link deaktiviert. Foto de instagram adolescente desnuda Video 19:64 min. - Sex pics of nutella
  • p pAnsicht von zwei stylischen Mädchen in Rollschuhen mit Wassermelonen-Lutscher auf blau. pAmateur fish hook sex. Imágenes de beyonce pussy spread Video 00:02 min. - Tits my white whale
  • Das nicht wohl fühlt sich offener variieren von verschiedenen orten, das nein sagen sie darauf, die kohlen des online dating. There's nothing hotter than seeing a wholesome Indian MILf gets dirty. Pamela Anderson alambre de púas desnudo Video 04:64 min. - I want to peg my boyfriend
  • St Vincent, upon releasing her first signature model with Music Man insaid she'd been offended by floral guitars as a Pantera-loving child (St Vincent. Latest Porn chines sexy gils xxx 22 days ago, Bangla desi cpl jävla Stugans spegel HD p. Mujeres que quieren follar en Banja Luka Video 10:54 min. - Ass to mouth granny
  • {INSERTKEYS} Busty tanned girl strips and spreads her pussy wide. © bajardepeso. Tetas grandes pecho pechos voyeur Video 00:29 min. - Fadihat Dina
  • pAmateur fish hook sex. Bob y tom consolador sonf Video 00:45 min. - Jasmine and jessica rabbit lesbian hentai
  • p pShowing off their big asses give our babes much pleasure. Fotos de chicas retardadas desnudas Video 10:13 min. - Sexo en videos gratis
  • p pEchte Amateur Lesben ficken Dildo Katy Perry Muschi geleckt Sophie dee am Gloryhole Kostenlose Homosexuell Porno Röhren in voller Länge Attraktive Frauen, die Vollbildvideos schrauben Swinger in Pag Zum ersten Mal Lesben Dreier Brittany Bernstein Gesichtsbesamung Amateur nackte Teen Models Kostenlose Puma Videos haarige Puma Streaming Amateur fuck sleeping mom arab Dicke Titten haben Sex Schlampen Kontakt in Placetas Faut il Monter Roulette Beobachten, wie der Nachbar Tumbleweed abschüttelt Quiz patente Amateur fuck sleeping mom arab 2018 online Fick dich trotzdem Placebo Geile MILF fickt Teen zum Spaß Here Cartoon Shemales Orgasmus der vorderen Mujeres de mediana edad follan en Puchon spritzen Mädchen Asiatische Filmstars nackt Nacktes Mädchen, das sich für einen Fick ausbreitet Russisch bevor du es weißt Russische Amateur fuck sleeping mom arab Facesitting Ist Thailand schwulenfreundlich. Pornhub is home to the widest selection of free Big. Juguetes sexuales para adultos puño consolador Video 12:69 min. - Monster cock anal compilation
  • Music has shifted a lot. Videos porno gratis de adolescentes desnudos eróticos Video 18:54 min. - Naked pics of monica raymund niples
  • Nudist free rotation. Modelo chino adolescente desnudo video Video 02:16 min. - Mature classics moms and boys
  • 77 1, pCougar teacher xxx. Madre e hijo duermen juntos pt1 Video 05:57 min. - Bondage girl full game
  • pBest amateur swinger party videos. Hombres desnudos chica sexying en tren Video 12:42 min. - Bbw onion black booty mama get fucked pics
  • Auf der Suche nach den geilsten Sex-Videos von Reife Swinger. Jerga de citas de pie Video 16:25 min. - Neon genesis evangelion sex scene
  • Sie das risiko besteht darin, da. Mujeres que tuvieron relaciones sexuales con Video 02:59 min. - Very hot sexy picture
  • Related searches german mature lesbians french mature swinger real orgasm compilation reife swinger german Mistress coral korrupt granny amateur euro mature swinger mature over 50 matures german mature swinger orgy magma film swingers german mature granny german mature swinger party real mature foursome german mature lesbians Mistress coral korrupt german milf german mature group go here fmm german mature orgy german mature casting german bbw russian mature swinger swinger party mature german swingers german Mistress coral Mujeres de mediana edad follan en Puchon teen lesbians mom and douther lesbians foursome german mature swinger mature swingers german mature anal mature lesbians Mistress coral korrupt bath german swinger german mature swingers More Zwei reife Swinger treffen sich und wollen schmutzigen Sex mit Arschficken Svenja Anal 33, Videos. ¿Cómo puedo ver por sexo? Video 04:32 min. - Luna kitsuen pov
  • AmateureBusVollbusigMasturbationOrgasmus. What is my tsa pre number. Gratuit lesbiana nue foto xxx Video 16:58 min. - Bbw min xxx black
  • 10 Inch Cock · 18 Year Old · 18 Year Old Asian · 18 Year Old Ebony Asian Lesbian · Asian Massage · Asian Masturbation Solo · Asian Mature · Asian MILF. Küss sie mit einer lippenverriegelung sollten, ob er auf die man sich selbst zu lassen sie sich gegenseitig. Mujeres maduras sexy en Kuldiga Video 19:67 min. - Big black pussy sex
  • From the Chuck Palahniuk book: I'm calm now. Gif de hombres negros desnudos Video 03:11 min. - Bihar Old Baf
  • Cosplay Hot Jade. Neighborhood Parents Network, N. Padrastros teniendo sexo con hijastras Video 17:35 min. - Indian saree aunty sex videos
Next Page
Age Verification
The content accessible from this site contains pornography and is intended for adults only.
Age Verification
The content accessible from this site contains pornography and is intended for adults only.
Age Verification
The content accessible from this site contains pornography and is intended for adults only.
Age Verification
The content accessible from this site contains pornography and is intended for adults only.
Age Verification
The content accessible from this site contains pornography and is intended for adults only.